Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - 46 Episodio 31 Anclaje
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46: Episodio 31: Anclaje 46: Episodio 31: Anclaje Acabo de cumplir doce años.
Haber estado en un bosque desconocido, vivido en una casa noble y luego viajar por dos meses en carruaje, sumado al viaje en barco, parecía haber distorsionado un poco mi sentido del tiempo.
Dejando de lado eso, el Reino de Asura casi estaba ante nosotros.
Después de haber sobrevivido a una caída desde el cielo, finalmente volvíamos a casa.
O bueno…
lo que quedaba de ella.
No íbamos a tener problemas de dinero o de medios para viajar.
Lo único de lo que debía preocuparme era de no saber el paradero del resto de mi familia: Zenith, Lilia, Aisha y Sylphie.
A pesar de mis esfuerzos y de los de mi padre, no pudimos encontrar ninguna pista de dónde estaban.
El hecho de no saber dónde se encontraban me estaba carcomiendo por dentro.
No era porque creyera que estaban muertas, sino porque sentía que de nada servía ser un espadachín Santo si no podía proteger lo que más quería.
No importaba cuánto me esforzara.
Di un suspiro, recordando algunos momentos en Buena Village, específicamente cuando mi madre me encontró tirado en el jardín cuando tenía seis años.
Para mi “yo” de ese entonces, mi estado físico era irrelevante, pero siempre tuve a Zenith para calibrar eso.
«Madre, te necesito…
Quiero que me digas que descanse…».
Mi cuerpo se movía con el barco y mi mirada estaba perdida en el suelo.
No me importaba, pero una voz terminó de sacarme de mi trance.
Era Eris.
Mi pilar…
eh, quiero decir, quien me mantuvo recto en medio de estos pensamientos introspectivos.
—¡Daiki!
—gritó ella, sacudiéndome los hombros—.
¡Idiota!
¡Llevo tres minutos hablándote!
¿Qué demonios te pasa?
—Yo…
solo estaba pensando.
Ya me…
—desvié la mirada—.
Ya me conoces, Joven Eris.
—¡Por eso mismo te estoy gritando, porque te conozco!
—apretó los puños—.
¡Y deja de llamarme así, me pone de los nervios!
Me reí un poco.
—Ya sabes las reglas, Joven Eris…
Ella se dio la vuelta.
—Por eso mismo me irrita…
Pero, ahora que lo pienso, nunca dijiste en qué debía ganarte.
Negué con la cabeza con una sonrisa.
—Detalles, Joven Eris…
Al no haberlo especificado, significa que siempre podré llamarte así.
Si no sabes en qué debes ganarme, jamás obtendrás la victoria.
—Eres…
eres…
—No pudo decir nada más.
Luego apartó la vista con un bufido, aunque me siguió observando de reojo.
—¿Cómo…
cómo pudiste estar tan tranquilo durante el viaje?
O sea, estabas durmiendo apoyado en la barandilla mientras caía una tormenta que parecía que iba a romper el cielo.
—Bueno, técnicamente…
—intenté explicar.
—¡Deja de hablarme de técnicas o lo que sea!
—me interrumpió con otro grito—.
Solo dímelo según lo que sentías…
—¿Quieres que…
hable de mis sentimientos?
—¡N-no pienses cosas raras!
—agitó las manos en negación—.
Solo…
quiero saber cómo logras estar tan tranquilo.
Yo sé…
sé que tienes una tormenta en tu interior.
Lo siento aquí —se golpeó el pecho—.
Es una corazonada.
Ella sabe lo que he estado viviendo.
Me vio, no se alejó e intentó mantenerme recto.
Todo este viaje…
¿ella lo sabía?
«Claro que lo iba a saber», pensé.
Creía que lo ocultaba demasiado bien, pero solo Eris, con su espíritu, fue capaz de verme y calmarme.
—Estaba tranquilo porque…
porque te tengo a ti, Eris —hice una pausa, dándome cuenta de que no usé el “Joven”—.
Y también tengo a mi hermano.
Ya encontré a cuatro de las personas que más quiero.
Aún debo encontrar a las demás, pero tenerte a ti y tener a Rudy…
es más que suficiente para mantener mi esperanza intacta.
—Daiki…
Ella me dio un abrazo.
Fuerte, un poco torpe porque su nariz chocó contra mi costilla, pero luego hundió su rostro en mi costado y se quedó allí, mientras temblaba.
Para ella, para lo que solía demostrar, era el mejor de los abrazos.
Sinceramente, no supe cómo reaccionar, porque no es algo a lo que esté acostumbrado.
Más allá de abrazar a mi familia como a Rudy o Norn, con Eris siento algo diferente.
Además, no iba a cometer el mismo error de mi vida pasada.
Aquí todavía tengo la esperanza de volver a encender esa fogata.
Solo le devolví el abrazo, dejándome llevar por esto, porque si era honesto, se sentía cálida.
—Vaya, vaya…
Onii-chan…
¿Quién es esa jovencita tan apasionada?
—bromeó Rudeus desde el otro lado.
Eris ni se inmutó.
Solo lo ignoró y apretó más su abrazo.
Yo, en cambio, no pude evitar girar la cabeza para lanzarle una mirada de reproche.
—Rudy…
De verdad que no tienes remedio —suspiré, aunque sin mucha fuerza.
*** Tras un tiempo, estábamos en la frontera oriental del Reino del Rey Dragón, exactamente en la ciudad portuaria del Puerto del Este.
Actualmente nos encontrábamos en una posada, la cual usamos como centro de estrategia desplegando un mapa.
Rudeus comenzó a explicar el plan, así que solamente me adelanté.
—Rudy tiene razón en la base, pero el mapa miente en la escala —dije, captando la atención de ambos.
—Hay tres opciones —continuó Rudeus—.
La primera es la Ruta Oriental.
Rodea las Montañas del Rey Dragón.
Es segura, pero nos tomará diez meses.
—¡Diez meses!
¡Es demasiado!
—protestó Eris—.
¿Por qué no ir por el oeste?
Se ve más corto.
Miré a Eris y luego al flanco occidental del mapa.
—Porque ese “atajo” es un gran bosque, Joven Eris —intervine antes de que Rudy pudiera responder—.
No es solo un bosque; es una trampa de lodo y maleza donde un carruaje es inútil.
Rudy piensa en los caballos, pero yo pienso en el desgaste.
A pie, esos “meses ahorrados” se convertirían en un infierno de agotamiento que nos dejaría vendidos ante cualquier ataque.
Rudeus asintió, agradecido por mi puntualización técnica.
—¿Y la tercera?
—preguntó ella—.
¿Cruzar a Begaritt?
Rudeus palideció solo de pensarlo, pero yo fui quien golpeó la mesa para centrar su atención.
—Esa no es una opción.
Mi hermano te dirá que es peligroso por los monstruos y, además de tener razón, el gran problema sería el cambio de clima repentino.
Es decir, en un momento puede hacer un calor abrasador y en el otro un frío ártico.
No es plausible.
Ella se cruzó de brazos, mirando hacia otro lado.
—Son unos cobardes.
—Solo tengo un corazón débil —bromeó Rudeus.
—No es cobardía, es eficiencia —dije, mirándola—.
Además, llegar a Begaritt implica pasar semanas, quizás meses, metidos en un barco cruzando un océano aún más violento que el anterior.
¿Realmente quieres volver a pasar por eso?
Ella guardó silencio un segundo.
—…
Está bien.
Nada de Begaritt.
Al final, mi conocimiento y la prudencia de Rudy coincidieron.
Tomaríamos la Ruta Oriental.
Me quité la idea de poder encontrar a mamá rápido; lo mejor era la seguridad de Rudy y de Eris.
Además, con Ruijerd aquí, no tendríamos ningún problema en cuanto a protección.
*** Fue en la noche cuando noté que mi hermano había despertado de repente, como si hubiera tenido una pesadilla o algo así.
—¡Ugh!
—había dicho, así que me acerqué con cuidado.
—¿Rudy?
¿Estás bien?
—Me senté a su lado, mirándole preocupado.
—Sí…
estoy bien.
—No, no lo estás —estiré mi mano hacia su cabeza y, con magia de desintoxicación, logré quitarle sus náuseas—.
Ya deberías estar mejor.
Está en un nivel mayor al avanzado, así que los síntomas deberían pasar.
Él se tocó la frente, aliviado.
—Bueno, se puede decir que el barco me dejó secuelas…
—bromeó él, tomando un vaso que le di.
Negué con la cabeza.
—La próxima que te sientas mal, no mientas.
¿Está bien?
Él solo asintió, bebiendo del agua.
—Por cierto, nunca me contaste sobre tu ojo.
Dijiste que era uno demoníaco, pero nada más.
¿Qué beneficios da?
Él se aclaró la garganta.
—Bueno, me deja ver unos segundos en el futuro y poder anticipar ataques.
Gracias a las ondas de choque que me enseñaste, soy capaz de tener movilidad.
Si no fuera por eso, tal vez no sería capaz de compensar mi cuerpo con el ojo.
—Vaya…
Eso es interesante.
¿Puedes desactivarlo?
—Sí, también puedo influir más maná para hacerlo más efectivo, aunque por alguna razón contigo no funciona —activó su ojo—.
Básicamente no predice tus movimientos.
—Eso…
eso puede ser porque soy impredecible.
No asumo una postura y nunca doy por hecho un movimiento, todo ocurre en mi mente.
Pensándolo bien, si el ojo era capaz de ver el futuro, ¿por qué conmigo no funciona?
—Solo funciona una vez que empiezas a pelear, lo que te da una ventaja a corta distancia contra mí —continuó, dejando el vaso en la mesa de noche.
Aunque, pensándolo bien, tal vez Ayam tenga algo que ver.
Si el ojo es capaz de ver el futuro de lo que tiene enfrente, entonces lo oculto no es capaz de predecir.
—Qué pasha…
Daiki…
—había dicho una voz.
Eris estaba desparramada sobre la cama, roncando.
Su postura para dormir no era muy efectiva, aunque tal vez para ella sí, con las piernas completamente abiertas.
En caso de un ataque repentino, estaba en un estado vulnerable.
Fuera de eso, estaba destapada y usaba ropa corta.
Con cuidado, tomé la manta y la dejé sobre ella.
—Daiki…
piensas mucho y eres un idiota…
—dijo con una leve sonrisa mientras seguía durmiendo.
Con eso en mente, me dejé caer en la cama y me quedé completamente dormido, mientras Rudy hacía un pulgar de aprobación que logré ver en la oscuridad.
*** En la mañana, estábamos en un bar desayunando.
Usando el dinero que tenía, no teníamos que preocuparnos por la calidad ni la cantidad.
Rudeus dejó de comer y nos miró.
—Pasaremos por el Reino de Shirone.
Tiene sentido, es una ruta correcta, por lo cual no estaba en desacuerdo.
Aun así, que lo mencione así sin más me dejó dudando un poco.
Pero confiando en mi hermano, que cruzó por el continente demoníaco, sabía que lo decía por algo.
Tanto Ruijerd como Eris ladearon sus cabezas, pero aun así asintieron.
—Bien.
Como quieras.
—Entendido.
Me quedé pensando.
—Shirone…
¿es donde está Roxy, verdad?
Lo mencionaste en una carta que te dio.
—Así es.
—¿La respetas, Rudy?
—preguntó Eris.
—Sí, es alguien a quien respeto mucho.
Mi…
profesora.
—Hace mucho que no la veo, ¿cómo estará?
Sobre eso, perdí su libro durante el Incidente de Maná y la varita que me dio en nuestro cumpleaños…
Luego, hablé en japonés para calmar un poco mis pensamientos.
—Hablando de ella —le susurré—, sé tu secreto…
Siempre lo supe, en realidad.
Él se sonrojó, mirando hacia otro lado, como si supiera exactamente a lo que me refería.
Eris, como cada vez que hablábamos en otro idioma, se preguntaba qué era lo que decíamos.
Ruijerd igual; vivió siglos, pero no conoce este idioma, así que también estaba desconcertado.
—Chicos…
Este es un idioma que creamos cuando éramos muy chicos.
Nació con la idea de “tener secretos”, lo cual realmente funcionó.
Es metodológicamente ininteligible para cualquier persona, lo cual es efectivo.
—Tú y tus palabras largas…
—refunfuñó Eris.
Luego volvimos al asunto de Roxy.
—Deberíamos detenernos ahí y encontrarnos con ella.
Podría ser capaz de ayudarnos de alguna forma —Eris asintió para sí misma con satisfacción.
Era verdad; después de todo, Roxy de seguro sería de gran ayuda para nosotros.
Aun así, al ser una maga del palacio real, debería estar ocupada.
Junto a Rudeus, no queríamos molestarla tanto.
Ella ya había hecho mucho por él y…
por mí.
Ella me dio un libro que escribió durante su tiempo en la universidad mágica; contenía información sobre métodos de combate y planificación militar, entre otras cosas.
Era, en esencia, un manual completo para mejorar en el campo de batalla.
Lo recordaba perfectamente, así que incluso podría copiarlo y venderlo por todo el mundo.
—Quiero ver a su profesora —dijo Eris.
—Mm.
Yo también tengo interés en conocerla.
Tanto Eris como Ruijerd se veían intrigados.
—Muy bien.
Los presentaré una vez que lleguemos al Reino de Shirone —dijo Rudeus esperanzado.
—Iremos, hermano —apoyé mi mano en su hombro.
—Ay…
onii-chan, avisa antes…
—dijo con voz melosa, bromeando.
—¿Quieres que mencione la reliquia?
—pregunté con ojos serios.
—¡N-no!
—¿Qué reliquia?
—preguntó Eris, confundida.
—¡Ninguna reliquia, fin de esto!
—dijo frenéticamente, aunque su actitud lo hacía más evidente.
Me permití reír; esta vez no se salió con la suya.
*** Avanzamos por la carretera que nos llevó directamente a través de Wyvern, la capital del Reino del Rey Dragón.
Desde allí, la ruta se desviaba alrededor de las Montañas del Rey Dragón y se dividía.
Nosotros elegimos el camino hacia el norte, con dirección a Shirone.
Terminamos pasando siete días completos en la capital de Wyvern.
El plan inicial consistía en irnos después de tres, pero hubo un problema con nuestro carruaje y las reparaciones tomarían algo de tiempo.
Luego de preparar arroz, descansar un poco y viajar en la carreta, finalmente estábamos en el Reino de Shirone.
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