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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 47

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  4. Capítulo 47 - 47 Episodio 32 Shirone
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47: Episodio 32: Shirone 47: Episodio 32: Shirone Habíamos llegado a Shirone, un país no muy grande pero con información valiosa acerca de Lilia y Aisha.

Rudeus había mencionado un rumor que, aunque raro, era lo único que teníamos.

Por pequeño que fuera, no podía simplemente descartarlo.

Así que, para empezar, debíamos inventarnos unos nombres.

No podíamos ir por ahí diciendo que éramos “Greyrat”, considerando que ellas podrían estar aquí.

—Muy bien.

Yo me haré llamar el Caballero de la Luna Negra —dijo Rudeus, inflando el pecho.

¿Caballero de la Luna Negra?

—Y Eris podría ser la Espada de la Luna Negra, y Ruijerd puede ser la Lanza de la Luna Negra —continuó Rudeus, bastante concentrado en la idea.

Eris me miró.

—¿Y tú?

¿Qué nombre tendrás?

—¡El Caballero Negro!

—gritó Rudeus, para luego bajar la voz—.

Es decir…

Tu capa, la espada, tu cabello…

tienes todo el derecho de llevar ese nombre.

Luego Eris saltó emocionada.

—¡Genial, somos un equipo!

¡Usémoslos!

—Bien.

Me quedo con ese nombre, me gusta —respondí.

* Rudeus decidió irse por otro lado.

Me pidió que no lo acompañara, que confiara en él, así que no tuve más remedio que aceptar.

Ruijerd, Eris y yo decidimos ir por nuestra cuenta en busca de mi hermana.

Les había explicado que era una niña de cabello castaño rojizo y ojos verdes, idénticos a los de Rudeus.

—Hey —dijo Eris—.

¿Qué te pasa?

—¿Eh?

—No sé qué te pasa, pero siento algo en ti.

¿Es por tu hermana?

Claro que lo era.

Quería decírselo, pero las palabras no salían.

Todavía seguía aferrado a la idea de que debía cargar solo con la “tormenta” que Eris mencionó en el barco.

—Sí…

Me preocupa no encontrarla.

Llevamos horas y no hallamos ninguna pista.

Parece que nadie la ha visto…

Eris se detuvo frente a mí, de brazos cruzados.

—Eso solo significa una cosa.

No soy buena con las palabras, pero puedo decirte que si no la encontramos ahora, lo haremos después.

¿Puedes dejar de torturarte por algo que no es tu culpa?

—Sí.

Ella tiene razón.

No pienses mucho, actúa —remató Ruijerd.

Eso…

eso tenía sentido.

—Iremos hacia los suburbios.

Eso sí, tocará caminar mucho.

—Al final, comencé a liderar el grupo.

Tras unas horas de rastreo sin éxito, llegamos a los suburbios.

A pesar de tanta búsqueda, no habíamos encontrado nada.

Eris pateó una roca mientras Ruijerd analizaba la situación.

—¡Niño demonio!

—gritó alguien desde nuestra espalda.

Quien lo había hecho era un calvo con una gran barba.

Era el más alto de los tres y tenía una cicatriz considerable en el brazo.

Además de su estatura, parecía el más fuerte.

Por ende, debía ser, por ley, el más arrogante.

—Vete, niño de mierda…

Ese cabello, eres un demonio asqueroso.

Eris se adelantó hacia él sin que pudiera frenarla.

—¡No le hables así!

¡Si te atreves a decirle una cosa más, yo misma te corto esa lengua!

—¡¿Y tú quién eres, defensora de…?!

—Calma, joven Espada de la Luna Negra, déjamelo a mí.

—Le puse la mano en el hombro.

Pude sentir cómo eso la hizo estremecer.

El hombre, sorprendido por mi velocidad, dio dos pasos atrás.

Claro, no me había visto moverme.

Me quité la capa.

—Cuídala.

Ella la tomó con cuidado y se la colocó sin pensarlo dos veces.

Dejé a Temphestalis en el suelo y empecé a tronar mis nudillos, a crujir el cuello con el típico clack y a estirar un poco los músculos.

—Bien…

necesitaba esto.

Tanto tiempo en el carruaje me atrofió el cuerpo.

Al terminar mis estiramientos, bajé el centro de gravedad y perfilé las manos como cuchillas.

Me puse en posición de Shuto-Uke.

Era todo lo que necesitaba.

—¿Qué?

—soltó él.

Un chico que suelta su espada e intenta usar sus manos como armas no debe ser algo muy común de ver.

Sobre todo considerando que él tal vez mida un metro noventa.

Para sus ojos, solo era un niño de doce años intentando verse “cool”.

Para mí, solo era un ejercicio básico.

Y claro, dado que no parecía una persona que pensara mucho, hizo lo más irracional para un hombre de su estilo.

¿Por qué digo esto?

Bueno, básicamente se lanzó hacia mí con el puño cerrado.

Tal vez fuera un espadachín experimentado, pero por la forma de su mano, dirigía su fuerza de manera irregular.

Golpeé el costado de su muñeca con mi palma izquierda y luego, con la misma intensidad, usé mi mano derecha para golpearle el pecho.

Fue un impacto seco que le sacó todo el aire.

Sin frenarme, ataqué una vez más, esta vez en su mejilla.

El golpe fue tan fuerte que el hombre giró sobre su eje hasta caer finalmente inconsciente.

Me sacudí las manos en la ropa.

Los compañeros del hombre inconsciente intercambiaron miradas nerviosas y comenzaron a retroceder lentamente.

—S-solo era una broma…

—balbuceó uno antes de salir corriendo.

Eris parpadeó.

El combate había terminado antes de que ella pudiera procesar que había comenzado.

—¡¿Ya?!

¡Ni siquiera me dejaste golpearlo!

¡Eso fue demasiado rápido!

—dijo Eris mientras se ajustaba la capa sobre los hombros.

Me acerqué hacia Eris esperando que me diera la capa, pero se dio la vuelta y siguió caminando, ahora de regreso hacia la posada.

—Joven Eris…

—¡Hace frío!

—dijo ella, caminando de forma dramática.

Di un suspiro y seguimos nuestro viaje de vuelta.

* Al volver a la posada, noté a mi hermano algo extraño.

No era precisamente raro verlo así, pero estaba seguro de que esta vez era diferente.

—¿Rudy?

¿Pasó algo?

—Me senté a su lado.

—¿Eh?

No, no.

No pasó nada, es solo que debo contarles algo importante —se acomodó en la silla—.

Aisha está durmiendo en la habitación…

—¿Qué?

¿Nuestra hermana está aquí?

Rudy…

La encontraste.

Cerré los ojos un momento.

—Sí, lo hice, pero Lilia está encerrada en el castillo…

Los abrí de golpe.

—¿Qué?

Antes de que pudiera reaccionar, Eris se me adelantó.

—¡En fin, si eso es lo que está pasando, entonces ataquemos el castillo!

—exclamó Eris, totalmente lista y dispuesta a hacerlo.

—Ha pasado un tiempo desde que ataqué un castillo.

—Incluso Ruijerd balanceaba su lanza, como si quisiera ir.

—No, no.

Por ahora, solo esperemos una respuesta a mi carta.

Asentí.

—Bien, pero si nos toma más tiempo, iré personalmente…

y no habrá excusas.

Rudeus me miró nervioso.

—Hermano…

cuando dices «no habrá excusas»…

—Exactamente lo que crees que significa, Rudy.

—…

Está bien.

Entonces asegurémonos de que respondan rápido.

Y así, nos dejamos llevar por el sueño.

* Al día siguiente, cuando estaba por levantarme, sentí una mirada fija en mí.

Abrí lentamente los ojos, vislumbrando una silueta en una silla con ambas manos sobre su pecho.

A medida que mi vista se aclaraba, noté que era Aisha.

Mi hermana menor estaba frente a mí, observándome de forma extraña.

—¡Ojos rojos, cabello negro!

¡Sí, eres tú!

Así que ya sabe quién soy.

Se suponía que íbamos a ocultar nuestras identidades ante Aisha, tal como había mencionado Rudy.

Pero, claro, dadas mis características, eso no iba a ser posible.

—¿E-eh?

¿Me conoces?

—Me incorporé en la cama.

Aisha asintió.

—Mi madre me habló de ti.

Me dijo que te reconocería al instante por tu apariencia “inquietante”.

—Se bajó de la silla e hizo una reverencia, demasiado formal para una niña de su edad—.

Eres Daiki-sama.

Mi salvador.

—¿Salvador?

—repetí.

—También me dijo que tú eres la razón por la que estoy viva.

Que te enfrentaste a todos para protegernos antes de que yo naciera…

—Levantó la vista—.

Que te paraste frente a tus padres y dijiste: “Si ella va, yo voy”, asumiendo el riesgo de ir con alguien que acababa de tener un hijo, es decir, a mí.

Por eso mi vida te pertenece, Daiki-sama…

Lilia…

¿qué clase de educación le has dado?

—Soy tu hermano mayor.

Solo dime hermano.

Sentí cómo una gota de sudor bajaba por mi mejilla, porque era una situación que, la verdad, no me esperaba.

Sí, tenía la idea de que Lilia sintiera algo de devoción por mí, pero ¿inculcarle eso a su hija?

No merecía tal trato y, además, me hacía sentir incómodo.

—Sí, Daiki-nii-sama —corrigió ella, sin quitar el “sama”.

En ese momento, Rudeus se despertó en la cama.

Se frotó los ojos y, al ver a Aisha despierta, sonrió con su habitual amabilidad.

—Buenos días.

Veo que ya despertaste, pequeña.

Parecía que mi hermana no sabía quién era Rudeus.

Pensaba que era algún amigo, y él decidió no contar nada todavía.

¿Por qué?

No tenía ni idea.

—¡Caballero-sama!

¡Encontraste a mi hermano mayor!

—dijo ella, dejándose acariciar la cabeza por Rudeus—.

¡Y no es el pervertido!

Ah…

Por eso no quiere contarle que él es su hermano.

Porque tal vez Lilia le contó sobre las “acciones” de Rudeus.

—Exactamente…

—Rudeus me miró mientras bajaba los hombros.

Yo solo lo observé entrecerrando los ojos—.

Lo importante es que lo encontramos, ¿verdad?

Ella asintió.

Rudeus dejaba que ella lo conociera para que viera que es un buen hermano.

Lo cual, estaba haciendo bastante bien.

—¡Daiki-sama!

Madre me contó que tú eras muy inteligente, al punto de que a veces la inquietabas con tus cálculos mentales, lo cual quiere decir que eres todavía más genial de lo que tenía pensado.

Perfecto.

Ahora tenía más pretextos para seguir alabándome…

—Mmmm…

—Cierta pelirroja se levantó de la cama, frotándose los ojos mientras se estiraba con el otro brazo—.

¿Por qué tanto ruido?

Aisha se detuvo al ver a Eris.

—¿Quién es ella, Daiki-sama?

¿Tu guardia?

Eris se levantó de golpe, como si hubiera recibido un ataque.

—¿Guardia?

¡Soy su…

compañera!

Me toqué la frente.

—Aisha, ella es Eris.

Por favor, llévense bien.

Sin embargo, podía ver cómo ambas se miraban sin parpadear.

– Cuando intenté buscar el resto de mi ropa, fue Aisha la que me trajo todo.

—Aisha…

No hagas eso, soy capaz de traer mis cosas.

—¡Un guerrero no debería preocuparse por cosas tan mundanas como esas!

Lo único que tienes que hacer es aceptar mi ayuda y concentrarte en el combate —dijo, trayendo mi bota mientras lo limpiaba con un trapo—.

Ten, listo para usar…

—También puedo pensar en otras cosas, ¿sabes?

—Me reí un poco—.

Además, no me gusta que hagas esas cosas…

Se supone que alguien de tu edad debería estar jugando o estudiando.

—Eso no tendría sentido.

Tú aprendiste a usar la espada desde los cinco años.

¿Por qué en tu caso sí puedes, pero en el mío no?

Mi deseo es servirte, Daiki-sama.

Parpadeé dos veces.

—Tienes un punto…

Bueno, pero en mi caso, no me gusta que me sirvan.

Como tu hermano mayor, quiero ser yo quien te ayude.

¿Me cumples ese deseo?

Parece que lo consideró, porque se quedó pensando un buen rato.

—Si Daiki-sama lo pide…

—No lo hagas porque lo pedí.

Hazlo porque tú misma lo quieres.

¿Qué te acabo de decir?

—Pero…

—Aisha.

Ella bajó la mirada.

—…Quiero hacerlo…

—se detuvo.

—….

—Imposible…

si mi misión es servirte y tú me pides específicamente que lo haga por mí misma, ¿lo estoy haciendo porque quiero o porque me lo pediste?

Porque si te hago caso, entonces no lo hago porque quiero…

—Aisha, respira…

—Apoyé mi mano en su cabeza.

Ella levantó la vista.

—Pero, hermano, la paradoja…

—Está bien.

No tienes que resolverla ahora.

—¿Pero cómo…?

—Déjame preguntarte algo diferente —me agaché—.

¿Qué te hace feliz, Aisha?

—¿Feliz?

—Sí.

¿Qué te hace sonreír?

¿Qué disfrutas?

—…Servirte me hace feliz.

Suspiré.

—Además de eso.

Ella frunció el ceño.

—No…

no lo sé.

Y ahí estaba el problema real.

Que Aisha no sabía quién era sin ese rol.

—Entonces…

Hay algo que puedo hacer por ti.

Y algo que tú puedes hacer por mí.

¿Qué te parece entrenar espada conmigo?

Si aceptas, después del mediodía vamos a comprar ropa correcta para el entrenamiento.

Miré su ropa de mucama.

—¿Qué te parece mi idea?

—Entrenar…

¿contigo?

—Sí.

Como yo entrené con nuestro padre.

Como entrené con Ghislaine.

Ahora…

puedo entrenar contigo.

—¿Como…

compañeros de entrenamiento?

—Exactamente.

—Pero yo soy mucho más débil…

—Por ahora.

Todos empezamos débiles.

Ella miró sus manos pequeñas.

—Si entreno contigo…

¿podré protegerte mejor?

—Podrás protegerte a ti misma mejor —corregí—.

Y eso me haría muy feliz.

—…Entonces acepto.

Hermano.

Sonreí.

—Entonces será después del mediodía.

Estate preparada.

* Un caballero llegó a la posada justo antes del mediodía.

Rudeus y yo decidimos bajar para atender la situación, dejando a los demás arriba.

—¿Usted es Rudeus-sama?

—Sí.

—Soy parte de la Guardia Imperial del Séptimo Príncipe.

Mi nombre es Ginger York.

El caballero resultó ser una mujer.

Y había venido sola.

Me pregunté por qué un miembro de la guardia imperial estaba allí.

¿Será por el incidente de aquel hombre o el de Aisha que mencionó Rudeus?

—Es un placer conocerla.

Mi nombre es Rudeus Greyrat.

—Mi nombre es Daiki Greyrat.

—Pero ni siquiera me miró, solo se quedó viendo a Rudeus sin emoción alguna.

—Roxy-sama se reunirá con usted.

Por favor, acompáñeme hacia el palacio real.

Fue todo lo que dijo.

Aunque me parecía sospechoso, Rudeus sería capaz de afrontar la situación.

Considerando que cruzó el Continente Demoníaco, no debería ser gran problema un solo castillo.

Aunque quisiera acompañarlo, le había prometido a mi hermana menor que la llevaría al mercado a comprarle ropa para entrenar.

Si rompía esa promesa, tal vez no hubiera solución después.

Así que se fue sin más.

Volví a subir para encontrarme con Aisha lista para ir a comprar su ropa.

* En el mercado, entramos a una tienda esperando encontrar algo adecuado para una niña de seis años.

Algo que no le molestara y que resistiera un entrenamiento constante, para que cuando continuáramos nuestro viaje, ella pudiera seguir practicando las bases.

Además, quería que dejara de usar la ropa de mucama todo el tiempo.

Si quiere limpiar o hacer algo en el futuro, aún puede hacerlo sin necesidad de llevar ese uniforme puesto.

Para cuando ella vea la dificultad del entrenamiento, empezará a pensar en sí misma.

«¿Me gusta esto?

¿Podré seguirle el paso?

¿Me rindo y hago otra cosa?».

Son muchas de las preguntas que se hará.

Y, como es alguien inteligente, se dará cuenta de que es capaz de elegir su camino.

Si no elige la espada, entonces estará eligiendo.

Por más inteligencia que tenga, si no tiene la experiencia, nunca podría decidir por sí misma.

Fue la voz del hombre la que me sacó de mis pensamientos con un clásico tosido.

Le expliqué la ropa que necesitaba.

Nada elegante, nada que se viera “bien”, tenía que ser exactamente para que durara.

No importaba si no se veía como una niña con esa ropa.

—Mire, joven, para alguien de su tamaño es difícil encontrar equipo de aventurero real —dijo el vendedor—, pero tengo ropa resistente que usan los hijos de granjeros o aprendices de artesanos.

Asentí y empecé a rebuscar.

—Prueba esto No era nada del otro mundo, pero era perfecto para empezar.

Consistía en una túnica de lino color crema y unos pantalones que le llegaban justo debajo de las rodillas.

—Y esto es importante —añadí, lanzándole un pequeño chaleco de cuero suave.

No era una armadura, pero serviría para amortiguar los inevitables golpes.

Aisha lo tomó todo con curiosidad.

—Pruébatelo —ordené—.

Ah, y no olvides estas botas.

Tienen que quedarte firmes…

si te bailan los pies, te caerás antes de lanzar un golpe.

Ella asintió y corrió hacia el probador improvisado.

Minutos después, la cortina se abrió.

Allí estaba.

Ya no parecía una pequeña sirvienta destinada a limpiar pasillos.

Parecía…

bueno, parecía una aprendiz.

—Se siente…

—Aisha se miró las manos y luego dio un pequeño salto—.

Se siente bien.

Ligero y fuerte.

Esta combinación hace perfecta la idea de entrenar.

—Te ves bien.

Como alguien que está apunto de hacerse fuerte, y si soy honesto contigo, eso podría ser una posibilidad.

—¡Gracias!

¡Lo cuidaré con mi vida!

—No, no lo cuides.

Ensúcialo, rómpelo, desgástalo…

Eso significará que estás entrenando de verdad.

* Ahora nos encontrábamos en el campo de entrenamiento, que no era más que el patio de la posada.

Con Eris a mi lado y Aisha al frente, ella sostenía la espada de madera que también le había comprado.

No tenía una postura inicial.

Permanecía recta, con los brazos caídos mientras su mano derecha sujetaba el arma.

Básicamente, estaba esperando una orden…

algo que definitivamente tenía que cambiar.

Empecé a caminar a su alrededor.

—Lo primero que debes hacer es adoptar la postura básica.

No puedes quedarte simplemente ahí de pie.

Separa los pies al ancho de tus hombros.

Pon un pie adelante y el otro atrás para tener estabilidad.

Flexiona ligeramente las rodillas para bajar tu centro de gravedad.

Me detuve frente a ella y acomodé sus brazos.

—El pie que pongas adelante dependerá de tu mano dominante para equilibrar el peso.

En mi caso, soy ambidiestro, lo que significa que soy capaz de usar ambos brazos con la misma fuerza…

pero por ahora, debes encontrar tu equilibrio natural.

Aisha intentó imitar mis ajustes, pero su cuerpo seguía algo rígido.

Luego de eso, lo cual entendió bien, empezamos con ataques básicos.

Nada ostentoso.

Bloqueo, bloqueo y ataque.

Luego de eso, empezaría a explicarle sobre los estilos de espadas.

—Tus ojos deben estar siempre en el oponente.

Simplemente debes confiar en que tus pies siempre sabrán donde están.

Usa tus ojos e inteligencia para leer mis hombros, mis manos, incluso mi cadera.

Solo así podrás leer a tu oponente y anticiparte a su ataque.

Lo bueno de Aisha es que no necesitaba que se lo explicara dos veces.

Era una niña muy inteligente, lo cual me facilitaba el trabajo teórico.

Aunque soy capaz de hacerlo, esto significaba menos tiempo perdido en explicaciones.

—Lo siento, Daiki-sama…

—Hermano.

—¿Qué?

—Dime “hermano”, no Daiki-sama.

O, en todo caso, dime solo “Daiki”.

Asintió.

Volvimos con el entrenamiento.

—Daiki, ven un momento —me llamó Eris, insistiendo en que me sentara a su lado.

—¿Qué pasa?

—pregunté al llegar junto a ella, mientras observaba cómo Aisha seguía practicando por su cuenta.

—Eres un buen maestro…

Mmm…

Recuerdo cuando querías enseñarme a pesar de que Ghislaine era mucho mejor que nosotros.

Me rasqué la mejilla.

—Se podría decir que me gustaba enseñarte…

Lo pasaba bien haciéndolo.

Luego, volví la mirada hacia mi hermana.

—Y ahora, estoy disfrutando de nuevo el enseñar…

Ella me golpeó el hombro.

—Mírate a ti mismo.

Cargas con demasiado, pero aun así siempre estás tratando de ayudar a los demás, incluso si no haces nada por tu propio bien.

—Supongo que tienes razón…

—murmuré, frotándome la zona del golpe.

Aunque no me dolía realmente, las palabras de ella, que generalmente no eran habituales, habían impactado junto al golpe—.

Pero alguien tiene que hacerlo….

Si yo no cargo con esto, ¿quién lo hará?

Vi como ella suspiró.

—Daiki…

Nos tienes a nosotros.

¡Rudy, Ruijerd y yo!

¡No estás solo!

Es decir…

deja de decir que necesitas ser el héroe de todos, no eres el héroe solitario que crees.

—Joven Eris…

—¿Sí?

—¿Cómo te das cuenta de todo eso?

—¿Qué cosa?

—De…

mí.

Cosas que ni yo mismo soy capaz de entender, aunque sean parte de mí.

—Porque…

conozco todas tus facetas: el serio, el alegre, el emocionado, el atento, el genio, el viejo con sus palabras largas…

Y tú solo crees que eres el “héroe”, cuando en realidad eres mucho más que eso.

No eres un personaje de fantasía, eres humano.

Me quedé mirándola un segundo.

Tenía razón.

A veces se me olvidaba que ya no estaba luchando solo.

—Lo tendré en cuenta…

—¡Hermano!

—La voz de Aisha interrumpió nuestra charla—.

¡Hice cincuenta repeticiones!

¡Y no miré mis pies ni una sola vez!

Me levanté y me acerqué a ella, acariciando su cabello.

—Lo hiciste excelente.

—Le quité suavemente la espada de madera de la mano—.

Descansa cinco minutos.

No queremos que te desmayes en tu primer día.

Así, pasamos el resto del día.

* POV: Rudeus Greyrat Actualmente, estoy evaluando un alojamiento gratuito en el Reino de Shirone.

No hay depósito de garantía ni alquiler.

Es un departamento de una sola habitación, sin comidas incluidas y carente de luz natural.

Además, su construcción es tranquilizadoramente segura.

¡Por favor, admiren la resistencia de esta barrera!

Mientras estés adentro, la magia se anula y nunca serás capaz de salir.

Incluso si un aventurero de Rango A como yo la golpea con todas sus fuerzas, o si Daiki intentara cortarla con esa espada absurda suya, la barrera ni se inmutaría.

—¿Rudy?

Una voz me sacó de golpe de mis pensamientos.

De repente, vi una silueta en la oscuridad que me miraba con ojos rojos.

Di un salto hacia atrás de forma instintiva.

Creí que me habían enviado un asesino, pero la mención de mi nombre acortado me hizo darme cuenta de lo equivocado que estaba.

—¿Qué haces aquí dentro?

—preguntó la sombra—.

Lo sospechaba…

—¡Daiki…!

¡La pu…!

—Me llevé la mano al pecho—.

¡No me asustes así!

¡Casi me da un infarto!

—Eres joven…

Tienes un buen sistema interno, que te dé un infarto es estadísticamente imposible…

—¡Eso no importa…!

—Traté de recuperar el aliento—.

Bueno…

ese comentario confirma que sí eres tú.

Eh…

hola, supongo.

Luego me miró de arriba abajo.

—¿Cómo lograron capturarte?

¿Por qué no tienes tu báculo?

¿Que te lo hayan quitado para ver a Roxy, eso no significó nada para ti?

—…Eh…..

—”Deja tus armas en la puerta”, ¿verdad?

—Bueno…

Ginger dijo que Roxy me estaba esperando.

Pensé que era un protocolo de seguridad estándar para ver a un mago de la corte.

Y…

bueno…

quería ver a Roxy.

—Rudy, lo querías tanto, ¿verdad?

Tan así fue que ignoraste todas las señales de alerta.

Ella vino sola, sin escolta, por una petición extraña y sin Roxy presente.

Sabes cómo es ella, habría salido a buscarte si hubiera sabido que estabas aquí.

—Ugh…

—Me cubrí el rostro—.

Tienes razón.

Soy un idiota.

Me dejé llevar por mis bajos instintos y la adoración hacia mi Diosa.

Negué con la cabeza.

—Yo también pude habértelo dicho, pero en ese momento pasó todo tan rápido…

Además, si te hubiera seguido, con la señal de entrar y dejar las armas, ya habría dicho.

—…Soy un idiota.

—No eres un idiota….

Eres Rudy —me acerqué a la pared, o mejor dicho, a la barrera mágica—.

Pero ahora estamos en una situación…

complicada.

—Espera…

—Bajé las manos—.

¿Cómo entraste aquí?

Hay guardias por todas partes.

—Digamos que están tomando una siesta…

Tragué saliva…

Sabía lo que eso significaba.

Nada.

Nos quedamos charlando por horas intentando solucionar esta situación que, la verdad, era lamentable.

Mi hermano se veía visiblemente afectado por esto, dando vueltas en círculos mientras se llevaba las manos a la cabeza.

Por alguna razón, cuando usa toda su fuerza en esta cosa, la barrera rechaza su espada.

Es como si la «repeliera», así que, al ser una espada mágica, quizá sea imposible salir por esos medios.

Mi hermano se quedó toda la noche conmigo, hablándome y manteniendo la calma.

Logré convencerlo de que no hiciera nada que pudiera convertirnos en criminales, explicándole que no podríamos vivir tranquilos con nuestra familia si éramos buscados o mal vistos por todo el mundo.

Aceptó a regañadientes, pero nunca se fue.

Me contó qué hizo con los guardias.

Básicamente los dejó inconscientes y cerca de bebidas para que pensaran que tuvieron una mala noche y no sospecharan de un ataque, lo cual tenía mucho sentido.

—Claro, normal que les duela si les golpeaste en la cabeza…

—murmuré.

Incluso se negó a comer.

Dijo que estaría mal llenar su estómago mientras yo no podía hacerlo debido a la situación…

Te quiero, hermano mayor.

Finalmente, como era de esperar, su paciencia se agotó.

—Si no puedo romper la barrera, tendré que ir por los cimientos…

—¿Q-qué quieres decir con eso?—Pregunté nervioso, alejándome al sentir la presencia asesina.

—Destrozaré todo el suelo, buscaré la fuente de maná que alimenta este círculo y luego…

—Iba a decir algo, pero el sonido de la puerta lo interrumpió.

Mi hermano se movió tan rápido que mis ojos no pudieron seguirlo.

Podría jurar que subió hacia el techo, pero sinceramente, no estoy seguro.

Simplemente…

ya no estaba aquí.

El hombre que se aproximaba era alto, usaba unas gafas y tenía un corte de pelo de tazón.

¿Quién se supone que es este tipo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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