Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 49
- Inicio
- Todas las novelas
- Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
- Capítulo 49 - 49 Capitulo 34 Punto de inflexión 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
49: Capitulo 34: Punto de inflexión 2 49: Capitulo 34: Punto de inflexión 2 La conversación con esta persona desconocida había comenzado de una forma que…
Realmente no lograba comprender.
Sentí un nudo en la garganta, no porque tuviera miedo; simplemente, no me esperaba que me confundieran con una persona de este mundo.
—Si no es mucha molestia —dije, tratando de sonar lo más educado posible—, ¿por qué me llama Darian?
—Eres una copia exacta de aquel humano.
—¿”Aquel” humano?
¿Qué quiere decir con eso?
Él lo pensó un buen rato, como si fuera algo lejano.
—Darian fue un error de cálculo en este mundo.
Él nació vacío.
Era un Miko.
No podía generar maná ni touki, y su existencia era insostenible; por eso su cuerpo colapsó a los diez años.
Luego me miró directamente.
—Por eso es que no deberías estar vivo.
—En todo caso, si él llegó a morir, ¿por qué me asocia con él?
El hombre solo miró al suelo con indiferencia clínica.
—Tienes su mismo rastro.
Su misma cara.
Ese cabello negro era el estigma de su condición.
Lo observé una vez porque representaba una anomalía interesante, pero fue una pérdida de tiempo.
No hubo forma de salvarlo.
El maná ambiental actuaba como veneno para él.
Simplemente se pudrió desde adentro.
—¿Se…
se pudrió?
—Se convirtió en polvo.
Lo presencié, por eso me sorprendiste.
Eris me vio con terror, como si temiera que también desapareciera.
Ella incluso me agarró el brazo.
Ese agarre…
fue lo que me hizo reaccionar.
No podía dejar que siguiera asustada.
—En todo caso, es imposible que sea él, ¿verdad?
—¿Mmm?
Recité el conjuro de una bola de agua y la lancé hacia la pared.
¡Splash!
—Soy capaz de usar maná.
Es más…
—Estuve a punto de hacerlo sin cántico, pero me detuve a tiempo—.
Tengo una gran capacidad.
Me giré hacia Eris.
Puse mi mano sobre la suya.
Para que sintiera que yo era sólido…
Que pertenecía a ella.
—Lo ves, ¿verdad?
—Intenté sonar suave—.
Darian no podía usar maná, yo sí puedo.
El maná ambiental no me afecta.
Hice una pequeña pausa y la miré a los ojos.
—Y, sobre todo…
Darian murió en soledad.
Yo no estoy solo.
Ella aflojó el agarre, como si entendiera finalmente que estaba de pie, que me tenía enfrente.
Sin apartar las manos del todo, las subió hacia mi rostro y me acarició, comprobando que no era una ilusión.
Al ver mi sonrisa y sentir mi calidez, solo pudo devolverme el gesto.
Orsted rompió el momento.
—Entonces es una coincidencia…
Una coincidencia extremadamente específica.
Iba a dar un paso al frente, pero sentí un brazo que me detuvo de una forma tan brusca que casi me quedo sin aire.
Al alzar la vista, vi que era Ruijerd.
—Hagan lo que hagan, no se muevan.
Eris, tú tampoco.
—La voz de Ruijerd temblaba.
Era un sonido que jamás pensé escuchar de él.
En estos meses viajando con él, nunca había demostrado una faceta de miedo.
Al menos no desde Millis hasta aquí.
Mi hermano no me contó mucho sobre el Continente Demoníaco, pero estaba seguro de que un ser de quinientos años no es precisamente alguien asustadizo.
—¿Mm?
Esa voz…
—El hombre se detuvo—.
¿Eres Ruijerd Superdia?
No te reconocí al principio sin tu cabello.
¿Qué estás haciendo aquí?
Se nos acercó con una calma casual, casi insultante.
Ruijerd apretó su lanza, listo para atacar, pero el hombre ni se inmutó.
—¿Mm?
La chica del cabello rojo…
Eris Boreas Greyrat, ¿eh?
Y el otro…
¿quién eres tú?
—preguntó mirando a Rudeus—.
No es un rostro que reconozca…
Hizo una pausa breve y luego asintió, con una expresión de sabelotodo en el rostro.
—En fin.
Ya entiendo lo que está ocurriendo, Ruijerd Superdia.
Tú tienes debilidad por los niños, así que estos tres deben ser víctimas del incidente que fueron teletransportados al Continente Demoníaco.
Los has estado escoltando de regreso hasta aquí.
Eris estaba perpleja y gritó: —¿¡C-cómo sabes mi nombre!?
Mi mente no dejaba de dar vueltas.
Este ser extraño, de una manera que no lograba comprender, parecía conocer a todos.
Incluso a mí, aunque fuera por una confusión con ese tal “Darian”.
Sin embargo, lo más desconcertante era que no tenía ni idea de quién era Rudeus.
¿Quién era este tipo y por qué sabía tanto?
—¿¡Quién demonios eres tú!?
¿¡Y por qué sabes mi nombre!?
—Ruijerd apuntó su lanza hacia el hombre.
Él tampoco conocía al sujeto.
—Este es un lugar curioso para encontrarme contigo…
pero te ves bien.
Eso es bueno.
El hombre miró a Ruijerd sin inmutarse por el arma que lo amenazaba.
Luego, soltó una risa cargada de autodesprecio y dio un paso atrás.
Al ver eso, la chica de la máscara murmuró: —¿Estás seguro?
—Es inevitable en este punto.
El hombre caminó lentamente por el costado.
—Me apartaré de su camino.
La mujer de cabello negro lo siguió, pero mientras pasaba a mi lado, no dejaba de mirarme.
Aunque la máscara ocultaba su expresión, la inclinación de su cabeza lo dejaba claro.
Su atención estaba clavada en mí o, para ser más exactos, en mi cabello negro.
—Sabrás quién soy…
eventualmente —dijo el hombre, con palabras firmes y un significado claramente oculto.
Pero antes de que pudieran avanzar, supe que Rudeus iba a comentar algo porque se giró bruscamente y los miró directamente.
—¡Por favor, espere!
—gritó Rudeus.
Él miró hacia atrás.
—¿Qué pasa?
¿Qué es lo que quieres?
—Ah, buenas tardes.
Mi nombre es Rudeus Greyrat.
—Nunca escuché hablar de ti.
Después de todo, era su primer encuentro.
—Espera.
Greyrat, ¿cierto?
¿Cuáles son los nombres de tus padres?
—Antes de llegar a eso, eh…
¿cuál es su nombre?
—preguntó mi hermano.
—Mm…
Muy bien, te lo diré.
Mi nombre es Orsted.
—¿Ustedes dos son conocidos?
—preguntó Rudeus, mirando alternativamente a Ruijerd y a Orsted.
—No.
Todavía no.
—¿”Todavía no”?
¿Qué significa eso?
—No necesitas saberlo.
Ahora, ¿quiénes son tus padres?
—Cortó el tema bruscamente, volviendo a su interrogatorio.
—Paul Greyrat.
—…
¿Mm?
—Sus ojos se entrecerraron—.
Paul no debería tener un hijo.
Él debería tener dos hijas.
Decidí intervenir.
Sentí que era necesario, aunque mi instinto me gritaba que mantuviera la boca cerrada.
—Paul Greyrat también es mi padre.
Soy hermano de Rudeus.
—No iba a dejar a mi hermano solo en esto.
—¿Hermanos?
—Repitió la palabra—.
Paul Greyrat no tiene hijos varones.
Sus descendientes son Norn y Aisha.
Que hablara de nuestra familia con tanta propiedad, como si estuviera leyendo un libro de historia mal escrito, era inquietante.
—Dos hijos varones…
—murmuró para sí mismo—.
Y uno de ellos lleva el rostro de un muerto de hace seiscientos años.
Sacudió la cabeza levemente.
—El destino se ha desviado demasiado.
Luego volvió a vernos, específicamente hacia Rudeus.
—Tú.
¿Tal vez estás familiarizado con el nombre “Dios Humano”?
—Sí.
Él aparece en mis sueños…
De repente sentí una potente presencia asesina en el ambiente, una que me dejó paralizado por un momento.
Para cuando quise pensar lo que estaba pasando, Ruijerd se adelantó y logró interceptar el ataque de Orsted mientras empujaba a mi hermano hacia atrás.
Orsted, sin embargo, me miró por encima del hombro de Ruijerd.
—Así que por eso estabas vivo, Darian.
Eres uno de los apóstoles del Dios Humano, junto a tu hermano.
En el mismo instante en que pensé que Orsted nos estaba acusando falsamente, Ruijerd nos gritó.
—¡Huyan!
¡Hagan ca…!
Fue demasiado tarde.
Ruijerd arremetió con su lanza, pero a pesar de toda su experiencia, fue inútil contra este sujeto.
Orsted desvió el arma con una facilidad aterradora y devolvió el ataque apenas unos segundos después.
Primero impactó en el plexo solar, luego conectó otro golpe en la mandíbula y, para finalizar, un golpe seco en la sien fue lo que terminó el combate.
Podría haberlo asesinado con ese tercer golpe si lo hubiera deseado, pero no lo hizo.
Incluso contra un oponente tan formidable como Ruijerd, Orsted tuvo el lujo de contenerse, dejándolo inconsciente en un instante.
—¡Hyaaaah!
—Eris saltó frente a mí y balanceó su hoja hacia Orsted, tan rápido como un arco de luz.
—Técnica Secreta: Flujo.
Orsted no desperdició tiempo con Eris.
Todo lo que hizo fue intentar detener gentilmente su espada con la palma de su mano.
Al menos, eso fue lo que me pareció.
Sin embargo, Eris no era la misma de antes.
En el último momento cambió la trayectoria apenas unos centímetros, mostrando cuánto había mejorado con mi entrenamiento.
Esto fue notado por Orsted.
Por una fracción de segundo, una expresión parecida al asombro se mostró en su rostro.
Aun así, no fue suficiente.
Orsted corrigió su defensa más rápido de lo que el ojo podía seguir.
Eris salió disparada mientras giraba por el aire.
Antes de que se estrellara contra la pared logré agarrarla y, al aterrizar, me deslicé solo por la inercia.
—Tch…
Este tipo solo está jugando…
—Luego miré hacia Eris—.
¿Estás bien, Eris?
No le di tiempo a responder, inmediatamente usé magia curativa en ella.
Al hacerlo, me di cuenta de que lo hice sin cántico, algo notado por este tipo.
—Eris…
Dame tu espada.
—La miré de forma seria, esperando que aceptara de inmediato.
—Pero, Daiki, él…
—…
Confía en mí.
Ella me entregó su espada.
Cuando me la dio, sentí cómo sus manos temblaban.
Si bien ella había entrenado con Ruijerd y conmigo, Orsted era una anomalía que ni siquiera se la había tomado en serio.
—Eris…
Sé que esto será difícil, pero mientras “distraigo” a ese sujeto, tú debes intentar llevarte a Ruijerd de la zona de batalla.
—Pero…
—¡Eris, no repliques!
Me lancé hacia él.
Con el Estilo del Dios del Agua en mi mano izquierda usando la espada de Eris y el Estilo del Dios de la Espada en mi derecha con Temphestalis.
Busqué un impacto directo hacia su cuello, pero no sirvió de nada.
Orsted me miró con indiferencia y lanzó un contraataque que me obligó a retroceder de golpe.
—Impresionante, Darian.
Pasaste de ser un Miko Vacío a un estratega nato.
Sin embargo…
Antes de que pudiera reaccionar, recibí un potente puñetazo directamente en el tórax.
El impacto fue tan brutal que sentí mis costillas romperse al instante.
Inclinado sobre el suelo, escupí una densa bocanada de sangre que salpicó mis manos y la nieve.
—¿Qué pasa?
Creí que podías usar magia curativa.
Empecé a aplicar magia curativa directamente sobre mi pecho mientras miraba de reojo a mi hermano.
Rudeus estaba cargando un ataque de fuego masivo que comenzaba a cambiar de color y derretía la nieve a su alrededor al instante.
Rudeus soltó su poder masivo, uno con el cual podía sentirse el calor hasta aquí.
Sin embargo, el hombre parecía indiferente ante tal masivo ataque, o eso creía.
—¡Ábrete, Puerta Frontal del Wyrm!
—Mientras Orsted dejaba salir esas palabras, una ventana se abrió.
Detuvo mi ataque y logró quitarme la espada.
A esta altura, era imposible intentar quitársela; parecía que la habilidad de “vínculo” no funcionaba en él.
En ese mismo instante, el poder mágico fluyendo por su mano izquierda fue succionado.
El marco de la ventana se agrietó y rompió.
Simultáneamente, una explosión ocurrió cerca de Orsted.
La explosión hizo que retrocediera un poco, sin embargo, lo que seguía…
—Qué increíble reserva de poder mágico.
Una Puerta Frontal del Wyrm no fue capaz de contenerla.
Es casi como si estuvieras al mismo nivel que Laplace…
Bueno, después de todo, eres un apóstol del Dios Humano.
Luego, posó su mirada en mí.
—Me sorprendiste, Darian.
Eras solo un niño sin ningún tipo de fortaleza y ahora eres capaz de manejar dos estilos de espada.
Uno de la luz y otro con una técnica de flujo que, si soy honesto, alcanza el nivel Santo.
Incluso puedes usar magia de curación sin cánticos, lo cual es realmente impresionante.
Luego bajó la mirada hacia mi arma.
—Mmmm…
está absorbiendo mi maná…
Espera.
—Como si el peligro del combate hubiera pasado a un segundo plano, comenzó a analizar la hoja con una calma que me dio escalofríos—.
Esta espada pertenecía al repertorio de Laplace.
Y su mirada analítica cambió por completo.
De un momento a otro, soltó mi espada y se lanzó hacia mí.
Intenté de alguna forma esquivar, pero recibí el golpe de lleno en mi costado.
—¡Hermano!
Mientras giraba en el aire, pude ver por un instante a mi hermano.
Sin poder detenerme, mi espalda chocó violentamente contra su pecho.
—¡Agh…!
Intenté aclarar mi visión borrosa, pero al bajar la mirada…
vi su mano.
Había atravesado mi cuerpo a una velocidad increíble.
Directamente a través del corazón.
Era una herida absolutamente fatal; una que mi magia de sanación jamás sería capaz de cerrar.
Y detrás de mí, por el sonido húmedo y el impacto compartido, supe que mi hermano también había sido perforado.
Dos mellizos heridos de muerte al mismo tiempo.
—Qué decepcionante, Dios Humano.
¿Ahora usas peones que ni siquiera pueden protegerse a sí mismos?
¿Qué estás planeando?
Su mano salió completamente cubierta de mi sangre cuando la extrajo.
Mi cuerpo me traicionó y me desplomé hacia el suelo.
En el borde de mi visión, vi a Eris alzar la cabeza.
Tenía una expresión de absoluta incredulidad mientras me miraba.
Nuestros ojos se encontraron.
—A-ah…
D-Da…
Daiki…
¡Daiki!
¡Rudeus!
Eris, lo siento…
Te dije que te protegería.
—¿Daiki…?
Esa voz…
fue la mujer de cabello negro, creo.
Soy un completo fracasado.
Creí que era fuerte, que podía rescatar a mi madre, llevar a Eris a casa…
Le prometí a Norn que volvería, le dije a Rudeus que no lo abandonaría.
Solo quisiera cumplir todo eso para, al menos, morir en paz.
—¡Noooooooooooo!
—El grito de angustia de Eris fue lo unico que escuché.
—¿Ellos eran importantes para ti?
Lo siento, Eris Boreas Greyrat.
Pero un día lo entenderás.
En marcha, Nanahoshi.
—Espera, Orsted.
Hay algo que me ha estado molestando.
Ese niño…
¿No sería mejor dejarlo con vida?
Su nombre es parecido a…
Justo antes de que mi consciencia se apagara por completo creí haber escuchado esas palabras.
….
—Hikari…
¿Qué es lo que tú deseas?
—¿Mami…?
¿Qué quieres…?
¿Qué quieres decir con eso?
—……
—Q-quiero…
quiero que no me dejes, eso es todo…
—Ya veo…
Entonces, haré todo lo que esté a mi alcance para darte lo que quieres, mi hijo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com