Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Episodio 1 Dos Almas Despiertan — Parte 4
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5: Episodio 1: Dos Almas Despiertan — Parte 4 5: Episodio 1: Dos Almas Despiertan — Parte 4 Rudeus y Daiki cumplieron tres años.
Fue recién hace poco que Rudeus finalmente supo los nombres de sus padres con certeza.
Su padre se llamaba Paul Greyrat.
Su madre se llamaba Zenith Greyrat.
Y él se llamaba Rudeus Greyrat.
En otras palabras, era el segundo hijo de la familia Greyrat, técnicamente, por unos minutos, ya que su hermano mellizo Daiki había nacido primero.
Le pusieron el nombre Rudeus, pero como ni su padre ni su madre se llamaban por sus nombres entre ellos, y además le acortaban el suyo como Rudy, le tomó bastante tiempo memorizar cómo era su nombre completo.
Daiki, por otro lado, había sabido los nombres de todos desde mucho antes.
Su habilidad pasada había catalogado cada nombre, cada rostro, cada detalle desde los primeros meses.
Zenith Greyrat.
Paul Greyrat.
Lilia.
Rudeus.
No era algo de lo que estuviera orgulloso.
Simplemente…
era.
—Vaya, vaya…
A Rudy le gustan los libros, ¿eh?
Cuando Rudeus empezó a andar por la casa con un libro siempre en la mano, Zenith dijo eso con una sonrisa cálida.
Nunca le reprocharon por tener un libro consigo.
Incluso durante las comidas lo dejaba a un lado, y nadie decía nada.
Daiki también leía, por supuesto.
Pero su relación con los libros era diferente.
Los leía una vez y ya no necesitaba volver a abrirlos.
Todo quedaba grabado perfectamente en su memoria.
Por eso, después de terminar los cinco libros de la casa, simplemente…
observaba.
Observaba a Rudeus practicar.
Observaba a Paul entrenar con la espada.
Observaba todo.
Y había algo más que captó su atención desde muy temprano.
Las espadas.
Desde que era bebé, algo en él se sentía atraído hacia ellas.
Cuando apenas podía gatear, se dirigía hacia donde Paul dejaba su espada de entrenamiento.
Cuando aprendió a caminar, una de sus primeras acciones fue tomar la espada de madera que les habían dado.
Rudeus nunca mostró mucho interés en ella.
Prefería los libros, la magia, el conocimiento.
Pero Daiki…
Daiki la sostenía de forma diferente.
Incluso con manos torpes de niño pequeño, había algo en su agarre que no era del todo infantil.
Paul lo había notado.
—Mira eso, Zenith.
—había dicho una tarde, observando a Daiki sostener la espada de madera con ambas manos—.
Daiki parece interesado en las espadas.
Zenith había sonreído.
—Bueno, es tu hijo.
Sería extraño que ninguno de los dos mostrara interés.
—Rudy prefiere los libros, como tú.
—Y Daiki prefiere las espadas, como tú.
—Zenith le dio un codazo juguetón a Paul—.
Equilibrado, ¿no crees?
En su vida anterior, había dominado su cuerpo hasta límites sobrehumanos.
Había aprendido artes marciales, técnicas de combate.
Pero las armas…
las armas siempre habían sido herramientas secundarias.
Aquí, sin embargo, sentía que podían ser diferentes.
En un mundo con monstruos reales, con magia, con peligros tangibles…
Era muy util.
Y había algo más.
Algo que no podía explicar del todo.
Cuando sostenía la espada, cuando observaba a Paul entrenar, sentía una resonancia.
Como si este cuerpo estuviera diseñado para esto de alguna manera que su cuerpo anterior nunca había estado.
‘ Interesante.
’ Rudeus, mientras tanto, continuaba con su enfoque en la magia.
Aun así, evitaba leer los manuales de magia delante de su familia.
No es que se estuviera haciendo el misterioso, pero lo cierto era que no tenía claro cuál era el estatus de la magia en este mundo.
En su vida anterior, existieron cosas como las cazas de brujas en la Edad Media.
Aquellos que usaban magia eran considerados herejes y terminaban en la hoguera.
En este mundo, donde existía un libro de magia de forma tan accesible y práctica, dudaba que la magia fuera considerada una herejía…
pero tampoco creía que todo el mundo lo viera con buenos ojos.
Quizá existiera alguna regla no escrita del tipo “la magia es para cuando seas adulto”.
Después de todo, si se abusaba de ella uno podía desmayarse.
Podía ser que pensaran que su uso excesivo obstaculizaba el crecimiento del niño.
Por eso Rudeus decidió ocultar sus estudios mágicos frente a su familia.
Aunque…
ya había lanzado magia por la ventana más de una vez, así que podía ser que ya lo hubieran descubierto.
‘ No es mi culpa, ¿vale?
Tenía curiosidad por ver qué tan rápida podía lanzar un proyectil.
’ Lilia a veces le lanzaba miradas bastante severas, pero como sus padres seguían actuando con total tranquilidad, quería creer que todo estaba bien.
Lilia también observaba a Daiki con cierta…
cautela.
Especialmente cuando lo veía con la espada de madera.
La forma en que la sostenía, la forma en que sus ojos la estudiaban.
No era normal.
Ninguno de los dos hermanos era normal.
Pero se guardaba sus pensamientos para sí misma.
Una tarde, Daiki estaba en el jardín sosteniendo la espada de madera.
Paul estaba cerca, practicando sus formas con su espada real.
Rudeus evitaba salir afuera.
Desde su ventana miraba a su hermano y a veces lo envidiaba.
Daiki podía salir sin problemas, sin ese peso que a él lo mantenía encerrado.
Incluso una vez Daiki había salido a caminar con Paul para conocer personas del pueblo.
Cuando le ofrecieron lo mismo a Rudeus, se negó rotundamente.
Sus padres intercambiaron una mirada pero no hicieron más preguntas después de eso.
Quizás era mejor así.
El pueblo nunca sospechó que Daiki fuera hijo de otro hombre.
Ser mellizo de Rudeus había sido suficiente prueba para todos.
Eso detuvo las miradas curiosas y los murmullos antes de que empezaran.
Además, las mujeres del pueblo tenían otros asuntos en mente cuando veían a Paul.
Siempre parecían derretirse a su paso, con sus risitas tontas y miradas cargadas de intención.
Volviendo al asunto del patio.
Daiki observaba cada movimiento.
Cada giro de cadera.
Cada paso.
Cada corte.
‘ Diferente.
Completamente diferente a lo que conocía.
’ En su vida anterior, su estilo de combate había sido adaptativo, fluido, sin forma fija.
Aquí, Paul seguía patrones específicos.
Una escuela.
Una técnica estructurada.
‘ Interesante.
’ Sin pensarlo, Daiki intentó imitar uno de los movimientos.
Su cuerpo de tres años apenas respondió correctamente, pero la intención estaba ahí.
Paul se detuvo y lo miró con sorpresa.
—¿Estabas…
imitándome?
Daiki asintió levemente.
Paul se rió, complacido.
Esa noche, Rudeus y Daiki estaban en su habitación.
Daiki sostenía la espada de madera, moviéndola lentamente en patrones que había memorizado de Paul.
—Te interesan las espadas.
—comentó Rudeus, más como observación que como pregunta—.
—Si.
—Yo prefiero la magia.
—Lo sé.
Eres mejor en eso.
Un silencio cómodo se instaló entre ellos.
—Está bien que seamos diferentes.
—dijo Rudeus finalmente—.
Tú con las espadas, yo con la magia.
Podemos…
complementarnos.
Daiki dejó de moverse y miró a su hermano.
—Sí.
Podemos.
Y en ese momento, sin saberlo, comenzaron a forjar un vínculo que iría más allá de simplemente ser hermanos.
Serían compañeros.
Aliados.
Cada uno con sus propias fortalezas, sus propios secretos.
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