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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - 52 Interludio Cuando alguien se retira a su redención
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52: Interludio: Cuando alguien se retira a su redención 52: Interludio: Cuando alguien se retira a su redención Pasó un mes.

El cual no lo usamos para visitar la capital, en cambio, seguíamos una ruta angosta, avanzando más hacia el norte.

Pasamos a través de muchas pequeñas aldeas granjeras, y vimos campos de trigo extendiéndose ante nosotros mientras continuamos nuestro viaje.

Mi hermano estaba aquí, caminando a mi lado, mientras sostenía la espada de Eris solo por si acaso.

Ella me permitió tenerla durante todo el viaje, ya que había insistido en tener algo con qué defenderlos, ya que no quería ser una carga esta vez.

A pesar de tener a Ruijerd, me veía en la necesidad de, por lo menos, ser útil.

—Rudy.

—¿Qué pasó?

—Gracias.

—¿Ah?

—Por aceptar defender tu lado.

—No pasa nada, Daiki.

De todas formas, también siento la necesidad de proteger.

Pasé al japonés.

—¿Quieres descansar, verdad?

—Se puede decir que sí, aunque sea un poco…

admito que sin esta “aventura” nuestra vida sería muy aburrida, ¿no crees?

Miré hacia el cielo.

—Sí, lo creo.

No reunimos información.

Solo nos dirigimos hacia el norte tan rápido como nos fue posible.

Supusimos que averiguaríamos todo lo que estaba pasando una vez que llegáramos al campo de refugiados, pero aún más importante, ya casi habíamos llegado ahí.

Solo queríamos llegar a nuestro destino tan rápido como nos fuera posible.

—Daiki…

—¿Sí, Eris?

—¿Dónde quedó el “joven”?

—preguntó de repente—.

De un momento a otro, dejaste de usarlo…

—¿Regalo de cumpleaños…?

—intenté excusarme, aunque sabía que sonaba ridículo.

—Ajá…

—Y me miró de una forma que no entendía.

…

Finalmente, habíamos llegado a la región de Fittoa.

Lo sabía.

Tenía la idea de que estaría completamente vacía, pero incluso con ese pensamiento, esperaba que al menos haya algo.

No había campos de trigo, campos de flores vatirus, molinos de agua ni tampoco almacenes para las cosechas.

Lo único que se podía ver era pasto, lo único que siempre queda tras una catástrofe.

Lo que termina creciendo, y en parte, una muy profunda, también me sentía así.

Lo que también me hacía sentir un intruso.

La escena creaba una sensación de vacío, una que se acunó muy profundo dentro de nosotros mientras llegábamos a la actual (y única) ciudad en la Región de Fittoa: el campo de refugiados.

Nuestro destino final.

Fue justo antes de llegar a la entrada que Ruijerd detuvo el carruaje.

Ruijerd bajó del asiento del conductor y se acercó hacia nosotros.

Vino a la parte de atrás del carruaje.

—Aquí es donde me despido.

Esto hizo que tanto Rudeus como Eris casi tropiecen al intentar salir del carruaje.

—¡E-espera un segundo!

—había dicho Eris, limpiándose las rodillas.

Yo, en cambio, bajé con calma porque ya me esperaba algo así.

Lo había visto durante el viaje, y anticipé que se iría.

Si bien no adquiría cariño como ellos, no podía negar que se sentía la pérdida, ya que los había acompañado demasiado.

—¿No puedes al menos descansar un día —no, al menos solo entrar a la ciudad junto a nosotros?

—Sí, es decir— comenzó a decir Eris.

—Eso no es necesario.

Ustedes ya son guerreros.

No necesitan mi protección…

Eris se quedó en silencio, Rudeus también.

Si era honesto, también mi hermano había dicho que la promesa de Ruijerd era buscarme y luego llevarlos de regreso a casa, era obvio que una vez que llegáramos ahí, él diría adiós.

Mi hermano, tras años de estar juntos, esperaba que estarían así por siempre.

Y no lo culpo, también me sentí así cuando dejé a Cliff, Emilia y mi tía Therese.

No sabía si los volvería a ver una vez encuentre a mi madre, así que lo único que me quedaba era aferrarme a la idea de estar con estos dos.

Son lo único que me queda, lo que aún puedo proteger.

—Puede que tengas razón, Ruijerd..

Aun así, nos protegiste…

Si no fuera por ti, estoy seguro de que mi hermano habría caído en alguna trampa estúpida hace mucho.

—Es verdad, estoy seguro de que no habríamos llegado tan lejos en tres años.

—Dijo Rudeus, —Rudeus, ya te lo dije antes.

—El rostro de Ruijerd se veía incluso más tranquilo—.

Como un mago, ya has alcanzado una clase de perfección.

A pesar de todo el talento que posees, todavía no dejas que se te suba a la cabeza.

Deberías darte cuenta de lo importante que es ser capaz de hacer eso a tu edad.

—Y Daiki, eres algo inusual.

Si sigues así, puede que me superes en unos pocos años.

Tienes el talento, la mente y la disciplina.

Tú también deberías darte cuenta de lo valioso que es eso.

Eres una anomalía, Daiki.

Ambos lo son.

Y Eris también…

gracias a mí, y a tus enseñanzas, se ha convertido en una verdadera guerrera.

—Yo…

—Rudeus se deuvo un momento.

Puso la cabeza en alto y lo miró—.

No, lo entiendo.

Ruijerd-san, gracias por todo lo que has hecho por nosotros hasta ahora.

Rudeus iba hacer una reverencia, pero lo detuvo.

—Rudeus, no bajes tu cabeza ante mí.

—¿Por qué no…?

—Tú puedes pensar que yo he hecho mucho por ti, pero yo creo que tú has hecho mucho más por mí.

Gracias a ti, ahora veo esperanza en que mi tribu pueda recuperar su honor una vez más.

—Yo no hice nada.

Básicamente…

no fui capaz de hacer nada.

—No, hiciste mucho.

Me enseñaste que mi método directo de salvar niños no era la única forma que había.

—Pero ninguno de mis métodos fue muy efectivo —contratacó.

—Aun así, yo he cambiado.

Lo recuerdo todo.

Las palabras de esa anciana en la Ciudad de Rikarisu que, gracias a tus planes, dijo que no le tenía miedo a la Tribu Superd.

La mirada en los rostros de esos aventureros cuando escucharon el nombre “Dead End”, que no estaban aterrados, sino que reían animadamente.

La cercanía que sentí hacia los guerreros de la Tribu Doldia y cómo me aceptaron incluso después de decirles que yo era un Superd.

Y los soldados de Shirone, y cómo ellos lloraron mientras me agradecían cuando se reunieron con sus familias.

—Yo no hice nada.

Esas fueron cosas que lograste por tu cuenta.

—No.

Yo no pude hacer nada por mi cuenta.

Trabajé solo durante los cuatrocientos años después de la guerra, incapaz de dar un solo paso hacia adelante.

Quien me mostró el camino fuiste tú, Rudeus.

—Pero eso en realidad pasó gracias al consejo del Dios Humano.

—No me importa un dios que nunca he visto.

‘Exacto.

Al diablo con ese dios’ —La persona que realmente me ayudó fuiste tú —continuó Ruijerd—.

Sin importar lo que pienses, siento una gran deuda de gratitud hacia ti.

Es por eso que no quiero que bajes la cabeza.

Nosotros dos somos iguales.

Si quieres agradecerme, mírame a los ojos.

Ruijerd extendió su brazo hacia él.

Era una invitación, no de un protector a un protegido, sino de un hombre a otro.

Rudeus alzó la vista.

Sus ojos se encontraron con los del guerrero Superd y, lentamente, extendió su propio brazo para estrechar esa mano marcada por siglos de batalla.

—Lo diré una vez más.

Gracias, Rudeus.

Te agradezco todo lo que hiciste por mí.

—Lo mismo digo.

Gracias por todo lo que hiciste por nosotros.

Pude ver cómo los ojos de mi hermano comenzaban a brillar, húmedos.

Ruijerd acababa de aceptar a Rudeus tal como era, validando su esfuerzo y borrando, aunque fuera por un momento, esa imagen de “fracasado” que mi hermano solía tener de sí mismo.

Una parte de mí también se sentía miserable.

Un miserable con “suerte”.

Yo no había ido al Continente Demoníaco con ellos.

Me sentía como alguien que llegó tarde a la guerra y ahora pretendía compartir las cicatrices de los veteranos.

Después de unos momentos, él apartó su mano de mi hermano y la puso sobre la cabeza de Eris.

—Eris —…

¿Qué?

—¿Puedo tratarte como una niña una última vez?

—Bien, como quieras —respondió ella de forma cortante, cruzándose de brazos y desviando la mirada para ocultar el temblor en sus labios.

Había una suave sonrisa en el rostro de Ruijerd.

—Eris, tienes talento.

Lo suficiente como para que seas mucho, pero mucho más fuerte que yo.

—Mentiroso.

—La voz de Eris se quebró un poco—.

Después de todo, yo perdí con…

Ruijerd soltó una risa grave y repitió las mismas palabras que siempre usaba cuando practicaban, pero esta vez con un peso diferente.

—Sobreviviste a un ataque en batalla de un hombre que posee el nombre de un dios.

Tú…

entiendes lo que eso significa, ¿cierto?

—…

Lo entiendo.

—Buena chica.

—Ruijerd le dio una última palmada antes de retirar su mano.

Eris apretó los puños con fuerza, luchando una batalla interna para no derrumbarse allí mismo.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—le preguntó Rudeus.

—No lo sé.

Por ahora, tengo la intención de buscar a cualquier sobreviviente de la Tribu Superd dentro del Continente Central.

Restaurar el honor de mi tribu es solo un sueño dentro de un sueño si sigo estando solo.

—Entiendo.

Buena suerte.

Si tengo algo de tiempo libre, veré si puedo hacer algo para ayudarte con eso.

—…

Je.

Y si yo tengo algo de tiempo libre, veré si puedo ayudarlos a buscar a su madre.

Ruijerd se dio la vuelta.

No llevaba equipaje, ni provisiones extra.

Él era un guerrero que podía sobrevivir con nada más que su lanza y la ropa que llevaba puesta.

Sin embargo, se detuvo en seco y se giró una vez más, llevándose la mano al cuello.

—Eso me recuerda, necesito regresar esto.

Se quitó el colgante de la Tribu Migurd.

El que mi hermano había recibido de Roxy.

—Por favor, quédatelo —dijo Rudeus sin dudarlo.

—¿Estás seguro?

¿No es importante para ti?

—Es exactamente por eso que quiero que lo conserves.

Ruijerd asintió, comprendiendo el valor del gesto.

Se guardó el amuleto con reverencia.

—Muy bien.

Rudeus, Eris…

Daiki.

Sus ojos se posaron en mí por última vez.

No dijo nada más, solo asintió.

Un asentimiento corto, de guerrero a guerrero.

Un reconocimiento silencioso de que ahora, la seguridad de estos dos recaía en mis manos y en las de mi hermano.

Le devolví el gesto, apretando la empuñadura de la espada de Eris.

—Hasta pronto —dijo Ruijerd.

—Hasta pronto.

—Dijmos ambos.

Eris, Rudeus y yo nos quedamos allí, en silencio, observando hasta que desapareció por completo.

Y así, nuestro viaje llegó a su fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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