Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 53
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- Capítulo 53 - 53 Episodio 36 El fin del principio
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53: Episodio 36: El fin del principio 53: Episodio 36: El fin del principio El campo de refugiados era silencioso y del tamaño de una aldea.
Lo suficientemente grande para ser considerado una ciudad, pero sin rastro de vida.
Lo único que se podía ver y escuchar, aunque fuera irónico, era el silencio y la falta de espíritu de las personas.
Cuando vi a un grupo pasar a nuestro lado con las miradas vacías, mientras llevaban unas bolsas sin rumbo concreto, llegué a pensar que quizá no había sufrido tanto en comparación.
Aunque Ayam me golpearía si tratara de minimizar mis problemas, esto es en parte algo bueno.
Simpatizar con estas personas hace que me sienta un poco mejor, porque demuestra que hice las cosas bien hasta llegar aquí.
Salvé a una reclusa de una vida encerrada en libros; curé el corazón roto de una madre que, a pesar de todos los errores que cometió, amaba a su hija por sobre todas las cosas, aunque muy en el fondo todavía guardaba resentimiento.
Su corazón seguía endurecido.
Cliff, alguien arrogante a quien logré transformar, seguía siéndolo (un poco), pero había demostrado que el cambio sí está en uno.
Me reuní con mi padre, lo curé, le di tranquilidad a Norn y un propósito a Aisha.
¿Hice las cosas bien?
Mi cuerpo de este mundo me está respondiendo que sí, pero Hikari me dice que era lo que debía hacer; que solo seguí una configuración obvia que, como hermano mayor y Rango Santo, me correspondía Nos dirigimos hacia el centro del asentamiento, donde se alzaba un edificio similar al Gremio de Aventureros.
Según el letrero de la entrada, este era el cuartel del general del campo.
—Eso es…
—Eris señaló una hoja de papel.
En el encabezado de la página aparecía el nombre del Señor Feudal de la Región de Fittoa, James Boreas Greyrat, y a un lado, el apartado: Estado de la Información de Búsqueda (Fallecido o Desaparecido).
Debajo, se enlistaban alfabéticamente por aldea y ciudad los nombres de aquellos que habían desaparecido a causa del incidente.
—Revisemos eso más tarde.
—Sí.
La lista de fallecidos era muy larga.
Además, el Señor Feudal nombrado al principio del documento no era Sauros.
Ya sabía su destino, en parte gracias a Paul, y tuve que decírselo a Eris un día antes de irnos porque no podía ocultar algo así.
Sin embargo, no sabía nada del paradero de los padres de Eris, por lo que no verlos aquí me ponía un poco ansioso.
…
Llegamos a lo que era el mostrador, había una mujer de mediana edad.
—Eris Boreas Greyrat —dijo sin más, acercándose de vuelta a mí.
—Muy bien, Eri…
Iba a decir algo, pero me interrumpió el repentino movimiento de la mujer, que se fue rápidamente hacia la parte de atrás.
Después ella regresó, felizmente, y con un hombre y una mujer detrás.
—¡Ghislaine!
—Eris tenía una expresión de felicidad pura en su rostro mientras corría hacia la mujer.
También estaba feliz.
El hombre a su lado era Alphonse, con cabello y barba blanca, usando un traje que se veía fino en comparación con una persona normal.
Era imposible no reconocerlo, más que nada porque era el encargado de enviarle mis felicitaciones al chef, lo que me hizo ganarme su favor en la mansión, o mejor dicho, sus espátulas.
Ghislaine miró hacia el rostro de Eris y sonrió ampliamente.
—Eris, no, Eris-sama, estoy feliz de que haya regresado a salvo…
—…
Está bien, puedes llamarme solo Eris.
—Ella me golpeó el brazo con el codo—.
No seas como este idiota, que tardó tres años en reconocerlo…
Ghislaine se había visto feliz por un momento, podría jurar que soltó una risa, pero muy pronto su expresión se oscureció.
Noté que Alphonse igual estaba mirando hacia ella con lástima.
Ellos no…
pensé, sintiendo ese dolor.
Mentiría si dijera que no me encariñé con Philip.
Era un hombre inteligente.
Detesto la política, pero admito que la Rama Boreas tenía una forma distinta, una que no me desagradaba, pero tampoco quería verme involucrado.
—Eris…
vamos a hablar adentro.
Nunca había visto a Ghislaine tan seria desde el momento del incidente de maná.
Tenía la cola en punta.
Su expresión pasó de estar feliz por el regreso a estar nerviosa.
—Sí, bien.
—Ella la siguió a lo profundo del edificio.
Sentí la necesidad de seguirlas, pero Alphonse me detuvo y dijo.
—Daiki-sama, por favor, espera afuera.
—No, Daiki también vendrá —Interrumpió Eris, tomando mi muñeca.
—Si eso es lo que desea, Eris-sama.
Me dejé llevar sin oponer resistencia, dandole esa ancla que ella necesita, devolviendole todas las veces que me mantuvo de pie durante este viaje.
Rudeus me miró y asintió, dejando este momento para nosotros.
“Te lo diré luego”, pensé.
…
Atravesamos silenciosamente un corto pasillo y entramos a lo que parecía ser una sala de reuniones.
Eris no esperó la sugerencia para sentarse en el sillón.
Me arrastró para sentarme a su lado.
Ghislaine, como siempre, tomó su posición en la esquina de la habitación.
Alphonse se paró frente a Eris e hizo una reverencia tradicional.
—Bienvenida a casa, Eris-sama.
Ya había recibido la noticia de que venía en camino y esperé pacientemente por su…
—Ya basta de cortesías y solo dilo.
¿Quién murió?
—lo interrumpió Eris.
Ella hizo la pregunta directamente.
Sabía que a pesar de eso, dentro de ella había una ansiedad que atormentaba su corazón.
Sobre todo, considerando que estaba apretando mi mano con fuerza.
—Acerca de eso…
Alphonse no sabía que le conté sobre Sauros, así que quería aclararlo.
—Sobre eso, ella ya sabe lo de Sauros.
Tuve la necesidad de contárselo porque no podía estar meses guardando algo así.
Alphonse me miró con una expresión que no entendía, como si estuviera aliviado, pero a la vez enojado porque no había tenido tacto.
Tal vez sea verdad.
No dije mentiras ni suavicé la confesión.
Simplemente le dije que su abuelo había fallecido…
no, que lo habían ejecutado de forma injusta.
—Si ya sabe lo de Sauros-sama…
entonces debo informarle sobre sus padres.
Philip-sama e Hilda-sama…
están muertos.
En el momento en que escuchó esas palabras, los dedos de Eris se clavaron en mi carne.
Sintiendo que ella necesitaba aferrarse a algo, le devolví el apretón para hacerle saber que estaba allí.
Deseaba que fuera un error.
No había pasado tanto tiempo.
—No…
no hay alguna duda de eso, ¿verdad?
Pude ver un ligero temblor en la voz de Eris cuando hizo la pregunta, como si aún quería aferrarse a la idea de que nada de esto estaba pasando.
No la culpo, me sentía igual.
Alphonse asintió.
—Philip-sama e Hilda-sama fueron teletransportados juntos y fallecieron en la Zona de Conflicto.
Ghislaine confirmó esto.
Ghislaine asintió.
—¿Hacia dónde fue teletransportada Ghislaine?
—Al mismo lugar que Philip-sama.
La Zona de Conflicto —dijo brevemente Ghislaine.
Mientras avanzaba a pie a través de la Zona de Conflicto, Ghislaine encontró de casualidad los cuerpos de Philip e Hilda.
Eso fue todo lo que dijo.
No explicó en qué condiciones estaban sus restos o cómo exactamente los había encontrado, pero sabía que era malo.
Como dijo Alphonse, el abuelo de Eris había sido ejecutado ya que fue forzado a tomar la responsabilidad por el Incidente de Desplazamiento de Fittoa.
Un hecho que me hervía la sangre, porque representaba el poder de la política…
ver cómo un hombre inocente con familia es ejecutado por presunciones.
Mi enojo era tal que me levanté.
Estaba claro que no iba a dejar pasar algo así.
En algún momento, cuando encuentre a mi madre, buscaría a los responsables de esta injusticia.
En parte, porque quería darle esa tranquilidad a Eris, y por otra, porque eso me haría sentir mucho mejor.
No soy un hombre de “valores” o de creer que “la venganza nunca es buena”, eso es absurdo para mí.
—Daiki, siéntate.
—…
Eris jaló mi mano y me obligó a regresar a mi asiento.
—Eris…
Ella no dijo nada, solo acarició mi mano lentamente.
Entendí que eso era lo que quería.
—Daiki-sama, entiendo sus sentimientos, pero…
esta es la realidad actual del Reino de Asura.
—Entonces…
¿qué sugieres que hagamos?
¿Que nos quedemos mirando sin hacer nada?
Sabes que no soy esa clase de persona.
—Pilemon Notos Greyrat-sama ha ofrecido recibir a Eris-sama como concubina.
Quien dio un paso adelante con un gruñido bajo fue Ghislaine.
—¡Alphonse, bastardo!
¿¡De verdad pretendes decirle que acepte eso!?
—rugió ferozmente hacia él—.
¡Recuerdas lo que dijo ese tipo!
—Pero, si pensamos en el futuro del territorio de Fittoa, un poco de inconveniencia es…
—¡No hay forma de que Eris sea feliz casándose con un hombre así!
—Es una basura, pero su apellido es prestigioso.
Hay muchos ejemplos de matrimonios no deseados que resultaron en felicidad —refutó Alphonse.
—¡No me importa cuántos hayan sido!
¿¡Ni siquiera te importa Eris!?
—Estoy pensando en la familia Boreas y la Región de Fittoa.
—¿¡Entonces planeas sacrificar a Eris por eso!?
—rugió de vuelta Ghislaine.
De ser así, iba a detener esta inútil discusión, pero respetaba la decisión de Eris de que me mantuviera calmado.
Sin embargo, fue ella quien se levantó.
—¡Suficiente!
—Fue un grito de tal magnitud que Ghislaine tuvo que taparse los oídos.
—Solo…
déjenme sola.
Quiero pensar.
—Ambos terminaron desconcertados a causa de cuán desanimada sonaba su voz.
Alphonse fue el primero en marcharse.
Se notaba la vacilación de Ghislaine mientras miraba hacia Eris, pero se fue.
Solo quedaba yo.
—Eris…
—Daiki, ¿no me escuchaste?
Déjame sola.
—Su tono no dejaba espacio para la discusión.
—Sí, lo entiendo.
Disculpa…
Pero cuando me di la vuelta para dejar la habitación, ella cerró la puerta y me abrazó fuerte.
Podía sentir humedad en mi espalda, así que solo me acomodé y tomé sus manos, que rodeaban mi pecho.
Ella estaba llorando, mucho más que cuando le conté sobre su abuelo.
Ya no le quedaba su familia.
—Te quiero, Eris.
Ella apretó su abrazo.
No dijo nada, pero con esa acción lo decía todo.
Después de unos minutos, me soltó y limpió sus lágrimas con el dorso de la mano.
Detuve su muñeca y saqué un pañuelo de tela suave que pasé por sus mejillas.
Ella me miró inexpresiva, pero directamente a los ojos.
Eso me hizo sonrojar un poco, o eso creía, porque así lo sentía.
*** Después de eso, Eris dijo que quería estar sola.
Esta vez lo hizo de mejor manera.
Con una sonrisa que, de alguna forma, me hizo sentir algo en mi corazón que no sabía explicar, pero que se sentía bien.
Alphonse nos había preparado unas habitaciones, una para cada uno.
La mía quedaba al lado de la de Eris y la de Rudeus estaba solo un poco más alejada, pero lo suficiente cerca para cualquier imprevisto.
Junto a mi hermano, revisamos la lista de la Aldea Buena.
Tal como temíamos, Laws estaba confirmado en la lista de fallecidos.
Sin embargo, justo debajo, vi el nombre de Sylphy tachado en la columna de desaparecidos.
—¡Es ella!
—El pulso de Rudeus se aceleró.
Buscó de inmediato en la lista de fallecidos, pero su nombre no apareció.
—Eso indica que se ha confirmado como superviviente.
Di un largo suspiro aliviado, porque sabía de las capacidades de Sylphy para sobrevivir.
Después de todo, Paul me contó que la siguió entrenando con la espada tal y como se lo había dicho.
Además, gracias a los diarios que le dejé, logró usar magia curativa sin cánticos.
Esa habilidad es una garantía de supervivencia en este mundo.
Aproveché para tachar los nombres de Lilia y Aisha de la lista de desaparecidos.
El nuestro ya había sido actualizado.
Ahora, de toda mi familia, la única variable restante es mi madre.
Aún no la han encontrado.
—Sin información de mamá…
Rudeus puso una mano en mi hombro.
—La encontraremos, hermano.
…
Alphonse le pidió a Rudeus un informe detallado de los últimos tres años.
El Continente Demoniaco, Ruijerd, el Gran Bosque, el reencuentro con Paul en Millis y los sucesos en Shirone.
Rudeus fue conciso, pero no dejó fuera la ayuda de Ruijerd, lo que generó una breve discusión sobre recompensarlo, aunque mi hermano aclaró que no aceptaría.
Luego, la conversación giró hacia la cruda realidad.
Alphonse reveló que solo quedaban ellos tres de los sirvientes de Sauros.
Las demás habían muerto o regresado a sus hogares.
Pero el verdadero tema era el futuro de Eris.
Sin Sauros ni Philip, y con James (el actual Señor Feudal y tío de Eris) preocupado por las apariencias, Eris no tenía un lugar en la casa principal.
Alphonse presentó una propuesta que yo jamás podría aceptar.
Pilemon Notos Greyrat, el hermano menor de Paul, había ofrecido acoger a Eris como concubina.
Pero detrás de eso existía el rumor de que Pilemon intentaba ganarse el favor del Primer Ministro Darius.
Darius tenía un interés retorcido en Eris.
—Es ridículo, Alphonse —Me puse de pie—.
No puedes simplemente aceptar una cosa así.
Alphonse, pensando pragmáticamente en la restauración de la Región de Fittoa, no descartaba la idea, argumentando que la influencia de Darius podría garantizar la seguridad de Eris y ayudar a reconstruir la tierra.
Ghislaine, por otro lado, se opuso, priorizando la felicidad de Eris y sugiriendo que huyera con nosotros.
La discusión llegó a un punto muerto entre el deber político de Alphonse y el deseo de protección de Ghislaine.
—De cualquier modo, quien decide es Eris.
De nada sirve que discutamos nosotros.
Hablemos de algo más constructivo.
¿Hay algo más?
—esta vez fue Rudeus quien tomó la iniciativa.
Alphonse lo miró, perplejo.
Ghislaine también se volvió a quedar en silencio.
Y así, la reunión terminó.
*** La noche ya había caído para cuando terminó la reunión.
Regresé a mi habitación.
Estaba amueblada con lo esencial y mi equipaje se encontraba perfectamente ordenado.
Dejé la espada apoyada contra la pared.
Me dejé caer en la cama.
Mi cuerpo se hundió.
Estaba más exhausto de lo que pensaba.
—¿Qué me está pasando…?
—Miré hacia el techo.
[Muchas cosas, hermanito] …
¿Ayam?
Volviste, después de tanto.
Escucho tu voz en mi cabeza.
[Necesitaba un descanso] …
¿Que te pasó?
¿Porqué adquiriste forma en ese espacio en blanco?
No pude preguntarte…
[Siempre fui parte de ti, Daiki.] …Lo sé, desde el incendio, aunque eras solo analisis, actuabas como si fueras una especie de IA…
[Porque era parte de ti, no podía ser nada más que eso.
Tú eras vacío, análisis, y solo pensabas en proteger a los débiles.
Así que yo hice lo mismo] ….Eso es— [Fue mi culpa…
Cuando ocurrió el incendio, lo único que pude hacer fue bloquear tus emociones.
‘Trauma Disociativo’, fue lo único que se me ocurrió para protegerte…] Justo cuando iba a preguntar más, un golpe resonó en mi puerta.
—Adelante.
Era Eris.
—Buenas noches, Daiki.
—Buenas noches…
¿Pasó algo?
—No pasó nada —dijo ella mientras se acercaba hasta pararse delante de mí, adoptando su pose usual.
—…¿De verdad?
—Bueno, suponía que esto pasaría.
Eris estaba hablando como si no le importara.
Estaba preparada.
Se lo esperaba.
Yo no podía ni pensar en hacer lo mismo.
Yo creía que mi madre estaba viva, incluso si la probabilidad me dice que podría estar muerta.
No me iba a rendir en su busqueda hasta estar seguro.
—Ahora estoy sola.
Además de eso, sabes que cumplí quince años.
Creí que tu hermano se daría cuenta, pero ya sabes cómo es.
—Eris, ¿qué quieres decir…?
No estás sola.
Si quieres un regalo, yo…
—Sí, hay algo que quiero —interrumpió ella.
—¿Qué es lo que quieres?
—Una familia.
No sabía cómo responderle a eso.
¿Cómo alguien como yo, que perdió a su familia, podría darle una cosa así?
No, sí puedo.
Ya no soy esa persona…
—Daiki, conviértete en mi familia.
Tragué saliva, enderezándome en la cama.
—Eris, ¿sabes lo que estás pidiendo…?
—Lo sé…
no me importa lo que estés pensando.
—Ella estaba completamente roja, pero aun así no apartó su mirada de mí—.
A-así que, básicamente, lo que estoy diciendo es…
um…
pasemos la noche juntos.
Me puse de pie, quedandome frente a ella.
—Eris, tu propuesta es…
—Tragué saliva—.
¿No es algo que deberíamos pensar para más tarde…?
—No hay “más tarde”, Daiki.
Ahora, aquí solo estamos nosotros.
¿Vas a volver a ser un “pensamiento”?
¿O vas a ser mi familia?
[Inhibidores emocionales: Desactivados] [Empezando liberación: Oxitocina] …¿A-ayam?
Sentí un calor repentino en el pecho.
—Eris…
—sin poder contenerme, tomé su mano—.
Este es un paso importante…
[Segunda liberación: Dopamina] …Ayam…
detente…
[Testosterona …] —¿D-daiki?
—Ella tomó mi mano—.
Estoy dispuesta…
[Es por tu bien…
Disfruta algo de una vez] —Despues de esto, no hay vuel- Eris susurró algo en mi oido.
No pude evitarlo más.
Quizá era un deseo muy arraigado en mi ser, uno que estaba oculto y que fue impulsado por Ayam, pero lo que había roto esa burbuja fue un leve susurro de Eris diciendo “Te amo, Daiki.
Hazme feliz”, mientras se acercaba y me daba un beso.
Fue algo torpe.
Nuestros dientes chocaron, pero luego pude corresponder de forma correcta.
Era la primera vez que hacia algo así.
Claro que ella se lo tomó como personal y liberó una ferocidad que no había demostrado hasta hace un momento mientras me empujaba levemente hasta la cama.
—Ya era hora, chico serio —Susurró entre mis labios— Te amo, idiota.
Y nos dejamos llevar en esa noche.
…
En mi vida pasada, esto era impensable.
Es decir, nunca se me había cruzado por la cabeza tener relaciones, pero esta noche, contra todo pronóstico, acababa de hacerlo.
No era una metáfora; realmente lo hice.
Pasé ambas manos por mi cabello, despeinándolo por completo, y luego dejé caer una sobre mi frente.
En mi vida pasada y en esta, pensé que podría tener el control.
Lo tenía, pero esta vez Ayam lo hizo totalmente imposible.
Aun así, mentiría si dijera que no estoy feliz.
Al contrario, sentía una felicidad indescriptible, aunque a la vez me invadía la sensación de que debimos haber esperado un poco más.
Aun sabiendo que después de esto nada sería igual, entendía que tendría una responsabilidad mayor: protegerla más allá de las espadas y asegurarme de no morir para no dejarla sola.
Si eso era lo que debía hacer, estaba dispuesto a lograrlo todo para que ella fuera feliz y para ser esa familia que necesita.
Pero ella no estaba a mi lado.
Eris solía levantarse temprano, justo como yo, pero esta vez había sido diferente.
Por primera vez en años, desperté mucho más tarde de lo habitual.
Me levanté de la cama.
Encontré mis pantalones, pero ni rastro de mi ropa interior.
«Qué vergüenza», pensé mientras terminaba de vestirme.
Estaba a punto de salir cuando noté algo.
Había algo rojo esparcido por el suelo.
—¿Eh…?
Era cabello.
Mechones carmesí esparcidos por todas partes.
—Su…
su cabello…
—Tomé un mechón con cuidado.
Confundido, levanté la vista y vi una hoja de papel solitaria.
La tomé y leí las palabras escritas en ella: «Nosotros dos no estamos equilibrados ahora mismo.
Me voy.» Corrí hacia su habitación.
No había nada.
Yo mismo había ordenado su equipaje; aunque eran pocas cosas, no quedaba ni un solo rastro de ellas.
—¿Hermano…?
¿Pasó algo?
—escuché la voz de Rudeus a mis espaldas.
Lo ignoré.
Salí disparado hacia el cuartel general, donde encontré a Alphonse.
—¿¡Dónde está Eris!?
—Partió de viaje junto a Ghislaine.
—De viaje…
Eso no —¿¡Estás hablando en serio, Alphonse!?
¿¡Donde se fueron!?
Alphonse me miró con una indiferencia fría en sus ojos.
—Se me ordenó que lo mantuviera en secreto de usted.
No dije nada.
Solo salí de ese lugar.
Mi hermano se acercó.
—Daiki, ¿qué te está pasando…?
Nunca te había visto así…
—Ella se fue.
Los dejé allí plantados.
Regresé a mi cuarto, cerré la puerta con llave y me acosté en la cama.
La misma donde todo había ocurrido anoche.
«Es mi culpa», pensé.
No fui lo suficientemente fuerte para protegerla ante Orsted.
Le prometí tantas cosas que no logré cumplir en esa pelea.
La nota decía que no había equilibrio, pero yo solo podía leer mi propia debilidad.
Caí resignado, hundiéndome en el colchón con la firme idea de no levantarme en todo el día.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com