Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Episodio 37 Donde el fuego se vuelve escarcha
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56: Episodio 37: Donde el fuego se vuelve escarcha 56: Episodio 37: Donde el fuego se vuelve escarcha Durante esta semana de reclusión, mi existencia se redujo a lo básico: comer, bañarme y usar el baño.
Nada más.
Fui un parásito, resignado y débil, aferrado a una cama que, por más que intentara ignorarlo, se sentía fría.
Recuerdo esas palabras que le había dicho a mi hermano cuando confesamos nuestro pasado: “Voy a ser el hermano que tú mereces.
Alguien que vive, no solo existe”.
En aquel momento lo dije con total convicción.
Creía ciegamente que podía cumplirlo, pero lo único que he demostrado es lo frágil que soy realmente.
Ante la primera pérdida real, me permití caer en la miseria.
¿Cómo puedo pretender salvar a mi familia si ni siquiera soy capaz de soportar el dolor?
Esta semana fue un desperdicio imperdonable.
Pude haberla usado para reunir información, para trazar un plan…
y en cambio, solo elegí dormir.
Fui un parásito que se quedó en una cama mientras su hermano se preocupaba trayendo comida cada tanto.
Rudeus, en su intento de ayudarme, forzó la cerradura usando magia.
En su vida pasada, él tenía unos padres que ante su problema simplemente se rindieron, pero conmigo fue diferente.
Cuando me vio salir con mi capa, lo había entendido todo.
—Lo siento, Rudy…
pero ya estoy mejor.
Estoy listo para ir a encontrar a nuestra madre.
Aunque no lo dijera en voz alta, él estaba igual de devastado por la repentina partida de Eris, pero ninguno de los dos quería indagar más en eso.
Se podría decir que ellos se veían como hermanos, en parte porque siempre peleaban y en otra porque pasaron técnicamente seis años juntos desde que la conocimos a los siete años.
Perderla también fue doloroso.
Teníamos una sola misión: “Encontrar a nuestra madre”.
Y aunque el dolor por la partida de Eris todavía lo sentía aquí, ahora estaba resguardado bajo la determinación de cumplir nuestro deber como hijos.
Ya no éramos los niños que jugaban en la Aldea Buena, ni los chicos que intentaban entender el mundo desde la seguridad de Roa.
Éramos dos jóvenes, adolescentes que habían conocido la derrota absoluta y que, a pesar de todo, se negaban a rendirse.
Y así partimos hacia la parte norte del Continente Central.
…
El traqueteo constante de las ruedas de tres carruajes era lo único que se podía escuchar en el silencio sepulcral dentro del tercer carruaje.
Estábamos cruzando los “Bigotes del Wyrm Rojo”, un bosque denso que separaba el Reino de Asura de las Tierras del Norte.
El comerciante que nos contrató, un tal Bruno, estaba nervioso por los monstruos, aunque mi presencia por alguna razón lo hacía sentir seguro.
Para mí, la verdadera tensión estaba aquí dentro, en este espacio reducido compartido con un grupo de aventureros de Rango B llamado “Flecha Afilada” y mi hermano.
Lo miré de reojo.
Para matar el tiempo, había encontrado un nuevo pasatiempo: tallar madera.
Pero a diferencia de mi hermano, que solía esculpir figuras, generalmente cuestionables, yo buscaba algo diferente.
—Rudy, mira lo que hice.
Le pasé el objeto.
—Hermano, eso es…
—Lo tomó con cautela, casi con miedo, reconociendo la forma al instante—.
¿Acabas de hacer una pistola?
Los demás en la carreta nos miraron con curiosidad.
Al no haber privacidad, no podíamos arriesgarnos a hablar en japonés, así que tuvimos que medir nuestras palabras.
—Básicamente, es una Springfield Armory XD —Rudeus me la devolvió.
La atrapé en el aire y la hice girar sobre mi dedo índice por el guardamonte—.
No sirve, obviamente, pero se ve bien, ¿no?
—S-supongo que sí —murmuró, desviando la mirada—.
Solo es…
raro verla aquí.
Me recuerda a la Blacktail.
Fue entonces cuando una de las aventureras decidió romper nuestra conversación, quizá cansada de que habláramos de cosas que desconocían.
Era la arquera, Sara.
Tenía el cabello rubio corto y unos ojos azules afilados.
—¿De verdad son hermanos ustedes dos?
—soltó de golpe—.
Es decir, no se parecen en nada.
—Somos mellizos…
—respondió Rudeus, visiblemente nervioso por la cercanía de la mujer.
Yo sabía exactamente por qué se ponía así.
A pesar de todo, seguía siendo Rudeus.
—¿Mellizos?
—Sara, llena de dudas, alternó la vista entre nuestros cabellos y luego nuestros ojos—.
Imposible…
—Los mellizos no tienen que parecerse obligatoriamente…
—me apresuré a explicar—.
Es decir, es un proceso distinto al de los gemelos idénticos, el cual se produce mediante la fecundación de…
—Sí, sí…
Bla, bla.
Palabras que te inventas sobre la marcha para hacerte el interesante, ¿verdad?
Rudeus se acomodó, saliendo de su letargo para defenderme.
—No creas, él realmente es listo —dijo mi hermano, mirándola—.
Solo que a veces llama a las cosas que descubre de otras formas para poder asociarlas.
Si no lo hiciera, quizá se olvidaría.
—Rudy tiene razón —añadí—.
Con “fecundación” me refiero al inicio biológico de la vida.
No es magia.
—Ajá…
—Ladeó la cabeza.
—Últimamente han estado suspirando mucho, niños —dijo una voz femenina—.
¿Cuál es el problema?
La que hablaba era Suzanne, una guerrera de piel morena y trenzas, la sublíder del grupo.
Su tono no era hostil, más bien curioso.
Forzamos una sonrisa.
—Lo sentimos…
¿Estaba suspirando?
No se preocupe, señorita.
Estoy bien —dijo Rudeus.
—Es decir, solamente estamos cansados…
—respondí con la misma energía.
Intentamos sonar alegres, pero fue una actuación terrible.
Nuestros ojos no demostraban esa misma energía, lo que generaba un contraste inquietante entre nuestra sonrisa y un rostro hueco.
Suzanne, no contenta con esa respuesta falsa, insistió.
—Bien, entonces cuéntenme.
¿Por qué se dirigen hacia el norte?
Un mago y un espadachín…
¿buscan aventuras?
Suspiré, rindiéndome.
No tenía caso ocultarlo.
—Nos dirigimos al norte para buscar a nuestra madre —respondí por ambos, ahorrándole a Rudeus el dolor de tener que explicarlo—.
Ha estado desaparecida desde el Incidente de Desplazamiento de Fittoa.
Hice una pequeña pausa.
—Y…
acabamos de perder a alguien más en el camino.
[También te duele mucho, ¿verdad?
Y aun así, sigues asumiendo el rol de hermano mayor…
Bien hecho, Daiki] …Ya no soy ese niño, Ayam.
Si me permito quebrarme de nuevo, o verme afligido, lo único que demostraría es debilidad.
Y en una búsqueda tan importante, eso no es viable…
[¿Entonces dejarás de torturarte internamente?] …Exactamente.
[Bien.
Te golpearé si rompes tu palabra.] …No puedes.
[No…
por ahora.
Pero si algún día salgo, prometo hacerlo.] El comentario de Ayam se desvaneció en mi mente cuando la voz de la arquera me trajo de vuelta a la realidad.
—Oh…
—murmuró Sara, bajando la mirada—.
Yo…
no lo sabía.
Pensaba que solo eran unos arrogantes, o quizás nobles demasiado estirados para soportar estar en un carruaje rodeado de desconocidos.
—No te preocupes.
No hicieron falta más palabras.
Por la forma en que se recostó en su asiento y guardó silencio, supe que lo había entendido.
….
—Entonces es aquí…
—murmuró Rudeus al ver la ciudad.
Esta ciudad, Rosenburg, está ubicada a dos meses y dos días de viaje hacia el norte de la frontera de Asura.
A veces es llamada la “Puerta hacia los Territorios del Norte”.
Básicamente, la mitad de sus ganancias provienen de la exportación de implementos mágicos hacia Asura.
—Sí, Rudy, vamos.
Nos bajamos del carruaje y nos detuvimos para dar un vistazo a nuestro alrededor.
Las calles estaban llenas de aventureros y comerciantes, todos al parecer bastante ocupados.
Gran parte del alboroto se debía a los dos carruajes llenos de bienes que habíamos estado escoltando.
La mercadería alcanzaba un precio elevado aquí.
—Hermano…
—Rudeus estaba temblando—.
¿Cómo es que no tienes frío?
Era verdad, todas las personas que caminaban a nuestro lado tenían ropas gruesas.
Era comprensible, considerando que los inviernos en esta región son muy nevados.
—Rudy…
—susurré en japonés—.
Literalmente caí desde más allá de las nubes.
Créeme, a esa altitud la temperatura es mucho más agresiva.
Considerando que soporté la caída con pantalones cortos y un chaleco simple que se rompía…
digamos que mi cuerpo simplemente elevó su umbral de tolerancia.
—¿No era más fácil decir simplemente que te “adaptaste”?
—bromeó él.
—Es una simplificación aceptable…
Lo consid…
—No te creo.
Saqué la pistola de la bolsa.
—Tú no, pero mi pistola sí.
—¿Eso es una referencia?
—¿Lo es?
No, basta de charla.
Tenemos que avanzar.
…
Decidimos buscar primero una posada.
La noche estaba por llegar y, considerando que todos los mercaderes ya estaban cerrando sus negocios, estaba claro que al caer el sol caería un frío mucho más intenso que el de ahora.
Uno que tal vez ni yo podría soportar.
Si estoy en constante ejercicio sí, pero si no queríamos morir de hipotermia, teníamos que encontrar una posada de al menos Rango B.
De acuerdo a Suzanne, las posadas baratas de aquí no tenían calefacción.
—Rudy, cálmate.
Es solo una posada.
—Es solo que…
Es la primera sin ellos.
No dije nada, sabía a qué se refería.
Cuando dimos un paso en su interior, encontré a un hombre en medio de la limpieza.
Por cómo nos miró, estaba claro que era el dueño.
El sujeto parecía muy amistoso.
—Me gustaría una habitación por un mes, por favor.
—…Claro.
Necesitaré una firma y una huella digital aquí.
Una vez que hayas pagado, tendrás la última habitación del tercer piso.
Luego miró a Rudeus.
—¿Vienen juntos?
Solo queda esa habitación, por eso lo decía.
—Sí, somos hermanos.
Da igual si duermo en el suelo.
Él no dudó en darnos una llave y los papeles del registro.
Como hermano mayor, dejé que Rudeus fuera el que lo llenara; sabía que le gustaban esas cosas, y si de alguna forma eso lo mantenía distraído, era todo lo que necesitaba ahora mismo.
Pagué por adelantado usando el dinero que Claire me había dado; el resto que conseguí por ser aventurero se lo había dejado a mi padre para que siga con sus búsquedas.
—¿Eso son monedas de Millis?
—dijo el encargado al verme contar las monedas de plata que tenía.
—¿No sirven aquí?
Tenemos de Asura, también.
—No, no.
Son valiosas también.
Subimos hasta el tercer piso, encontramos nuestra habitación y dimos un paso en su interior para dar un pequeño vistazo.
Una cama, un armario, una mesa y una silla.
Las únicas cosas que destacaban de la habitación eran las paredes de ladrillo y la gran estufa que estaba construida dentro de una de ellas.
Acomodé la madera y usé unos de los pedernales para encender la estufa.
Sacudí mis manos y me levanté, mirando a mi hermano que seguía perdido en la ventana mientras colgaba su túnica sobre la silla.
—Rudy, dormiré en el suelo.
El dueño dijo que mañana tendremos una habitación libre porque un aventurero se va, así que tendré la mía, aunque sea en el segundo piso.
—Sí, entiendo, pero ¿por qué quieres dormir en el suelo?
Yo puedo…
—Dormí sobre ramas con una espada del peso de un saco de patatas en el pecho.
Esto es un resort, Rudy.
Rudeus finalmente se dejó caer en la cama, entendiendo que intentar ganarme cuando estoy decidido era imposible.
—Oye, hermano…
Sobre ese dinero de Millis, dijiste que te lo dio Claire, ¿verdad?
—Exactamente.
—¿De nuestra abuela?
—Sí.
—¿La misma que hizo que Zenith se fuera?
—Esa misma, Rudy.
—Me acomodé en el suelo con una almohada y una manta que me dieron.
Era todo lo que necesitaba, mientras recordaba mi tiempo en Millishion—.
Se puede decir que ella se equivocó mucho, y no justificaré ninguna de sus acciones.
Pero puedo decir que sí amaba a su hija; por eso me aceptó.
Sin embargo…
—¿Sin embargo?
—Si te viera, tal vez no te aceptaría…
Pero no porque seas tú, sino por cómo eres físicamente.
—O sea, que sí es por ser yo.
—Sí, pero es porque te pareces mucho a Paul físicamente, y ella lo odia.
Cree que fue él quien hizo que finalmente no volviera.
Nuestro padre había ido un día a la Mansión Latreia, meses antes de que supiera que yo estaba en Millishion.
Como mi padre no frecuentaba el Gremio de Aventureros, porque rechazaban su plan de salvar a los implicados por el incidente de Fittoa, no quería lidiar con ellos.
Además, ese día que fue a buscar ayuda, mi tía Therese me obligó a no bajar.
Si lo hubiera hecho, quién sabe qué habría pasado en ese momento.
Si hubiera sabido en ese momento que mi padre había ido, ya lo habría buscado desde antes.
—No es como Hilda, ¿la recuerdas?
Ella había perdido a dos hijos y vio en nosotros lo que perdió.
A mí me veía como su segundo hijo y a ti, como el primero —decía Rudeus mientras miraba hacia el techo.
—Sí…
Sufrió mucho.
Por eso traté de que estuviera bien.
Al menos murió en paz…
En mi vida pasada, cuando los adultos decían que mis padres habían muerto en paz, no les creía en absoluto.
Ahora que tengo más conexión emocional, fui capaz de aceptarlo.
Sé que apareció en la zona de conflicto, un lugar horrible, pero al menos pudimos curar su corazón para que pudiera morir con la certeza de que sus hijos seguían vivos.
Ella también es una razón importante por la cual no debería morir; si me ve desde algún lado, quiero que esté orgullosa.
—Hermano.
—Rudeus se apoyó sobre sus codos para mirarme—.
¿Recuerdas cuando siempre decíamos “juntos” y “siempre juntos”?
—Sí, claro que lo recuerdo…
Cuando aún aprendía a vivir, no solo a existir, y cuando nos prometimos que siempre estaríamos el uno para el otro.
—Quizá si otros nos hubieran visto, dirían que fuimos demasiado cursis, pero…
—Se volvió a acostar—.
¿Juntos, hermano?
—Siempre juntos, Rudy.
Y nos permitimos dormir.
…
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