Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Episodio 39 Aprendiendo a confiar
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58: Episodio 39: Aprendiendo a confiar 58: Episodio 39: Aprendiendo a confiar Al final, no tuvimos más remedio que unirnos a ellos.
Ahora mismo ya tenía mi propia habitación, pero sabía que Rudeus no despertaría temprano, y menos con este frío.
—Rudy, arriba, vamos.
[No seas tan malo con tu hermano] …¿Por qué lo dices?
[Todavía está triste, ¿y si lo dejas?] En otras circunstancias lo dejaría dormir, pero éramos un equipo y no pensaba dejar que despertara solo.
Era un buen método para que estuviera distraído con una sola cosa: el progreso; mientras también me mantenía concentrado.
…Iremos juntos.
[Me parece perfecto] ¿Soy yo o sentí a mi hermana algo extraña?
Eso último lo dijo con cierto matiz.
Bueno, no importa ahora.
Quizá era algo mío.
—Rudeus, ¿qué acabo de decir?
—Sí, ya escuché…
—Se levantó buscando su túnica—.
¿Qué día es hoy…?
—Tenemos que ir a esa misión de los osos junto a Counter Arrow.
Rudeus terminó de acomodarse la ropa.
—Bien, comamos algo y…
—dio un largo bostezo— vayamos a esa misión.
—Rudy, no hay nada abierto…
Son las cuatro y media de la mañana.
—¿¡Qué!?
Es verdad, no dijeron hora exacta…
—Igual te dejé comida en la mesa.
Rudeus se acercó con los ojos brillosos.
—Eres el mejor hermano.
Y comenzó a devorar.
…
Nos dirigimos hacia la puerta norte de la ciudad.
Al final, habíamos reunido algo de información sobre los osos pardos y el lago Cururu.
Habíamos llegado demasiado temprano, pero eso nos evitaría problemas a futuro.
—Hey, Rudy.
—¿Sí?
¿Qué pasó?
—Perdona por despertarte tan temprano…
quizá me pasé un poco.
Justo cuando estaba por seguir hablando, vi a un pequeño grupo de personas avanzando hacia nosotros a través de la niebla de la mañana.
—¡Hola!
—gritó Suzanne desde el frente de la columna—.
Llegaron temprano…
eso es eficiente.
Incluso se ven más despiertos que nosotros.
—Simplemente pensé que era necesario levantarse temprano para…
—Mi hermano dice que quería impresionarlos, eso es todo —dijo Rudeus, sacando la mano del bolsillo y ofreciéndosela—.
Gracias por aceptarnos como integrantes temporales de su grupo.
En cuanto a nuestro grupo anterior, ya lo disolvimos.
Suzanne parpadeó, claramente sorprendida.
—Vaya…
eso fue rápido.
Los vi bastante entusiasmados con su nuevo grupo, pero parece que optaron por la lógica.
En fin, ya me conocen.
Soy la sublíder de Flecha Afilada y una guerrera de oficio.
Peleo en la línea frontal.
Llegué a pensar que Suzanne era quien estaba al mando, pero Rudeus se me adelantó, como siempre.
—¿Sublíder?
¿No eres tú quien está a cargo?
—Bueno, doy órdenes de vez en cuando, pero tenemos un líder de verdad.
—Suzanne señaló a uno de los hombres, quien asintió y dio un paso al frente.
Tenía una presencia algo sombría.
—Mi nombre es Timothy.
Soy un mago especializado en magia ofensiva y lucho en la retaguardia.
Técnicamente soy el líder de este grupo.
Es un placer conocerlos.
—Me llamo Rudeus Greyrat.
Soy un mago y un aventurero de rango A.
Como dije ayer, soy bueno con la magia de apoyo.
—Daiki Greyrat.
Soy espadachín y también aventurero de Rango A.
Aun así, estaba claro que Suzanne era quien tenía el verdadero control aquí.
Tener a alguien por debajo de la cima dando órdenes podía ser, en muchos casos, lo mejor.
Había visto muchos grupos en Millis y la mayoría de sus líderes eran idiotas.
Claro, no lo estaba llamando idiota a él…
pero dadas las circunstancias.
También me uní a ellos porque Rudeus merecía socializar…
y yo también.
—¿Puedo ser honesto?
—preguntó Timothy.
—Claro, no hay problema.
Quizá soné demasiado tranquilo.
Tengo que aprender a sonreír un poco más o hacer algo.
Esto ya era un problema, y no es algo que pudiera corregir; ya era parte de mí.
—Estoy ansioso de trabajar con ustedes.
—Timothy dio un paso atrás y los otros miembros del grupo comenzaron a presentarse.
—Buenos días.
Mi nombre es Mimir y soy el sanador.
Estoy en el nivel Intermedio en la magia de Sanación y en el nivel Principiante en la Desintoxicación.
Quizá no debería mencionar mis habilidades de curación, podría desanimarlo.
Además, dudo que exista una situación en la que tenga que usar mis capacidades curativas, sobre todo considerando que los osos no representarían un gran problema para mí.
—Yo soy el guerrero mágico, Patris.
Aunque no esperes mucho de la parte de mago.
Solo conozco hechizos de viento de nivel principiante.
Patris era un atacante musculoso que llevaba una espada en la cadera y una pequeña vara de principiante en una mano.
Ambos parecían tener la misma edad que Timothy, entre veinticinco y treinta años.
Y, por último, quedaba…
—Soy una arquera.
Ya saben mi nombre.
Lucho desde la línea media.
Por alguna extraña razón, me miraba de forma insistente.
—¿Qué?
¿Hay algo que quieras decir?
Que conste que no estoy feliz con esto.
No me gustan los chicos serios como tú.
Solo lo hago porque Suzanne insistió, ¿bien?
Si alguno de ustedes se equivoca y alguien muere, les prometo que lo lamentarán.
Sobre todo tú —me señaló directamente—, Daiki, que siempre estás con esa calma que…
—Ya basta, Sara.
—Pero, Suzanne…
—Escucha.
Algún día podríamos tomar caminos separados, ¿cierto?
Podrías terminar teniendo que unirte a un grupo lleno de extraños.
—Espera, ¿vas a disolver el grupo o algo así?
—No, pero podría pasar.
Y si uno de nosotros muere, tendremos que traer a alguien nuevo para reemplazarlo.
—Suzanne suspiró y sacudió la cabeza—.
En Asura no había problemas con que rechazaras a las personas que te caían mal.
Pero de ahora en adelante, esa podría no ser una opción.
Es hora de que aprendas a trabajar con personas fuera de nosotros.
Lo sabía desde el principio: Suzanne no nos había invitado solo por lástima.
Estaba claro que nos estaba usando como una herramienta de aprendizaje para Sara y para el grupo en general.
Lo entendí por lo insistente que había sido.
Nadie introduce una moneda sin esperar algo a cambio.
Podías llamarlo ayuda, cooperación o buena voluntad, pero al final siempre había un propósito detrás.
—¿Lo entiendes, verdad?
Bien.
Ahora que ya nos hemos presentado, pongámonos en marcha.
Y así, nosotros siete partimos hacia la expedición de matanza de osos pardos.
…
Pasaron tres días desde entonces.
Tras avanzar un buen tramo hacia el norte, montamos un campamento cerca de nuestro destino: el lago Cururu, donde podían encontrarse esos monstruos.
No veían bien en la oscuridad y se movían con lentitud durante la noche, así que el plan era esperar hasta la puesta de sol y lanzar un ataque sorpresa.
Yo había insistido en que atacarlos de día también era viable, pero no me hicieron caso.
En especial Sara, que continuaba mirándome con un enojo que no lograba disimular del todo.
—Escucha, tú en realidad no eres un miembro de este grupo, ¿bien?
Solo haz lo que se te ordena y trata de no ser un estorbo.
—Entiendo.
—Sara, creo que ya dejaste claro tu punto —dijo Suzanne—.
¿Por qué estás siendo tan hostil con él?
—Es solo que…
¡no lo sé!
Es más joven que yo, pero su actitud es irrespetuosa.
¿Atacar de día cuando ya se decidió hacerlo de noche?
¿Quién se cree que es…?
—Eso es completamente normal para un aventurero, niña.
Tú misma eres bastante informal con nosotros, ¿no crees?
—Sí, eso creo.
—Muy bien, entonces guarda tu irritación.
Estamos a punto de comenzar la parte principal de nuestro trabajo.
Este no es un buen momento para crear incomodidades.
—Lo siento…
—Sara se encogió un poco cuando Suzanne la reprendió.
Luego me lanzó una mirada en la que la palabra disculpa no encajaba en absoluto.
Parecía que mi actitud despreocupada y seria la había molestado más de lo que imaginaba.
¿Habrá tenido una mala experiencia antes?
¿O pensará que la gente callada es arrogante?
¿O simplemente le caen mal las personas así?
Fuera cual fuera el caso, estaba claro que su molestia era solo conmigo.
Eso me transportó a Roa, a mis primeros días allí, cuando Eris me observaba como un enigma que necesitaba resolver y trataba, mediante fintas, de leerme.
Ahora ocurría lo mismo con Sara, solo que esta vez era mucho más intenso.
…
Decidí ir con mi hermano a un lugar tranquilo para orinar y, justo antes de hacerlo, Timothy se nos unió.
—Lo lamento, chicos —dijo de repente.
—¿Lamentar?
—respondí.
—Sara.
Ella no es una mala chica, pero últimamente se ha vuelto demasiado confiada…
—No puedes culparla.
Está claro que mi indiferencia ante el peligro la irrita, pero eso se debe a que es una prodigio con el arco.
Y no estaba mintiendo.
Sara era capaz de derribar monstruo tras monstruo con flechas perfectamente colocadas, incluso a una distancia considerable.
Tenía una excelente lectura del campo de batalla y una agilidad de primer nivel, y casi nunca fallaba.
En términos de combate, era básicamente una aventurera de rango A obligada a permanecer en B, aunque estaba seguro de que ascendería rápido.
Sin embargo, los arqueros tenían limitaciones claras.
No solo por la cantidad de flechas, sino por su efectividad situacional.
Si querías ataque a distancia, un mago era más versátil; si buscabas combate cercano, un espadachín o un guerrero mágico resultaban superiores.
A eso se sumaba el peso: mientras más flechas cargabas, más lastre arrastrabas.
Si eras capaz de disparar cinco flechas en el tiempo que un mago necesitaba para conjurar un solo hechizo, podías desenvolverte sin problemas con un arquero.
Con un espadachín, en cambio, la situación era muy distinta.
Sara era increíblemente hábil para su edad.
Su talento innato probablemente se comparaba al de Eris.
—Bueno, ustedes no se quedan atrás.
La forma en que despacharon a esos monstruos, sin movimientos innecesarios, y el hecho de que puedan usar magia silenciosa…
Es decir, son los primeros usuarios que he visto desde mi profesor en la universidad.
Interesante.
Era obvio que no éramos los únicos ni los primeros en descubrir que la magia podía ejecutarse de forma silenciosa.
Sin embargo, considerando la experiencia de Timothy y el hecho de que hubiera pasado por la universidad, aquello resultaba, sin duda, extraño.
—…No nos ha ayudado mucho saber eso.
Incluso con eso perdimos a quienes nos importaban —mencionó Rudeus.
—Ah.
Cierto.
Me disculpo.
Miré mis propias manos.
Yo también sabía conjurar de forma silenciosa; sin embargo, no me había percatado de que quizá me había desviado demasiado hacia la espada, dejando la magia en segundo plano.
Había usado Shockwave tantas veces que estaba seguro de haber alcanzado, como mínimo, un rango Avanzado, o incluso Santo en ese elemento.
Y mi hermano había ido aún más allá.
—En fin, lamento todo esto, Rudeus y Daiki.
Ambos asentimos.
—Disculpa mi impertinencia, Daiki, pero tu nombre es inusual.
Nunca lo había escuchado.
Es raro, pero interesante.
—Ah, sí…
Según mi madre, lo elegí por casualidad cuando era un bebé, mientras mi padre hacía sonidos al azar.
Al final le dio un significado: “Gran resplandor” o “Gran brillo”.
También puede ser “Gran árbol”, depende de cómo lo interpretes.
—Oh, interesante entonces.
“Gran árbol”…
ese me gusta.
Sí, a mí también me gustaba mi nombre.
No es que no fuera consciente de lo conveniente que resultaba, pero ¿podía quejarme?
Mi hermano había mencionado que conoció a alguien llamada “Kishirika”, así que el mío estaba lejos de ser el más extraño de este mundo.
—Respecto a Sara, no me molesta —dijo Rudeus.
—Gracias por ser tan comprensivo.
Partiremos una vez que el sol se oculte, así que intenta descansar hasta entonces.
Timothy se quedó allí mientras nosotros regresábamos al campamento para dormir un par de horas.
—¿Estás bien, Rudeus?
—¿Eh?
Sí…
solo que hace mucho frío.
—Sí, yo también tengo frío.
—¿Tú?
¿Frío?
Eso no entra en la conversación, hermano.
—No es frío de invierno.
—Oh…
…
El Oso Pardo Resplandeciente.
Un monstruo de rango B, uno de los tipos más comunes en esta región.
A simple vista, parecía un gran oso de pelaje blanco, atravesado verticalmente por una única franja negra en el centro del cuerpo.
Se diferenciaba de la mayoría de los osos en varios aspectos importantes: se movía en manadas de gran tamaño y, cuando se acercaba el invierno, cooperaba con los de su especie para reunir enormes cantidades de alimento.
Durante esa estación, sus ataques contra los humanos se volvían mucho más frecuentes.
Después de subir sobre la cima de una pequeña colina cerca del Lago Cururu, pudimos ver a los Osos Pardos Resplandecientes en la distancia.
—Sara, ¿qué es lo que ves?
—Tal parece que hay alrededor de veinte de ellos…
—Perfecto…
Sin darme cuenta comencé a saltar para entrar un poco en calor, mientras movía mis hombros en círculos y luego estiraba mis brazos.
—¿Eh?
¿Qué piensas hacer?
El plan era lanzar un ataque mágico y luego…
No le di tiempo a reaccionar.
En un segundo, había sido impulsado desde la colina en un ataque contundente hacia uno de los osos.
Uno de ellos cayó al instante y los demás comenzaron a entrar en pánico.
Me atacaban pero era inútil; por más fuerza o cantidad que fueran, no resultaban un gran problema para mí.
Rudeus y los demás, resignados, se unieron a mí viendo que lo tenía resuelto.
—Vaya…
tu hermano es efectivo, aunque estuvo mal cuestionar nuestro plan.
—No lo cuestionó, simplemente lo optimizó.
Él es así.
—Supongo…
Rudeus usó Pantano para inmovilizar a los demás osos y aproveché para atacarlos.
Timothy, en cambio, tampoco quiso quedarse atrás: —¡Permite que las vastas y benditas llamas converjan ante mi llamado!
¡Oh fuego abrasador, ofrécenos un gran obsequio ardiente!
¡Gran Bola de Fuego!
Con eso fue suficiente.
Todos los Osos Pardos Resplandecientes habían sido derrotados sin que hubiera bajas visibles.
Justo antes de que pudiéramos reaccionar, una bola de fuego lanzada por Timothy iluminó toda la zona.
Entonces lo vimos.
Otras siluetas se movían dentro de la oscuridad.
Muchas más.
Avanzaban desde un costado del pantano que Rudeus había creado.
—¿¡Qué!?
¿¡Acaso esos son Osos Pardos Negros!?
—gritó Sara.
No lo eran.
Seguían siendo Resplandecientes.
Solo estaban cubiertos de lodo.
Habían estado usando camuflaje.
—¡Hay demasiados de ellos!
—gritó Suzanne.
—¡Retirada!
¡Retirada!
—Timothy dio la orden con la voz visiblemente alterada.
Miré a mi hermano y él me devolvió la mirada.
Era una manada de más de setenta osos.
Pero no iba a ser un gran problema.
—Estoy listo, hermano.
—Rudeus asintió, preparándose para enfrentarlos.
Sonará pretencioso decirlo, pero era hora de que nos dieran a conocer.
Los osos de antes no habían sido gran cosa; habíamos trabajado en equipo, sí, pero ahora nos enfrentábamos a una manada completa.
Para ellos, aquello equivalía a Osos Pardos Negros.
—¿¡Qué creen que están haciendo!?
¡No podemos enfrentarlos aquí!
—gritó Suzanne desde algún punto en la oscuridad—.
¡Retrocedan hasta el lugar que encontramos de camino!
La misión de rango A había comenzado de forma bastante sencilla, pero pronto dio un giro, revelando por qué estaba clasificada a ese nivel.
Aun así, lo que para el resto se había convertido en una situación de emergencia, para nosotros dos no era más que un paseo.
Rudeus desataba sus hechizos y yo usaba Espada larga de luz.
Él controlaba la distancia; yo, la cercanía.
Nadie podía escapar…
y nadie podía acercarse.
—¡Ahora, Rudeus!
Lo había subido a una de las colinas para que pudiera usar mejor su ataque.
Los demás ya habían tomado distancia.
Rudeus comenzó a cargar un hechizo masivo sobre su cabeza, apuntando el bastón hacia el cielo.
Respiró hondo, con una calma antinatural, y luego declaró: —Llamas del Éxodo.
Bajó con toda su fuerza Aqua Hertia.
Una enorme ola de fuego mágico atravesó la manada como un cuchillo caliente cortando mantequilla y luego explotó al tocar el suelo.
…
Pasó una hora.
Los demás nos observaban en silencio y podía jurar que detrás de esas miradas confundidas pasaban mil cosas a la vez.
En cuanto al resultado, no había quedado ni un solo Oso Pardo Resplandeciente.
El área alrededor del lago se había convertido en una tierra estéril.
Rudeus propuso que comenzáramos a trabajar con los cuerpos.
Teníamos que llevar las colas de los Osos Pardos Resplandecientes como prueba de que habíamos completado la misión, y también sus pieles para venderlas.
No sería gran cosa; básicamente me encargué de la parte desagradable, ya que podía cortar con mayor precisión.
Además, el compañero mago de Rudeus había permanecido en silencio durante un buen rato.
Estaba seguro de saber qué pasaba por su cabeza…
y mi compañero, Patris, igual estaba callado.
Para cuando terminamos de despellejar a los osos, recolectar sus colas y pieles, y comenzar a quemar los cuerpos en una gran pila, el cielo ya empezaba a iluminarse.
Me encontraba junto a Rudeus, a un lado del fuego, conversando en voz baja, cuando Suzanne se acercó y se detuvo a nuestro lado.
—Supongo que les debo una, ¿eh?
—dijo, encogiéndose de hombros—.
No…
les debo dos.
Si no fuera por ustedes, estaríamos muertos.
Tenía la sensación de que había algo más en ustedes de lo que mis ojos podían ver, pero desde luego no esperaba una actuación como esa.
—Bueno, solo quería hacerlo de la forma más eficiente posible.
Empezaba a tener hambre y…
—Sí, entiendo —me interrumpió—.
Pero son el mejor dúo que he visto en toda mi vida.
—No estoy tan seguro.
Si no fuera por nosotros, ustedes no habrían tomado este trabajo, ¿cierto?
Probablemente habrían comenzado con uno de rango B, o incluso de rango C, para reconocer el área primero —aclaró Rudeus.
—Bueno…
eso es verdad…
—Fue un buen entrenamiento, la verdad.
Así que puedo decir que estoy contento de que me hayan traído aquí con ustedes.
Gracias.
Miré por un momento el cielo.
¿La había pasado bien?
Sí, no iba a negarlo.
La compañía había sido mejor de lo que esperaba.
—…Cuando quieras, niño.
¿Están listos para regresar?
Me encontraba cargando un montón de pieles sobre el hombro —básicamente, yo era quien llevaba más— cuando alguien se acercó hasta quedar frente a mí.
No era Suzanne.
Era una chica de estatura similar a la mía; yo apenas era un poco más alto.
—…Gracias por salvarnos.
Tras decir esas breves palabras, Sara se dio la vuelta rápidamente y corrió de regreso junto a Suzanne.
“No es nada…”, quise decirle, pero no tuve el valor de hacerlo.
¿Qué me pasa?
[Misión cumplida, hermano] …Sí, misión cumplida.
[¿Crees que ella…?] …No creo que me haya aceptado tan fácil.
Solo vio que era útil y que mi indiferencia no era arrogancia, pero eso no basta para dejar de caerle mal a alguien.
[¿Qué sabes tú…?] …Bueno, los humanos somos impredecibles.
[Quién lo diría.
Cuando llegaste a este mundo, no te veías como un humano…
y ahora te incluiste] …Supongo que sí.
Así es exactamente como me siento.
Miré el cielo una última vez.
Y así, partimos rumbo al Gremio de Aventureros.
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