Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 59
- Inicio
- Todas las novelas
- Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
- Capítulo 59 - 59 Episode 40 Obsidiana y Pantano
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
59: Episode 40: Obsidiana y Pantano 59: Episode 40: Obsidiana y Pantano Regresamos los siete al Gremio de Aventureros de Rosenburg.
Cargabamos docenas de pieles, muchás más de las que un grupo deberia traer.
Aunque eso solo hizo que fueramos recibidos por miradas poco amistosas de los locales.
Muchos aventureros llegaban a trabajar en una sola ciudad por muchos años, y otros incluso toda su carrera.
[No justifico las miradas, de todas formas] ‘ Ni yo, pero es la realidad en una ciudad así ‘ Es decir, siempre que unos desconocidos salian de la nada e inmediatamente completaban un trabajo bastante bien pagado, creaba consigo este nivel de hostilidad.
Si eras alguien particularmente debil o manipulable, es posible que varias personas terminarian acercandose para acosarte y demandarte.
una parte de tus ganancias.
—Hey, Rudeus.
¿Qué piensas?
—En que Timothy tiene una inusual gran sonrisa en su rostro.
—Quizá sean viejos amigos.
—Hermano, estos tipos solo son envidiosos y resentidos.
—Los amigos también pueden ser así, ¿no crees?
Mi hermano tenía razón.
Solo eran aventureros resentidos que, al no obtener buenos resultados, intentaban alimentar pensamientos negativos para sentirse superiores.
—¡Esta noche estaremos celebrando la llegada de mi grupo a Rosenburg!
—gritó Timothy hacia la multitud—.
¡Vayamos todos al bar!
¡Yo invito!
La decisión de Timothy tomó por sorpresa a Rudeus; pude verlo en su rostro.
Además, mientras más éxito tenías y más dinero ganabas, más envidiosos aparecían con ideas terribles.
Si eras un poco generoso en los días de pago, eso reducía bastante la hostilidad hacia ti.
Suzanne notó la expresión en el rostro de Rudeus y sonrió, mirando a su líder con orgullo.
—Así es como él suele resolver las cosas.
Si de vez en cuando les compras algunos tragos a todos, nadie te va a odiar, ¿no crees?
Es un pequeño precio a pagar por mantener lejos a las personas menos amistosas.
—Luego me miró a mí—.
Aunque con ustedes aquí, dudo mucho que pudieran hacernos algo.
—En cualquier caso, me parece una buena idea.
—respondí con calma, mientras terminaba de limpiar mi espada con un trapo—.
Las personas envidiosas me irritan.
Me recuerdan a…
ciertas personas que no quiero recordar.
Esas personas no existían.
Era yo mismo.
[¿Lo dices por…?] Di un leve suspiro y le respondí: ‘A pesar de haber sido un cascarón vacío, cada vez que se llevaban a un niño del orfanato y a mí me dejaban en mi esquina vacío, sentía algo extraño muy en el fondo.
Y a veces, en Navidad, aunque cayera nieve me escapaba y miraba por las ventanas a las familias felices.
No lloraba, pero sentía eso…
llamado envidia, ¿sabes?’.
[Lo sé.
Yo también lo sentía.
Aunque en ese momento solo era una IA fría, también tenía eso que no podías describir, lo más arraigado del corazón humano] —¡Muy bien, todos!
Solo recuerden nuestros nombres, ¿bien?
¡Somos Flecha Afilada, y ellos son Rudeus Greyrat y Daiki Greyrat!
¡Estamos ansiosos de trabajar con ustedes!
—¡Flecha Afilada!
¡Flecha Afilada!
—¡Rudeus!
¡Rudeus!
—¡Dai…
ki!
¡Dai…
ki!
Rudeus me dio un codazo.
—Sabía que les iba a costar decir tu nombre.
—Tiene sentido.
—Al menos lo intentaron, es un gran paso.
Y era verdad.
Timothy definitivamente nos había conseguido algo de popularidad temporal.
Es algo que intentaría volver a hacer si se dan las circunstancias, y definitivamente fue algo que hice en Millishion cuando mejoré ese orfanato.
‘¿Qué será de Emilia?
Ella me dijo que se encargaría del orfanato cuando me vaya y yo le creí, obviamente’.
[Emilia me cae muy bien.
Está claro que ella lo hará bien].
Fuimos con la multitud hacia el bar más cercano.
….
Horas después, regresamos a la posada.
Antes de ir hacia mi habitación, noté que Rudeus estaba algo malo del estómago, así que me acerqué.
—Rudeus.
¿Por qué aceptaste esos tragos?
No estás acostumbrado a un whisky tan potente.
Él comenzó a recitar un cántico de magia de Desintoxicación sobre sí mismo.
—Fiu…
—Luego me miró—.
Lo sé, lo sé…
No volverá a pasar.
¿Tú bebiste, verdad?
—Sí, pero solo un poco, quería dejar atrás unos pensamientos.
—¿Y no te afectó en nada?
—Tal vez lo heredé de nuestro padre o es por tener un cuerpo físico más resistente.
—Supongo que si.
Me despedí de él y entré en mi habitación, que estaba en otro piso.
Colgué la capa con capucha y dejé mi espada al costado de la cama.
Me quité las botas y me puse ropa más cómoda para dormir.
Luego me dejé caer sobre el colchón, completamente agotado mentalmente.
—Eris…
Siempre que estaba a punto de dormir, una oleada roja aparecía en mi mente.
Alguien de cabello rojo y ojos del mismo color, que me desafiaba cada vez que entrenábamos y que, al final, terminaba quedándose dormida sobre mi hombro.
Con ese pensamiento, me dejé llevar por el sueño.
— Sara Cuando conocí a Daiki y supe que era un Greyrat, lo primero que se me vino a la mente fue el noble que gobernó la ciudad donde nací.
La familia Notos Greyrat controlaba por completo la región de Milboots.
Mis recuerdos eran confusos, pero Rudeus se parecía demasiado al arrogante señor feudal, y Daiki tenía esa misma arrogancia, aunque de una forma distinta, más sutil…
o eso parecía.
Por supuesto, Greyrat no era un apellido raro en Asura.
Sin embargo, la mayoría de quienes lo portaban eran nobles de rango bajo o medio.
No encontrarías a ninguno entre los aldeanos o ciudadanos comunes.
De hecho, la gente común ni siquiera suele tener apellido.
Yo no lo tenía.
Nací de un cazador y su esposa, y el nombre Sara fue todo lo que pudieron darme.
Mi mamá y mi papá, de igual forma, solo tenían nombres.
En resumen, esos mellizos Greyrat eran, obviamente, niños ricos usando túnicas baratas.
Rudeus se dejaba crecer el cabello en un intento de disfrazarse como un aventurero común y corriente, pero su vara, de apariencia costosa, lo delataba.
Daiki, en cambio, siempre parecía impecable, con un uso preciso de palabras que algunas veces desconocía.
Era evidente que ocultaba algo.
¿Por qué dos hijos de nobles de Asura abandonarían su país para dirigirse a los Territorios del Norte?
Daiki mantenía una calma inquietante, mientras que en la mirada de Rudeus todo quedaba al descubierto.
Rudeus hablaba siempre con educación; Daiki, en cambio, usaba pocas palabras, y su actitud podía resumirse en un claro “déjenme en paz”.
A veces, su mirada se perdía en la nada antes de volver a enfocarse en nosotros.
Estaba segura de que habían huido de su casa tras una pelea o algo parecido.
La verdad es que eso no era inusual.
Yo no lo comprendía, pero aparentemente algunos jóvenes nobles de Asura no soportan tenerlo todo servido en bandeja de plata.
Tras huir de sus escuelas o mansiones, solían intentar convertirse en aventureros.
Asumí que esos hermanos eran mocosos inútiles.
Al principio, la historia de su madre desaparecida me había sorprendido, pero con el tiempo comencé a pensar que era una mentira.
Dadas sus habilidades, parecía más probable que simplemente quisieran experimentar lo “diferente” y “especial” de jugar a ser aventureros en los Territorios del Norte, en lugar de quedarse en Asura.
Para ser honesta, los subestimé.
En especial a Daiki.
En vez de huir por su vida, empezó a moverse como si aquello no fuera más que un combate cualquiera y se lanzó contra aquella enorme manada de osos pardos resplandecientes.
Eso me hacía enojar aún más.
No había forma de negar que habían salvado a nuestro grupo, así que se lo agradecí, pero aun así no me sentía realmente agradecida.
—Vamos, Sara.
¿Por cuánto tiempo vas a estar enfadada?
—¿¡Quién dice que estoy enfadada!?
Mi irritación no había desaparecido ni siquiera después de volver a nuestra posada.
No quería admitir que esos niños ricos eran diferentes de los demás.
Seguían siendo unos aristócratas, y yo odiaba a los aristócratas.
—Suzanne, ¿qué pasa contigo últimamente?
¿Por qué sigues preocupándote por esos tipos?
—Vamos, Sara.
¿Qué se supone que deba hacer?
Dos niños tan jóvenes no deberían estar viajando solos, ¿verdad?
Además, por muy fuertes que sean, siguen siendo vulnerables…
Y me dejaría un muy mal sabor de boca si murieran o les pasara algo.
Es decir, pueden cuidarse solos, pero…
—¿A quién le importa?
¡Si mueren, será por su estupidez!
Esa historia sobre su madre seguramente es mentira.
Probablemente solo huyeron de casa o los echaron.
Quién sabe.
—Sara, sé que no quieres admitirlo, pero ellos obviamente están diciendo la verdad.
No pretendas que no lo sabes.
—Pero…
—Sara, escucha.
¿Qué crees que Daiki piense de ti después de todo lo que le dijiste durante el viaje y en la misión de los osos?
No dije nada.
No pude responderle.
—Exacto.
Nada.
Él nunca te vio de mala manera.
Siempre supo cuánto habías sufrido y entendió que tú no eras el problema.
Suzanne no estaba equivocada.
Si ellos estuvieran mintiendo, no se habrían quedado con nosotros.
Rudeus no se habría quebrado y llorado en medio del Gremio de Aventureros.
Lo entendía.
Sabía que decían la verdad.
Aun así, una parte de mí tenía muchas ganas de llamarlos fraudes.
Supongo que había algo en Daiki que no podía tolerar.
O tal vez era demasiado humillante enfrentar el hecho de que dos niños ricos me habían salvado la vida.
Un mago y un espadachín, cada uno especialista en uno, mientras que yo usaba un arco.
—De todas formas, no parecía que ese trabajo fuera muy difícil para ellos.
Estoy segura de que se darán la vuelta y saldrán corriendo una vez que estén en verdadero peligro.
Ignoré por completo las palabras de Suzanne, me metí en la cama y le di la espalda.
Por alguna razón, me sentía increíblemente frustrada.
…
Daiki Greyrat —¡Vamos, Rudeus!
Rudeus estaba jadeando suavemente detrás de mí.
Estábamos trotando por un costado de las calles de Rosenburg, bajo la oscuridad previa al amanecer.
Los caminos estaban cubiertos por una capa apenas visible de hielo.
—Fiu…
—Rudeus se detuvo cuando regresamos a la posada.
Yo, en cambio, seguía dando saltos sin detenerme.
—Me alegra saber que cumpliste tu promesa, Rudeus.
[Me pareció extraño que Rudeus te pidiera entrenar su físico en plena noche.
Es decir, ya era hora, ¿no?] ‘Sí, hace tiempo que no lo hacía.
Depende demasiado de Shockwave y de su magia.’ —¿Tan poca fe le tienes a tu hermano menor?
Sí que eres un gran hermano mayor.
—Solo el esfuerzo supera a la fe.
Y eso es justamente lo que estás logrando.
Entramos de nuevo en la posada, en la habitación de Rudeus.
—Bien.
Cien lagartijas, sin excepción.
Dejé a Rudeus solo con su plan de entrenamiento.
Consistía en lagartijas, sentadillas, abdominales, flexiones con palmada, planchas estáticas, elevaciones de piernas y carreras en el lugar.
No había pausas largas.
Solo el tiempo justo para recuperar el aliento antes de seguir.
El objetivo no era verse bien, sino aguantar.
Fortalecer el cuerpo hasta que no temblara ante el cansancio.
Ese era el mínimo.
…
Varios meses pasaron desde que llegamos a la ciudad.
Además de asegurarme de que Rudeus no detuviera su entrenamiento físico, dando cada vez mejores ejercicios, había estado trabajando en establecerme como aventurero, siguiendo nuestro plan inicial.
—¡Hola, Pantano!
¡Gracias por la ayuda del otro día!
—decían las personas a mi hermano.
—¡Obsidiana, buenas tardes!
¡Gracias por la ayuda tambien!
—decían, en cambio, dirigiéndose a mí.
En cuanto a “Obsidiana”, no estaba del todo seguro de por qué me habían puesto ese apodo.
Quizá fue por haber mencionado en pocas ocasiones que tenía una espada de obsidiana que perdí, o tal vez por mi cabello negro.
“Solo ayudaba un poco”.
“Dije sin más”.
—¡Sí que eres modesto, niño!
Después de todo lo que hiciste, estaba esperando un poco de arrogancia.
—Demonios, si quieres, podríamos dejar que se unan permanentemente a nuestro grupo.
—¡Oye!
Se supone que no debemos reclutarlos, ¿recuerdas?
—Ups.
Lo olvidé.
—Jajaja…
Es decir, mi hermano y yo estábamos operando como aventureros solitarios, con el fin de abarcar más terreno.
Básicamente, nos ofrecíamos como mercenarios.
Durante los últimos meses, había ayudado a un sinfín de grupos, especialmente en tareas que incluían trabajo pesado o combate físico.
Aparentemente, al Gremio de Aventureros no le gustaba demasiado este tipo de arreglos, pero no estábamos rompiendo ninguna regla y, hasta ahora, lo había dejado pasar.
Énfasis en “hasta ahora”.
Quién sabe cuánto más lo tolerarán.
Por el momento, las personas que manejaban la sucursal nos tenían lástima por lo de nuestra madre, así que habían sido blandos con nosotros.
—En fin, Obsidiana, Pantano, tomamos la decisión correcta llevándolos con nosotros.
¡Los estaremos esperando la próxima vez!
Según Rudeus, debía comportarme de forma modesta y amistosa, mientras también hacía notar mi presencia en combate.
Hasta ahora, había funcionado.
A estas alturas, nuestros nombres ya eran bastante conocidos en los alrededores de Rosenburg.
Sin embargo, parecía que les gustaba que yo fuera serio.
No entendía el porqué, pero estaba pasando.
La mayoría de los aventureros de este gremio ahora nos sonreían al vernos.
Era fácil caer bien cuando te mostrabas útil.
A este paso, no tomaría mucho tiempo para que los rumores sobre nosotros se esparcieran por toda la ciudad.
—¡Oigan, Pantano y Obsidiana!
Hoy nos vamos de la ciudad.
Te avisaré si escucho algo sobre tu madre por ahí, ¿bien?
—Oh.
Gracias, eso sería de mucha ayuda.
El grupo se fue.
—Supongo que logramos convencer a algunos grupos viajeros para que estén alertas sobre nuestra madre.
Cada vez que salen de Rosenburg, nos aseguran que nos darán información si encontraban algo.
—Sí, Rudeus.
Tienes razón.
[Y, en caso de que Zenith estuviera cerca, escucharía algo sobre ustedes tarde o temprano.] ‘Eso espero, Ayam.
Eso espero.’ También estaba el otro factor, uno que ya esperaba.
Desde que me uní al Gremio de Aventureros en Millishion, ya había pasado por esto: —Pfft.
—¿Pantano?
¿Obsidiana?
Vaya mierda.
—Esos niños engreídos…
Solo bastaba con ignorarlos.
Eran irrelevantes.
Gente así no aportaba nada, ni durante una misión ni fuera de ella.
Naturalmente, debería darles alguna lección, pero hoy no estaba de ánimos.
—¿Mmm?
Miré a mi lado.
Era Sara.
Ella frunció el ceño al vernos.
—¿Qué estás mirando?
—No estaba mirando nada en particular.
—Mmmm, bueno.
La relación que teníamos con Sara no había cambiado mucho durante los últimos meses.
Sí, le caímos mal desde el principio.
Dos mellizos “engreídos” que iban al norte para probar sus habilidades con los pobres plebeyos.
Claro, era una mentalidad lógica según lo que habíamos demostrado, pero estaba claro que no éramos para nada unos patanes así.
Es más, odio la politica.
—Odio esto…
—¿Qué odias, Sara?
—Preguntó mi hermano.
—Tener que levantar la vista para hablar con él.
—Ah…
sí, te entiendo.
En estos meses habíamos crecido.
Sin embargo, siempre nos separaba esa brecha de diez centímetros, que no parecía mucho, pero para gente de la misma edad podía ser humillante.
—¿Van de regreso a la posada?
—Eh, sí.
Acababamos de terminar un trabajo el día de ayer, así que esta noche estaba planeando descansar un poco.
Los entrenamientos no han cesado, sabes.
—Respondió Rudeus.
—Bien.
Nosotros estábamos a punto de tomar un nuevo trabajo.
¿Quieren acompañarnos?
—Oh.
Mmm…
Counter Arrow nos invitaba con frecuencia a unirnos a sus trabajos, claramente gracias a nuestra actuación durante el primer trabajo que hicimos juntos.
Siendo honesto, me gustaba trabajar más con ellos, y de todas formas lo hacía más que con cualquier otro grupo.
En ese caso, decidí hablar esta vez.
—Me parece bien.
Saldrán mañana, ¿verdad?
—Si no quieres venir, entonces…
¿Eh?
¿Así, nada más?
—Me estaba aburriendo.
—¿Solo aceptas por…
aburrimiento?
—No, también porque me gusta pasar tiempo con ustedes, ¿verdad, Rudeus?
Miré a Rudeus.
Él solo asintió.
La puerta de entrada se abrió.
Eran Suzanne y los demás miembros.
—¿Lo pensaron, chicos?
¿Vienen?
Asentimos como siempre solíamos hacer, con esa sincronización que desconozco, pero que funciona en estos casos.
Yo estaba seguro, mi hermano también, y eso bastaba.
—¡Genial!
Entonces vamos a tomar un trabajo hoy.
No sé por qué, pero la actitud de Sara es lo que hace que este grupo sea más agradable.
Quizá porque detesto el silencio o porque me recuerda mucho a Eris en algunos aspectos.
El grupo estaba bien balanceado.
Timothy era amable.
Suzanne me daba esa sensación de “madre” que había perdido.
Los otros dos eran reservados, pero también amistosos.
Además, Patrice siempre había querido que lo entrenara con la espada, asi que accedí.
Se irritaba cuando no podía vencerme ni siquiera cuando yo usaba las manos desnudas, pero iba mejorando.
Trataban de que Sara y los luchadores de vanguardia obtuvieran experiencia en cada batalla, así que debía restringir mis habilidades.
Lo mismo para Rudeus.
Es más, creo que les gusta la comida que preparo.
—Muy bien, veamos.
Esta vez tenemos a los mellizos, así que…
—¡Oye, Suze!
¿Qué tal este?
—Vaya…
¿Un trabajo de recolección de rango A?
Oh, quieren un montón de escamas de Lagarto Invernal…
Mmm.
No lo sé, Patrice.
Parece un poco arriesgado.
—Sí, pero tenemos a los hermanos, ¿no?
Bien podríamos tomar uno que pague bien.
Incluso uno más arriesgado.
En Millishion, era Cliff quien tomaba las decisiones, y casi siempre elegía misiones complicadas que podían terminar con la vida de cualquiera.
Claro, eso hizo que ganáramos mucho dinero rápido.
De todas formas, yo era capaz de cumplirlas por mi cuenta.
—…
¿Qué opinan, chicos?
—Cualquiera me parece bien.
—¿Mm?
Ah, claro.
Personalmente, creo que suena bien.
—Muy bien, creo que estamos de acuerdo —dijo Suzanne—.
Tomemos ese trabajo.
Y así, la decisión quedó tomada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com