Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Episodio 2 Aquellos que aún pueden ser salvados
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6: Episodio 2: Aquellos que aún pueden ser salvados.
6: Episodio 2: Aquellos que aún pueden ser salvados.
Zenith Greyrat fue una joven que nació en el país sagrado de millis, una nación con una larga historia, tan hermosa y rigida que la palabra “pureza” le sentaba como anillo al dedo.
Vino al mundo como la segunda hija de una cosa condal, es decir, una señorita de buena familia.
Una de las enseñanzas de la Iglesia Millis era que un hombre y una mujer deben amarse solo mutuamente, de a uno.
Aunque Zenith había huido de casa, esa doctrina que le repitieron desde pequeña seguía profundamente arraigada en ella.
Por eso, un día le dijo a Paul que si no tocaba a ninguna otra mujer, entonces podría acostarse con ella.
Él sonrió y aceptó.
Zenith sabía que le estaba mintiendo.
Pero pensó que no le importaba.
Si la engañaba, entonces podría dejar de quererlo.
En aquel entonces también era ingenua, imprudente y necia.
Porque con esa única vez terminó embarazada.
Jamás se le ocurrió que Paul asumiría la responsabilidad y se casaría con ella.
Y así llegó el día del parto.
El nacimiento de sus hijos fue un momento que nunca olvidaría.
Cuando nació el primer bebé, un niño de cabello negro como la noche y ojos rojos como rubíes, Zenith lo miró y sintió una oleada abrumadora de amor instantáneo.
No le importó en absoluto su apariencia inusual.
Era su bebé, su precioso hijo, y lo amó desde el primer segundo.
Los rasgos únicos de Daiki nunca fueron motivo de duda o preocupación para ella.
Ese día nacieron sus hijos: Daiki Greyrat, de cabello negro y ojos rojos, y Rudeus Greyrat, con el cabello castaño y los ojos verdes de su padre.
Ambos perfectos, ambos eran suyos.
Ahora, tres años después, estaba arropando a sus pequeños, con una gran sonrisa y orgullo.
—Buenas noches, pequeños.
—Les dio un beso en sus frentes y cerró la puerta suavemente.
Zenith se deslizó en la cama junto a Paul, acurrucándose contra su pecho como solía hacer cada noche.
—¿Están dormidos?
—preguntó Paul en voz baja, pasando un brazo alrededor de sus hombros y besando su cabello.
—Como troncos —respondió Zenith con una sonrisa que se sentía en su voz—.
Rudy estaba balbuceando en sueños otra vez, creo que intentaba decir “mamá” o “libro”, no estoy segura.
Y Daiki…
Daiki estaba aferrado a esa manta vieja como si fuera su tesoro más preciado.
Se veían tan…
pacíficos.
Paul soltó una risa suave.
—Son buenos chicos.
A veces los miro y me cuesta creer que ya tengan tres años.
El tiempo vuela, Zenith.
Antes de que nos demos cuenta, estarán corriendo por el huerto persiguiendo gallinas.
Zenith levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.
—Son especiales, Paul.
Lo siento aquí.
—Se tocó el pecho—.
No sé cómo explicarlo, pero cuando los sostengo, siento que…
que van a hacer cosas grandes.
—Claro que sí —dijo Paul con orgullo de padre—.
Tienen tu sangre noble y mi encanto irresistible.
¿Cómo no van a ser grandes?
Zenith rodó los ojos, divertida.
—Espero que hereden algo más que tu “encanto”, señor Greyrat.
Tal vez un poco de mi sensatez no les vendría mal.
Paul se rió, pero luego su expresión se suavizó, volviéndose más reflexiva.
—¿Sabes qué pienso cuando los veo juntos?
—murmuró—.
Pienso en cómo se complementan.
Rudy siempre está observando todo con esos ojos curiosos, como si quisiera entender cómo funciona el mundo antes de tocarlo.
Y Daiki…
Daiki tiene una energía diferente.
Es tranquilo, pero intenso.
Esos ojos rojos…
a veces siento que me miran y saben exactamente lo que estoy pensando.
Zenith asintió, recordando la mirada profunda de su hijo mayor.
—Es verdad.
Daiki tiene un alma vieja.
Pero siempre tan atento…
Para mí, es perfecto.
Los dos lo son.
—Lo son —coincidió Paul, besando su frente—.
Nuestra pequeña manada.
Y prometo que voy a protegerla.
Pase lo que pase.
Quiero que crezcan felices, Zenith.
Que tengan la infancia que…
bueno, la que nosotros quizás no tuvimos del todo.
—La tendrán —susurró Zenith, cerrando los ojos—.
Mientras estemos juntos, la tendrán.
Se quedaron en silencio un momento, disfrutando de la paz de la casa.
—Oye, Zenith…
—Paul rompió el silencio—.
Ya que los niños están profundamente dormidos…
y no parece que vayan a despertar pronto…
Zenith abrió un ojo y le dio un golpe suave en el pecho.
—Eres incorregible, Paul Greyrat.
—Solo soy un hombre que ama a su esposa y que está muy feliz de tener una familia tan bonita.
—Mientes fatal.
—Pero me quieres igual.
—Sí…
te quiero igual.
Y en esa casa de madera, bajo las estrellas de Buena Village, Zenith se sintió, por primera vez en mucho tiempo, completamente en paz.
### POV: Daiki Greyrat —んん…
やめて…
(N-n…
yamete…) —murmuró Rudy.
Me quedé inmóvil, con los ojos cerrados pero la mente completamente despierta.
—トラック…
学生…
(Torakku…
gakusei…) Camión…
estudiante.
Abrí un ojo con precaución, asegurándome de que mamá ya se hubiera ido.
La puerta estaba cerrada.
La casa estaba en silencio, salvo por los ruidos que venían de la habitación de nuestros padres.
(Otra vez…) Rudeus despertó de golpe, agitado.
Sus manos palparon todo su cuerpo.
Desesperadas.
Como si no creyera que esta nueva vida era real.
Como si esperara despertar en ese cuerpo anterior que tanto odiaba, atrapado de nuevo en esa carne que había sido su prisión.
Lo observé en silencio.
Tocó su barriga.
Plana.
Pequeña.
Los dedos se presionaron contra la tela como si necesitara una confirmación física de su existencia actual.
Y vi algo en sus ojos.
Alivio.
[MI ANÁLISIS INDICA MI EVOLUCIÓN TRAS LA REENCARNACIÓN] (…..) Rudeus me miró.
Solo por un segundo.
Pero fue suficiente para ver lo que esperaba encontrar en mis ojos.
Asco.
Burla y quizá lastima.
No encontró nada de eso.
—¿Rudy?
¿Estás bien?
—pregunté, rompiendo el silencio.
—Sí…
Yo.
Lo siento si te desperté.
[RUDEUS TIENE NERVIOSISMO ELEVADO] ‘¿Quién eres?’ [SOY TU CREACIÓN, DAIKI] —Ya estaba despierto, Rudy.
No te preocupes…
—Me incorporé un poco—.
Puedo notarte nervioso.
¿Estás bien?
Rudeus cerró los ojos con fuerza, como si intentara bloquear una imagen mental.
—Yo…
No, es sobre mi vida pasada.
Es una de las razones de por qué no salgo afuera contigo…
—¿Quieres hablar de ello?
—Era lo único que mi mente pudo procesar.
No estaba acostumbrado a hablar de sentimientos con nadie.
En mi vida anterior, ese tipo de conversaciones simplemente…
no existían.
—Verás, yo morí salvando a tres estudiantes de un camión…
—Empezó, pero se detuvo.
Tenía miedo de continuar, miedo de revelar demasiado.
—Eso fue heroico —dije con sinceridad—.
No es malo, al contrario.
Arriesgaste tu vida por personas que no conocías.
Rudeus soltó una risa amarga.
Demasiado amarga para un niño de tres años.
—Heroico.
—Repitió la palabra como si fuera veneno—.
Si supieras…
…
POV: Rudeus Greyrat Mi hermano me había llamado héroe sin siquiera conocerme del todo.
Sin conocer mis más de diez años de vergüenza absoluta.
Si supiera cuánto me odié.
Si supiera cuántas veces rechacé ayuda.
Que cada día que pasaba era, para mí, un paso menos hacia cualquier forma de libertad…
estoy seguro de que se alejaría.
De que no querría volver a mirarme igual.
‘Sabe que soy reencarnado.
Sabe que morí salvando a alguien.’ ‘Pero no sabe quién fui realmente.’ No sabe qué clase de basura era.
Qué tipo de desperdicio humano ocupaba ese cuerpo antes de que un camión lo hiciera pedazos.
Y eso…
eso me estaba carcomiendo por dentro.
Como si salvar a alguien después de tantos años de reclusión fuera algo digno de respeto.
Como si ese último acto pudiera borrar décadas de inmundicia.
Como si un segundo de valentía valiera más que años pudriéndome en una habitación oscura.
‘Si tan solo supiera la verdad…’ El estómago se me retorció con solo pensarlo.
—No puedes dormir.
—Esa frase me sacó de mis pensamientos; al principio, pensé que era una pregunta por lo abrupto, pero pronto entendí que no lo era.
No respondí, no porque no supiera qué decir, sino porque no confiaba ni en mi propia voz.
—Tu respiración.
Es demasiado irregular.
Has estado despierto por horas…
—Hubo una breve pausa—.
Puedes hablar conmigo, hermano.
‘Hermano.’ Esa palabra dolía ahora.
Mucho más de lo que debería, como si alguien apretara algo podrido dentro de mi pecho.
Porque en mi vida anterior, mis hermanos me habían odiado.
Me echaron de la casa a patadas después del funeral de nuestros padres, mientras yo seguía sin bañarme, apestando a días de encierro.
Y habían tenido toda la razón del mundo para hacerlo.
Más razón de la que jamás sabrían.
‘¿Cuánto tiempo hasta que Daiki haga lo mismo?’ ‘¿Cuánto hasta que me mire como lo que soy?’ —Rudeus.
—Daiki se sentó en su cama.
Incluso en la oscuridad, podía sentir su mirada clavada en mí—.
Lo que sea que estés pensando, dilo.
Los secretos entre nosotros ya terminaron, ¿recuerdas?
—No…
no todos los secretos.
—Susurré en japonés.
—Entonces cuéntame.
—No quieres saber.
—Apreté los ojos—.
Si lo supieras…
te irías.
—Déjame decidir eso.
Aún con todo, era imposible negarme.
Mi hermano era tan terco que se quedaría toda la noche sentado hasta que finalmente le dijera algo.
Y precisamente no quería que hiciera eso.
—Fui un NEET.
Eso es…
eso es la versión limpia.
La que puedes decirle a la gente sin que te escupan.
—Tragué saliva, sintiendo el sabor a ceniza en la boca.
La verdad es peor.
—Me pasé veinte años encerrado en mi habitación.
No trabajaba.
No estudiaba.
Vivía de mis padres.
Y cuando murieron…
—Mi voz se quebró, pero me obligué a seguir—.
Ni siquiera fui a su funeral.
—Fui basura, Daiki.
Basura humana.
Mis hermanos me echaron a patadas de la casa ese mismo día, y tenían razón.
No merecía nada.
—¿Y?
—preguntó.
Parpadeé, confundido.
—¿Cómo que “y”?
¿No me escuchaste?
¡Era un parásito!
¡Un pervertido inútil que deshonró a su familia!
Daiki suspiró y se pasó una mano por el cabello negro.
—Escuché lo que eras, Rudy.
Pero te pregunto: ¿y qué?
—Yo…
Había esperado rechazo, pero lo único que sentí fue un abrazo cálido que no recibía desde…
desde que veía a mi abuela.
…
POV: Daiki Greyrat Abracé a mi hermano mientras sollozaba contra mi hombro.
[¿RESPUESTA?] ‘Dale un momento.’ Le di unas palmaditas torpes en la espalda.
Nunca fui bueno consolando a la gente, ni en mi vida anterior ni en esta, pero sabía que a veces solo necesitas saber que no estás solo en la oscuridad.
—Esa persona ya no existe, Rudy —susurré cerca de su oído—.
Ese hombre murió.
Tú estás aquí.
Y lo que importa es lo que haces ahora.
—Pero…
¿y si vuelvo a ser así?
—murmuró entre lágrimas—.
¿Y si fallo otra vez?
—Entonces te corregiré…
Para eso estoy aquí.
Si te desvías, te golpearé hasta que vuelvas al camino.
—Gracias…
Daiki.
Eres…
eres duro.
—Yo…Yo tampoco fui perfecto, al contrario, mi vida fue para mi mucho peor que eso, tu al menos seguiste siendo humano.
—¿Eh?
De que hablas?
—Di un suspiro, mirandolo desde la oscuridad.
Los sonidos en las paredes se detuvieron, queria decir que ya se durmieron nuestros padres.
—Tenía nueve años cuando perdí a mis padres…..
Incendio.
Los vi morir.
Escuché sus gritos mientras el fuego los consumía.
Intenté entrar, pero alguien me detuvo.
—Me metieron en un centro de adopción.
—Continué, mirando hacia la pared—.
Las familias venían los sábados.
Me miraban.
Veían a un niño “guapo”, “inteligente”.
Pero entonces me miraban a los ojos.
—¿Y qué veían?
—Rudeus susurró.
—Nada.
Veían a un niño que se quedaba mirando rincones durante horas.
Que no parpadeaba.
Que no reaccionaba.
Un cascarón vacío con forma humana.
—Daiki…
—Aún no terminé —interrumpí—.
Un día, en el patio del centro, vi a unos chicos acosando a otro niño.
Cinco contra uno.
Y algo en mi cabeza hizo…
clic.
Cuando volví en mí, el líder estaba en el suelo.
Su brazo estaba doblado en un ángulo antinatural.
Los otros cuatro me miraban como si fuera un monstruo.
Y me llamaron eso.
“Monstruo”.
—Yo…
yo tampoco fui perfecto.
Al contrario.
Mi vida fue mucho peor que eso.
Tú, al menos, seguiste siendo humano.
—¿Eh?
¿De qué hablas?
Di un suspiro, mirándolo desde la oscuridad.
Los sonidos tras las paredes se habían detenido; eso solo podía significar que nuestros padres ya se habían dormido.
—Tenía nueve años cuando perdí a mis padres…
—dije al fin—.
Un incendio.
Los vi morir.
Escuché sus gritos mientras el fuego los consumía.
Intenté entrar, pero alguien me detuvo.
Rudeus no dijo nada.
—Me metieron en un centro de adopción —continué, con la mirada fija en la pared—.
Las familias venían los sábados.
Me miraban.
Veían a un niño “guapo”, “inteligente”.
Pero luego me miraban a los ojos.
—¿Y qué veían?
—susurró Rudeus.
—Nada.
Veían a un niño que se quedaba mirando los rincones durante horas.
Que no parpadeaba.
Que no reaccionaba.
Un cascarón vacío con forma humana.
—Daiki…
—Aún no terminé —lo interrumpí—.
Un día, en el patio del centro, vi a unos chicos acosando a otro niño.
Cinco contra uno.
Y algo en mi cabeza hizo…
clic.
Tragué saliva.
—Cuando volví en mí, el líder estaba en el suelo.
Su brazo estaba doblado en un ángulo antinatural.
Los otros cuatro me miraban como si fuera un monstruo.
Y me llamaron así.
“Monstruo”.
—Desde entonces, todo empeoró.
Me volví…
eficiente.
Demasiado bueno en todo lo que hacía.
Kendo, artes marciales, cualquier cosa que involucrara pelea.
La gente me llamaba prodigio.
—Pero la verdad.
Es que me había convertido en una máquina.
Mi madre me había enseñado que “los fuertes están para defender a los débiles”.
Y yo convertí esas palabras en mi única razón de existir.
—Olvidé las palabras de mi padre: “Vive tu propia vida”.
Las borré completamente.
Porque vivir significaba sentir.
Y sentir dolía demasiado.
Rudeus me observaba con una mezcla de horror y comprensión.
—Durante dieciocho años.
—Continué—.
Fui un autómata.
Salvaba gente.
Peleaba.
Protegía.
Pero nunca viví.
Nunca tuve amigos reales.
Nunca tuve un hogar.
—Y ese día bajo la lluvia, vi a una niña a punto de ser atropellada por un camión.
Me interpuse.
Y el camión…
No necesité terminar.
—Así que no.
No fui un pervertido.
Fui algo peor en cierto sentido.
Fui vacío.
Un fantasma en vida.
Maté muchas vidas pensando que era justo, que estaba protegiendo a los débiles.
Tal vez lo era.
Pero nunca dejé de preguntarme si alguien los esperaba en casa.
—La diferencia entre tú y yo.
—Continué—.
Es que tú reconoces tus errores.
Los cargas.
Los odias.
Eso significa que tienes conciencia.
Moralidad.
La capacidad de cambiar.
—Y en esta vida.—Mi voz se suavizó—.
He visto a mi hermano ser amable.
Cuidadoso.
Amoroso con mamá y papá.
Sí, miras a mamá de vez en cuando, pero eres literalmente un bebé que amamantó.
Es…
bueno, raro pero entendible.
Di una risa seca.
—El punto es…
No eres esa persona.
No más.
Estás eligiendo activamente ser mejor cada día.
Y eso…
eso cuenta.
Igual que yo estoy intentando no ser esa máquina vacía que fui.
Rudeus me miró.
—¿Cómo puedes decir eso?
¿Cómo puedes solo…
aceptarlo?
—No voy a alejarte.
No voy a odiarte.
No voy a decirte que todo está bien…
Pero tampoco voy a abandonarte.
Porque eres mi hermano.
Y los hermanos no se rinden el uno con el otro.
Ambos tenemos una segunda oportunidad.
Ambos cargamos mierda del pasado.
Pero aquí, ahora, podemos ser diferentes.
—¿De verdad no…
no me odias?
—Nunca, hermano.
¿Cómo podría?
Cuando yo mismo necesito un perdón.
—Daiki…
Gracias.
Por contarme.
Por…
por todo.
—Di que vas a seguir adelante.
Di que vas a ser el Rudeus que QUIERES ser, no el que ERAS.
—Voy…
voy a ser mejor.
Voy a ser el hermano que mereces.
Sonreí.
—Y yo voy a ser el hermano que TÚ mereces.
Alguien que vive, no solo existe.
Di un suspiro aliviado.
—Duerme, Rudy.
Mañana…
mañana será un buen día.
—Sí…
buenas noches, Daiki.
—Buenas noches.
Me recosté de nuevo.
[ANÁLISIS: NIVEL DE…..] (Cállate un rato.
Déjame dormir.) [ENTENDIDO.] Cerré los ojos.
Por primera vez en esta vida, el vacío en mi pecho se sentía un poco menos frío.
Quizás…
solo quizás…
esta segunda oportunidad no sería un desperdicio después de todo.
* * * * Tercera Persona: Despues de un tiempo, así fue como terminó el entrenamiento secreto de magia de Rudeus: Fue una tarde cualquiera.
Como ya había aumentado bastante su reserva de maná, pensó que ya era hora de probar un hechizo de nivel intermedio.
Con ligereza, recitó el conjuro del cañón de agua.
Tamaño: uno.
Velocidad: cero.
Pensó que solo se llenaría el balde con agua, como siempre.
Como mucho, que se desbordaría un poco.
Eso era todo lo que esperaba.
Pero lo que salió fue una cantidad descomunal de agua que estalló hacia adelante, abriendo un enorme agujero en la pared.
Se quedó mirando atónito cómo las gotas de agua caían del borde del agujero y golpeaban el suelo con un plop, plop.
Estaba en shock, pero tampoco se le ocurrió hacer nada al respecto.
La pared tenía un agujero enorme.
Estaba claro que había usado magia.
Eso ya no tenía remedio.
Desde la puerta, invisible para Rudeus en su estado de shock, Daiki observaba la escena.
Había seguido a su hermano en silencio cuando lo vio llevar el libro de magia bajo el brazo.
‹Magia intermedia.
Era cuestión de tiempo.› Daiki se apartó silenciosamente de la puerta justo cuando escuchó pasos apresurados.
Se posicionó cerca de las escaleras, observando.
—¡¿Qué ha pasado aquí?!
¡Uwaaah!
El primero en entrar fue Paul.
Al ver el agujero en la pared, se quedó boquiabierto.
—Oye…
qué diablos…
¿Estás bien, Rudy…?
Paul era un buen tipo.
Aunque no había duda de que Rudeus lo había hecho, lo primero que hizo fue preocuparse por su seguridad.
Ahora estaba murmurando cosas como “¿Un monstruo…?
No, por aquí no hay…”, mientras observaba los alrededores con cautela.
—Vaya, vaya…
Luego entró Zenith.
Ella estaba más calmada que Paul.
Observaba meticulosamente la pared destrozada, el charco en el suelo, y demás…
—¿Hmm…?
Y entonces, con ojos agudos, notó la página abierta del manual de magia que Rudeus tenía delante.
Miró el libro, luego a Rudeus, luego otra vez al libro, y finalmente se agachó frente a él, quedando a su altura, con una expresión amable.
Daba miedo.
Sus ojos no estaban sonriendo en absoluto.
Rudeus se esforzó por mantener la mirada fija en los suyos, aunque lo único que quería era mirar hacia otro lado.
En sus años de hikikomori aprendió esto: si haces algo malo y te pones a la defensiva o te resientes, la situación solo empeora.
Así que jamás hay que desviar la mirada.
En momentos como este, lo que cuenta es mostrar una actitud sincera.
Solo mantener el contacto visual, sin apartar la mirada, ya te hace parecer sincero.
Aunque por dentro estés temblando.
—Rudy, ¿acaso…
estabas leyendo en voz alta lo que dice este libro?
—Perdón…
Asintió levemente y pidió disculpas.
Cuando uno hace algo malo, lo mejor es disculparse con franqueza.
Nadie más pudo haberlo hecho.
Mentir cuando sabes que te van a descubrir solo destruye tu credibilidad.
Eso lo aprendió en vida.
No iba a repetir los mismos errores.
—Oye, pero esto es magia de nivel interme…
—¡Kyaaaa!
¿¡Escuchaste eso!?
¡Sabía que nuestro hijo era un geniooo!
Zenith interrumpió a Paul con un grito de emoción.
Apretó los puños con fuerza y empezó a saltar de alegría.
—Pero, espera, aún ni siquiera le hemos enseñado las letras…
—¡Hay que contratar un tutor particular inmediatamente!
¡Seguro que se convertirá en un gran mago en el futuro!
Paul estaba desconcertado.
Zenith, eufórica.
Parecía que a Zenith le hizo muy feliz que Rudeus pudiera usar magia.
Al final, que los niños no deban usar magia…
fue solo una preocupación suya.
Lilia, la sirvienta, empezó a limpiar con total tranquilidad y en silencio.
Probablemente ya sabía, o al menos sospechaba, que Rudeus podía usar magia.
Y como no era algo malo, simplemente no le dio importancia.
O quizá solo quería ver la cara de felicidad de sus padres.
—Cariño, ¡tenemos que publicar un anuncio mañana mismo en la ciudad de Roa!
¡Hay que desarrollar este talento!
Usar de repente un hechizo intermedio y ya lo tildaban de genio…
¿Era cosa de padres fanáticos, o realmente usar magia intermedia a esta edad era algo impresionante?
No lo tenía claro.
No, seguramente era lo primero.
Zenith nunca vio señales de que Rudeus estuviera usando magia delante de ella.
Y aun así dijo “sabía que lo era”, como si ya lo hubiese supuesto.
Sin ninguna prueba…
Bueno, no, algo de base sí tenía.
Un genio, sin duda.
Incluso Rudeus pensaría eso si tuviera un hijo así.
Y como siempre, en cuanto ven talento, los padres se lanzan a imponerle educación especial al niño.
En la vida pasada de Rudeus también fue así.
Sus padres creían que su hermano menor era un genio y lo llenaban de clases.
Y así, Zenith propuso contratar a un tutor de magia.
Pero Paul se opuso.
—¡No, espera!
¡Dijimos que si era niño lo haríamos espadachín!
Habían hecho ese acuerdo antes del nacimiento: Si era niño, le enseñarían espada.
Si era niña, magia.
—¡Pero puede usar magia intermedia a esta edad!
¡Si lo entrenamos, será un gran mago!
—¡Una promesa es una promesa!
—¿Promesa, dices?
¡Si tú siempre las rompes!
—¡Eso ahora no viene al caso!
Fue entonces cuando Daiki apareció en la escena, masticando tranquilamente un sándwich que había tomado de la cocina.
Se detuvo en el umbral de la puerta, observando la discusión con expresión impasible mientras daba otro mordisco.
Munch munch El sonido de su masticación cortó momentáneamente la pelea.
Paul y Zenith se giraron para mirarlo.
—Yo quiero ser espadachín.
—dijo Daiki simplemente, antes de dar otro mordisco a su sándwich—.
Siento algo…
una energía que me llama hacia las espadas.
[VERDAD PARCIAL: RESONANCIA CON ARMAS BLANCAS DETECTADA DESDE NACIMIENTO] Paul parpadeó, claramente sorprendido.
En su interior estaba orgulloso.
—¿Daiki?
—Sí.
—Otro mordisco.
Munch—.
He estado observándote entrenar, papá.
Me interesa.
Mucho.
Sabes que desde siempre he querido la espada.
Zenith abrió la boca, luego la cerró.
Miró a Rudeus, quien parecía tan sorprendido como sus padres por la súbita aparición de su hermano, luego de vuelta a Daiki.
—Pero Daiki, cariño, ¿estás seguro?
La espada es…
—Estoy seguro.
Algo me atrae hacia ellas.
Como si…
como si mi cuerpo las conociera.
—Además.
—continuó Daiki, terminando su sándwich y limpiándose las manos en su ropa—.
Rudeus claramente tiene talento para la magia.
Yo tengo afinidad con las espadas.
¿No es conveniente?
Uno puede enfocarse en magia, el otro en espada.
—Es…
es verdad.
—murmuró Paul, rascándose la cabeza—.
Tendría sentido…
—La promesa era para UN hijo varón.
—señaló Daiki con lógica implacable—.
Tienen dos.
Técnicamente, ambos pueden cumplir diferentes roles.
Rudeus observaba a su hermano con una mezcla de asombro y gratitud.
Sabía exactamente lo que Daiki estaba haciendo.
Estaba dividiendo las expectativas.
Quitándole presión.
‹Gracias, hermano.› Lilia, quien había estado limpiando en silencio todo este tiempo, se detuvo y suspiró suavemente.
—Si me permiten opinar.
—dijo con su habitual tono respetuoso—.
¿por qué no entrenan a ambos en ambas disciplinas?
Rudeus puede estudiar magia por la mañana con un tutor, y espada con el señor Paul por la tarde.
Daiki puede hacer lo contrario: espada por la mañana con el señor Paul, y magia por la tarde.
La habitación quedó en silencio.
—Eso…
—Paul se frotó la barbilla-.
Eso tiene sentido.
Así ninguno se queda atrás en nada.
¡Excelente, mi hijo será el mejor espadachín!
—Y así pueden complementarse.
—añadió Zenith—.
¡Un mago que sabe defenderse con espada, y un espadachín que puede usar magia de apoyo!
Daiki asintió levemente.
—Me parece bien.
Rudeus, recuperándose de su sorpresa, también asintió.
—A mí también.
—Entonces está decidido.
—declaró Paul, abrazando a Zenith por los hombros—.
Mañana publicamos el anuncio para un tutor de magia.
—¡Y empezamos el entrenamiento de espada tan pronto como tengamos al tutor!
—agregó Zenith alegremente.
Esa noche, después de que Zenith los arropara y cerrara la puerta, Rudeus habló en la oscuridad.
—Gracias.
Por lo de hoy.
—No tienes que agradecer.
Dije la verdad.
Realmente quiero aprender espada.
—Aun así…
sabías que estaba nervioso por las expectativas.
—Somos hermanos.
—dijo Daiki finalmente—.
Los hermanos se apoyan.
Ya lo hablamos, ¿recuerdas?
Rudeus sonrió en la oscuridad, recordando aquella noche cuando se confesaron sus pasados más oscuros.
Cuando Daiki no lo rechazó.
Cuando ambos se prometieron ser mejores.
—¿De verdad sientes esa “energía” con las espadas?
—Sí.
—La respuesta fue inmediata—.
Desde que nací.
Es…
difícil de explicar.
Como si algo en mí reconociera las armas.
—Interesante.
—murmuró Rudeus—.
Yo nunca sentí nada así con la magia.
Solo…
lo hice porque estaba en el libro.
—Cada uno tiene sus afinidades.
—Daiki se acomodó en su cama—.
Tú con la magia.
Yo con las espadas.
Juntos seremos…
—¿Imparables?
—sugirió Rudeus con una pequeña risa.
—Iba a decir “competentes”, pero tu versión suena mejor.
Ambos rieron.
***** Fue así como en casa decidieron contratar a un tutor particular.
Al parecer, trabajar como preceptor de hijos de nobles deja una ganancia bastante decente.
Paul, siendo uno de los pocos caballeros en esta región, ocupaba —según parece— una posición equivalente a la de un noble de rango bajo, por lo que podía ofrecer una paga acorde al promedio.
Sin embargo, esto no dejaba de ser el extremo más alejado del país: una zona rural.
En otras palabras, los recursos eran escasos, propios de una región fronteriza.
No solo escaseaba el personal calificado, sino que ni siquiera había muchos magos disponibles.
Por más que se publicara una solicitud en el Gremio de Magos o en el Gremio de Aventureros, no se sabía si alguien respondería…
Al parecer, esa era la preocupación que tenían sus padres.
Pero en contra de sus expectativas, la persona fue encontrada con facilidad y comenzaría a trabajar desde mañana.
Como en este pueblo no hay posadas, vivirá en casa.
Según los pronósticos de Paul y Zenith, probablemente se trataba de un aventurero ya retirado.
Después de todo, los jóvenes no suelen querer venir a un lugar tan recóndito, y los magos de la corte tienen trabajos de sobra en la capital real.
En este mundo, solo los magos de nivel Avanzado o superior pueden ejercer como instructores de magia.
Así que, en cuanto a rango como aventurero, debe estar entre los de nivel medio-alto o más.
Seguramente se trataba de un hombre de mediana edad o un anciano que ha pasado años perfeccionando su habilidad como mago.
Tal vez alguien con una imponente barba que encaje con la imagen clásica de un hechicero.
—Soy Roxy.
Un gusto en conocerlos.
No obstante, contradiciendo todas las expectativas, se presentó una mujer todavía muy joven.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Hiyori_Akihiko Recuerden dejar un comentario y seguir la historia; de verdad eso ayuda muchísimo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com