Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 64
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- Capítulo 64 - 64 Episodio 43 Bosque del Juicio - Segunda parte
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64: Episodio 43: Bosque del Juicio – Segunda parte 64: Episodio 43: Bosque del Juicio – Segunda parte La caminata hacia Rosemburg siguió su rumbo.
—Oye —dijo Sara, poniéndose a mi lado y llevando ambas manos a su espalda—.
Esa magia que hiciste…
la silenciosa, era mucho más eficiente que la de Mimir.
—Ah, sí —respondí—.
Creo que él era rango intermedio, ¿verdad?
—Sí, así era.
—Sara me miró sin detenerse.
—Bueno, en mi caso soy rango avanzado en magia curativa y pseudo-santo sin canto.
Rudeus me miró extrañado cuando mencioné esto.
Es verdad, nunca le dije que era capaz de subir de rango, algo que aunque efectivo, gastaba mucha más maná de lo habitual.
—¿Santo?
Ahora entiendo por qué me curé tan rápido.
Eso es algo que Mimir no habría podido hacer.
Rudeus se puso frente a mí y siguió caminando de espaldas.
—Déjame ver si entiendo…
—comenzó a decir mientras me señalaba con un dedo—.
¿Llegaste a ese rango y no me lo mencionaste?
—No vi necesario mostrarlo.
—Lo miré—.
Además, pasaron tantas cosas que realmente se me pasó por alto.
Era verdad.
El viaje, los momentos con Eris, luego el encuentro con el Dios Dragón, que se fuera ella y todo lo demás hicieron que olvidara por completo el nivel que había alcanzado, uno prohibido en el continente de Millis y razón por la que tuve que ocultarlo.
—Ya veo.
—Rudeus se dio la vuelta y volvió a la misma formación de antes—.
Parece que el rango santo está prohibido en Millis, ¿verdad?
Que para obtenerlo debes tener conexión con la iglesia o algo así.
—Sí, Cliff iba a ayudarme con eso, pero luego llegaste y tuve que irme.
Planeo retomarlo, eso sí.
—En fin, ¿intentarás enseñarme en algún momento?
—preguntó Rudeus.
—Si hay tiempo, sí, pero ahora…
mmm, dime, ¿todavía entiendes lo de la imagen de la perfección?
¿Que el tejido sea visto como un elemento más?
—No…
—Rudeus agachó la cabeza—.
Pero quizá haya otro enfoque.
Sylphy pudo lograrlo, ¿por qué yo no podría?
—Tienes razón, pero para eso debes buscar tu propio enfoque, no solo el escote de las personas.
¿Entiendes?
Rudeus se detuvo y me miró con la boca entreabierta, como si quisiera defenderse pero no encontrara las palabras.
Al final soltó un suspiro y desvió la mirada.
—Eso fue un golpe bajo…
—murmuró.
—Pero necesario —asentí—.
Ahora ven, que te quedarás atrás si sigues con la boca abierta —respondí con una leve sonrisa.
Él solo negó con la cabeza y retomó la caminata.
Creí notar que Sara se había reído.
[El humor ayuda a calmar a las personas.
Estoy descubriendo eso.
Es…
bueno, ¿no?
Te noto más tranquilo, eso es una realidad] ‘Sí, Ayam, así es como el ser humano sobrevive.
A veces el humor alivia…
otras, desgasta, pero para la mayoría funciona.’ [No esperaba que dijeras algo así, pero me alegra] …
Era casi el amanecer para cuando regresamos.
A medio camino, Sara sugirió que acampáramos, pero descartamos la idea porque tampoco es que faltara mucho para llegar.
Además, noté que Rudeus estaba ansioso por regresar.
—¡Ah!
—gritó alguien.
Frente a Rosenburg, Timothy, Suzanne y Patrice estaban reunidos.
¿Será que nos estaban esperando?
—¡Daiki, Rudeus, Sara!
—gritó Suzanne.
—¡Suzanne!
—En el momento en que ella los vio, Sara inmediatamente salió corriendo y se lanzó hacia el pecho de Suzanne.
—Menos mal, Sara…
—Suzanne estaba sollozando.
—¡Daiki me salvó, Rudeus también!
Ninguno de ellos pudo ocultar su sorpresa cuando Sara contó lo que había pasado.
Una vez que terminó, todos se dieron la vuelta hacia mí con los ojos muy abiertos por la incredulidad.
—Así que derrotaron a un Treant de hielo enorme…
—mencionó Patrice.
—Y no solo eso, la trajeron sana y salva, como si realmente nunca hubiera sido lastimada —añadió Timothy.
Fue Suzanne la que se acercó a mí.
Puso su mano en mi hombro y luego me dio un abrazo.
—Eso era obvio, chicos.
—Me soltó y se acercó a su grupo—.
Cuando vi tu mirada, la que pusiste cuando preguntabas dónde fue, me dejaste claro que ibas a ir a buscarla.
Y que juntos, eso sería fácil.
—Sí, es…
—comencé a decir—.
No pude salvar antes a unas personas, entonces esta era mi manera de redimirme.
Y gracias a ella yo también descubrí que podía sanar, ser salvado incluso salvando a otros…
así que el agradecido debería ser yo.
—No, yo debería ser quien te agradezca como líder del grupo —interrumpió Timothy—.
Si Sara no hubiera regresado con vida, habría lamentado mi decisión por el resto de mi vida.
Gracias.
¿Cómo debemos pagar esta deuda?
Siéntete libre de pedir lo que quieras.
—En ese caso…
¿qué les parece un par de bebidas?
—dije seriamente—.
Es broma…
no me deben nada, esto lo hice por mi cuenta.
—Pero…
—Timothy no se iba a rendir fácil, pero una mano tocó su hombro.
—Ya sabes cómo es él, no vas a convencerlo —dijo Suzanne.
—Suzanne tiene razón, es imposible —añadió Rudeus.
—Muy bien…
Sí.
Entonces estaremos aquí si nos necesitas —concluyó Timothy.
Timothy y yo intercambiamos un fuerte apretón de manos.
—Buena suerte, Timothy.
Sabes que cualquier cosa estaremos aquí —dije con una sonrisa—.
Ah, y si necesitan ayuda en misiones, no duden en llamarme.
No quiero que vuelva a pasar algo así, ¿está bien?
—Sí, lo entiendo.
—Timothy sonrió—.
En ese caso, nos vemos.
—¡Daiki, nos vemos!
—me gritó Sara.
Sara es una mujer muy fuerte.
Estuvo despierta toda la noche, había sido atacada por un búfalo, luego atrapada por un Treant y todavía tenía muchas energías.
—Nos vemos, Sara.
Descansa, ¿sí?
Un poco no, mucho.
—¡Tú también!
—gritó ella.
—Sí.
Eso debo hacer.
“Uno debe saber cuándo descansar, hijo.” Te haré caso, padre.
…
Llegamos a la posada y me quedé en mi habitación.
Esta vez Rudeus me acompañaba, ya que quería ver en qué estaba trabajando.
—Mira, Rudy, esto es otro tipo de pistola.
Apunté hacia él y jalé el gatillo.
Se escuchó el característico clic.
No fue algo tan complicado de hacer, solo hice que el gatillo empujara una pequeña lengüeta de madera por dentro.
Al tensarse un poco y soltarse, golpeaba la pared interna y producía ese sonido seco.
Nada salía disparado, no había magia ni pólvora, solo madera chocando con madera.
Rudeus parpadeó un par de veces, más intrigado por el mecanismo que por el arma en sí.
—¿Puedo ver?
—Casi estiró la mano con una devoción impropia de algo tan simple.
—Claro, pero no la rompas.
—Se la dejé en la mano.
Comenzó a familiarizarse con el arma, la acomodó mejor entre los dedos y jaló el gatillo varias veces.
—Vaya, es bastante adictivo…
Si Zanoba viera esto, creo que se volvería loco.
—¿Tú crees?
—pregunté.
—Sí.
Tal vez acepte tener dos maestros.
Pero, hermano…
—Me devolvió el arma—.
¿Estás seguro de querer traer armas a este mundo?
—Sí.
¿Por qué no?
Hay muchas personas que no pueden defenderse correctamente.
Además, no pienso venderla ni convertirla en un producto.
Sería algo para mí…
quizá para Lilia, que no puede correr, o para nuestra madre cuando la encontremos.
Hice una breve pausa antes de añadir: —Y la magia sigue siendo más efectiva.
Un espadachín de rango avanzado podría esquivar esas balas sin demasiados problemas.
Rudeus abrió la boca para responder, pero el sueño le ganó primero.
—Bueeeno…
—bostezó sin molestarse en disimularlo—, si lo dices así…
suena útil…
En fin…
nos vemos, hermano.
Se frotó un ojo, todavía medio adormilado.
—Nos vemos, Rudy.
Cerró la puerta.
Me quité la ropa y me dejé caer sobre la cama.
‘¿Dónde estás, madre?
No importa…
te encontraré.’ Con ese pensamiento, me cubrí con las mantas y el sueño terminó por llevarme.
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