Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 65
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Capítulo 65: Episodio 45: Errar también es humano
Todo había pasado tan rápido que no tuve tiempo para poder analizarlo. Pasé más tiempo mirando la pared que pensando en qué debería hacer ahora que lastimé a Sara de forma irremediable.
Fui un imbécil, lo reconozco. Debí haber actuado de otra manera o, de plano, aclararlo antes, cuando Ayam me advirtió.
Intentando no pensar mucho en eso, me acomodé la ropa y salí para caminar un rato.
A la salida, Rudeus me esperaba con los brazos cruzados.
—Déjame ver si entendí… —dijo Rudeus, con una mano en su mentón—. No, no entendí nada… Vi a Sara dolida y no quiso hablarme, ¿qué pasó ahí dentro?
Suspiré. No tenía remedio, debía contarle.
—Bien, te lo diré rápido —lo miré y dije—. ¿Recuerdas que mencionaste una cita? Bueno… digamos que era cierto, ella esperaba que le correspondiera, y cuando la rechacé… se fue enojada o lastimada, no estoy seguro de cómo se sienta. Oh, bueno, la entiendo en parte, porque me pasó con Eris.
Rudeus ladeó la cabeza un poco.
—No entiendo… La vi enojada también. Si fuiste honesto con ella, solo estaría dolida —dijo Rudeus.
—Es que… ella pensó que realmente me gustaba, que saldría con ella y que todos los momentos que tuvimos fueron de futura pareja. En una ocasión de la “cita”, ella me besó y luego le pedí ir a mi habitación, pero no para seguir lo que empezó, sino para aclararle. No encontré un lugar mejor, o no lo quise pensar, no lo sé…
—Oh, ya veo —dijo Rudeus, luego añadió—. “Idiota”, lo dijo varias veces.
Sí. Esa palabra era lo que me describía.
—Debí haberlo aclarado, decirle todo antes de… que pensara otra cosa. En un momento sabía que ella gustaba de mí, pero otra parte creía que era solo amistad de ella.
—Sí, pero ¿qué más podías hacer? Fuiste sincero con ella, idiota por cómo se llevaron a cabo las cosas, pero creo que yo lo habría hecho mucho peor. Así que bienvenido al barco, hermano.
Rudeus se acercó y me dio un abrazo, torpe, pero uno al fin y al cabo.
En el abrazo, dije:
—En mi afán por no querer lastimarla, terminé haciéndolo… Eso es…
—Ser humano —dijo Rudeus.
—¿Eh?
—Fallar en estas cosas es lo que nos hace humanos, ¿cierto? Inteligencia para muchas cosas, torpes para otras. Si no lo fuéramos, solo seríamos máquinas, ¿no es verdad? —continuó Rudeus, separándose del abrazo.
Ser humano…
Tenemos una larga historia de logros y fallas. Las primeras cosas no surgieron solo de la planificación, incluso lo más avanzado puede formarse a partir de fallas, como la penicilina.
[Eso fue un ejemplo… ¿bueno? Sí, no me lo esperaba.]
—Está bien, Rudeus. ¿Qué quieres hacer?
Rudeus se dio la vuelta.
—Iré a hacer un trabajo, te dejaré solo para que lo pienses, creo que lo necesitas.
Y se fue.
‘Gracias, Rudeus. Era lo que necesitaba’.
[Necesitas pensarlo solo, ¿verdad? Eso es bueno, significa que tu hermano te entiende y sabe cuándo dejarte, para no abrumarte].
‘Sí, así es como funciona.’
◇ ◇ ◇
Decidí ponerme una ropa sencilla y salir a caminar un poco.
Crucé una fuente, me senté y miré el agua cristalina.
¿Cuándo fue el momento en que dejé de mirar estas cosas?
Luego seguí caminando hasta encontrar un banco bastante apartado.
‘Soy un desastre emocional, eso soy…’, pensé al sentarme.
Miré mis manos, las junté, las moví, las froté. Estaba realmente nervioso por lo que podía pasar y pensativo por lo que pasó.
—Eh, Obsidian.
Levanté la vista, se trataba de Soldat.
—Ah, hola. ¿Pasó algo? —dije.
Él hizo una mueca y se quedó viéndome.
—¿Qué demonios pasa contigo, Obsidian?
—Pasó algo que… bueno, no puedo explicarlo solo con palabras, y de lo que tampoco estoy orgulloso, así que no busques, que no encontrarás nada que importe. —Volví a bajar la mirada, observando cómo las hormigas pasaban al lado de mi pie.
—Ah, ¿es por eso que tienes esa mirada deprimida? Nunca la has mostrado, así que ahora estás mirando el suelo como un completo idiota y esperando que te consuelen, ¿verdad? ¿Me equivoco?
—Soldat, entiendo que todo el tiempo quieras insultar, pero hoy no es mi día. Si planeas fastidiarme o algo así, no lo vas a conseguir, porque ahora estoy pensativo, incluso un poco reflexivo —dije sin mirarlo.
Soldat no dijo nada, pero se sentó en el mismo banco con las manos en la banca.
—Entonces cuenta, ¿estás dolido? Habla, no te quedes viendo el suelo como si encontraras respuestas en la formación de las hormigas o en el suelo de piedra.
Suspiré, me enderecé y comencé a contarle todo lo que había pasado, desde lo de Eris hasta lo de Sara.
—Ya veo, entiendo lo que pasó. No es que tengas un problema en la cama o algo así, simplemente eres un idiota en esto de las emociones, ¿correcto?
—Algo así, bueno, todo así. Eris siempre sacaba todo de mí…
—Ahh, ¿se llama Eris la muchacha? Ella es una mujer cruel. Pero no puedes desperdiciar tiempo en alguien cuando pudiste haberlo aprovechado con alguien más, ella se fue, no lo pienses demasiado —interrumpió Soldat, adquiriendo una voz que nunca antes mostró—. Las mujeres son como los gatos. Nosotros somos más parecidos a los perros. No hay forma de que los perros y los gatos puedan entender lo que el otro está pensando, ¿cierto?
—He visto gatos y perros convivir. Si los juntas por años, son compatibles —dije.
—Bueno —dijo Soldat, movió la mano—, se entiende lo que quiero decir.
—Hay muchos momentos donde he pensado en quitarme la vida —declaré—, pero siempre algo me detiene, ¿qué será? No estoy seguro del todo, supongo que la búsqueda de mi madre, o saber qué hacer con mi vida que no sea combatir. Es raro.
Soldat se levantó y me miró de reojo.
—Dai…ki, qué nombre más raro tienes, bueno… —dijo Soldat, asumí que intentó ignorar lo que dije sobre mi vida—. Eh, ¿por qué, en cambio, no vuelves a casa? Deberías dejar que tu papá se haga cargo de ti, ¿dónde está ahora? ¿En el Reino de Asura?
—Está en el País Sagrado de Millis… —dije—. O eso creo, quién sabe si ya se habrá movido, no estoy seguro.
—Ah, entonces supongo que eso no funcionará. Eso está bastante lejos —Soldat se rascó la nuca.
No dije nada.
¿Qué debería hacer?
Volver a casa era una buena idea, pero… ¿a qué casa exactamente? No hay, ya no existe, y un hogar sin Zenith no creo que pueda volver a iluminarse.
—Bueno, ¿qué tal si vienes conmigo? Con tu hermano incluido, obviamente —soltó Soldat.
—¿A qué te refieres? —pregunté, sin creerme lo que dijo.
—Un enorme laberinto fue descubierto en el Ducado de Neris… Un par de grupos dentro de Relámpago recibieron la orden de ir a su conquista. Eso nos incluye a nosotros, así que estábamos pensando en partir mañana. ¿Quieres venir? Piénsalo, es el mejor ejercicio para olvidar el dolor.
—¿Y por qué tratarías de ayudarme? ¿Qué buscas?
—Te seré sincero, eres muy competente, así que nos vienes bien. No digo que te unas a nuestro grupo, sino que nos acompañes. ¿No piensas igual, que luchar es mejor que dejarse llevar por cosas como estas?
—Está bien, pero depende de qué decida mi hermano.
—En ese caso, tienen un día para decidirlo. Sean rápidos.
Al decir eso, se retiró con las manos en sus bolsillos.
¿Esta conversación acaba de pasar…?
Qué extraño fue, pero necesario también.
Estar dolido puede parecer una debilidad, lo es en cierto modo, pero también ayuda a que otros intenten hacer algo para que no estés así. Con eso, si deseas ser ayudado, podrás salvarte sin importar qué tan roto te sientas.
Si lo pienso bien, todos cometemos el error de creernos los únicos capaces de curarnos a nosotros mismos, las heridas físicas lo hacen, pero el cuerpo no sana por completo, quedan cicatrices, y alguien debe apreciarlas también.
Llevé mi mano a mi pecho, aunque no quedó ninguna cicatriz por la curación del dios dragón, podía sentir el dolor que vino después de eso.
Eris se había ido tras entregarme por completo, decidí ignorar mi lado más vulnerable y me dejé llevar esa noche, por eso dolió tanto y aún me duele recuperarme, pero no puedo seguir con todo esto.
◇ ◇ ◇
Volví a la posada.
Al ir hacia la habitación, vi a Sara cruzada de brazos apoyada en la pared.
—¿Sara…?
—Mmmm —me miró de reojo, luego suspiró pesadamente, acercándose a mí y poniendo su dedo en mi pecho—. Eres un idiota, ¿lo sabes? Un completo idiota, pero no eres mala persona… y todo lo que dije, que era una mentira, que solo quise estar esa noche porque te lo debía, no era verdad. Yo… realmente me enamoré de ti, y duele, porque sé que nunca tendré una oportunidad de estar en ese corazón tan cálido.
Sara bajó el dedo y se dio la vuelta.
—Supongo que nuestra amistad se rompió, ¿verdad? Ya nada será igual, no podré verte como amigo y tú tampoco como amiga, porque seguiré enamorada y sería raro. Solo… no te culpes, ¿está bien?
Al decir eso, bajó los hombros.
—Gracias, Sara —dije—. Eres una persona increíble.
—Yo… no es nada, solo cuídate, ¿está bien? No hagas ninguna estupidez —dijo ella.
Noté cómo me miró de reojo antes de bajar las escaleras.
[No sanó, pero al menos no se quedará con arrepentimientos]
‘¿Arrepentimientos?’.
[¿Y si te ibas antes de su disculpa? O si no hubiera podido disculparse por cobardía… y si…]
‘Está bien, se entendió. Ahora, ¿podrías guardar silencio? Necesito procesar todo’.
◇ ◇ ◇
Me acerqué hacia la habitación de Rudeus.
Al entrar, noté a mi hermano escribir en su diario como siempre lo hace.
—¿Problemas en la escritura? —dije, sentándome a su lado.
—No, solo pensando en todo lo que hemos pasado. ¿Cómo te sientes?
—Abrumado, pero no vengo a hablar de eso. ¿Quieres ir con el grupo de Soldat al Ducado de Neris? Fue descubierto un enorme laberinto, así que pensé que era una buena idea empezar a movernos.
—Entonces… lo de Sara es, ¿inevitable? —dijo él.
—Sí, pero al menos… quedamos en buenos términos, y Soldat me ayudó a entender un poco la realidad —respondí, luego añadí—. Esto del viaje es necesario, no podemos quedarnos más tiempo vagando por aquí. Ya hicimos lo que teníamos que hacer, entonces ¿qué piensas?
—Mmmm —Rudeus cerró el libro y me miró—. Que sí, ya quiero moverme, y, después de lo que pasó con Sara, no me gustaría quedarme más tiempo en este lugar.
—Bien, mañana partimos entonces. Vendré a despertarte, así que prepara todo.
Asintió y abrí la puerta.
—Si decías que no, me quedaría, ¿lo sabes, Rudeus? —Sostuve la mano en el picaporte—. Siempre juntos, lo dijimos cuando teníamos…
—Creo que fue cuando confesamos que podíamos hablar o nuestro pasado, ya no me acuerdo.
Sonreí y cerré la puerta, dejándolo pensativo.
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