N.T.R. RWBY - Capítulo 16
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16: Nora Valkyrie part 2 16: Nora Valkyrie part 2 Un día, en uno de esos desayunos silenciosos, Jaune le preguntó si podía usar parte de su dinero para enviarle un nuevo paquete a Pyrrha.
—¿Crees que…
esta vez me responda?
—preguntó con una sonrisa torpe.
Nora, sin levantar la mirada de su taza, respondió—Tal vez.
A veces, hay que insistir mucho para que alguien te note.
Y entonces sonó su pergamino otra vez.
Un mensaje breve: “Esta noche.
Trae algo rojo.” Nora cerró los ojos por un segundo, luego bebió de su taza y se levantó de la mesa.
El día apenas comenzaba.
Con el paso del tiempo, los encuentros con Howard se volvieron más…
variados.
Él no era alguien común, y su mundo tampoco lo era.
Nora lo descubrió poco a poco, en los silencios entre palabras y las miradas que duraban más de lo necesario.
A veces, no estaban solos.
Emerald apareció primero.
Siempre con una sonrisa pícara, medio burla, medio complicidad.
Era como si ya conociera el papel que Nora iba a desempeñar mucho antes de que ella lo entendiera.
—¡Ah!
!Ah aha ha ah ah-*trago saliva*!
¡Aahh!
¡Ama!
—gritó Emerald mientras la boca de Nora dominaba todo su ser.
Naturalmente, los gritos de Emerald solo empujaron a Nora a comerla con aún más hambre, ahora deteniendo ocasionalmente sus lamidos profundos para chupar y provocar el clítoris de su sumisa antes de regresar su lengua a ese agujero húmedo, aterciopelado y necesitado.
Un ataque tan agresivo y placentero produjo resultados rápidos.
“¡Aaaahhh!
¡Nora!
¡Señora!
¡Soy-AAAHHH!
La valkyria ya lo sabía, por supuesto, podía sentir el agujero tan necesitado apretarse alrededor de su lengua y estaba más que lista y dispuesta a tragar cada gota que su aparente chorreante sub pudiera ofrecerle.
Emerald se dejó caer de espaldas en la cama, con el semen aún cubriendo su rostro, mientras se sumergía en la euforia de otro orgasmo impresionante.
Mientras seguía corriéndose, sintió la lengua de Nora comenzar a tocarla de nuevo.
Le preocupaba que no pudiera permanecer consciente después de otro orgasmo abrumador.
Nora tenía el mismo pensamiento en mente, por eso solo estaba jugueteando con el coño de Emerald cuando su orgasmo terminó.
Después de tragar una última lengua llena del semen claro de Emerald, Nora se movió hacia arriba a lo largo del cuerpo de la sub hasta que se elevó sobre ella una vez más.
Nora colocó una mano sobre el coño de Emerald, ahora completamente lubricado, para alinear su pene falso.
Pero antes de nada, la dominante la miró a los ojos, buscando incluso la más mínima señal de resistencia.
No había ninguno.
Solo quería más.
Nora no le había roto la mente a Emerald.
No.
Emerald simplemente la había aceptado como su ama por su capacidad de mando, su belleza, su poder, su confianza, su dulzura a veces, al menos con ella, y porque veía a Nora como su salvadora, verla como una ama todopoderosa no estaba lejos de su capacidad.
Con un acuerdo silencioso entre ellos, Nora empujó su longitud dentro de la ranura chorreante de su sub, con la intención de meter toda su polla en otro agujero cálido y húmedo.
Mientras que su primer empuje solo logró 4 pulgadas, su segundo empuje, más poderoso, logró 6 y exprimió más de unos pocos gritos de placer de la dulce Emerald.
—¡Ah-Sí!
¡Sí, Ama, por favor!
¡Por favor, reclámame más!
—gritó la morena, sin importarle si alguien la oía, solo si Nora lo hacía.
“Como desees.” Dijo Nora con seducción practicada mientras comenzaba a empujar a Emerald con su verdadero poder.
Aunque la fuerza de las doncellas probablemente no estaba hecha para esto, el brillo en uno de los ojos de Nora dejaba claro que no le importaba.
Quería follar con su nueva sumisa y mostrarle a Emerald lo gratificante que podía ser ser suya.
Y así, cayeron en un ciclo bastante simple: Nora embistió el ansioso coño de Emerald con todas sus fuerzas.
Emerald también hizo su parte, envolvió sus piernas alrededor de la espalda de su ama, acercándola más y manteniéndola allí tanto como pudo.
Emerald ya había sido penetrada antes, pero nunca con tanta fuerza como Nora la penetraba.
Era otro punto de perfección para Nora en la mente de la chica de ojos color avellana.
Mientras se frotaban, mientras Nora penetraba con fuerza en un nuevo agujero que pronto sería utilizado para su propio placer, se miraron profundamente a los ojos.
Por mucho que Emerald pudiera soportarlo, claro, al ser ella quien recibía la follada, sus ojos se perdían con más frecuencia, intentando girar hacia adentro, cerrándolos mientras jadeaba desesperadamente, o incluso emitiendo un gemido tentadoramente largo.
Nora podía mantener la vista fija en Emerald, pero aunque no siempre se encontraba con la adorable y tímida mirada de su sumisa, al menos tenía una maravillosa vista del rostro de Emerald mientras esta gritaba de felicidad.
Aunque pronto, Nora tendría una mirada similar, al acercarse a su límite.
Normalmente duraba mucho más, pero la emoción de reclamar a Emerald como suya debió de haberla vencido.
Daba igual, tendrían tiempo de sobra para follar .
Nora no estaba segura de cómo reaccionaría Howard, pero no soportaba pensar en esas cosas ahora.
La tomboy tenía un pensamiento abrumador en ese momento: estaba a punto de correrse.
“¡Prepárate, Emerald, querida!
¡Estoy a punto de llenarte de mi semen tu coño!
¡Más te vale que estés agradecida!”, gritó Nora con una sonrisa de suficiencia entre respiraciones pesadas.
—¡Sí, Ama!
¡Por favor, lléname con tu semen!
¡Quiero tener hijos tuyos!
—gritó Emerald desesperada, deseando lo mejor que podía en su vida que el semen de Nora la llenara hasta el borde.
Como si el universo la escuchara, Nora se corrió con más fuerza y eyaculó más que nunca.
Su semen llenó el hambriento coño de Emerald hasta el límite.
Emerald sintió que su coño se llenaba de semen cálido y fértil.
Después de todos los maravillosos embates recibidos, fue el punto de inflexión que la llevó a otro orgasmo, el que finalmente la dejó sumida en una hermosa inconsciencia con persistentes sensaciones de placer y el sueño de gestar al hijo de Nora para hacerle compañía.
“No debi darle esa cosa para jugar”murmuro Howard sentado en el sofa de la sala sin nada puesto y viendo como la polla artificial era usada por Nora para arremeter contra Emerald.
Otras veces, fue Winter —fría, formal, distante— pero con un extraño respeto hacia Howard, como si obedecerle fuera una orden escrita en piedra.
Nora se sintió al principio descolocada… pero no por mucho.
Pronto comprendió que aquel mundo tenía sus reglas, y ella estaba aprendiendo a dominarlas.
Y descubrió algo curioso en el proceso.
Le gustaba mandar.
Le gustaba cuando las cosas ocurrían como ella quería.
Le gustaba la sensación de poder en sus manos, de decidir el ritmo, la dirección, el peso de sus palabras y acciones.
En esos momentos, Howard se limitaba a observar con sus ojos verde jade, como si estuviera evaluándola.
Pero al final… siempre era él quien tenía la última palabra.
Nora aprendió también lo que era rendirse.
No como debilidad, sino como un final merecido después de jugar un juego intenso.
Se iba de su casa, con los músculos temblando, el aura zumbando apenas, con una marca invisible que sólo ella podía sentir.
Y sin embargo, no había ni una sombra en su rostro, sólo satisfacción.
Un extraño y profundo sentido de pertenencia a algo que no comprendía del todo.
Cuando regresaba a su departamento, donde Jaune dormía en el sofá o miraba viejos programas sin sonido, Nora simplemente decía: —Tuve un día largo.
Me voy a dormir.
Y él, sin sospechar nada, le deseaba buenas noches.
Pero esa noche, mientras se encerraba en la ducha con el agua caliente acariciando sus piernas, Nora apoyó la frente contra la pared de azulejos y dejó escapar una risa suave.
No sabía exactamente por qué reía… pero no podía evitarlo.
Nora llegó al edificio con paso firme, vestida con su ropa de gimnasio.
Su camiseta corta dejaba al descubierto su abdomen marcado, y llevaba el cabello recogido en una coleta que dejaba ver la determinación en sus ojos.
No era vanidad, era un pequeño acto de afirmación, una forma de decir “Estoy aquí, aún de pie.” Sin embargo, al cruzar la sala principal, su paso vaciló ligeramente al ver a Ruby Rose, sentada con confianza en las piernas de Howard.
Ruby reía animadamente mientras le mostraba un catálogo en su pergamino, señalando armas exóticas y mencionando nombres de repostería con la misma seriedad.
—Y quiero esa guadaña de edición limitada… —decía Ruby, con voz infantil, mientras mordía una galleta cubierta de chocolate—.
Y una caja de galletas de chocolate blanco, ¿sí?
Howard, con su habitual calma impecable, le acariciaba el cabello con afecto.
—Después de que terminemos nuestros… negocios, tendrás todo lo que quieras, pequeña comandante.
Nora hizo una tos suave, fingida.
Howard alzó la mirada, esbozando esa media sonrisa suya que desarmaba cualquier queja.
Sin decir palabra, se levantó llevando aún a Ruby en brazos como si no pesara nada.
—Nos esperas con un vaso de leche, ¿verdad?
—le dijo Howard a Ruby, guiñándole un ojo.
Ruby asintió con entusiasmo, como si todo fuera parte de un juego cuidadosamente orquestado.
Horas más tarde, Nora salió del edificio estirando los brazos con satisfacción.
Su rostro estaba iluminado por una sonrisa amplia, no sólo por la sensación de alivio, sino también por la notificación que vibraba suavemente en su pergamino: una suma importante de dinero había sido depositada en su cuenta.
Ruby estaba sentada en un sofá cercano, bebiendo “leche” con galletas, las piernas cruzadas y una sonrisa de niña contenta en el rostro.
—Estas son las mejores galletas del mundo… —murmuró con la boca llena, agitando los pies en el aire.
Nora se detuvo un momento para mirar la escena.
Había algo extrañamente tierno en todo aquello, por más retorcido que sonara.
Sin decir nada, simplemente siguió su camino, con la mirada al frente y los bolsillos más llenos que el día anterior.
Porque en este mundo, pensó, cada quien encuentra su manera de sobrevivir.
Jaune se acomodó en el sofá, bebiendo de una taza de café que ya no era instantáneo.
Desde hacía semanas, la despensa estaba llena, las luces siempre encendidas, y el alquiler pagado con puntualidad.
No entendía del todo cómo Nora había conseguido tantos contratos, pero no se atrevía a preguntar.
Prefería el silencio que interrumpir el cómodo beneficio de no preocuparse por las cuentas.
La notaba distinta.
Más segura, más firme en sus pasos, con ese tono despreocupado que a veces se tornaba ligeramente burlón.
Llegaba tarde, con el cuerpo aún cubierto de sudor y un aroma entre perfume caro y algo que él no lograba identificar.
Al principio le molestó… pero luego recordó que, gracias a eso, ahora tenía suscripciones, comida caliente, y hasta un nuevo controlador para su consola.
Así que se encogió de hombros.
Nora, por su parte, vivía una transformación personal.
Ya no era solo una cazadora olvidada, ni una chica que se quedaba en casa esperando un encargo.
Se sentía viva.
Poderosa.
Había mandado a reparar su martillo varias veces, encargando nuevos materiales, incluso un sistema de estabilización que le permitiría amplificar el impacto.
Vestía diferente también.
No por nadie más, sino por ella.
Le gustaba ver su reflejo y sentirse elegante, atrevida… libre.
En un estante había colocado discretamente una foto vieja de la academia, donde estaba junto a Jaune, Ren, y Pyrrha.
La veía de vez en cuando.
Ya no con nostalgia, sino con una mueca que combinaba tristeza y distancia.
Esos tiempos quedaron atrás.
Una noche, mientras acomodaba unas nuevas botas que había comprado en una boutique de combate de lujo, recibió un mensaje de Howard.
“Trabajo mañana.
Sorpresa incluida.
Ven con algo rojo.” Nora sonrió de lado.
Se puso de pie, giró frente al espejo, y al ver su propio reflejo pensó—“Lo bueno apenas empieza.” Mientras tanto, en el fondo del apartamento, Jaune jugaba a la consola sin notar que la mujer que compartía su techo ya no compartía nada más.
(Nt:Esto se supone iría en un capítulo pero fueron más de 17k palabras y la plataforma solo permite escribir 15k por capítulo)
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