N.T.R. RWBY - Capítulo 17
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17: Profesor 17: Profesor Beacon, alguna vez símbolo de grandeza académica y bastión de los cazadores en el Reino de Vale, comenzaba a mostrar grietas irreparables.
Las torres imponentes y los pasillos bañados por luz ya no ocultaban la verdad: los fondos estaban vacíos, los pasillos más silenciosos, y los nombres más respetados se marchaban uno a uno.
El escándalo lo sacudió todo.
Malversación de fondos.
El nombre de Ozpin, una vez reverenciado, se arrastraba ahora entre murmullos y miradas de sospecha.
Las cifras eran claras: años de desvíos económicos, inversiones opacas y becas fantasmas habían hundido el presupuesto.
El Consejo de Vale, sintiéndose traicionado, recortó abruptamente los recursos destinados a la academia.
Pronto, una nueva institución apareció en las afueras del Reino, prometiendo ser más transparente, más moderna, más “pura”.
Beacon quedó atrás… condenada al abandono progresivo.
Los cazadores en formación comenzaron a desertar.
Profesores como Port se fueron en silencio, buscando empleo en la nueva academia o fuera del Reino.
La decadencia era visible.
El comedor servía menos raciones.
Las prácticas en el bosque se reducían por falta de Dust.
Ozpin, sentado en su despacho, sorbía su café frío con la mirada perdida, consciente de que el peso de generaciones se deshacía entre sus dedos.
Y fue entonces, en la hora más oscura, cuando Howard Phillips apareció.
Un hombre que no parecía pertenecer del todo a este mundo.
Alto, elegante, con un traje gris pulcro, bufanda y cabello perfectamente peinado hacia atrás.
Su voz era suave, casi hipnótica.
Su sonrisa…
difícil de leer.
Su tarjeta rezaba simplemente: “Inversionista.
Educador.
Visionario.” —Dr.
Ozpin —dijo en su primer encuentro—, lamento profundamente el estado en que encuentro este noble lugar.
Pero también veo en ello una oportunidad.
El director lo miró con suspicacia.
—¿Y qué clase de oportunidad ve usted, señor Phillips?
Howard esbozó una sonrisa.
—Invertir.
Salvar a Beacon.
Pero no por altruismo, claro.
A cambio…
quiero enseñar aquí.
Ser parte del cuerpo docente.
Ozpin apretó los labios.
El hombre había ofrecido una donación equivalente al presupuesto anual perdido de Beacon.
No podía rechazarlo.
No si quería mantener la academia viva un semestre más.
—¿Qué enseñaría?
—preguntó, con la voz casi apagada.
—Humanidades aplicadas.
Filosofía del alma y del conflicto.
Y quizás…
un poco de historia olvidada.
Y así, Beacon fue vendida por necesidad, no en su totalidad, pero sí en espíritu.
Al día siguiente, la entrada principal mostraba un cartel con letras doradas: “Beacon Academy.
Patrocinada en parte por la Fundación Phillips para el Futuro de la Humanidad.” Los alumnos que quedaban comenzaron a notar cambios.
Nuevos uniformes.
Reformas en los dormitorios.
Cámaras en los pasillos.
Una biblioteca renovada con libros de títulos extraños y antiguos.
Y en lo alto de la torre norte, un aula nueva, con una placa grabada: Clase del Profesor H.P.
La voz de Howard era seductora, casi paternal.
Sus clases no eran obligatorias, pero los estudiantes que asistían… cambiaban.
Volvían más callados, más lúcidos.
Algunos comenzaron a hablar de sueños extraños.
Otros empezaron a actuar con una confianza excesiva, como si vieran algo que los demás no.
Ozpin intentó oponerse.
Pero cada vez que revisaba las cuentas, la cifra de Howard seguía salvando a Beacon del cierre total.
Y entonces, un día, una alumna desapareció.
Yang Xiao Long desapareció durante dos días.
Nadie supo a dónde fue.
Ni Weiss, ni Blake, ni siquiera Ruby, su propia hermana.
Beacon, ahora debilitada y con menos personal para vigilar a sus estudiantes, simplemente lo dejó pasar como “asunto personal”.
Pero en una academia donde las ausencias largas eran motivo de preocupación, el silencio pesaba más que cualquier explicación.
Y cuando regresó… no era la misma.
Caminaba con una ligereza extraña.
Su mirada, antes chispeante y desafiante, se había vuelto suave, como si mirara a través de los demás.
Siempre sonreía.
Una sonrisa serena, casi beatífica.
Ya no era impulsiva.
Ya no discutía.
Asistía a clases como siempre, pero había un cambio evidente.
Fue Weiss quien lo notó primero, durante el almuerzo.
Yang se sentó en su mesa con un plato común: pan, vegetales, salchichas de cerdo.
Nada especial.
Pero cuando creyó que nadie la observaba, tomó una de las salchichas, la alzó y la pasó lentamente por sus labios, lamiéndola con una ternura inquietante.
No era provocativo.
Era algo…
más íntimo.
Como un gesto impulsivo.
Blake, que observaba de reojo con un libro abierto frente a ella, no dijo nada.
Pero sus orejas felinas se movieron con un estremecimiento involuntario.
—¿Estás bien?
—preguntó Weiss una tarde.
Yang sólo sonrió y dijo—He visto las estrellas desde adentro.
Nadie entendió.
Nadie quiso entender.
Luego, durante las clases de Howard, ella siempre se sentaba en primera fila.
No tomaba apuntes.
Solo lo miraba.
A veces, cuando él escribía en la pizarra símbolos arcanos sobre la “relación entre constelaciones”, Yang se sonrojaba intensamente.
Como si entendiera algo más profundo que el resto.
Algunos días, entre clase y clase, acariciaba su vientre distraídamente, con la misma expresión que una madre tiene al sentir una vida formarse dentro de ella.
Pero era imposible.
¿No lo era?
Ruby intentó preguntarle en privado.
Yang simplemente la abrazó y le dijo—Estoy bien, Rubes.
No tienes que preocuparte.
Nunca me había sentido tan completa.
Ozpin empezó a sospechar.
Había recibido quejas vagas.
Algunas alumnas hablaban de sueños con estrellas negras, de pasillos que no existían, de voces dulces que les hablaban al oído en las noches.
Las cámaras instaladas por la Fundación Phillips nunca captaban nada anormal, y sin embargo, había áreas en la torre norte donde la señal simplemente desaparecía.
Howard seguía dando clases como si nada.
Filosofía antigua, astrología heliocéntrica, astronomía arcaica.
En su clase hablaba de “las cinco lunas de la voluntad”, de “el ciclo de los vientres cósmicos”, y de una estrella perdida llamada Yh’Zaleth, que paría mundos y luego los devoraba.
Pero nunca hablaba de sí mismo.
Nunca mencionaba a qué se dedicaba antes.
O por qué su Fundación tenía tanto interés en una academia casi muerta.
Cuando Ozpin intentó revisar el contrato que había firmado, descubrió algo escalofriante: el papel estaba en blanco.
La tinta se había desvanecido.
Y mientras Beacon seguía funcionando a duras penas, más alumnas comenzaron a asistir a las clases de Howard.
Y una noche, Yang no volvió al dormitorio.
Ruby, desesperada, comenzó a buscarla.
Y en la cima de la torre norte, a través de la cerradura de la puerta de la “Clase del Profesor H.P.”, vio algo que su mente tardó en comprender: Yang, vestida con un manto blanco, estaba de rodillas ante Howard.
No decía nada.
Solo acariciaba su vientre y lloraba… de felicidad.
Ruby no entendía.
Sus ojos vieron cosas que su mente no supo cómo procesar.
Se quedó allí, temblando detrás de la puerta entreabierta, observando a través de la rendija como si sus pupilas fueran puñales clavados en algo prohibido.
Yang estaba de rodillas ante Howard.
Vestía un manto blanco, de tela delgada, casi translúcida.
Su cabello caía como un velo dorado por su espalda desnuda.
Sus palabras eran dulces, y eso fue lo que más aterrorizó a Ruby: no eran súplicas de dolor, no eran llantos de ayuda… eran suspiros de dicha, susurros ahogados de devoción, sollozos de una felicidad que parecía antinatural.
“Mmmm~…”, exclamó Yang, apretando y abriendo los dedos mientras sostenía un poco del espeso líquido preseminal de Howard.Movió su mano de arriba abajo sintiendo su grosor palpitar en sus dedos.
“Esa es una respuesta muy agradable”, comentó Howard, dándole a Yang una suave palmadita en la nuca.
Estaban junto al sofá, con Howard sentado en el borde mientras Yang se arrodillaba entre sus piernas, con su polla a escasos centímetros de su cara.
Se siente bien, pensó Yang, aunque no tenía ni idea de qué se suponía que era un buen pensamiento en ese contexto.
Había más líquido preseminal en la punta, amenazando con caer al suelo.
A pesar del desastre que Howard había estado armando antes, Yang tenía la clara impresión de que se metería en problemas si permitía que se armara otro desastre, así que se inclinó y abrió la boca, deslizando los labios por los bordes de esa masa antes de sorbérsela.
Slurrrpppp slurrpppp slurrpppp Sorprendentemente, el sabor era igual a como esperaba.
Definitivamente se insinuaba con el mismo aroma, pero no era tan malo.
Una textura agradable.
Quizás podría…
Antes de que Yang pudiera seguir pensando, Howard la agarró del cabello y la aplastó, obligándola a recibir los primeros centímetros de su miembro en la boca y la garganta sin previo aviso.
Yang dejó escapar un repentino gulpppprrrr y abrió los ojos de par en par.
En cuanto Howard la empujó hacia abajo, la jaló de nuevo…
y luego la empujó hacia abajo de nuevo, y el mismo ritmo se repitió una y otra vez, una follada constante de la pobre boca de Yang.
Ingenua como era, de alguna manera se había convencido de que no iría a peor, de que ya se enfrentaba a las peores intenciones de Howard para ella.
“Mhp, eso…
agradable”, murmuró Howard, echando la cabeza hacia atrás.
Tenía idea de que una boca alrededor de su polla pudiera sentirse tan bien.
Era cálida y suave, pero no solo eso.
Yang movía la lengua, succionaba de tal manera que hacía la experiencia aún más intensa y excitante para Howard, quien sabía que no podría aguantar mucho más si Yang seguía trabajando como lo hacía.
¿Cómo podía decir eso?
¿Cómo podía admitir que un humano lo había llevado al límite tan rápido?
Simplemente no podía.
De ninguna manera.
Tenía que ser mas permisivo con Yang para justificar el orgasmo que estaba a punto de llegar.
Para ello, reafirmó su agarre en la nuca de la chica…
Un instante después, los labios de Yang tocaron la base del grueso miembro de Howard.
Enterrado en su garganta, Howard le dio a Yang apenas un instante para asimilar lo que estaba sucediendo antes de tirar de ella hacia atrás y empujarla hacia adelante por segunda vez, casi estrellando el rostro de la pobre chica contra su entrepierna.
Mientras Yang luchaba por tener el miembro tan profundamente dentro de su garganta, Howard sintió que el orgasmo se acercaba cada vez más.
No había estado tan cerca como creía al principio, pero llegaba rápidamente.
Howard se aferró con fuerza al cabello de Yang y dejó que sus caderas hicieran la mayor parte del trabajo, una embestida constante y ansioso que hacía que sus testículos se balancearan hacia adelante contra la barbilla de Yang, pero de alguna manera la chica incluso encontró la manera de aprovecharlo.
Sus manos subieron para tocarse y amasarse los pechos asegurándose de pellizcar sus pezones y darse mas placer.
El orgasmo que siguió fue tan inevitable como la comprensión de Yang de que podría estar abrumada, pero eso no significaba que se detuvieran, en absoluto.
Howard se frotó contra la cara de Yang una última vez y luego se enterró completamente en ella hasta los testículos, su gruesa polla se contraía y pulsaba dentro de la estrecha garganta de Yang mientras una descarga tras otra de semen espeso se disparaba directamente a su estómago, llenándolo en segundos.
Howard se vio obligado a retirarse, deslizando su miembro fuera de la garganta de la humana centímetro a centímetro, dejando una ligera abertura a su paso hasta que Howard finalmente se retiró por completo y logró expulsar un último chorro de semen, que aterrizó en el rostro jadeante de Yang.
La pobre chica parecía horrorizada, como si hubiera disfrutado todo de lo que acababa de pasar, o tal vez aún lo estuviera procesando, pero eso frustraba aún más.
¿Había sido capaz de manipularla tan bien y ni siquiera había disfrutado del proceso?
No tenía sentido.
Le parecia emocionante pensar que un humano pudiera acosarlo así, sobre todo cuando ni siquiera lo intentaba.
Le dio a Yang una bofetada en la cara con su polla y luego miró a un lado.
“Espero que no pienses que hemos terminado querida…” Howard se interrumpió de repente cuando Yang, aparentemente convencida de que debía liberarse de su trato, se llevó la punta de su sensible polla a la boca para chuparla con firmeza, todo con aspecto de estar pasándola fatal.
slurrppppp slurrpppppp slurppppp.
Howard sintió otra oleada de placer, pero al final no dijo nada, concentrándose en que su pene estaba tan sensible y, sin embargo, Yang lo estaba moviendo como si esperara otra erección de la nada.
Con brusquedad, Howard apartó a Yang de el y dejó escapar un gruñido agudo.
“Sultan mío, chica…”, murmuró, hundiendo las caderas mientras la punta de su pene goteaba el último clímax.
“Cualquiera pensaría que querías que te tratara como la estudiante traviesa que obviamente eres.” “De verdad que no…” murmuró Yang en voz baja, y, de alguna manera, esas fueron las palabras que Howard necesitaba para que su polla se alzara hasta alcanzar otra erección firme.
Mirándola a través de ella, en su palpitante gloria, Howard le dedicó a Yang una sonrisa cómplice.
Aunque contaba con los servicios de la chica, había algo más que deseaba de ella; algo que deseaba más que cualquier otra cosa, incluso.
La calidez con la que ella había venido la primera vez, los dos días que ella estuvo con él.
Howard nunca se planteó la idea de contar algo sobre los exteriores pero tomando nota del antiguo “Yog”.
Tener descendencia humana sonaba algo divertido.
Para el, subió a Yang al sofá con él.
Al ver que el humano temblaba bajo su tacto, Howard puso los ojos en blanco.
“Shh descuida seré suave esta vez”, murmuró Howard, negando con la cabeza.
“No es que no sepas lo que es ser maltratada.
O, todas las demás estudiantes no tuvieron problemas ¿verdad?” Yang quería preguntar exactamente quienes vinieron a Howard antes que ella, pero también quería que todo esto terminara, así que solo se limito a gemir deseando que comenzara..
“Tu silencio lo dice todo.
Ahora ponte a cuatro patas, lo haremos justo como te gusta”, le dijo Howard, y luego se apartó un momento.
Yang se quedó quieta, sin saber muy bien cómo procesar lo que estaba pasando ni cómo darle a Howard lo que quería, y tras solo un par de instantes, Yang se frustró tanto que se inclinó para jalar a Howard hacia ella otra vez.
“P-p-por favor besame ah~ por favor”, murmuró, y luego se inclinó para darle un beso profundo y apasionado en los labios.
Decidida a no ser eclipsada, pues era algo en lo que sí tenía experiencia, Howard le dio a Yang el beso más profundo, apasionado y lujurioso posible, como si no quisiera soltarlo, no quería perderlo, no quería que otras lo alejaran demasiado de ella.
A Yang le tomó unos instantes procesar que la estaban besando una vez más, pero cuando ella comenzó a corresponder, impulsada una vez más por el deseo de adentrarse en esa situación cuanto antes, Howard fue inmediatamente superado por el talento de la otra chica.
Era la besadora perfecta.
Ni muy profundo ni muy fuerte, ni con demasiada lengua.
Esto no podía ser justo.
Howard estaba siendo engañado, lo sabía…
y no lo toleraría.
Extendiendo la mano, deslizó los dedos en el cabello de Yang una vez más y luego la obligó a besarlo más profundamente durante unos instantes, lo suficiente para establecer su propio dominio, y luego se apartó de nuevo, mirándola fijamente a los ojos mientras repetía la orden de antes.
“Quítate la ropa y ponte a cuatro patas~.” La frustración se notaba en sus palabras, pero Yang no podía distinguirla del tono dominante que la hacia estremecerse o el tono que usaba como profesor que ya había adoptado.
Sin decir palabra, se apartó del sofá y empezó a quitarse la ropa.
Lo hizo tan rápido como pudo, pero seguía temblando, no por miedo, sino simplemente porque estaba abrumada.
Supuso que era culpa suya por haber rechazado a Howard la primera vez, los recuerdos de ella siendo destrozada en la cama hasta que gritara su nombre hasta que los moretones de las embestidas dejaron su utero adolorido, y sentir ese calor placentero de su corrida llenandola tan profundamente que juro ver estrellas.
Dos dias seguidos de sexo sordido con su profesor era una de las fantasias que tuvo en algunasnnoches de desvelo, pero ahora podia cumplirla y recibirla.
Una vez a cuatro patas, en una pose de profesional mordiendose los labios esperando a que la penetraran, su posicion favorita,Yang lo miró con sumisión, observando cómo el se acercaba por detrás y le colocaba la polla entre las nalgas.
Yang tenía un cuerpo ágil y atletico, pero con sus propios encantos.
Por ejemplo, aunque sus tetas eran más bien grandes y su trasero no era nada del otro mundo, la forma de este permitía que la polla de Howard se acomodara cómodamente entre las nalgas, con suficiente agarre a ambos lados una vez que Howard deslizaba las manos contra ambas nalgas para que Howard pudiera penetrarla suavemente y encontrar el placer suficiente para distraerlo por unos instantes.
“Eso es…
ves, sabes cómo deberías comportarte.
No sé por qué intentabas hacerme perder el tiempo antes”, murmuró Howard, luego echó las caderas hacia atrás y bajó la polla, usando la punta para acariciar los pliegues de Yang, que estaban bastante húmedos considerando lo cachonda que había sido hasta entonces.
“Ah…
así que tú también tienes ganas, ¿verdad?
Ya me lo esperaba.”, se regodeó Howard, y sus palabras solo sirvieron para endurecer aún más su polla mientras seguía deslizando la punta lentamente de arriba a abajo por la raja de Yang.
Yang cambió de actitud.
Seguía siendo la misma chica intrépida y descarada de siempre, pero ya no temblaba.
No tenía confianza, necesariamente, pero parecía que realmente estaba de acuerdo con lo que le estaba sucediendo.
Howard lo notó de inmediato y arqueó una ceja, pero no lo señaló, porque si Yang quería participar más activamente, ¿quién era el para detenerla…?
Yang incluso empezó a deslizar las caderas hacia atrás, justificándose internamente pensando que Howard solo la follaría pronto.
¿Y qué si el nunca fue de ella?
A ella no le importaba.
Movió las caderas suavemente, siguió empujando y en pocos instantes logró meter la punta de la polla de Howard en su interior.
La punta se deslizó dentro un instante después, y luego unos centímetros más allá.
Howard dejó escapar un jadeo repentino y echó la cabeza hacia atrás, y por un momento degusto del momento, procesando todas las sensaciones que estaba experimentando: un coño, envuelto alrededor de su polla y listo para exprimirlo hasta agotarlo.
Era todo lo que había esperado, noto como yang parecía soltar un gemido silencioso la saliva salio de sus labios cuando la punta de la polla avanzaba.
Un poco más de fricción fue suficiente para deslizar aún más de ese miembro dentro, y Yang, que para entonces era un desastre de gemidos, sabía por el tiempo que Howard había pasado dentro de su garganta que solo le quedaba la mitad.
En lugar de rodar lentamente sobre él como lo había estado haciendo, pensó que sería mejor para ella embestirlo, tomar todo el miembro dentro de ella de una vez, quitárselo de en medio.
Sus manos se aferraron al borde del sofá y con tanta habilidad que daría a entender a cualquiera que tenía más experiencia de la que dejaba ver (aunque no la tenía), embistió el miembro de Howard y tomó el resto dentro, deteniéndose solo cuando sintió que sus caderas chocaban con las de Howard y el roce de piel contra piel resonó.
La polla golpeo la entrada de su utero y sabia que podria adentrarse más si se lo proponia.
Ambos gimieron en voz alta, luego jadearon y suspiraron, inclinaron sus respectivas cabezas hacia adelante y procesaron lo que sentían.
Para Howard, fue como si acabara de encontrar un placer humano que había perdido en un mundo completamente nuevo.
Ahora que había experimentado el sexo vaginal, y aún quedaba tanto por experimentar, ¿cómo podría volver a encerrarse en un escritorio?
Para Yang, fue una pequeña victoria.
Se había propuesto hacer algo y lo hizo, y si los ruidos que hacía Howard eran un indicador, entonces lo había hecho lo suficientemente bien como para tener que soportar el trato brusco por mucho más tiempo.
“Ahhhhhh~ s-si esta adentro ah~” Yang bajo la cabeza, algunas lagrimas de euforia corrieron por su rostro.
Si ella lograba dar luz a una nueva estrella demostraría a Howard que solo lo quería a él.
Tenía que hacer que Howard se corriera.
Se aferró firmemente al sofá y empezó a mover las caderas, avanzando un par de centímetros y luego embistiendo de nuevo contra Howard casi se atraganta cuando la punta goleo la entrada de su utero, quien luchaba por contener lo que le estaba sucediendo.
Había sugerido la postura del perrito porque era su favorita, poder sentirlo embistiendo dentro y fuera de ella.
Aun así, se sentía bien tener a alguien esforzándose tanto por complacerla así.
Puede que Yang fuera tan inexperta como el, pero Howard no negaba la habilidad de la chica: había algo especial en ella: ser capaz de recibir una polla tan grande sin dudarlo y comenzar un ritmo que le erizaba la piel desde el principio, por no mencionar cómo sus entrañas se contraían y se tensaban alrededor de su miembro, de una forma que parecía casi intencionada por parte de Yang, aunque era imposible que ella supiera lo bien que lo hacía.
Howard solo tenía que asegurarse de que Yang no se diera cuenta de lo buena que era, esa era la clave.
Bajando una mano por la espalda de Yang, Howard comenzó a dar pequeñas embestidas en respuesta, suficientes para convencerla en el futuro de que, de hecho, había sido el quien los hacía sentir bien, que Yang era, en comparación, una amante funcional.
Yang se perdió en el ritmo, cerrando los ojos y hundiendo los dientes en su labio inferior mientras se esforzaba al máximo por trabajar a Howard para obtener el máximo placer posible concentrando su aura para cubrir la entrada de su utero cuando Hoard embestía con mas fuerza la pared invisible protege esa sona.
Movía las caderas de un lado a otro, apretando en ciertos puntos del ritmo para prestar más atención a los puntos más sensibles de Howard, y empujó tan adentro que solo la punta del miembro de Howard permaneció dentro de ella antes de volver a embestirla, golpeando su trasero contra las caderas de Howard con la fuerza suficiente para emitir un fuerte chasquido.
Howard tomó las caderas de Yang y empezó a embestirla, sintiendo una barrera, impidiendo más su avanze y sonrio.”Oh~ adorable, acaso no quieres recibir tu premio” Platttt patttt plattttt.
Seguía embistiendo, midiendo la resistencia de la barrera de aura, Yang logró quitar sus dientes del sofá.
“!Ahhh ahhh Ahhhh ahghghg no no esoooohhhh Agghhh el bebe no quierooo Ahhh!” La polla golpeaba sin piedad dentro de ella la barrera, estirándose casi dolorosamente mientras impedía que la cabeza de la polla avanzara.
“Mhp~ raro según lo previsto, no estas en gestación *platttt* No veo razón por la cual poner protección*platttt* Finalmente, volvió a golpear sus caderas una última vez, luego dejó escapar un suave gruñido y dejó caer la cabeza hacia adelante.
“Lo siento…”, se quejó, “aghghg s-solo queria ahhhh ahhh que t-odo fuera bien”, murmuró Yang.
Howard se sentía como un ciervo deslumbrado.
Recorrió la columna vertebral de Yang con los dedos, pensativo, luego los volvió a bajar hasta el final y se aclaró la garganta, girando la cabeza.
“Bueno, si no vas a esforzarte, no veo por qué yo debería hacerlo.
¿Qué?
¿Crees que un profesor tan considerado como yo perdería el tiempo con alguien que ni siquiera mueve las caderas?
.” Howard hizo una pausa al terminar de hablar, preguntándose en silencio si su apuesta había dado resultado.
Un momento después, tras procesar las palabras de Howard, Yang dejo fluir su aura y volvió a mover las caderas, dándole a Howard una oleada de alivio y placer.
Howard sabía que no aguantaría mucho más.
Deslizó las manos hacia arriba para apretar suavemente el trasero de Yang antes de echar la cabeza hacia atrás.
Era demasiado.
Sintió la necesidad de ceder a su propio deseo y empezar a embestir con toda la fuerza que deseaba, pero una parte de el sabía que solo se interpondría en el camino de Yang si lo hacía.
En cambio, le dio una nalgada brutal.
“Ahghghgh ahhh ahhhh ahhhh mas mas mas mas ahhhhhh”, ‘vaya chica’ se preguntó Howard, a lo que Yang empezó a acelerar el ritmo.
Howard disfrutó de unos dos segundos de satisfacción antes de que el ritmo acelerado finalmente los llevara al clímax que había estado tan cerca durante tanto tiempo.
Sintió como si todo su cuerpo se iluminara a la vez y se lanzó hacia adelante, enterrando su polla hasta la base en el coño de Yang.
Al darse cuenta de que lo que sentía era el orgasmo de Howard, Yang igualó ese embate con su propia presión, manteniéndola lo más adentro posible durante todo el orgasmo.
En algún momento, mientras el semen se le llenaba el útero, Yang experimentó su propio orgasmo, pero había estado sintiendo distintos niveles de placer intenso durante toda la experiencia, así que le costaba bastante distinguir qué era un orgasmo y qué no.
Howard seguía corriéndose y el útero de Yang seguía llenándose, hasta que no quedó espacio para el semen.
Howard se agachó, se rodeó con una mano y se retiró, dándose un último apretón mientras el último semen goteaba sobre los pobres, maltratados, pero de alguna manera aún perfectos labios vaginales de Yang.
Se movió alrededor de la chica en tiempo récord, ofreció la polla a la boca de Yang y le dijo: «Vamos, límpiame».
Recorrió la punta de arriba a abajo, esta vez sobre los labios faciales de Yang.
Horas después, después de que ambos se hubieran limpiado y vuelto a acomodar en el sofá, Howard deslizó una mano por el contorno de su miembro, dentro del pantalón de chándal que había elegido ponerse.
“Sabes…
para ser una estudiante debajo del promedio, eres un buena amante”, murmuró Howard, antes de subir el brazo por el respaldo del sofá.
Yang, en comparación, no tenía una postura tan relajada.
Estaba sentada en el borde del sofá con las rodillas juntas, casi doblada sobre sí misma para el poco espacio que intentaba ocupar.
“Gracias…”, murmuró, aunque un cumplido era, francamente, lo último que deseaba, porque implicaba que tendría que pasar más tiempo con Howard haciendo cosas así en el futuro.
Aun así, aceptó esa realidad sin quejarse.
“Eres un desastre en el sexo, pero…
supongo que el Diablo o Dios responsable de ustedes, al menos les dio buenos dones.
¿Mañana a la misma hora?”, preguntó Howard con una amplia sonrisa.
Mientras Yang se ponía de pie, asintió con sumisión.
“A-a la misma hora mañana.”- Se detuvo mirando su vientre, paso sus dedos por el.
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