N.T.R. RWBY - Capítulo 25
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Capítulo 25: Blake
Blake salió de la habitación de Jaune con los hombros caídos, el corazón hecho un nudo y las manos temblando de frustración. Había intentado, una y otra vez, tener una relación con él. Se había dado la oportunidad de creer que la torpeza de Jaune tenía un encanto particular, que detrás de esa fachada torpe se escondía alguien capaz de ser genuino y amable. Pero lo que encontró fue lo contrario.Cada conversación se volvía incómoda. Cada gesto de cariño que ella daba era respondido con insinuaciones vulgares, con un hambre desesperada disfrazada de afecto. Y cuando no eran los intentos de sobrepasarse, era su obsesión con Weiss, fantaseando en voz baja, creyendo que Blake no lo notaba.
Ese detalle fue el que más le dolió.
—Ni siquiera soy suficiente para él… —susurró con los ojos vidriosos, mientras bajaba las escaleras del dormitorio en dirección a la biblioteca.
El corazón de Blake estaba cansado. Recordó que la única razón por la que aceptó ser su novia fue porque, al inicio, Jaune parecía amable. Ingenuo, sí, pero sincero. Aunque esa máscara se desmoronó cuando descubrió que era fauno. Desde entonces, todo cambió. Miradas incómodas, comentarios que rozaban la crueldad disfrazada de torpeza. Era como si Jaune no pudiera evitar mostrar el verdadero desprecio que sentía, mezclado con un deseo insaciable y torpe.
Blake apretó un libro contra su pecho al entrar en la biblioteca. El olor a papel, el silencio acogedor y la penumbra de las lámparas eran su único refugio. Se sentó en una esquina, fingiendo que quería leer, pero en realidad solo quería llorar. Quería perderse en letras que la alejaran de esa relación quebrada que nadie más parecía notar.
Entonces, un sonido la sacó de sus pensamientos: un jadeo, seco y ahogado.
Giró la mirada y lo vio. Five Hargreeves entraba cojeando en la sección contraria de la biblioteca, respirando pesadamente. Su abrigo oscuro estaba desgarrado, y en su abdomen derecho se extendía una mancha roja. La sangre empapaba su ropa, y aun así, él mantenía una expresión de fastidio más que de dolor.
—…Necesito un maldito café. —murmuró con sarcasmo, apoyándose contra un estante.
Blake se levantó de inmediato, sorprendida.—¡Five! Estás… estás herido. ¿Qué demonios te pasó?
Él levantó apenas la mirada hacia ella, con un brillo extraño en sus ojos cansados pero feroces.—Misión de rutina… ya sabes, “sal y vuelve vivo”. —tosió, llevándose una mano al abdomen y dejando un rastro de sangre en sus dedos—. Supongo que arruiné la segunda parte del plan.
Blake dejó el libro a un lado y corrió hacia él, con la angustia transformada en instinto de ayuda.—Tienes que ir a la enfermería, ahora. Esa herida no es algo que puedas ignorar.
Five soltó una risa seca, cargada de ironía, incluso con la sangre goteando.—No necesito sermones, Kitty. Necesito café… y tal vez una aguja, hilo, y alguien que sepa coser.
Ella lo sostuvo antes de que pudiera desplomarse del todo, sintiendo el peso ligero pero tenso de su cuerpo contra el suyo. Por primera vez en la noche, el dolor de su corazón pasó a un segundo plano.—Eres un idiota. —murmuró, apretando los dientes.
—Lo escucho seguido. —contestó él, con media sonrisa amarga—. Pero al menos yo no pretendo ser otra cosa.
Las palabras, aunque simples, atravesaron a Blake como un cuchillo.
Blake trató de levantarlo con torpeza, rodeando su brazo para que se apoyara en ella.—Vamos, Five, no seas terco. Te vas a desangrar aquí mismo.
Él soltó una risa ahogada, que se transformó en un gemido bajo de dolor.—Si me cargas así, te vas a manchar toda, Kitty… y por lo que veo, ese vestido no combina con sangre.
Blake apretó los dientes y lo miró con el ceño fruncido.—¡¿Entonces por qué demonios viniste a la biblioteca en lugar de ir a la enfermería?!
Five levantó apenas la barbilla, observándola con calma, como si la gravedad de su herida no le importara en lo más mínimo.—Porque siempre esta sola aquí. Perfecto lugar para atenderme sin un público chismoso. —hizo una pausa, y sonrió de lado—. Y si fuera a la enfermería, Glynda se pasaría media hora criticándome por mi “irresponsabilidad” antes de curarme. Prefiero morir aquí que escuchar otro sermón suyo.
Blake bufó, exasperada.—Eres insoportable.
—Lo sé. —respondió él con tranquilidad, como si lo tomara como un cumplido.
Lo apoyó contra una estantería, y con un suspiro comenzó a retirar con cuidado la prenda manchada de carmesí. Cuando la tela cayó, dejando al descubierto el torso firme y trabajado de Five, Blake se congeló un instante. No pudo evitar notar la diferencia: cicatrices que hablaban de batallas reales, músculos definidos por esfuerzo genuino… no la fragilidad torpe y blandengue de Jaune. Un leve rubor tiñó sus mejillas, aunque trató de ocultarlo.
—¿Qué pasa? —murmuró Five, arqueando una ceja con una sonrisa ligera—. ¿Estás apreciando la vista… o vas a terminar de quitarme esto para que pueda tratarme?
Blake dio un pequeño brinco, llevándose la mano a la boca.—¡N-no digas estupideces! ¡Solo estoy tratando de ayudarte!
—Claro, claro. —asintió, aunque sus ojos se iluminaron con diversión.
Dirigió entonces la mirada hacia la herida, suspirando con fastidio. Luego alzó la vista hacia los estantes de libros y comenzó a recorrerlos con precisión quirúrgica.
—Blake, pásame ese. —dijo, señalando un tomo de lomo grueso, color marrón apagado.
Ella lo tomó con cuidado y se lo entregó. Cuando Five lo abrió, Blake se sorprendió al ver que el interior estaba hueco: en lugar de páginas, había agujas, hilo, pequeños frascos y vendas. Todo perfectamente organizado.
—¿Qué…? —parpadeó, incrédula—. ¿Cómo sabías que estaba aquí?
Five soltó un bufido leve mientras sacaba una aguja con hilo.—Porque yo mismo lo puse.
Blake abrió más los ojos.—¿Qué?
—No es el único. —continuó él, como si hablara del clima—. Tengo varios de estos libros falsos escondidos por toda la academia. Nunca sabes cuándo vas a necesitar coserte en silencio, lejos de ojos indiscretos.
Era paranoico y tenia sus meritos.
Blake lo miró con una mezcla de asombro y desconcierto.—Eres… imposible.
—No. —respondió él, introduciendo la aguja en el hilo con pulso firme a pesar del dolor—. Soy práctico.
Ella lo observó en silencio unos segundos, mientras él empezaba a trabajar en su herida con calma y precisión casi inhumana. Y, aunque no lo admitiera en voz alta, parte de Blake sintió que, por primera vez en mucho tiempo, estaba frente a alguien que no era un chiste torpe, ni una decepción.
Mientras Five se cosía, Blake apartó un poco la mirada, incómoda. Cada puntada atravesando su piel la hacía estremecerse, no por el dolor ajeno, sino por lo natural que parecía en él. Ni una queja, ni un gesto de debilidad. Resistía con los dientes apretados, como si aquella no fuera la primera vez que lo hacía.
—¿Qué hacías en la biblioteca tan sola? —preguntó de pronto, sujetando el hilo con los dientes para tensarlo.
Blake parpadeó, sorprendida por la pregunta.—Yo… siempre leo sola. Es más fácil así.
Five cortó el hilo con un movimiento rápido y luego la observó fijamente, sus ojos penetrantes clavados en ella.—No me mientas, kitty. —su tono era suave, pero afilado—. Tu cara está roja, y tus ojos casi rojos también. Solo hay dos opciones: una, que estuvieras fumando hierba… y la otra, que estuvieras llorando.
Se inclinó levemente hacia ella, aspirando el aire con teatralidad.—Y no huele a hierba.
Blake bajó la cabeza, atrapada. No recordaba que Five fuera tan perspicaz, tan capaz de leerla con una mirada.
Él arqueó una ceja.—¿Ves? Eres fácil de descifrar. Mucho más de lo que te gustaría admitir.
Ella se mordió el labio, sin responder. Y en ese silencio, su mente viajó sin querer hacia Jaune. Recordó cómo, con total despreocupación, él le confesó que había mentido para entrar a Beacon, como si fuera un detalle menor. Y peor aún, lo hizo justo después de insistirle en tener intimidad con él, como si su mentira no tuviera importancia frente a su deseo. El asco le recorrió el estómago, y su respiración se agitó un poco.
Five no apartó los ojos de ella, notando cada gesto, cada mínima tensión en sus manos.—Déjame adivinar… —murmuró, con esa media sonrisa amarga que parecía conocer demasiado—. No estabas llorando por un libro.
Blake apretó los puños.—No es asunto tuyo.
—Entonces lo es aún más. —replicó él, sin dudar, acomodándose contra la estantería ya con la herida cerrada—. Porque si no quieres hablar de ello, significa que es lo único que te está carcomiendo por dentro.
El silencio se volvió pesado. Blake respiraba entrecortado, sus orejas de fauno temblaban apenas.
—…Eres insoportable. —susurró ella.
Five sonrió, con los ojos entrecerrados.—Lo soy. Pero al menos no soy un mentiroso torpe que finge ser héroe mientras trata de meterse en tu cama.
Blake lo miró de golpe, con el corazón saltándole en el pecho. ¿Cómo… sabía?
Five se limitó a encogerse de hombros, como si hubiera leído sus pensamientos.—No soy tan difícil de entender, kitty. Soy un asco de ser humano con muchos defectos. Pero Jaune… él es un libro barato si es que puedo insultarlo. Y créeme, sé reconocer la basura cuando la miro.
Blake tragó saliva, sintiendo una mezcla de vergüenza, enojo y… alivio. Nadie había dicho en voz alta lo que ella había callado tanto tiempo.
Blake apenas gimió, la voz quebrada en su garganta.—¿Por qué… te importa? —preguntó, sin atreverse a mirarlo del todo.
Five se levantó con esfuerzo, apoyándose en la estantería. Su respiración era pesada, pero su mirada seguía siendo precisa.—Porque, aunque no lo parezca, me fijo en los detalles. —respondió con simpleza, como si fuera lo más natural del mundo.
Blake suspiró pesadamente, el pecho hundiéndose.—No lo entiendo, Five… ¿por qué te importa lo que yo haga?
Él la miró en silencio por unos segundos, luego soltó un suspiro corto.—Porque si no quieres estar con Jaune, puedes elegir a alguien más. —dijo, con un tono sereno pero cargado de verdad—. Cualquiera tiene el derecho de que le gustes, y tú tienes la libertad de convertirte en su amante. Solo tú sabes quién es el mejor hombre para ti.
Blake lo miró, sorprendida. Five continuó, clavando sus ojos en los de ella—Si no crees que Jaune lo es, vete. Tú decides. Al final, todos, tanto hombres como mujeres, tenemos competencia. Y esa competencia no desaparece. Es así como yo lo veo.
Las palabras se quedaron flotando en el aire como un veneno dulce. Blake lo escuchó y apenas pudo procesarlo del todo, su mente atrapada entre el dolor y la extraña sensación de claridad. Su corazón palpitaba fuerte, casi descontrolado.
—Eres… extraño. —murmuró, con una pequeña sonrisa triste que apenas levantó sus labios.
Five no respondió. Solo permaneció frente a ella, mirándola en silencio, como si ya hubiera dicho todo lo que debía decir. Y cuando Blake volvió a levantar la vista, él ya no estaba. Había desaparecido sin dejar rastro.
Blake cerró los ojos con fuerza y respiró hondo.—…Elegiré. —susurró, más para sí misma que para nadie.
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Desde esa noche, se prometió algo: no seguiría atada a Jaune por costumbre o compasión. Cada noche, volvió a frecuentar la biblioteca, esperando encontrarse con Five. Cada día, en cambio, soportaba las mismas estupideces de Jaune: los chistes torpes, las insinuaciones fuera de lugar, su obsesión descarada con Weiss. Y poco a poco, Blake comenzó a ignorarlo más y más.
Una tarde, cuando Jaune trató de abrazarla por la fuerza en el comedor, ella apartó su brazo con brusquedad.—Déjame en paz, Jaune. —dijo en voz baja, pero firme.
Él rió nervioso.—V-vamos, Blake, solo intento ser cariñoso.
Blake lo miró con una frialdad que lo congeló en su lugar.—Cariño y respeto no son lo mismo. Y tú no entiendes ninguno.
Esa noche, como tantas anteriores, volvió a la biblioteca. Entre los pasillos silenciosos y los estantes oscuros, buscaba esa sombra arrogante, perspicaz y dura que era Five. No lo admitía en voz alta, pero lo prefería a él. Su silencio la hacía sentir más vista que todas las palabras de Jaune.
—Five… —susurró, acariciando el lomo de un libro, como si el nombre mismo llenara el vacío de su pecho.
Y aunque no estaba ahí todavía, Blake sabía que, de algún modo, él ya había ganado un lugar en su decisión.
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Con el paso de las semanas, Blake había comenzado una relación con Five sin haber terminado con Jaune. Era un secreto que la devoraba por dentro, pero al mismo tiempo le daba vida. Five, a pesar de su mordacidad y su cinismo, resultó ser increíblemente atento como pareja. Siempre preguntaba por ella, siempre estaba pendiente de sus silencios, de sus gestos, de lo que no decía. Donde Jaune fallaba en escuchar, Five triunfaba con facilidad.
Incluso Glynda lo había notado. Fue ella quien, con un aire de severidad disfrazado de estrategia, decidió enviarlos a ambos en una misión conjunta, lejos del equipo de Blake y, por supuesto, lejos de Jaune.
En el transporte, Blake lo observaba de reojo. Five estaba sentado con los brazos cruzados, la mirada perdida en el horizonte, aunque ella sabía que no se le escapaba nada.
—No parece que estés emocionado por trabajar conmigo. —murmuró Blake, intentando ocultar la sonrisa.
Él giró apenas la cabeza, con esa expresión seria que nunca se desarmaba del todo.—No soy de los que saltan de alegría por “trabajo en equipo”. —dijo con tono plano, luego la miró directo a los ojos—. Pero tú eres la excepción.
Blake sintió un calor recorrerle el pecho. Fingió apartar la mirada, pero no pudo evitar que sus orejas se movieran con nerviosismo.—Siempre dices cosas así… como si supieras exactamente qué responder.
Five encogió un hombro.—No digo lo que quieres escuchar, Blake. Digo lo que pienso. Y pienso que alguien debería recordarte lo valiosa que eres. —hizo una pausa, arqueando una ceja—. Aunque me sorprende que sigas perdiendo tu tiempo con Jaune.
Ella bajó la mirada, con un dejo de vergüenza y culpa.—No es… tan sencillo.
—Lo es. —replicó él sin titubear—. Estás con alguien que no te merece y lo sabes. Pero no quieres cargar con la etiqueta de “mala persona” por dejarlo.
Blake apretó los puños sobre su regazo.—No lo entiendes.
Five se inclinó hacia adelante, su voz bajó hasta ser un susurro.—Lo entiendo mejor de lo que crees. Te quedas con Jaune porque es lo fácil, porque él ya está ahí. Pero lo fácil nunca es lo correcto.
Blake lo miró de golpe, sorprendida por lo certero de sus palabras. Durante unos segundos, no supo qué responder. Solo pudo admitir en voz baja—A tu lado… no me siento invisible.
Five la observó en silencio, luego ladeó apenas la cabeza y esbozó esa sonrisa ligera, arrogante, que solo mostraba cuando quería provocar.—Entonces, quédate a mi lado. Y deja de desperdiciar tus noches con alguien que ni siquiera sabe quién eres de verdad.
El silencio entre ellos se volvió denso, cargado de electricidad. Blake se recargó en el asiento, cerrando los ojos un instante. Por primera vez en mucho tiempo, no pensaba en Weiss, ni en Adam, ni en Jaune. Solo en Five………
(Suculencia).
Hotel.
Los dos permanecieron allí en silencio. Blake era plenamente consciente de que, en esencia, estaban en ropa interior, y nada más.
Las punzadas de su frustración sexual parecían emanar de su estómago, tan palpables que casi le dolían. Se hizo un ovillo, intentando calmarse, pero fue inútil. Se había preparado para el fracaso. No era la cercanía de Five lo que necesitaba.
Era su polla.
Ya no tenía sentido negarlo.
Estaba cerca. Demasiado cerca. Frenéticamente, pensó en echarlo de la cama, pero lo pensó mejor. Si lo hacía, le surgirían preguntas incómodas. Preguntas que preferiría dejar sin respuesta.
Esta noche había sido algo rara tras otra. Una razón tras otra para no poder dormir. No había alivio. No podía hacer nada.
Para su absoluta humillación, sintió un dolor sordo y hormigueante formándose entre sus piernas. Sus deseos sexuales se cruzaban con su desconcierto por el tamaño de Five, y se estaba humedeciendo. Su mente era un caos. ¿Cómo era posible que deseara nada menos y, al mismo tiempo, nada más que Five?
¿Cómo podía siquiera pensar en eso? ¿Qué pensaría Jaune si se enterara? ¡Si bien lo estaba engañando! Entonces, pensó con amargura si le importaría o no. ¿Acaso no lo había superado ya? Quizás, para él, su engaño solo le daría la excusa que había estado esperando.
En cualquier caso, a este ritmo no lograría conciliar el sueño. Tenía que hacer algo.
Tras ella, se reanudaron los sonidos de la respiración agitada. Esperando un momento para asegurarse de que estuviera dormido, se mordió el labio de nuevo con nerviosismo y consideró sus opciones. ¿Cuánto tiempo llevaba esperando alivio? ¿Acaso no se lo merecía al menos después de todo lo que había soportado y todo lo que le habían negado? Se sentía tan mal. Tan asqueroso. Tan horriblemente vulgar. Se odiaba a sí misma por sentir que la inmoralidad de todo aquello lo hacía de alguna manera más excitante. Su sexo volvía a dolerle con ansias, enviando oleadas de anticipación desde la ingle hasta los dedos de los pies y subiendo más allá del cuello. Podía notar que su excitación había alcanzado un nivel completamente nuevo. Estaba empapada.
Respiró hondo y decidió: no había otra opción.
Mirando cautelosamente hacia atrás, deslizó el brazo izquierdo entre sus piernas. Con destreza, metió un dedo bajo el borde de sus pantalones cortos, dejando espacio para que el resto de su mano siguiera el mismo camino. El trabajo era lento. Tan lento que apenas percibía el movimiento. Cualquier sonido —el roce de la tela, el roce de las sábanas— la paralizaba. La monotonía del esfuerzo solo sirvió para avivar su deseo; la anticipación era como un juego previo.
Por fin, su mano estaba donde ella quería. Aunque había pasado demasiado tiempo desde la última vez que estuvo con Jaune solo por que no paro de incistirle. Su coño estaba suave y afeitado. Bajo sus pantalones cortos, su mano estaba cálida, y su sexo parecía irradiar calor. Aún de lado, levantó una pierna en silencio para abrirse paso, y su mano aprovechó la oportunidad para deslizarse entre ellos, deteniéndose en su raja.
Sus dedos separaron sus labios y deslizó su dedo índice dentro.
De inmediato, sintió que su dedo se hundía en sus cálidas y húmedas profundidades. Su coño pareció engullirlo con avidez. La sensación era incomprensiblemente serena mientras la euforia la invadía. Cuánto había ansiado esta liberación.
Dejó que su dedo índice entrara y saliera varias veces, cubriéndolo completamente con su humedad antes de dirigirse hacia su clítoris. Masajeó el espacio con círculos amorosos, rítmicos y sensuales.
Cuando empezó esto, un suspiro escapó de sus labios. Ella cesó su placer de inmediato, su corazón latía violentamente. El sonido de Five durmiendo a su lado llegó a sus oídos, confirmando que no se había despertado. Aliviada, se permitió inhalar y exhalar profundamente antes de regresar.
Volvió a sumergir los dedos en su interior y los humedeció de nuevo antes de volver a su clítoris. Esta vez, con la otra mano, deslizó un dedo entre los dientes y lo apretó, recordándole que debía guardar silencio mientras las oleadas de placer la invadían.
La liberación fue indescriptible. Nunca en su vida la masturbación se había sentido tan surrealista. Se preguntó por qué. ¿Sería por la necesidad de callarse? ¿Sería porque estaba tan mal? ¿Por lo perverso?
Sea cual sea la razón, le encantaba de todos modos. Cada caricia de su calor la estimulaba aún más. Cada círculo, cada penetración, la dejaba con ganas de más. Exhaló profundamente por la nariz, pero esta vez no se detuvo. Five estaba dormido. ¿Acaso no acababa de ver lo pesado que era su sueño? Apenas se había despertado cuando ella prácticamente lo estaba llamando a gritos. Sus respiraciones profundas bien podían haber sido tanto de sueño como de placer.
A pesar de lo increíble que se sentía, pensó en lo maravilloso que sería tumbarse boca arriba con las piernas bien abiertas. Había ángulos que se podían lograr en esa posición que eran imposibles en ese momento. Sin embargo, no se atrevía a arriesgarse. No tentaría a la suerte.
Sus suspiros se agotaban con más fuerza. Cada caricia era más dulce que la anterior. La tensión del día, la frustración, la ira, el miedo, todo parecía desvanecerse a medida que se mordía el dedo con más fuerza. Si no tenía cuidado, los suspiros se convertirían en jadeos y luego en gemidos. Quién sabía qué podría despertar a Five.
Todo su cuerpo se sentía caliente y vivo. Los dedos danzaban sobre su coño con desenfreno, tomando decisiones propias. Su cuerpo sabía lo que quería y tomaba el control de su mano en un esfuerzo por satisfacer esos deseos.
A menudo, Blake no tardaba mucho en alcanzar el clímax. Excitada como estaba, no le sorprendió en absoluto descubrir que la familiar sensación que precedió a su clímax comenzaba a manifestarse. Sintió como si una bola de calor fundido le hubiera bajado por el estómago hasta la zona justo por encima de la cintura.
Las oleadas de placer cobraron entonces un nuevo significado. Una nueva intensidad. Impulsadas por la proximidad de su orgasmo, sus dedos se movieron más rápido. Cuanto mejor se sentía, más rápido se movían, y cuanto más rápido se movían, mejor se sentía. Era un círculo vicioso del que la única salida era su orgasmo.
La habitación del hotel pareció desvanecerse entonces. La cama era una nube, y ella flotaba en un cielo de felicidad. ¿Era su coño el que emitía esos ruidos húmedos y sensuales? ¿Era su voz la que acababa de dejar escapar un jadeo de placer? No importaba. Nada importaba.
Ella estaba perdida para sí misma.
El final estaba cerca. Una última caricia en la zona que rodeaba su clítoris. Ella dejó escapar un gemido bajo y silencioso. Y luego ya no hubo forma de detenerlo. Ella se estaba corriendo.
La euforia la invadió por completo. Mordiéndose la lengua, intentó por todos los medios contener el grito.
Nunca en su vida había experimentado un orgasmo así. Su cuerpo ardía de electricidad y lujuria. Sus piernas sufrieron espasmos y se contrajeron por voluntad propia, y las apretó con fuerza, apretando la mano entre ellas, donde su dedo seguía retorciéndose en su interior. Sintió que sus pezones se endurecían, llenos de excitación, y una gota de sudor le resbalaba por el cuello y los pechos. Los dedos de sus pies se curvaron en una bola tan compacta que casi le dolía. Todo su cuerpo parecía vibrar entonces, haciéndola sentir como si existiera en un plano completamente diferente de la realidad.
La sensación era una que, antaño, jamás habría imaginado posible. La había reiniciado. Su mente se había quedado en blanco. No había pensamientos. Nada. Había pasado un minuto entero, y las oleadas de su orgasmo seguían latiendo en su interior.
El mundo volvió a estar bien.
Luego todo se vino abajo otra vez.
-¿Blake? ¿Qué estás haciendo?-.
Sus ojos se abrieron de par en par. Su boca se secó. Su corazón se detuvo.
Five estaba despierto.
Blake esperaba que Five dudara, ya sea por sorpresa, incredulidad o cualquier otra razón.
Ella estaba equivocada.
Apenas le dio la espalda a Five, sintió que los resortes de la cama cedían al levantarse el chico. De repente, estaba detrás de ella.
-No hay vuelta atrás- dijo Five, y su voz era prácticamente suave por la lujuria.
¿Qué? ¡Yo…! ¡Guakk! —exclamó Blake al sentir su repentino agarre sobre sus hombros, se vio empujada hacia adelante sobre la cama, apoyada sobre sus rodillas y antebrazos. Su trasero apuntaba hacia arriba, sus caderas se doblaban obedientemente. Aunque su mente no estaba preparada para esto, su cuerpo parecía reaccionar a su nueva pareja con instintos animales.
¡Espera! ¡Dame un segundo! —jadeó Blake. Five la sujetaba contra la cama con una mano, mientras con la otra, comenzaba a inclinar su pene, alineándolo con su raja—. ¡Espera! Dejame a mi elegir la posicion.
—Ya haz esperado bastante —dijo Five, y Blake se estremeció al percibir algo que casi parecía hostilidad en su tono—. Me permitiras consolarte como amante..
Nadie le había hablado así. Nadie la había controlado de forma tan conciderada. Jaune siempre fue tan idiota, tan posesivo. Tanto que a menudo era el quien tomaba la iniciativa y quien tomaba el control. Ser conquistada así. Controlada. Obligada a obedecer…
No necesitaba sentir la humedad entre sus piernas para saber cuánto lo odio.
-Dilo-, dijo Five.
-Decir ahhh~… ¿decir qué?-.
-Dime a quién perteneces. Dime de quién eres ahora~.
A Blake se le quebró la voz. Si aún le quedaba algo de respeto por sí misma, lo detendría en ese instante. Pero lo repentino de este cambio, el cambio de tono que había invadido a Five ante la perspectiva del sexo, era como si su sentido de la lógica y la razón se hubieran embotado.
—Dije que me lo dijeras. Lo deseas o no. —Su voz sonó como un látigo, y Blake sintió cómo su mano descendía y la azotaba con fuerza en el trasero. Gritó de dolor y sintió cómo se le formaba una roncha en la mejilla derecha.
¡La había azotado! Nunca en su vida había experimentado algo así. El dolor la cegó por un momento.
Entonces ¿por qué le pareció tan placentero?
—¡Soy tuya! —aulló Blake—. ¡Yo… yo te pertenezco!
—Así es. Así que sé buena chica y quédate quieta —dijo con voz áspera, y ella sintió de nuevo cómo alineaba su pene. De pie detrás de ella, su cuerpo se inclinó sobre el de ella. Su otra mano se movió desde la parte baja de su espalda hasta la nuca, donde la apretó con fuerza.
-Kitty~, dijo.
No la trataba como a un simple trozo de carne. Nada más. ¿Qué dirían todos sus referentes, sus profesores, sus compañeros, sus padres, si la vieran ahora? Si vieran cómo se dejaba tratar así. Que este… con otro hombre.
Pero todos sus pensamientos se desvanecieron cuando sintió que la punta de la serpiente de Five comenzaba a separar sus labios.
¿Qué tenía de malo? No era como ella se veía a sí misma. No realmente. En cada momento de su vida, llevaba consigo una sensación de dignidad y empoderamiento que nadie podía arrebatarle su orgullo de fauno. Sin embargo, a veces podía ser agotador. Entonces, ¿estaba realmente tan mal? ¿Estaba tan mal, aquí y ahora, en este pequeño instante, permitirse ser solo eso? ¿Un trozo de carne para el placer de un hombre? ¿Dejar que las normas y expectativas de la sociedad se desvanecieran, aunque solo fuera por un instante…?
… ¿Estaba bien y verdaderamente jodida?
-Lo voy a meter-, gimió Five, y fue una declaración, no una pregunta.
Todo el cuerpo de Blake se tensó mientras se concentraba en lo que estaba a punto de sucederle. Habiendo visto y sentido la anchura y longitud del pene de Five con todo detalle, estaba segura de que sentirlo penetrar en sus profundidades sería una sensación completamente diferente a la de Jaune. Intentó relajarse, abrirse y permitir que su cuerpo aceptara a su nuevo compañero.
Sin embargo, cuando sintió la cabeza de la polla de Five separando sus labios, se sorprendió por dos cosas:.
Lo primero que la sorprendió fue lo mojada que estaba.El segundo detalle sorprendente fue lo equivocada que estaba sobre cómo se sentiría la polla de Five. Al sentir su cabeza deslizarse dentro de ella, se dio cuenta de inmediato de que estaba completamente equivocada. No era una sensación diferente.
Estaba en un nivel completamente diferente.
—¡Oh… joder! —gimió Blake al sentir al chico avanzar la cintura, deslizándose más dentro de ella—. ¡Joder!
Su voz sonaba entrecortada y ronca. Su visión se nublaba y se quedó boquiabierta mientras un gorgoteo de ruidos indistintos salía de ella.
“¿Pasa algo?”, preguntó Five, y pudo percibir la burla que se escondía tras sus palabras. “Creí que dijiste que Jaune te había follado antes, pero te comportas como una virgen”, se burló mientras otro centímetro de él se hundía en sus profundidades.
¡Agh! —chilló Blake—. ¡Mierda! ¡Five! ¡Por favor…! ¡Despacio! —dijo con los dientes apretados, apretando los puños contra la manta que tenía debajo con tanta fuerza que sus nudillos empezaron a ponerse blancos.
Nunca había experimentado algo así. Se sentía como si volviera a ser virgen. La sensación familiar, la misma que había tenido con Jaune aquella primera vez —el dolor mezclado con placer—, le estaba sucediendo de nuevo. Pero esta vez, era mucho más intenso.
Otra pulgada se deslizó dentro de ella.
“¡Ahhhhh Te lo dije, señor !” Bajó la mano de nuevo. El sonido de los azotes resonó por toda la habitación, y Blake gimió de dolor. La había golpeado en el mismo lugar donde recibió la primera nalgada. El dolor punzante en su trasero, combinado con el dolor desgarrador de la polla de Five, se fusionaron en una sinfonía de dolor.
“¡Duele!” Blake aulló y vaciló levemente. “¡Por favor, Five… Señor! ¡Duele…!” Pero esa no era toda la verdad. La verdad era que el placer aumentaba. Inconscientemente, su coño se envolvía alrededor de su pene. Sus músculos sufrieron espasmos y lo apretaron con avidez. Su cuerpo había cobrado vida propia.
“Tómalo”, gimió Five. “Tómalo todo”. Más profundo. Más profundo y más profundo.
“¡Agghhhhh!” Blake hizo una mueca, apretando las manos con tanta fuerza que sintió que sus uñas se hundían en sus puños apretados.
Cuanto más penetraba, más húmeda se ponía. Su cuerpo respondía. Quería que él penetrara más hondo. Lo quería todo. Su coño lo atraía más profundamente. Sus pensamientos eran confusos, y aunque era evidente que su cuerpo se había rendido hacía tiempo, su mente también parecía ceder. La habitación daba vueltas. Solo había sensación. Dolor y placer.
¡Date prisa! ¡Por favor, señor! ¡Métemelo todo! ¡Métemelo todo! —chilló Blake. Sabía que esta era la parte difícil. Una vez que su cuerpo lo dejara entrar por completo, su coño se acostumbraría.
Su respiración se volvió corta y agitada. Sentía que ya no quedaba espacio para respirar profundamente. Su cuerpo se desmoronaba. El pene de Five no dejaba espacio para nada más. Jadeaba, desesperada por respirar. Con cada inhalación, el dolor regresaba, más agudo y claro con cada milímetro que se deslizaba dentro de ella.
” ¡Por favor! “.
“¡Ya casi… llego!” Five dio un último empujón.
Blake sintió como las caderas del chico hacían contacto con su trasero.
Él estaba completamente dentro de ella.
¡AGHHH!, gritó Blake, hundiendo la cara en la ropa de cama para ahogar sus gemidos. Golpeó la cama con el puño. Ese último empujón debió de sumergir el último tercio de su pene en su interior. De repente, las profundidades de su coño, nunca antes exploradas, se abrieron de par en par. Sintió como si su estómago se abultara. Como si ya no quedara espacio para el aire, ni para las respiraciones cortas ni para nada. No había nada más en el mundo que el pene de Five y su vagina.
Tenía los ojos muy abiertos. Su boca colgaba tontamente abierta, y un hilo de saliva le goteaba.
Durante una eternidad, o quizás solo unos segundos, ambos permanecieron completamente quietos y en silencio. En ese instante, fueron uno solo. Blake sintió su miembro latir y palpitar dentro de ella, con su propio latido. Five parecía cautivado, perdido en el placer más profundo que jamás había experimentado. La pérdida de su virginidad. Estaba inundado de euforia e incredulidad.
Mientras él se mantenía allí, Blake ya podía sentir cómo su coño se relajaba y se amoldaba a la forma de su nuevo premio. Sintió cómo su humedad lo envolvía. Sintió cómo la humedad empezaba a deslizarse por la cara interna de sus muslos. Sus piernas temblaban. Vibraban mientras la polla del chico la mantenía abierta. La cama vibraba con sus temblores. La balanza entre el placer y el dolor ya se alejaba del dolor. Su cuerpo vibraba de placer.
“Oh……Salio mejor de lo que pense”, la voz de Five finalmente rompió el silencio.
A Blake le faltaron las palabras en ese momento. No había nada más que decir. En ese momento, no quería pensar ni hablar. Solo quería sentir. Solo quería ser carne. Carne para que su nuevo dueño la complaciera y la disfrutara.
Ella quería ser utilizada. Sus instintos la dominaron.
Ella había perdido todo el control.
“Es tan apretada. Y cálida. Es más de lo que podría haber esperado”, continuó Five. “Tan, tan apretada. ¿Estás segura de que no eres virgen, Blake?”.
Cuando Blake no respondió, lo oyó reírse entre dientes. No pudo responder. No quería pensar en Jaune. Nada podría sacarla de ese momento.
“Veamos qué tan bien puedes manejarlo ahora”, dijo Five, y Blake gimió de alegría cuando sintió que su pene comenzaba a moverse dentro de ella nuevamente.
Él lo estaba retirando. Sintió en su interior cómo la gruesa cabeza lo succionaba. Su cuerpo se estremeció y sintió que se apretaba de nuevo. Su cuerpo no quería soltarlo. ¿Qué eran esos instintos? Su cuerpo quería que se quedara.
Lo retiró hasta que solo quedó la punta. Con gracia, Blake inhaló profundamente, aspirando todo el aire posible. Estaba claro que lo necesitaría todo si quería aguantar hasta el final.
“Mira cómo brilla”, comentó Five, mirando su polla.
Blake no necesitaba verlo para saber que estaba resbaladizo por su humedad. Se había sentido lubricando su avance todo el tiempo. A menudo sentía que era motivo de orgullo lo mojada que podía llegar a estar. Siempre facilitaba mucho el sexo, y nunca había estado tan agradecida por este regalo como en ese momento.
Por alguna razón, Five se demoraba con solo la punta dentro de ella. ¿Qué hacía? Quería más. Mucho más. Aún no estaba satisfecha, ni de lejos. Actuando de nuevo por instinto, meneó las caderas como una perra presentándose a su pareja. Con el cuerpo en piloto automático, sintió cómo deslizaba el culo hacia atrás, atrayendo el pene de Five de nuevo hacia ella.
“Alguien está un poco ansioso, ¿eh?”, rió Five. Blake asintió obedientemente mientras las punzadas de placer regresaban con cada centímetro que pasaba. “Tranquila”, dijo. “Todavíame concentrare en complacerte. Quiero que esto dure lo máximo posible”.
Le sujetó el trasero con ambas manos para detener su descenso. Aproximadamente la mitad de su longitud estaba ahora incrustada de nuevo en ella.
“Todavía no estoy cerca. Bien”, dijo, y parecía hablar consigo mismo. “Es hora de ver de qué somos capaces”.
No sabía a qué se refería, pero se estremeció, como le gustaba cómo sonaba. ¿Era ella realmente así? ¿No era mejor que una vulgar?
Sin previo aviso, sintió que el chico se reacomodaba detrás de ella. Sin previo aviso, jadeó al sentir que le metían la cabeza entre las mantas, y sintió que Five la montaba, arqueándose sobre su trasero y enterrándose en ella.
El movimiento fue tan inesperado, tan maravillosamente inesperado, que Blake dejó escapar un grito de placer desde lo más profundo de su ser, con el rostro firmemente incrustado en la ropa de cama. Five le sujetaba la cabeza por el cuello. Su agarre era doloroso, y con cada movimiento, la apretaba con más fuerza.
“¡SÍ!” Blake gimió. “¡Mmmmmm~ SI, SÍ, SÍ!”.
¿Esa era realmente su voz?
Five la montaba. Montado sobre su trasero, su pene se deslizaba dentro y fuera, dentro y fuera, enterrándose profundamente en ella, retirándose y volviendo con apenas unos centímetros de flexibilidad. Incluso mientras embestía, la mayor parte de su pene permanecía alojado en ella.
La sensación era terriblemente erótica. Estaba siendo utilizada. Dominada por alguien a quien alguna vez consideró inferior en todos los sentidos. Sin embargo, al final, cuando ambos se encontraron frente a frente sin nada que ocultar, ahora tenía claro quién era realmente inferior. Él se lo había enseñado. Pagaría por esta lección y por su ignorancia. No era menos de lo que merecía.
Five había encontrado su ritmo. La embestida era constante. No la embestía con el fervor obsesivo característico de un hombre que experimentaba su primera experiencia vaginal. Cuando sintió la respuesta de Blake, ya fuera con un estremecimiento de placer o un gemido eufórico, no cambió el ritmo. Continuó, sabiendo que acababa de encontrar el punto justo. Ella sentía que los dos eran uno solo. Five escuchaba a su cuerpo y respondía a él, deseando claramente que ella también disfrutara de la experiencia.
Fue enloquecedor.
“¿ Ahhhh ahhhhh Cómo… estás… haciendo eso?” Blake se atragantó entre embestidas.
“¿Qué?” preguntó Five, sin cesar su placer.
—¡Cómo… estás ahhhhh ahhhhhh… tan… BUENO! —gritó Blake la última palabra mientras la siguiente embestida de Five caía fuerte y repentina.
-……Experiencia supongo- se rió, respirando agitadamente por el esfuerzo. -Se me da bien estudiar, cuando es algo que quiero aprender-.
Blake estaba tan mojada que ni siquiera ella se había visto en tal estado. Su espalda estaba arqueada en un ángulo contorsionado que solo alguien tan flexible como ella podía lograr, pero era necesario lograr el ángulo adecuado que le resultaba tan maravilloso. Sentía su cuerpo mecerse con cada embestida, y sentía sus pechos colgando pesadamente bajo ella, balanceándose como metrónomos al ritmo. Sus pezones estaban completamente erectos mientras todo su cuerpo respondía a la estimulación. Cada vez que Five volvía a entrar en su cuerpo, una oleada de calor latía desde entre sus piernas, bajando hasta los dedos de los pies y subiendo más allá del cuello, prácticamente forzando los gemidos de satisfacción.
Como Jaune había sido su única pareja sexual hasta entonces, él era el estándar. Para ella, el sexo con Jaune era lo peor. Sin embargo, mientras yacía allí siendo follada por otro chico, este chico que no era su Jaune, se dio cuenta de que el sexo podía ser mucho más.
“¡JODER!” gritó Blake otra vez.
-Un ggkkkk buen amante complace a su pareja- se burló Five mientras la embestía.
Sintió sus testículos, pesados e hinchados por su semilla expectante, golpeando contra su trasero con un sonido suave y sordo mientras su tenacidad aumentaba.
—¡Sí! ¡Sí, señor! —gritó Blake.
Five también parecía estar perdiendo el control. Su jadeo se hizo más fuerte. Sus movimientos se volvieron más salvajes. La mano que sujetaba la nuca de Blake se movió de repente, y ella sintió cómo subía y agarraba un mechón de su suave cabello castaño. La mano se tensó, sujetándole el cabello con firmeza en un puño mientras él le tiraba la cabeza hacia atrás.
“¡Aa …
—¡Shhhhhh, silencio, o llamarás a la seguridad a nuestra habitación!
—¡Lo siento, señor! —se disculpó. Con todo el cariño que Five le dedicaba, bien podría haber sido un animal.
A ella le encantó.
“Dime qué eres”, ordenó Five.
“¡Soy… soy una zorra!” Ella cedió. La presión de su cabello era cada vez mayor, pero el dolor no era nada comparado con la dicha que emanaba por todo su cuerpo.
-Ooohhh porque tan degradante. Estás saliendo con Jaune, pero necesitabas la polla de un hombre, ¿verdad?. Cuanto tiempo llevamos saliendo.
-¡S-Sí! V-varios meses ahhhh ahhhh ahhhh.
Jodete, Jaune.
—¡Sí! —repitió Blake—. ¡Necesitaba… necesitaba la polla de un hombre! ¡Se… se siente… tan… bien!
Jadeo. Gemido. El ritmo constante de las caderas de Five contra las delicadas curvas del trasero de Blake. Sensación. Placer.
Five extendió el otro brazo sobre la espalda de Blake y le arrancó uno. Lo sujetó a la espalda y la sujetó con más fuerza del cabello.
Fue una dominación absoluta.
Blake cayó hacia adelante sobre la cama, pero el tirón de su cabello resistió la gravedad. Aun así, el dolor no era nada. Y si dolía, ¿qué importaría? No le correspondía a ella decidir qué podía o no hacerle. Se había sometido por completo.
La resistencia de Five parecía inagotable. ¿Cuánto tiempo llevaba follándola? Y aun así, sus embestidas no habían cesado. ¿Sería porque ya había terminado una vez? La flor del placer de Blake florecía en su interior. Podía sentir cómo su capullo empezaba a abrirse, igual que cuando se había complacido hacía apenas unas horas. Sus caderas temblaban.
Nunca antes había alcanzado un orgasmo por penetración. Jaune siempre necesitaba terminarla con la lengua o los dedos. A menudo había oído decir que para algunas mujeres, alcanzar el orgasmo por penetración podría no ser posible, y siempre se había considerado entre ellas basándose en su experiencia con Jaune. Sin embargo, incluso ahora, aún lejos del clímax, se había equivocado. No era que fuera incapaz de alcanzar el orgasmo mediante la penetración. Era Jaune quien era incapaz de llevarla a ese punto.
Algo en esta comprensión la hizo hundirse más profundamente en su deseo animal. Se hundió aún más en su estupor. Aún más en su dicha.
Luego, el empuje se detuvo.
Por primera vez en minutos, Blake tuvo un breve respiro, capaz por fin de ordenar sus pensamientos. Fue entonces cuando se dio cuenta de que había estado babeando. Un pequeño charco de saliva se le había escapado de la comisura de la boca y había empezado a extenderse sobre la ropa de cama.
A esto le siguió la liberación de su brazo y cabello. Five la soltó bruscamente, y ella tembló al sentir que él desenvainaba su espada.
Ante la breve ausencia de su pene, Blake sintió un extraño vacío. Su coño ya estaba dolorido. Latía y parecía anhelar el regreso de su nuevo amor.
Pero el respiro iba a ser fugaz, como Blake aprendió rápidamente.
Sus manos regresaron, repentina y bruscamente. Sin previo aviso, ambas manos le dieron una palmada en cada nalgas, y el chico le asestó una vez más una nalgada brutal que le obligó a soltar un grito de dolor tan fuerte que tuvo que ahogar el llanto entre las mantas.
Con el trasero aún ardiendo de dolor, jadeó cuando las manos de Five, que habían permanecido donde habían caído, la agarraron por la cintura con fuerza. Con fuerza bruta, la tiró de lado, volteándola con la misma facilidad que si fuera de papel, boca arriba.
Aturdida y todavía atónita, sus ojos se centraron en lo que estaba frente a ella.
Five se arrodilló frente a donde yacía en la cama. Mirándolo a los ojos, dejó escapar un gemido de miedo y sintió que se alejaba lentamente de él.
Había una razón por la que había optado por ser penetrada por detrás. Mientras Five la penetrara por detrás, sería fácil distanciarse mentalmente de la realidad de lo que estaba haciendo. O mejor dicho, de quién se la estaba haciendo . Pero ahora, no sería tan sencillo.
La mirada de Five era frenética. Había una ferocidad, un destello salvaje, mirándola a través de esos ojos abiertos de par en par, observando cada centímetro del cuerpo desnudo de Blake. Bebía de su imagen como si fuera el néctar de la vida misma. Era una mirada que iba más allá de la lujuria. Más allá del deseo.
El chico la necesitaba .
Sin decir palabra, Five agarró sus rodillas, que apuntaban hacia arriba, y las separó, arrojándolas a ambos lados de Blake y abriéndose paso entre ellas.
Fue entonces cuando vio su pene.
De alguna manera, parecía más grande. No entendía cómo era posible. Conocía íntimamente su tamaño y forma mucho antes de que él se lo introdujera, pero ahora, al mirarlo, estaba segura de ello. Latía amenazadoramente mientras él lo sostenía, apuntándolo hacia el objeto de su deseo, brillando con la humedad con la que ella misma lo había cubierto.
Si no hubiera estado dentro de ella hace apenas unos segundos, habría apostado su vida a que semejante monstruosidad jamás habría cabido en ella. Incluso ahora, tras haberlo experimentado, seguía sintiéndose insegura.
—Five, espera —dijo Blake al recuperar el sentido, aunque fuera brevemente—. Espera un segundo. -Los nervios le subían de tono. Le puso una mano en el bajo vientre para detener su avance.
-Descuida todo estara bien- dijo, agarrándole la muñeca y apartándole la mano.
Con la otra mano, agarró su brillante polla y la alineó con su raja.
Blake cerró los ojos y se tensó por un momento. Su propia impotencia la envolvió al sentir la punta de su pene abriéndole los labios una vez más.
—¡Mmmmmmmph! —Un sonido horrible escapó de sus labios mientras apretaba los dientes. Fue como la primera vez, solo que esta vez, su humedad facilitó la progresión.
Five la dominaba, apretada entre sus muslos torneados. Sintió cómo sus caderas le golpeaban la cara interna de los muslos. Five le agarraba las piernas por las espinillas, separándolas por completo, estirando aún más su coño. La cama se mecía y crujía con cada embestida mientras Blake se agitaba desesperadamente buscando algo a lo que agarrarse, acomodándose en el marco de la cama. Se aferró a él con desesperación, sintiendo que si no se agarraba, el mundo entero se derrumbaría.
Él la embestía con fuerza, martilleándola como una máquina. Algo en el nuevo ángulo parecía facilitar un ritmo más rápido y agresivo. Ella hizo una mueca cuando él la agarró con más fuerza por las espinillas.
“Quiero que mires”, dijo Five entre embestidas.
Blake, todavía con los ojos cerrados, sintió como una de sus manos soltaba su pierna y agarraba fuertemente su barbilla, obligándola a permanecer quieta con la cabeza.
“Abre los ojos”, ordenó.
Obedientemente, Blake abrió lentamente los ojos.
Lo primero que vio fue a Five. Su rostro se cernía sobre ella, salvaje y lleno de lujuria. Un hilillo de sudor le corría por la frente, a lo que él no le prestó atención. Le sonrió y luego le indicó con la mirada que centrara su atención en lo que sucedía entre sus piernas.
Ella obedeció y siguió su mirada.
Cuando sus ojos se posaron en él, casi perdió el conocimiento.
Blake fue ensartado en el extremo de la enorme, húmeda y erecta polla de Five.
Había detenido temporalmente su penetración para permitirle apreciar realmente lo que le estaba sucediendo. Al mirar, vio que solo la cabeza permanecía dentro. El resto de su serpiente permanecía inmóvil, ansiando regresar a su calor, estremeciéndose de anticipación. Una vez más, se preguntó cómo una bestia así podría caber dentro de ella.
“No dejes de mirar”, ordenó Five, y vio y sintió cómo él comenzaba a mover sus caderas hacia adelante una vez más.
Cuando su pene empezó a deslizarse por completo dentro de ella, sintió como si alguien le apretara el estómago, pero desde dentro. Abrió los ojos de par en par y un gruñido ahogado de placer le salió de dentro. Sus piernas vibraron incontrolablemente, aumentando su vigor a medida que Five profundizaba. Por alguna razón, verlo suceder la hizo sentir de una forma que no había sentido hasta entonces. La hizo consciente de lo que le estaba sucediendo, tanto en mente como en cuerpo.
El placer en su interior crecía. El miedo temporal que se había restablecido con el breve cambio de postura se desvanecía de nuevo, devolviéndola a sus instintos básicos. Si bien al principio le había costado mirar, ahora se encontraba luchando por apartar la mirada. Observó cómo Five la penetraba y se retiraba. Escuchó el sonido de su humedad mientras entraba y salía. Sintió el tira y afloja en su interior. Sintió el vaivén del hormigueo y el aleteo que latía por todo su cuerpo con cada movimiento. Su coño se apretaba contra él cada vez que intentaba retirarse, una función que su cuerpo realizaba sin esfuerzo ni elección consciente.
“Es… increíble “, gimió. Las palabras brotaron de ella sin pensar. “Es… jodidamente… increíble “, brotaron de ella con una ráfaga de aire, expulsada de sus pulmones por las fuertes embestidas de Five.
Su cuerpo se movía con naturalidad. Se encontró presionando la cabeza contra la ropa de cama mientras arqueaba la espalda. Al hacerlo, había desplazado su cuerpo y le había proporcionado a Five el ángulo perfecto. Sintió como si su propio útero estuviera siendo perforado por su pene. Sintió un calor abrasador en todo su cuerpo. Su rostro se encendió, y notó que estaba rojo, no de vergüenza, sino de lujuria. La sangre fluía por su cuerpo mientras un torrente de hormonas y atracción llenaba todos sus sentidos.
Entonces, se encontró moviéndose al ritmo de sus embestidas. Cuando Five se retiraba, ella retrocedía lentamente la cintura. Luego, en cuanto sintió que él volvía a entrar, adelantó sus caderas para encontrarse con las de él, chocando sus mitades inferiores de una manera que le permitió a Five llegar aún más profundo, penetrar a profundidades que ni siquiera Blake habría imaginado.
Y con estas nuevas profundidades, llegó un nuevo placer.
¡ SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! —gritó al unísono con el encuentro de sus caderas. El golpeteo de sus cinturas le quitó el aire a Blake, y los gritos eran espasmódicos y cargados de euforia. Mantuvieron ese ritmo durante minutos, y ella volvió a quedar desconcertada no solo por su resistencia, sino también por la suya. Ella y Jaune nunca habían podido mantener ese ritmo por mucho tiempo. Pero Five no se detenía, y a ella le costaba seguirle el paso. ¿Cómo podía un chico tan inexperto tener tanta tenacidad?
El esfuerzo también la estaba agotando. Pronto, sintió que su cuerpo brillaba con una capa de sudor. ¿Cuándo se había calentado tanto la habitación? Deberían haber subido el aire acondicionado antes de empezar. Pero ya no había tiempo para pensar en esas cosas. Los animales no se preocupaban por cosas tan triviales cuando sus parejas estaban cerca. Se acercaba. Iba a correrse. Deseaba correrse desesperadamente.
Nada podría sacarla de este momento.
Nada.
” ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ!”.
“¡Joder!”, gimió Five. “¡Joder! ¡Dios, qué bien se siente!”.
” ¡SÍ! ¡SÍÍÍ!”.
Excepto…
” ¡VRRR! ¡VRRR! ¡VRRR!”.
El sonido hizo que el dúo reproductor se detuviera de repente.
” ¡VRRR! ¡VRRR! ¡VRRR!”.
Algo estaba vibrando.
” ¡VRRR! ¡VRRR! ¡VRRR!”.
Blake dejó escapar un suspiro de anhelo cuando Five salió de ella. Aturdida, sin saber bien qué estaba pasando, se quedó mirando su pene mientras él se movía por la cama hacia la mesita de noche de Blake. Subía y bajaba con los latidos de su corazón, con un aspecto hinchado y a punto de reventar. Sentía un vacío en su ausencia.
“¿Por qué paraste?” gimió Blake al sentir que las oleadas de su orgasmo, que una vez se acercaba, se desvanecían. Se giró de lado y sintió que sus pechos se inclinaban hacia abajo.
Observó a Five rebuscar en su mesita de noche. ¿Qué tramaba?
Al volverse hacia ella, vio que sostenía su teléfono. Era la 4:17 a. m. Y el teléfono se iluminaba y vibraba.
” ¡VRRR! ¡VRRR! ¡VRRR!”.
El nombre de Jaune apareció en la pantalla.
Sus ojos se abrieron de par en par. Su boca se abrió.
Jaune la estaba llamando.
—Mierda —dijo Blake débilmente—. ¡Mierda, mierda, mierda! —chilló, incorporándose y arrebatándole el teléfono a Five—. ¡Lo olvidé! ¡Dijo que me llamaría más tarde! ¡No pensé que hablara en serio, ya es tan tarde! ¿Por qué llama? ¿Por qué? ¿Crees que lo sabe? —Su voz era temblorosa y el corazón le latía con fuerza. La habitación parecía mareada. Sentía una frenesí que nunca antes había experimentado—. ¿Qué hago? ¡Mierda! ¡Qué hago! Debería ignorarlo.
“Responde”, dijo Five.
Blake se giró hacia él, viéndolo por primera vez. Su pene aún se contraía amenazantemente, sin que la nueva situación lo apaciguara en lo más mínimo.
“¿Disculpa?”.
“Dije que contestes”, repitió Five. “Contesta el teléfono”.
” ¡VRRR! ¡VRRR! ¡VRRR!”.
“¡No!”, dijo Blake, sorprendida. “¡No, no le voy a responder! ¡Nunca podré actuar con normalidad!”.
“Será más sospechoso si no lo haces”, dijo Five. “Probablemente acaba de terminar su estudio del día o de acosar a Weiss y quería devolverte la llamada. Contesta el teléfono”.
“¡Bien! ¡Solo… solo cállate!”.
“Okey.”.
Blake lo miró boquiabierta, pero no había tiempo para discutir. Si no respondía ahora, su llamada iría al buzón de voz.
Tragó saliva con dificultad y respiró hondo, intentando calmarse y quitarse el temblor de la voz. El corazón le latía con fuerza. Cualquier intento de actuar con normalidad probablemente sería inútil. Bajó la vista hacia su teléfono y se quedó mirando un instante el botón verde de “Responder”. Su dedo se posó sobre él un instante y luego lo presionó.
Con un último suspiro, se llevó el teléfono a la oreja.
“¿J-Jaune?” Dijo con la voz cargada de fingido aturdimiento, como si acabara de despertar.
“¡Blake! ¡Hola!” La voz alegre y vivaz de su novio (ya no lo es) resonó al otro lado del teléfono.
“Hola”, respondió secamente. “¿Está todo bien?” El latido de su corazón latía con fuerza en sus oídos.
—¡Sí, todo bien! Solo quería devolverte la llamada. Disculpa haber tenido que bajarme tan de repente. ¿Te desperté?
¿Aja durmiendo en clase? Ahí va otra vez, evitando mencionar el nombre de Weiss.
“Ah, ya veo”, dijo Blake. “Eh, vale. Sobre lo de antes… ya estoy bien. Solo te estaba… extrañando, nada más. La llamada me despertó, sí”, añadió, con la esperanza de terminar la llamada rápidamente.
“Lo siento”, respondió Jaune con timidez. “No quería despertarte. Solo quería charlar, nada más. He estado pensando en ti toda la noche, después de que nuestra última llamada terminara tan abruptamente”.
¿Pensando en mí toda la noche? ¿Fue porque te sentías culpable por lo que hiciste acosando chicas?
Sin embargo, un dolor sordo de culpa la carcomía al pensarlo. Después de todo, no estaba mejor. Todo lo que ella y Five habían hecho… pero ya no había vuelta atrás.
“¿Qué estuviste haciendo esta noche?”, preguntó Blake, esperando pillarlo desprevenido.
Esta noche era noche de estudio de dust. Glynda es muy estricta aquí.
Su respuesta parecía bastante sincera. ¿De verdad eso era todo? .
“Es terriblemente tarde para estar haciendo tarea”, respondió secamente.
“Bueno, entonces Pyrrha y yo hicimos un poco de entrenamiento. Ella me estaba mostrando algo de la nueva tecnología que Ruby ha estado desarrollando, y como que perdimos la noción del tiempo”, dijo con una tímida risa.
A Blake se le escapó el corazón del pecho y se le subió a la garganta. Tragó saliva con dificultad al sentir que se le formaban las lágrimas.
Ahí estaba. La respuesta que había estado esperando… la respuesta que había temido oír. Él había ocultado esa última información, y bien podría haber guardado toda la segunda mitad de su noche para sí mismo si ella no hubiera indagado más. ¿Entrenamiento? ¿Habían perdido la noción del tiempo? Blake no sabía qué tipo de entrenamiento implicaba trasnochar, pero había otras actividades que hombres y mujeres hacían cuando se encontraban solos y que tendían a extenderse hasta la noche. ¿Quién lo sabría mejor que ella, en una situación similar en esa habitación de hotel?
¿Blake? ¿Sigues ahí? —La voz de Jaune llegó al otro lado, haciéndola reaccionar. Había permanecido en silencio demasiado tiempo.
—Sí, todavía estoy aquí —respondió ella en voz baja y con una voz sorprendentemente firme.
—Bueno, de todas formas —continuó, con la voz temblorosa en la incómoda pausa—, bueno, eh… ¿qué hiciste esta noche?
En qué situación tan desconcertante se encontraba en ese momento. Allí estaba sentada. Ella, la novia falsa de Jaune, hablando por teléfono con su novio, completamente desnuda y mirando con indiferencia al chico que, hasta hacía solo unos momentos, la había estado follando hasta dejarla sin sentido con lujuria indecente. Tenía las piernas dobladas, con una mano apoyada flácidamente en su regazo mientras la otra sostenía el teléfono junto a su oído. Ante la pregunta de Jaune, sus ojos se fijaron de golpe y se dio cuenta de que había estado mirando la polla de Five. Había retrocedido un poco, pero seguía firme.
Y mientras lo miraba, una idea cruzó por su mente. Una idea dulce y terrible. Ahora que prácticamente había confirmado que Jaune habia intentado acostarse con Pyrrha, la culpa y el arrepentimiento parecieron desvanecerse de golpe. Solo quedaba el deseo. Un deseo, no solo de placer, sino de venganza. Venganza contra el chico que le había roto el corazón y la había dejado plantada durante todos esos largos meses cuando, de otro modo, podría haber estado disfrutando del regalo de una polla que la había acompañado todo el tiempo.
Y ella sabía exactamente lo que quería hacer.
Al cruzar miradas con Five, una sonrisa burlona se extendió por su rostro. Five la miró inquisitivamente, sentada contra las almohadas del respaldo de la cama. Una expresión a partes iguales de confusión y excitación lo invadió de repente cuando Blake empezó a arrastrarse a gatas hacia donde estaba sentado el chico. De inmediato, su pene, que en un momento dado había empezado a ponerse flácido, cobró vida, atento y expectante. Los pechos de Blake colgaban pesadamente bajo ella mientras se acercaba lentamente a Five, sintiendo su coño y su vientre calentarse de anticipación. Su excitación se apoderaba de él. Todo su cuerpo ansiaba placer, contacto.
“¿Qué he estado haciendo?”, preguntó Blake. Con una mano, sintió el teléfono en su sitio, mientras con la otra jugueteaba con el pene de Five. Lo acarició y lo movió de arriba abajo un instante, solo para asegurarse de que estuviera completamente erecto. Lo estaba.
“Bueno, qué curioso que menciones entrenamiento”, continuó mientras deslizaba su cuerpo contra el de Five, subiendo poco a poco por su torso. Sus pechos se deslizaban suavemente sobre su piel, y su cabello le caía sobre el pecho, estremeciéndolo. La miró con una mirada llena de horror, como si lo que estaba experimentando no fuera posible. “Five y yo nos pusimos a entrenar un poco “. Se sentó sobre Five, con la cintura justo debajo de la suya. Su pene sobresalía, decidido. Lo agarró con una mano, lo retiró con suavidad y lo colocó contra su estómago. Casi jadeó. Su longitud era tan extraordinaria que, al colocarlo sobre sí misma, vio que le llegaba mucho más allá del ombligo, casi hasta la mitad de sus pechos. Aquello iba a atravesarla hasta el fondo. Una vez más, empezó a dudar si podría meterlo todo dentro.
“¿De verdad?”, preguntó Jaune. “¿Qué clase de entrenamiento hicieron?”. Su voz sonaba tranquila e imperturbable. Era demasiado perfecta. Lo más probable es que Jaune nunca hubiera considerado a Five un rival digno de Blake, y por lo tanto nunca le habría tenido celos. Jamás en un millón de años habría imaginado Jaune que su Blake se acostaría con este chico a sus espaldas. Eso solo le añadía más dulzura. La humillación que sentiría. La hacía desear a Five aún más fuerte.
“Bueno, descubrimos que nuestras… semblanzas… eran sorprendentemente compatibles”.
Levantó las caderas, pero enseguida se dio cuenta de que no sería suficiente. Necesitaba colocar su coño sobre su miembro, pero no era tarea fácil. Una vez más, casi se rio de lo absurdo que era todo, pues tuvo que ponerse de pie e inclinarse sobre el pene de Five solo para lograr la posición correcta. Esto iba a ser más complicado de lo que había previsto.
“¿En serio? ¿En qué sentido?”, preguntó Jaune.
“Bueno, verás…”, continuó mientras se agachaba. Sintió que sus músculos se tensaban por el esfuerzo de suspenderse en un ángulo incómodo. Pronto se hizo evidente que no sería fácil mantener esta conversación estando tan ocupada en otras cosas. Sus palabras vacilaron.
“¿Está todo bien? Pareces un poco distraída”, añadió jaune.
—¡Oh, sí, estoy bien! —dijo Blake, riendo por si acaso—. De hecho, eh… Five y yo seguimos… entrenando.
Five la miró boquiabierto. Se mordió la lengua, arrepintiéndose de inmediato de haberla involucrado en esta conversación.
“¿En serio? ¿Tan tarde?”.
“¡Sí!”, tartamudeó Blake. Ya no podía retractarse. Solo serviría para redoblar la apuesta. La cabeza del pene de Five se topó con la entrada de su coño. Aún empapada, la punta se deslizó sin esfuerzo, y Blake tuvo que morderse la lengua de nuevo. “¡Nos… dijeron que no paráramos… hasta que tuviéramos nuestra nueva combinación de movimientos!”. Con cada pocas palabras, la longitud de la polla de Five la abría más y más a medida que deslizaba sus caderas por su miembro.
¡Vaya! ¡Y yo que creía que Glynda era estricta! ¡Los estudianes parecen tomarse muy en serio su trabajo de cazadores!
“¡Eso es… cierto!” Era insoportable. Desesperada por un breve respiro, pulsó el botón de silencio del teléfono, impidiendo que Jaune oyera lo que pasaba por su teléfono.
“¡JODER!”, exclamó mientras se sometía a lo último, cayendo con fuerza sobre la cintura de Five mientras el resto de su monstruosidad se abría paso entre sus entrañas, enterrándose dentro de ella hasta la base.
Se sentó un momento, dejando que sus músculos se adaptaran a esta nueva sensación. Todo su cuerpo se consumía de calor, placer y alivio. Su boca se entreabrió ligeramente al sentir el pene de Five regresar a su nuevo hogar. Mientras se sacudía y palpitaba dentro de ella, oleadas de euforia la invadieron. No había nada en el mundo comparable a la sensación que experimentaba en ese momento.
—Entonces, ¿Five también está ahí?
La voz de Jaune la devolvió a sus sentidos.
Five tenía los ojos en blanco, aparentemente sumido en la misma dicha en la que ella misma se había sumido. Ante esta pregunta, se inclinó y le dio una suave palmadita al chico en la cara, haciéndole reaccionar. Activó el micrófono y le ofreció el teléfono a Five.
“Eso es… cierto…”, dijo Five, con la voz espesa mientras el placer nublaba su mente.
“Suenas agotada”, dijo Jaune riendo. “Supongo que Blake te ha estado dando mucha guerra, ¿no?”.
“Se podría decir que…”, respondió Five, con una sonrisa de satisfacción extendiéndose por su rostro.
“De hecho”, dijo Blake, intentando desesperadamente mantener la voz firme, “creo que ya es hora de que reanudemos nuestro entrenamiento”.
Atrapada bajo ella, Five no le servía de mucho. Al darse cuenta, Blake elevó las caderas ligeramente, a pesar de que sus piernas se habían convertido en gelatina por el placer, y las bajó de nuevo. Repitió el movimiento. Una y otra vez. La longitud del miembro de Five bombeaba al ritmo de sus movimientos, deslizándose fuera de ella y luego hundiéndose de nuevo en su interior. Su cuerpo estaba vivo. Cada embestida parecía, de alguna manera, forzar su pene a llegar aún más lejos de lo que había llegado hasta ese punto, perforando su cérvix.
Mientras cabalgaba al chico, su boca se abrió en gemidos silenciosos. Su cuerpo ardía. Cada centímetro de ella se sentía vivo. Subía y bajaba, mientras sus pechos se mecían con ella, un ruido denso y húmedo le llegaba a los oídos con cada subida y bajada de su cuerpo. Sus caderas se frotaban contra las de Five. Su cuerpo había tomado el control una vez más, extrayendo todo el placer posible del chico, como si no fuera más que un consolador.
Mientras tanto, la llamada continuaba. Por razones que jamás pudo explicar, el hecho de que Jaune, su novio, estuviera hablando por teléfono con su novia sin saberlo mientras ella montaba la polla de otro hombre, disfrutándola más de lo que jamás había disfrutado la suya, era lo que la hacía tan perfecta. Si la venganza era dulce, esto era algo aún mejor.
—Bueno, quizá debería dejar que ustedes dos vuelvan a ello —dijo Jaune.
“Oh… ¿estás seguro? Yo… puedo seguir… hablando”, dijo Blake, frotándose contra Five todo el tiempo, con una mano presionando su pecho mientras su polla reorganizaba su interior.
“No, no pasa nada. Estoy bastante cansado, y por lo que parece, ya has vuelto al trabajo”, dijo riendo. “¡Ya pareces sin aliento!”.
“Sí, es… un trabajo duro…”, añadió.
Arriba. Abajo.
-Bueno entonces ¿te llamo mañana?
“Eso… sería… genial…”, dijo, ahogando un gemido mientras sus caderas aterrizaban pesadamente de nuevo.
—Genial —dijo jaune con voz alegre—. Bueno, espero que no estés despierta mucho más tiempo. Descansa un poco. Te quiero.
“Yo… también te agghkkk…”, añadió. Le sorprendió lo fácil que le parecía ahora.
La llamada terminó. Dejó de montar un momento para mirar la pantalla de su teléfono, solo para asegurarse de que él había colgado. Así era.
Y de repente, Blake atacó a Five.
Nunca se había sentido tan excitada en toda su vida.
“¡Eso… fue tan… jodidamente… increíble!” Aulló mientras volvía a rebotar sobre la polla de Five.
—¡Estás… jodidamente… loca! —dijo Five, con los ojos más grandes de lo que jamás los había visto, como si por fin estuviera contemplando al monstruo que había creado.
“Cállate…”, dijo Blake, “no digas ni una palabra más”. Ya ni siquiera sabía quién era. “¡Ni una palabra más! ¡Ya casi llego!”.
“¡Yo también!” gritó Five.
“¡Joder! ¡No te corras! ¡No te atrevas a correrte todavía! ¡No hasta que yo lo haya hecho!”.
—¡Lo estoy intentando! —gritó Five, y vio cómo sus manos se aferraban a las mantas que los rodeaban, desesperadas por encontrar algo a lo que agarrarse.
—¡Agarra… estas… en su lugar! —Estaba a medio paso cuando agarró las manos de Five y las obligó a sujetarse sobre sus pechos.
—¡Mierda… Blake! Son… —pero no pudo terminar la frase, pues sus instintos animales volvieron a apoderarse de él. Inclinó la cara hacia adelante y se hundió entre ellas, hundiéndose en ellas. Entreabrió la boca y sus dientes se clavaron en su pezón izquierdo. Lo succionó como un bebé hambriento, y Blake dejó escapar un grito de alegría.
¡Sí! ¡Sí! ¡Así! ¡Así mismo! —gritó mientras sus caderas seguían rozando las de Five. Empujó sus caderas hacia adelante y hacia atrás, obligando a la polla de Five a retirarse y regresar con una tenacidad desconocida. Dentro y fuera. Dentro y fuera. El sonido de su humedad. El calor. ¡El calor! Algo la estaba dominando una vez más.
Tal como cuando se había complacido antes, el calor comenzó a extenderse. Pasó de su ingle a su estómago, a su pecho. A sus muslos. A sus rodillas. Sintió que cedían. Cayó hacia adelante, incapaz de continuar. Sintió cómo los brazos de Five la rodeaban por la cintura y la atraían hacia él, dejándola tendida directamente sobre él. Sus pechos lo asfixiaban, pero no le importaba.
Levantó a Blake hacia adelante como si fuera una muñeca de trapo y comenzó a mover sus caderas. Con Blake aún encima, su pene la penetró con la fuerza y la velocidad de un martillo neumático. Su boca se movió de un pezón a otro. Sus manos se deslizaron hacia abajo y le separaron el coño.
Él estaba metiendo la mano en un lugar que ella estaba segura que ningún pene jamás había estado destinado a alcanzar.
Su voz había trascendido los gemidos. Los gritos. Incluso el ruido. En cambio, su cabeza se inclinó hacia adelante y su boca y ojos se abrieron de par en par. Era como si estuviera teniendo una experiencia extracorpórea.
Five la estaba usando. No era nada. Nada más que una vulgar prostituta. Y él la estaba usando a su antojo. Y a ella no le importaba en absoluto. Porque algo más estaba sucediendo que la privaba de todos sus sentidos.
“YO SOY… YO SOY…” gritó Blake.
Estaba a punto de suceder. El calor era absoluto. Su cuerpo estaba vivo. No había nada más en el mundo que la polla de Five.
“Blake… ¡ESTOY… ESTOY CERCA!”.
Pero ella no lo oía. No oía nada. No veía nada. No saboreaba nada. No olía nada. Solo había tacto. Solo sensación.
“¡SIGUE ADELANTE!” gritó, y su voz tembló.
“¡MIERDA!”.
“¡MIERDA!”.
“SOY…”.
“A PUNTO DE…”.
“¡CORRETE!” Gritaron ambos en perfecta sincronía.
Y luego no hubo nada.
Nada más que su orgasmo.
Ella se levantó de golpe, la polla de Five la separó y su boca se abrió en un éxtasis silencioso.
Su orgasmo fue abrumador. Imponente. Lo controlaba todo. Lo era todo. No había nada más.
Sus piernas estaban inmóviles. Los dedos de sus pies se curvaron. Todo su cuerpo se detuvo, aferrándose a la polla de Five con desenfreno. Sus pezones se erizaron, tan erectos que casi dolían. Sintió que su rostro se sonrojaba y supo que estaba rojo como un tomate.
Entonces su cuerpo empezó a tener espasmos.
Estaba completamente fuera de control. Derrumbada contra Five, su cuerpo parecía un saco de arena. Su peso muerto se cernía sobre el chico mientras su cuerpo se convulsionaba. Un hilillo de baba resbalaba de la comisura de su boca hasta el pecho de él.
Five no podía moverse.
En algún lugar lejano, desde lo más oscuro de su mente, percibió vagamente algo espeso y abrasador que la llenaba por dentro. Era una sensación extraña. Era una sensación desconocida para ella en sus orgasmos habituales.
“Blake… Blake… Oh… Oh, mierda…”, los gemidos de Five llegaron a sus oídos, pero aún así, no pudo registrarlos.
No podía comprender nada. Su placer se prolongó durante lo que pareció una eternidad. Todo el tiempo, completamente inconsciente de que Five también había alcanzado el orgasmo.
Dentro de ella.
Ella no era consciente de que, en ese preciso instante, chorro tras chorro de la semilla de Five salía de su pene, bombeando directamente hacia su útero. Su esperma viril invadía cada centímetro de su tracto reproductivo. Salía a borbotones espesos y blancos. La semilla de Five se derramaba una y otra vez. Llenó su útero. Bombeo tras bombeo. Y Blake sentía, en lo más profundo de su ser, cada sacudida que enviaba ondas de euforia por todo su cuerpo.
Había querido advertirle. Había querido decirle. No usaba anticonceptivos. Jaune siempre usaba condón, o al menos, se retiraba. Cuando ella y Five empezaron, nunca imaginó que su mente y su cuerpo no estarían en condiciones para decirle a Five que hiciera lo mismo. Estaba tan desesperada por alcanzar el orgasmo, que había abandonado toda precaución en pos de su placer egoísta. Y ahora…
El esperma de Five la abrumó. Cubrió sus entrañas, sin dejar rastro. Penetró profundamente. Demasiado profundo. Por las trompas de Falopio de Blake, serpenteando, retorciéndose, buscando…
Y encontrando…
Y allí permanecieron los dos; Five, enterrado dentro de Blake. Jadeando. Gimiendo. Temblando.
Mientras se quedaban dormidos.
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Unos meses después….
Jaune estaba preocupado. Seguía buscando a Blake. Con Ren y el equipo RWBY buscando a Mistral y Blake, y el equipo SSSN buscando a Vacuo, coordinaba grupos de búsqueda en Vale, usando los recursos de su familia para localizar a su novia. Cuando de repente, recibió un paquete. Era una caja pequeña. Dentro había una pequeña memoria USB. Curioso por ver qué era, la conectó a su computadora. Había un archivo de video llamado “Blake”. Jaune no dudó en abrirlo.
Vio a Blake y Five besándose, abriendo la boca para mostrar sus lenguas entrelazadas para mostrar a la cámara. Luego se alejó, mostrando el vientre tan lleno que parecía embarazado de Blake mientras Five colocaba su polla frente a la boca de Blake, lo que resultó en que la Fauno la chupara con el mismo fervor que su beso. Blake dejó de chupar la polla, cuando Five colocó su polla cerca del coño de Blake. “Hola Jaune, ¿cómo has estado?”, preguntó Blake, llena del mismo tono optimista que Jaune recuerda con cariño. “Estoy bien, por cierto, soy feliz con Five. ¡Me ama me cuida y me alimenta con litros de semen y kilos de atun!” Declaró Blake mientras Five martillaba el coño de Blake, haciendo chillar a la Fauno.
“Siento no haber vuelto nunca”, dijo Blake, con Jaune esperando que alguna parte de Blake todavía lo amara. “¡Después de tener la enorme polla de Five, nunca más volveré a tu inútil y patética polla humana!” Five folló a su esclava con más fuerza mientras Blake coreaba: “¡Polla inútil, polla inútil, polla inútil, us-aaaaahhhh!”. Blake llegó al clímax cuando Five se corrió en su coño, expandiendo su vientre ya lleno.
Fue el turno de Five de regodearse: “No te preocupes, Jaune, te mantendremos al tanto del estado de Blake”. Y mientras Five y Blake empezaban a reír, Jaune apuñaló la pantalla con Crocea mors.
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