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N.T.R. RWBY - Capítulo 26

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Capítulo 26: Kaikhosru

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Kaikhosru (カイホスルー) es el sexto rango de los Siete Archidemonios y gobernante de Zahhāk, la Estrella de los Restos del Dragón . Su verdadera forma es la de un dragón, revestido de escamas de joyas y metales preciosos, tan gigantesco que se enrosca alrededor de la estrella y con ojos del tamaño de una luna.A diferencia de los demás Archidemonios, debido a su extrema avaricia y a su desprecio por el despilfarro de recursos, es un tirano que prefiere explotar a sus súbditos al máximo antes que la masacre. Su rango es bajo debido a su limitado número de asesinatos, lo que le otorgó el sexto rango gracias a Wahman Yast .

Nacido como Ashavan en Zahhāk, Kaikhosru originalmente se supone que moriría como un bebé, pero debido a la oración de su madre y al Gran Mandamiento de Ejecución del Cristal del Dragón que se supone que aliviaría el sufrimiento de los Ashavan si torturaran a un Dragvant , Kaikhosru sobrevivió, aunque técnicamente no estaba vivo.

Kaikhosru conoció a Roxanne , quien fue utilizada como sacrificio de Cristal Dragón. Incapaz de satisfacerse torturándola, inevitablemente rompió su Gran Mandamiento de Ejecución y cayó. Se convirtió en un Dragvant y usurpó el reinado de Cristal Dragón. Tras convertirse en su monarca durante doscientos años, explotó el planeta al máximo, hasta el punto de reducir su vibrante mundo a un páramo yermo.

Poderes y habilidadesComo Daeva y Espíritu Estelar, Kaikhosru posee un gran poder físico además de su cuerpo Estelar, el gigantesco dragón con un ojo del tamaño de una luna, capaz de disparar rayos láser a la velocidad de la luz.

Aliento de dragónEsto le otorga la capacidad de transmutar a su objetivo en joyas u oro. Su alcance se extiende por todo Zahhāk y, como regla general, es irresistible. Si no puedes sobrevivir sin el espíritu de Kaikhosru (tierra, atmósfera, agua, etc.), su voluntad no puede ser rechazada. Es casi imposible desobedecer a Kaikhosru dentro de su territorio. Puede ejercer esta autoridad fuera de su planeta, mirando directamente a su objetivo.

MandamientoAzi DahakaA cambio de la obligación de -Gastar sus tesoros sin remordimientos-, obtiene como beneficio -Obtener una recompensa correspondiente a dicho gasto-. El tesoro puede ser cualquier cosa, desde bienes, sobornos o su propia carne. Es decir, es una especie de intercambio equivalente. Si consume las vidas de sus súbditos, su propia fuerza vital aumenta; si maximiza el lujo de su comida, ropa y vivienda, su autoridad de joya se agudiza; si renuncia a aliados cercanos como Roxanne, obtendrá personal capacitado e información a cambio. Además, en combate, a cambio de heridas, también es posible saquear las habilidades y partes del cuerpo del enemigo. Sin embargo, Kaikhosru detesta el concepto de -intercambio equivalente-, que implica perder algo para ganar algo.

Gran ExplosiónDeseo inmutableHegemonía anónima de Kaikhosru. La nueva ley que trasciende lo negro y lo blanco. Su efecto hará que toda vida alcance la inmortalidad, ya que Kaikhosru considera la muerte un concepto que impide a las personas satisfacer plenamente sus deseos.

__________________________________________

Desde hacía décadas, el reino de Mistral había sido tomado por un solo hombre.Un solo nombre que bastaba para apagar las conversaciones en los mercados, para silenciar los rezos en los templos, para convertir los sueños en obediencia.

Kaikhosru, el Dragón de Zahhāk, el señor de las joyas y las heridas, el rey que devoró a los nobles de Mistral y fundió sus coronas para adornar su trono.

Las crónicas antiguas lo describían como un cataclismo: un hombre que descendió del cielo en una noche dorada, envuelto en fuego y resplandor.

En tres días, el consejo de Mistral fue exterminado.En una semana, las academias fueron cerradas.En un mes, el mundo comprendió que el trono no pertenecía a los hombres, sino a la codicia encarnada.

Muchos lo llamaron tirano, y no se equivocaban.Pero el tirano los protegía.

Cuando los Grimm se abalanzaron sobre los muros, Kaikhosru los convirtió en estatuas de oro y los colgó como decoraciones en las puertas de la ciudad.Cuando el hambre azotó los campos, hizo que los campesinos trabajaran hasta sangrar, pero se aseguró de que ninguno muriera.

Explotaba a su pueblo… pero nunca les faltó nada.El terror era orden. La desesperanza, estabilidad.Así era el reino de Mistral bajo el Dragvant.

Los reinos vecinos —Atlas, Vacuo, Vale— cerraron sus rutas.Las academias se negaron a enviar equipos a aquel lugar maldito, donde los estudiantes desaparecían o regresaban convertidos en estatuas vivientes, brillando bajo el sol como joyas malditas.Solo quedaba Mistral, encerrada en su propio esplendor.

Y en el corazón de ese imperio…un palacio hecho de oro vivo respiraba.

—.

Kaikhosru se encontraba reclinado sobre su trono, cubierto de una túnica blanca y joyas que parecían pesar toneladas.Su piel relucía con un brillo sobrenatural, y sus ojos, dos gemas de ónix, observaban a las mujeres que danzaban ante él.

El aire estaba saturado de incienso, vino, y música suave de cuerda.

Pyrrha Nikos se movía con una gracia silenciosa, su cabello rojo ardiendo bajo la luz de las lámparas.Cinder Fall tocaba un laúd, vestida con telas oscuras que no podían ocultar su mirada resentida.Raven Branwen permanecía en un rincón, vigilando, su espada al alcance, aunque sabía que la batalla estaba perdida antes de comenzar.Y Saphron Cotta-Arc, con un vestido sencillo, se limitaba a servirle vino al tirano, sus manos temblando, sus ojos evitando los suyos.

Kaikhosru sonrió con una calma casi divina.

– -¿Saben por qué las mantengo aquí, mis flores doradas?– Su voz era suave, casi cariñosa, pero cada palabra tenía el peso del oro fundido.- -No por deseo, ni por necesidad. Las mantengo porque ustedes son mías. Mis trofeos, mis símbolos de que incluso la voluntad humana se curva ante el brillo del poder.-.

Que bien se sentia estar lejos del primer cielo.

Pyrrha detuvo su danza.Su respiración era lenta, pero su mirada ardía de rabia contenida.—No somos joyas… —susurró con amargura.

—No lo eres todavía —respondió Kaikhosru, levantando una copa—. Pero cuando aceptes que tu cuerpo y tu espíritu no te pertenecen… entonces brillarás como tal.

Cinder apartó la vista, fingiendo indiferencia.—Al menos el oro no sufre.

Kaikhosru rió.—Tampoco se oxida.

Raven habló desde la sombra, su tono era seco, hostil.—Pudiste matarme aquella vez. ¿Por qué no lo hiciste?

El tirano la miró, pensativo, con una sonrisa casi humana.—Porque tu odio es valioso, Branwen. Y yo no desperdicio tesoros. Un enemigo vivo vale más que mil cadáveres tirados en mis puertas.

El silencio llenó la sala.Solo el sonido de los pasos de Pyrrha y el leve temblor del vino al caer en la copa de Saphron rompían la quietud.

Saphron finalmente habló, su voz trémula.—Mi señor… ¿por qué… por qué nosotros?

Kaikhosru bajó la mirada hacia ella.—Porque el oro no tiene moral, niña. Y yo soy su dios.

Se inclinó hacia atrás, dejando caer monedas desde sus dedos.Estas se fundieron al tocar el suelo, expandiéndose como un río dorado que reflejaba el techo lleno de lámparas.

– -Mistral es un cuerpo hecho de codicia, y yo soy su corazón. Si muero, el reino se pudre. Si existo, el reino sufre… pero vive. Esa es la naturaleza de todo imperio.-.

Y con un chasquido de sus dedos, ordenó:.

– -Pyrrha, baila.

– Cinder, canta.

– Raven, observa.

– Saphron, quédate a mi lado.-.

Todas obedecieron.

Los sonidos del laúd, el roce de las telas y el leve tintinear de las cadenas llenaron el aire mientras Kaikhosru, el Dragvant, observaba a sus flores humanas moverse a su antojo.

Sin embargo, mientras el vino corría y las luces doradas titilaban sobre los muros de mármol, su mente viajó atrás en el tiempo.

Recordó el día en que Cinder Fall había llegado a su palacio.

Una huerfana harapienta, cubierta de ceniza y sangre seca, que se había arrastrado hasta los escalones de Zahhāk pidiendo refugio.

Los guardias habían querido quemarla viva por su atrevimiento, pero Kaikhosru —curioso ante su insolencia— había decidido observar.

-¿Por qué vienes ante mí, criatura sin valor?-.

-Porque el mundo me ha robado todo lo que tenía,- respondió ella, la voz rota pero llena de una obstinación ardiente. -Y quiero aprender cómo robarle al mundo de vuelta.-.

-¿Y qué te hace pensar,- dijo el tirano mientras la rodeaba, -que el mundo te debe algo?-.

-Nada,- sonrió con la boca ensangrentada. -Por eso pienso quitárselo.-.

Esa respuesta le había hecho reír.

No de placer, sino de reconocimiento.

Desde ese día, Cinder se convirtió en su sombra, una serpiente astuta que lamía las migajas de poder que caían de su trono.Y en las noches la funda de sus placeres.

Su cerebro chilló cuando Dragvant la presionó suavemente sobre su pequeño pecho, ahuecando la boca inclinada y presionando hacia abajo. No fue un toque cuidadoso ni reverente en absoluto, y el hombre demonio empujó con entusiasmo sus dedos hacia abajo, como si ansiara el contacto de una teta femenina. Parecía particularmente complacido con la sensación, y Cinder no pudo hacer más que yacer debajo de el y permanecer paralizada mientras la palpaban.

La otra mano recorrió su vientre, palpando la suave piel con dedos fuertes. Presionó hacia abajo con fuerza y ​​aplicó presión, tocándola con precisión. Era un agarre posesivo y firme, y ella deslizó los dedos con alegría mientras descendía, deslizándose por la parte plana de su vientre y a lo largo de su esbelta figura. Se ahuecó los costados y apretó la cadera, y la chica de cabello negro habría jadeado de haber podido.

Ella no lo era.

-Oh, cuánto me encantaría tocar esto como es debido…-, gruñó Dragvant, con voz lasciva y baja. -…Pero esta es la primera vez desde que llegue que realmente puedo follar. -.

Se incorporó sobre la pelvis de Cinder, y su mundo se tambaleó por segunda vez. No solo había una enorme hinchazón alrededor del pecho de Dragvant, sino también en el dobladillo de sus batas: un bulto evidente y prominente, algo enorme que la impactó de forma inesperada. A diferencia de los ojos de Dragvant, no había una simple sospecha allí: sabía exactamente qué era, qué significaba, y estaba aún más sorprendida que antes.

Su mente daba vueltas lastimosamente. Entró en pánico, estaba nerviosa, y no podía hacer nada al respecto. Era una huérfana muy fuerte y una chica muy capaz, pero contra Dragvant y sus voraces insinuaciones, no era nada. Era menos que nada; era un juguete para usar a su antojo,que podía proporcionarle.

¡Dios mío!, se quejó para sus adentros. ¡Esto no está pasando!

Dragvant se quito las telas y, al instante, la gruesa y palpitante longitud de una polla descendió, balanceándose y golpeando el estómago de Cinder. Su mente se sumió en un shock aún mayor al verla: una longitud enorme y erecta, tan gruesa como su muñeca y tan larga como un brazo, una polla de veintidós centímetros, dura como una roca, que ya entonces palpitaba visiblemente de deseo. Era una longitud monstruosa que realmente no debería haber estado unida a un hombre tan atlético y adulto como Dragvant, y todo su ser se resistió.

Quería protestar. Quería hacer algo, cualquier cosa, y simplemente retroceder, pero no podía. En realidad, estaba atrapada allí debajo de Dragvant mientras el gruñía lujuriosamente y se apartaba, su gruesa vara rozando su piel, y cada parte de la adolescente quería retorcerse. Se sentía gruesa, carnosa y palpitante, y estaba totalmente impactada por la pura virilidad que sentía allí; parecía imposible, pero allí estaba, apoyado contra su pelvis, extendiéndose más allá de su ombligo: una simple y gruesa losa blanca que desafiaba cualquier creencia.

-Solía ​​ser tan hermosa-, suspiró Dragvant, pero el sonido era de enojo, molestia y hambre. -La joya del dragon fue un regalo espectacular … .hasta que ese bastardo yazata arrasó con todo….-.

Gruñó de nuevo mientras agarraba las piernas de Cinder y tiraba de ellas, separándolas para exponer su cuerpo. No había nada más que eso, y Cinder habría chillado de haber podido, pero no pudo. El pánico la inundó y la dejó frenética, con cada pensamiento reducido a un caos de confusión. Nada tenía sentido, y deseaba con todas sus fuerzas luchar contra lo que estaba a punto de suceder, pero no podía.

—Puede que no me hayan invocado con todo el poder de un archdemonio—le dijo Dragvant con brusquedad, mientras sus caderas se contraían con fuerza; la gruesa y vascular longitud de su miembro rozaba la longitud de sus resecos labios vaginales, y Cinder habría gemido de haber podido. Aun así, una sensación tremendamente poderosa la recorrió, haciéndola gemir con solo tocarla; una sensación demasiado intensa para comprenderla—. Pero soy igual de monstruo, y estoy igual de hambriento .

Soltó un suspiro bajo mientras se inclinaba hacia adelante, pasando de la posición sentada a deslizarse entre las piernas de Cinder y agarrándole las caderas con las manos. Tiró de ella con su tremenda fuerza de Sirvienta, levantando la parte inferior de su cuerpo como si fuera un juguete, y Cinder no tenía nada que hacer al respecto. Estaba allí, a su merced y a su capricho, para ser usada, follada y desechada a voluntad de Dragvant, y su cuerpo paralizado se complacía en todo.

No es Dragvant, se dijo, dándose cuenta momentos antes. Dragvant Kaikhosru. No hay… no hay nadie más. Esos son… esos son…

…Oh, estoy realmente, realmente jodido…

Dragvant la miró. No había nada más que eso, y Cinder casi sintió que su cerebro se convertía en piedra bajo su potente mirada. No estaba segura de cómo funcionaba ni operaba nada, pero el hecho de estar paralizada le bastó para comprender quién tenía todo el poder entre ellos. No pudo hacer nada más que fingir un gemido mientras el grueso miembro del hombre rozaba la línea de su raja y aplastaba sus hinchados pliegues como si fuera masilla, ridiculizando su entrada con su monstruosamente colgado pene.

Quería gemir y reaccionar, pero en cambio solo pudo observar cómo Kaikhosru le sujetaba las caderas y su pene se cerraba, frotándose contra sus pliegues sin ninguna preocupación. Su cerebro la anhelaba mientras el grueso eje presionaba sin importarle lo que Cinder deseara o sintiera, y sin dudarlo, tomó lo que quería. La presión se aplicó en ese mismo instante, sin ninguna indicación ni ceremonia, y el erecto glande se clavó en sus suaves y esponjosos pliegues en ese mismo instante.

Cada parte de su cerebro se rebeló, pero no podía expresarlo. La conmoción la invadió y le palpitó el corazón con fuerza al darse cuenta de que estaban a punto de ser follada contra solo por querer servirle, y estaba atrapada, incapaz de hacer nada mientras ocurría. Quería gemir, gritar, chillar indignada, y sin embargo, no había nada que hacer mientras una tensión impresionante sacudía su centro con la presión constante hacia abajo de una polla tan grande como su brazo, su coño se rebelaba ante la idea de algo tan grande y denso clavándose en ella con tanta crueldad.

A Dragvant Kaikhosru no le importaba ella, ni lo que dijera, ni lo que quisiera. Estaba claramente hambriento, excitada hasta un punto que apenas podía comprender, y eso era lo que la impulsaba a avanzar sin perder un segundo. La forma en que Dragvant empujaba su pene contra su entrada con tanta crueldad era lo más estresante que había experimentado en su joven vida, y dudaba que su cuerpo estuviera hecho para tales cosas. A Kaikhosru, sin embargo, le daba igual; había un brillo hambriento en sus ojos perfectos y una pulsación palpitante en su polla carnosa que simplemente no podía saciarse con la simple fricción. El Dragvant actuaba como si estuviera muerta de hambre, con un apetito tan monstruoso como su leyenda, y a partir de ahí no perdió tiempo.

Con crueldad y brusquedad, empujó su pene erecto contra su entrada, y la mente de Cinder se rebeló contra la sensación. Rebelarse y protestar no sirvió de nada, no con el pene erecto rozando sus labios inferiores, apartándolos con insistencia en un intento desesperado por penetrar. No había nada más que eso, y Cinder, paralizada y neutralizada, estaba a su merced; allí no había nada más que el hambre.

-Sí-, siseó Kaikhosru mientras empujaba hacia abajo y hacia adelante, sus caderas perfectas forzando su verga, que hacía llorar, a entrar en un interior demasiado estrecho en ese preciso instante. Cinder se quedó allí, como una muñeca, incapaz de siquiera protestar por su trato; estaba atrapada en las fuertes manos, atrapada e inmovilizada, y dejada a su suerte para ser desgarrada por su grueso tronco de verga. -¡HAH, cuánto he extrañado esto…-.

La belleza demoniaca se abalanzó, y el mundo de Cinder se convirtió en una tensión candente y una potencia abrumadora. La polla dura se clavó en su centro en ese mismo instante, con solo un gruñido, como si no mereciera una penetración lenta ni una follada elegante. Simplemente estaba sujeta al ansia antinatural de Dragvant mientras se lanzaba hacia adelante, hundiendo la gruesa punta de su polla en su apretado coño y acuñando centímetros de dureza inmediatamente después.

Su mente se entumeció rápidamente. No tenía forma de lidiar con el estrés repentino de ser penetrada por una polla dura, y cualquier otro método para aliviar el estrés faltaba: ni agarrones, ni patadas, ni gemidos. Todo se acumuló dentro de su delgado cuerpo y se convirtió en algo particularmente feroz, y sin ningún lugar adonde ir, se hinchó hasta su cerebro y lo aturdió en segundos. No pudo soportar ninguna de las sensaciones que la recorrieron en ese momento, y sobre todo, la cruda conmoción de estar atrapada, neutralizada y penetrada por una polla en su propia casa, en su propia cama, en cuestión de minutos, fue mayor que cualquier otra cosa.

Pero a Kaikhosru no le importó. Claramente solo le importaba una cosa, y tiró con alegría de las delgadas caderas de Cinder mientras se obligaba a bajar, hundiendo unos cuantos centímetros de su dura polla en su interior en ese preciso instante. Era realmente grande, su circunferencia la hacía lagrimear hasta tal punto que le hacía estremecer débilmente, y tan carnosa que la dejaba con ganas de caer. Latía dentro de ella como la polla más feliz del mundo, y un escalofrío de placer recorrió el voluptuoso cuerpo de Dragvant al sentir el placer de un coño apretado y ceñido, y se aferró con más fuerza, hambrienta de más.

-Ah-, suspiró. -Eso es… muy bueno…-.

Movió las caderas y empujó con fuerza, forzando la penetración de su gruesa polla. La cabeza dura se abrió paso entre las suaves paredes de su coño y las abrió para acomodarse, pero era tan delgada y estrecha que, de todos modos, le quedaba justo; apenas había espacio para que la polla se moviera, y cada momento era un estiramiento forzado. Habría gritado de haber podido, pero en cambio, solo pudo dejar que las abrumadoras sensaciones llenaran su mente y la nublaran mientras la polla tomaba el control.

Empujó su monstruosamente enorme pene hasta sus apretadas y aferradas profundidades, separándolos por completo. Las paredes aterciopeladas ondularon a lo largo de su dura verga y la acariciaron, y Cinder sintió que sus entrañas se retorcían, y eso pareció deleitar a Dragvant. Suspiró suavemente mientras bajaba sus caderas en un arco penetrante, llenando su hendidura con más y más de su obscena longitud. No se contuvo, y no mostró ninguna preocupación por ella. Fue por lo que quería con la gracia de una conquistadora, y tomó su coño como suyo.

Poco a poco se hundió, extendiéndose hasta que sintió que sus entrañas eran masilla. Podía verlo penetrar, cómo estiraba los labios de su coño hasta el punto de reventar, y la conmoción seguía golpeándola. Estaba completamente perdida por lo que estaba sucediendo, su mente se negaba a creer que realmente estaba siendo empalada en la gruesa polla la sorpresa, pero estaba sucediendo, y ella había perdido. Dragvant la estaba tomando como suya, un juguete sexual y una fuente de energía a la vez, y ella solo estaba allí para hacerla sentir bien.

Sus palabras no significaban nada, y sus acciones aún menos. El Dragvant la deseaba a ella, a su cuerpo y a sus poderes, y eso era todo. Dragvant apenas la miró a la cara mientras la observaba fijamente y la penetraba con fuerza, estirándola poco a poco, abriendo aún más las paredes y los labios. rosa se aferró a ella con tenacidad mientras la tensaba al límite, y Cinder se sintió completamente llena cuando la mitad de su enorme pene se clavó en su interior; tanta carne se apoderó de sus paredes que podía sentir cada vena latir y latir.

Quiso gemir cuando la polla se retiró de nuevo, saliendo de sus entrañas con un húmedo chapoteo y una potente fricción. Un gemido quiso salir, pero no pudo; un gemido quiso salir, pero estaba atrapada. Se quedó paralizada mientras la polla dura se retiraba, liberándose con un crujido de carne, y de inmediato volvió a empujar hacia adelante, hundiendo su monstruosa polla en su coño a un ritmo brusco que era demasiado para alguien como ella.

Kaikhosru suspiró, mirando ahora a la mujer tocando el laúd frente a él.

Cinder no había cambiado. Seguía codiciosa. Seguía ardiendo.

-La ceniza no se vuelve oro,- murmuró el Dragvant.

-Pero al menos sigue ardiendo,- respondió ella sin levantar la vista.

El tirano sonrió, satisfecho por la insolencia.

Era su forma de adoración.

Luego su mente viajó hacia otra sombra, más fiera, más amarga.

Raven Branwen.

La bandida que una vez creyó que podría matarlo.

Recordaba bien aquel día. El viento en los muros, el olor de la lluvia y la hoja de su espada brillando antes de romperse contra sus escamas.

Ella había estado tan cerca… tan lejos.

-Eras hermosa cuando me odiabas,- comentó él, mirando hacia la esquina donde Raven permanecía.

-Aún te odio.-.

-Entonces aún eres hermosa.-.

Raven apretó los dientes, mirando el suelo.

Sabía que no podía matarlo.

Sabía que él disfrutaba de su odio más que de cualquier gesto de afecto.

El Dragvant se acercó a ella, sus pasos pesados haciendo vibrar el suelo.

Le levantó el mentón con una garra decorada en oro.

-Tu espada fue forjada para matar hombres, Branwen… no dioses.-.

-No me importa. Algún día te abriré el pecho y veré si tu corazón también es de oro.-.

-Si lo haces,- sonrió él, -te verás reflejada en él.-.

Por último, su mirada se posó sobre Saphron Cotta-Arc, la única que no lo odiaba abiertamente.

La única que no intentó escapar.

Ella se había ofrecido voluntariamente, suplicando servirle con una sola condición: que su familia, los Arc, nunca sufriera hambre ni castigo.

Kaikhosru la había aceptado sin dudarlo.

No porque le importara, sino porque comprendía el valor de la culpa.

-¿Aún piensas en tu familia?-.

-Cada noche, mi señor.-.

-Y cada noche recuerdas que ellos viven porque tú te arrodillas aquí.-.

-Sí.-.

-Entonces sigue arrodillándote.-.

Ella obedeció, en silencio.

Era su pacto. Su condena.

Una joya que no brillaba por belleza, sino por sacrificio.

El Dragvant se alejó del salón, dejando atrás música, perfume y murmullos.

Los corredores de su palacio eran largos, dorados, cubiertos de mosaicos que narraban su reinado.

El eco de sus pasos era solemne, pesado, como si cada pisada pesara mil años.

Mientras caminaba, sus pensamientos se tornaron más oscuros.

Mistral prosperaba, sí.

Pero él estaba… aburrido.

-Décadas reinando y sigo atrapado en este estanque de joyas,- murmuró para sí mismo, el tono de su voz resonando en los muros. -He vencido a hombres, dioses, bestias… y no queda nadie digno de mi fuego.-.

Su mente recordó una figura insolente, un rostro que alguna vez osó dirigirse a él sin miedo: Osma.

Un hombre que se decía sabio, que hablaba del equilibrio del alma, de guerras sagradas y redenciones imposibles.

Había venido a Zahhāk con su sonrisa educada y sus palabras de luz.

-Kaikhosru, el mundo necesita tu fuerza. Hay una mujer que amenaza la armonía, una ex amante que ha caído en la locura. Ayúdame a detenerla.-.

El Dragvant se había reído tanto que el trono tembló.

-¿Una amante? ¿Una guerra santa?-.

-Sí,- insistió Osma. -El destino del mundo—-.

-El destino del mundo,- lo interrumpió Kaikhosru, -es un banquete que devora a los necios. Si quieres detenerla, hazlo tú. Pero no vengas a mi casa a ofrecerme heroísmo.-.

Y lo mató.

Rápido. Sin ceremonia.

Lo que no esperaba era que Osma regresara.

En otro cuerpo.

Otra voz.

Otro rostro.

Kaikhosru lo vio una y otra vez, siempre con la misma alma, siempre con la misma fe podrida.

Un parásito del destino.

Robando cuerpos. Robando vidas.

Matando inocentes solo para seguir jugando a ser héroe.

-Ni siquiera yo soy tan cruel,- murmuró el tirano, mirando el reflejo de su propio rostro en un espejo de oro.

-Yo esclavizo cuerpos, no almas. Osma… tú eres la única peste que el infierno no quiso aceptar.-.

Cerró los ojos un instante, el aire vibrando a su alrededor con una presión tan densa que las paredes gimieron.

-Quizás sea hora de moverme. De dejar que Zahhāk vuelva a arder. De recordarle al mundo que la codicia no muere… solo se duerme.-.

Una sonrisa cruzó sus labios, helada, majestuosa.

-Sí… que tiemblen los reinos.

Que Osma me vea venir….

Que su próxima reencarnación empiece con miedo.-.

Y mientras el cielo sobre Mistral se tornaba dorado, los cuernos del Dragvant resonaron una vez más.

El tirano volvía a tener hambre.

Pero no todo podía ir bien.

Las puertas del salón se abrieron con un estruendo metálico, y un viento helado recorrió el palacio de Zahhāk. Los soldados de Kaikhosru retrocedieron instintivamente, pues aquel sonido —tan vulgar, tan humano— era algo que hacía siglos no se escuchaba allí.

Un joven rubio, de armadura simple y espada de hierro corriente, cruzó el umbral con paso torpe pero decidido. Su rostro, aunque marcado por la arrogancia juvenil, tenía un aire que recordó a más de uno a los tiempos en que los hombres aún creían en héroes.

Saphron, al verlo, sintió cómo su corazón se detenía.

—¡Jaune! —gritó, su voz quebrándose mientras dejaba caer la copa de vino de sus manos—.¡Jaune, qué estás haciendo!

El muchacho ni siquiera la miró.Su mirada estaba fija en el trono dorado, en la figura majestuosa del Dragvant, que lo observaba con una sonrisa amplia, casi divertida.

—No permitiré que este monstruo siga gobernando… —gruñó el chico, avanzando paso a paso—.He escuchado tus pecados, Kaikhosru. Sé lo que le hiciste a Mistral… y a mi hermana.

Kaikhosru permaneció sentado, apoyando la barbilla en su mano, con una calma abrumadora.Sus ojos —dos pozos de oro líquido— se entrecerraron.

-Ah… así que eres un Arc.-.

-¡Jaune Arc! Hijo de Nicholas mi abuelo y toda su familia fueorn heroes, hermano de Saphron. ¡He venido a matarte!-.

El tirano soltó una risa profunda, el sonido resonó como un trueno en los techos del palacio.

-He visto montañas arder, mares hervir, soles apagarse… y tú vienes con una espada oxidada a ‘matarme’ je..je.jejeje heroes, como si matar civiles con un arma fuera heroico, vi a un solo hombre masacrar sistemas enteros con mas heroismo.-.

-¡No te burles de mí!- —rugió Jaune, apuntándolo con su hoja—. -Cuando te derrote, este reino volverá a ser libre… y todo lo que te pertenece será mío. ¡Tus tesoros, tus mujeres… todo!-.

El silencio cayó sobre el salón.

Cinder dejó de tocar.

Raven alzó una ceja con desdén.

Pyrrha, horrorizada, retrocedió un paso, cubriéndose el pecho con los brazos al notar cómo el joven la observaba con una sonrisa torpe y codiciosa.

—¿Tú… tú crees que esto es heroísmo? —murmuró ella, con una mezcla de pena y repugnancia.

—No me importa el heroísmo —dijo Jaune—. Solo quiero lo que nos fue arrebatado. Si tengo que matar a este monstruo para conseguirlo… lo haré.

Saphron cayó de rodillas, sus lágrimas salpicando el suelo dorado.—¡Por favor, mi señor, perdónelo! —suplicó a Kaikhosru, golpeando su frente contra el mármol—.¡No sabe lo que hace! Es solo un niño… mi hermano….

Kaikhosru la miró con serenidad.Luego, lentamente, se levantó de su trono.Cada paso que dio hizo temblar el suelo.Su sombra cubrió al muchacho por completo.

-Tu hermano cree que la codicia es virtud. Que matar a un rey lo convierte en rey.-.

-¡Cállate!- —rugió Jaune, arremetiendo con un tajo directo al pecho del Dragvant.

El golpe resonó.El metal de su espada se partió en dos.Kaikhosru ni siquiera se movió.

-¿Sabes qué diferencia hay entre tú y yo, pequeño Arc?- —susurró el tirano, acercándose hasta quedar cara a cara—.-Tú deseas… pero yo soy el deseo.-.

Jaune retrocedió un paso, sudando, el miedo empezando a filtrarse en su corazón.Pero intentó mantener su fachada de valor.

—¡Tú… tú no eres invencible! ¡He escuchado las historias, tus crímenes, tus blasfemias! ¡No eres más que un monstruo escondido detrás de tu poder!

Kaikhosru sonrió levemente, inclinando la cabeza.

-Y tú no eres más que un niño escondido detrás de palabras ajenas.-.

-¡Cállate!-.

-Dime algo, Jaune Arc…- —susurró, acercándose tanto que el joven pudo ver el reflejo de su propio rostro tembloroso en las pupilas doradas del Dragvant—.-¿Acaso crees que yo violé a tu hermana?-.

El aire se detuvo.

Saphron se estremeció, sollozando.

Jaune apretó los dientes, furioso, pero incapaz de responder.

Kaikhosru extendió una mano, acariciando suavemente el cabello de Saphron, que seguía arrodillada a sus pies.

-No. Ella se ofreció.Por ti.Por tu madre.Por tus hermanas.Mientras tú dormías en una cuna, ella vendía su pureza para que pudieras comer.-.

Jaune palideció.

El sudor bajó por su frente.—Mientes….

—No —susurró Saphron—. Es verdad, Jaune. Lo hice por ustedes….

El joven retrocedió, negando con la cabeza.

—¡No, no! ¡Tú no lo entiendes! ¡Él te manipuló! ¡Te lavó el cerebro! ¡Yo… yo voy a salvarte!

Kaikhosru soltó una risa suave.

-Salvarla. Qué dulce palabra.El héroe que mata a su salvador, el hijo que destruye el sacrificio de su hermana. Qué poética contradicción.Ni Sirius fue tan bastardo con su hermana-.

El Dragvant extendió una garra.La atmósfera cambió.El oro de las paredes empezó a brillar, líquido, vivo.El aire se volvió pesado.El Aliento del Dragón se manifestó como un fulgor cegador.

-Jaune Arc,- rugió la voz del tirano, retumbando como un trueno—.-Tu espada buscaba oro… entonces, conviértete en él.-.

Jaune gritó, alzando sus brazos, pero el brillo lo envolvió.

Su piel se volvió dorada, rígida, perfecta.En segundos, su cuerpo entero se transformó en una estatua brillante, su expresión congelada entre miedo y soberbia.

Kaikhosru lo miró en silencio.

-Así terminan los que confunden el heroísmo con el deseo.-.

-Así termina un Arc que quiso reinar sin comprender el precio.-.

Saphron cayó sobre su hermano petrificado, llorando sin sonido alguno.

Pyrrha bajó la cabeza, horrorizada.Cinder murmuró una plegaria que no sabía a quién iba dirigida.Y Raven… solo escupió al suelo, sus ojos fríos.

-Qué triste,- dijo Kaikhosru, volviendo a su trono—.

-El oro más puro…siempre esta manchado-.

Se reclinó, su sonrisa resplandeciendo bajo la luz de las lámparas.

-Limpien el suelo. Dejen la estatua donde todos puedan verla.Que Mistral recuerde… que incluso los héroes se inclinan ante la codicia su tormento sera eterno…..y Saphron espero que tu y pyrrha acudan a mis aposentos.

(suculencia).

La estatua, que de alguna forma aún podía ver lo que ocurría en su entorno y fue puesta con vista a una escena que siempre quedaría marcada en la mente del joven.

Ahora, viendo que no había nada más que hacer que subirse a la cama, Kaikhosru lo hizo, gruñendo levemente mientras se incorporaba sobre las sábanas. Aunque una pequeña mueca cruzó su rostro cuando sus dedos y manos se empaparon.

Además, sus sentidos se estaban volviendo completamente locos allí arriba, simplemente no podía dejar de respirar por la nariz y ese extraño olor le obstruía la nariz.

“Ahora… acuéstate~”, susurró Pyrrha, colocando suavemente sus manos sobre los hombros de Kaikhosru, antes de tirarlo hacia abajo en la cama con relativa facilidad.

No era como si tuviera otra opción, pues Pyrrha el deseo lo haria acostarse de todos modos. Pero ahora, de espaldas a la cama, sentía que la espalda de sus telas también se mojaba un poco, lo que le provocaba una ligera incomodidad.

Al agacharse, las manos de Pyrrha agarraron la parte posterior de las piernas de Kaikhosru, antes de emitir un pequeño gruñido mientras forzaba su cuerpo hacia un lado aún más, ahora con él estando más cerca del centro de la cama, sin riesgo de caerse.

Al mirar a Saphron, notó que sus ojos aún brillaban de lujuria y tristesa, y sus ojos parecían atraídos hacia el bulto de Kaikhosru que estaba pidiendo a gritos que lo dejaran salir de los confines de sus pantalones cortos y ropa interior.

De repente, Saphron miró hacia Pyrrha mientras su cuerpo sentía su mirada, antes de lamerse los labios sutilmente y pedir permiso solo con los ojos.

Pyrrha simplemente asintió con la cabeza con una pequeña sonrisa adornando su rostro.

“D-dejeme complacerlo” Vitoreando de alegría, Saphron pasó sus manos por el cuerpo de Kaikhosru, antes de que sus dedos se engancharan expertamente en la cintura de sus pantalones cortos, e incluso se hundieran en la cintura de su ropa interior, antes de dar un simple, pero firme tirón hacia abajo.

Con sus pantalones cortos y ropa interior hasta las rodillas, Kaikhosru solo pudo deleitarse furiosamente mientras su pene se erizaba, sin nada que bloqueara su camino, ahora apuntaba hacia arriba, en todo su esplendor.

“S-si lo hago bien mi familia seguiria viviendo bien verdad”, murmuró Saphron, observando cada detalle de su pene. Como la ligera pérdida de líquido preseminal, las pequeñas venas que lo recorrían y, por supuesto, lo grandes y viriles que se veían sus testículos en comparación.

Claro, la longitud de su pene era impresionante para alguien normal, y era más grande que sus consoladores favoritos. Oye, no eran de talla grande, y además era más fácil de ocultar.

Además, hicieron muy bien su trabajo.

—¿Cómo debemos empezar? —preguntó Saphron, mirando a su compañero.

Pyrrha tarareó juguetonamente mientras pensaba y ahuecó su barbilla con el pulgar y el índice. “¿Qué tal si uno de nosotros se sienta en su cara y el otro se frota contra él?”, sugirió; una sonrisa tímida en sus labios.

Kaikhosru solo se dejaria llevar. Pero, desde su posición, mirando a las dos joyas sobre él, dudaba tener algo que decir al respecto.

“¡Perfecto!”, exclamó Saphron, asintiendo con entusiasmo. “Ya que lo sugeriste, siéntate en la cara de mi lord y yo jugaré con su polla~”.

Riéndose disimuladamente, Pyrrha no dijo ni una palabra. Simplemente se acercó a la cabeza de Kaikhosru y colocó las rodillas a ambos lados de la suya.

Y debido a la posición actual de Kaikhosru, solo podía mirar fijamente entre las piernas de Pyrrha. Con los ojos abiertos y el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, presenció una escena que se le quedaría grabada en la mente para siempre.

El coño mojado y perfectamente arreglado de Pyrrha.

Entonces, su mundo se oscureció cuando Pyrrha cayó suavemente sobre él, antes de que su nariz y boca fueran cubiertas por un espeso y almizclado olor mientras esos húmedos labios vaginales frotaban toda su carne, causando grandes escalofríos que recorrieron su columna vertebral.

—Mmm… quizás quieras empezar a lamer, Kaikhosru —susurró Pyrrha, antes de inclinarse y colocar las palmas de las manos sobre sus muslos, antes de bajar la cabeza y tomar la punta de su pene sin cortar y goteando en su boca.

De inmediato, sus papilas gustativas se encendieron con el intenso sabor del líquido preseminal de Kaikhosru. Y, a pesar de ser lesbiana y no sentirse tan atraída por el sexo opuesto como cualquier otra chica, el sabor salado le pareció… delicioso.

Ciertamente ayudó la forma en que goteaba por su lengua hasta llegar a su garganta con poco esfuerzo.

Casi como si estuviera comiendo helado derretido.

Tarareando de placer, de repente emitió un siseo ahogado de placer al sentir la lengua inexperta de Kaikhosru rozando suavemente sus pliegues húmedos. Eran muy tentativos, pero también lo suficientemente fuertes como para enviar pequeñas descargas de placer a través de sus receptores.

Tal vez podría ser entrenado para ser un excelente amante perfecto para una chica muy afortunada.

Saphron vio que su compañera cumplía con su parte del trato y decidió que era su deber actuar conforme a su pequeña parte.

Moviendo su cuerpo para sentarse sobre su trasero, estiró sus piernas y apretujó suavemente sus muslos alrededor de la sección media de Pyrrha, antes de acercarse más a la polla de Kaikhosru que estaba recibiendo el amor y la atención que tanto merecía.

Ella se estremeció cuando su sensible coño pudo sentir el calor que emanaba de la polla de Kaikhosru que actualmente estaba siendo atendida por la boca de Pyrrha.

En lugar de preguntarse qué sentiría al tener la fuente de calor colocada directamente sobre sus sensibles pliegues, optó por responderse ella misma.

Mordiéndose el labio inferior, un destello singular de duda y vacilación brilló en sus ojos, antes de que fuera rápidamente superado por su creciente lujuria.

Con un pequeño gruñido, se impulsó aún más hacia adelante.

*SCHLICK*.

Con ese sonido lascivo resonando suavemente por la habitación, Saphron echó la cabeza hacia atrás y emitió un tierno gemido mientras sus labios vaginales se separaban suavemente entre la modesta polla de Kaikhosru. Sentir las venas palpitantes sobre su sensible piel le provocó escalofríos que le recorrieron la columna vertebral y un placentero hormigueo en los pezones.

Sin embargo, aún no había terminado.

Respiró hondo para recuperar la lucidez de sus sentidos y dejó que una leve sonrisa se dibujara en sus labios mientras empezaba a mover las caderas lentamente y con suavidad. Con sus labios vaginales dándole a la polla de Kaikhosru un masaje lascivo y “especial”, no tardó en sentir las frenéticas sacudidas de la vara, además de ver sus testículos, más grandes de lo normal (al menos, supuso), rebotando en el aire mientras empezaban a doler y arder con la necesidad de correrse.

Sin embargo, ella esperaba que él pudiera aguantar un poco más por ellos.

Después de todo, ella y Pyrrha habían cogido un ritmo agradable. Con cada embestida ascendente, su clítoris recibía un delicado beso de mariposa de la nariz de Pyrrha, lo que hacía que su excitación se liberara lentamente y cubriera la polla de Kaikhosru, permitiéndole a Saphron disfrutar de una agradable mezcla de la excitación de su pareja y el líquido preseminal de Kaikhosru.

Para Kaikhosru, mientras tanto, todo iba a toda marcha. Sentía que todo se apagaba y funcionaba en piloto automático, impulsado por puros instintos primarios.

Solo pudo emitir gemidos ahogados cuando su lengua fue recibida con el refinado sabor de los jugos de Pyrrha, que sabían más agradables de lo que pensaba, y con su estómago llenándose lentamente con los jugos femeninos de Pyrrha, junto con los restos del almuerzo de más temprano en el día, era seguro decir que Kaikhosru estaba muy lleno.

Sin embargo, sus ojos, aunque invisibles, se abrieron de par en par cuando un gemido agudo y áspero escapó de sus labios mientras sus piernas intentaban, pero no lograban moverse mientras un dolor agudo atravesaba su sistema cuando Pyrrha mordisqueó la cabeza de su pene, provocando que se moviera erráticamente.

Sin embargo, parecía que esa oleada extranjera de placer fue suficiente para enviar a Kaikhosru más allá del umbral de sus ilimitados límites.

Sintió que su polla se contraía violentamente, antes de poder sentir que sus bolas se apretaban y aflojaban rápidamente.

Sin embargo, podía oír a Pyrrha tragar con avidez desde donde estaba. Incluso podía sentir cómo se asentaba en su estómago con cada trago, por la forma en que Pyrrha estaba colocada sobre él.

Hacía tanto calor.

Casi diez segundos después, el primer orgasmo de Kaikhosru finalmente llegó a su fin, con Pyrrha tomando algunos tragos más de precaución solo por si acaso, antes de retirar lentamente sus labios de la cabeza de su pene con un ruido húmedo *POP* , antes de que su mano agarrara suavemente el centro de su pene ablandado y lo moviera suavemente, haciendo que los restos libres de semilla gotearan sobre las sábanas de abajo, antes de finalmente apartarse de la cara de Kaikhosru, que ahora estaba completamente empapada con sus jugos de amor.

“Mejor así, ya que lo están lavando a fondo”, explicó Pyrrha encogiéndose de hombros levemente.

“Aww, pero quería un poco~”, se quejó Saphron, después de haber experimentado otro mini orgasmo a través de las rápidas sacudidas de la polla de Kaikhosru, y sintiendo su semen corriendo a través de su órgano.

Pyrrha la miró divertida: «Quizás la próxima vez». Dijo: «Creo que Kaikhosru tenga la resistencia para la segunda ronda todavía». Señaló su pene erecto.

Todo mientras la estatua de Jaune miraba todo y solo podia quedarse congelado observando todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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