N.T.R. RWBY - Capítulo 27
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 27: Golden hair
Vash no tenía mucho que pensar… y al mismo tiempo lo pensaba todo.
No reiterando: sí, tenía demasiado en mente. Estar ahora mismo en un mundo tan podrido como Remnant no era precisamente una casualidad agradable.
Remnant no era su destino original.
—Qué irónico… —murmuró, observando el horizonte grisáceo donde una manada de Grimm se desintegraba en ceniza tras su paso—. Caer dos siglos antes de la fiesta…..El profesor pateara mi trasero.
Howard había sido claro.
Un ser exterior había sido detectado oculto en ese mundo. Una anomalía. Algo que no pertenecía ahí. Algo que debía ser eliminado y luego llevarle el cadáver de esa cosa.
El problema era simple: Vash se había estrellado en ese lugar casi 200 años antes de la llegada de dicha entidad.
—Buen cálculo, Azul… —murmuró mirando su brazo protésico.
Vash Stampede Heydrich nunca consideró Azul un poder perfecto. No desde que perdió su brazo de carne y hueso y lo reemplazó con la ciudad compactada de R’lyeh convertida en prótesis. El espacio y el tiempo obedecían… pero no siempre con precisión exacta.
Había llegado demasiado pronto.
Así que esperó.
Los primeros años fueron simples. Limpió zonas infestadas de Grimm. No por heroísmo. No por justicia……..Era un poco altruista y no tenia nada que hacer realmente.
Ademas.
—Son molestos —decía mientras el rojo espacial desgarraba criaturas en silencio.
Se mantuvo lejos del ojo humano durante décadas… hasta que notó algo interesante.
La humanidad empezaba a organizarse mejor. Academias. Cazadores. Sistemas estructurados para combatir a las bestias……..
Pero sus líderes eran unos imbéciles.
Y una idea peligrosa cruzó su mente.
—Ir a una academia de cazadores… —sonrió levemente—. Eso suena entretenido.
Ocultar su edad fue un pequeño malabarismo. Alterar un poco, fabricar historia, modular presencia. Nada que no pudiera hacer y que Five no le haya mostrado como hacerlo.
Lo molesto fue tener que asistir a una escuela y hacer todo desde cero, se tomo realmente el tiempo de hacerse una vida.
Así ingresó a Beacon.
Ahí conoció amigos. Conoció romances fugaces. Probó lo que era fingir normalidad.
Y luego la conoció a ella.
Su ricitos de oro.
Yang Xiao Long era fuego. Risa. Golpes. Impulsividad…….Sexi.
Y sorprendentemente… era casi idéntica a él en gustos y temperamento.
.
.
.
.
.
—¿Sabes que eres un idiota con suerte? —le dijo Yang una tarde, sentada sobre su pecho tras derribarlo en un combate de práctica.
—¿Suerte? —respondió Vash con una media sonrisa—. Dudo mucho tener algo cercano a eso.
Yang rió, esa risa vibrante que parecía sacudir el aire.
—Me gustas, rarito.
El simplemente nego un poco, siempre era ese asunto de raro.
Y Vash, que había visto imperios caer y dioses sangrar… sintió algo incómodamente humano en el pecho.
Ser su amante fue increíble.
No por el deseo. No solo por eso.
Era la complicidad. La intensidad. La manera en que Yang lo miraba como si el mundo fuera pequeño cuando estaban juntos.
.
.
.
.
.
—No me mires así —le dijo ella una noche, apoyando la frente contra la suya—. Parece que vas a desaparecer.
Vash guardó silencio unos segundos.
—No planeo hacerlo.
Mentía.
.
.
.
El tiempo pasó. La graduación llegó.
Y entonces…
Yang eligió estabilidad.
Eligió promesas simples…..y mentiras obviamente descaradas
Eligió a Jaune Arc.
Vash no protestó cuando lo supo.
Fue en una reunión posterior a la graduación. Jaune, nervioso pero decidido, anunció el compromiso.
—Yo… bueno… Yang aceptó casarse conmigo.
El silencio fue breve.
Yang evitó la mirada de Vash al principio.
Vash aplaudió suavemente.Casi con sarcasmo, palmadas que Yang resentía.
—Felicidades, Arc.
Jaune sonrió, inseguro.
—Gracias, hombre. Sé que tú y Yang fueron… cercanos. Pero espero que podamos seguir siendo amigos.
Oh chico…..
Vash lo miró unos segundos.
Podía ver el temblor en su aura. La inseguridad. El miedo constante a no ser suficiente.
Un bastardo falso.
Pero débil.
—Claro —respondió Vash con calma—. Amigos.
.
.
.
.
Más tarde, cuando quedaron solos, Yang finalmente habló.
—No digas nada.
—No iba a hacerlo.
—No fue por falta de… —ella dudó—. Tú nunca estabas realmente aquí, Vash. Siempre había algo en tus ojos…Necesitaba alguien con quien regresar a casa, tú siempre sales a misiones lejos de Vale.
Él sonrió apenas.
—Porque no pertenezco aquí claro y el directos es quien pone las misiones.
—Lo sé —susurró Yang—. Y me asusta.
Hubo silencio.
—¿Lo amas? —preguntó Vash.
Yang tardó en responder.
—Es seguro…..probablemente.
Esa respuesta no fue suficiente.
Vash asintió.
—Entonces te propongo algo.
Yang frunció el ceño.
—¿Eso es todo? ¿Vas a actuar como si nada?
Vash se acercó, apoyó su frente contra la de ella una última vez.
—Yo no pierdo lo que quiero, Yang.Y tú y yo sabemos que pronto me necesitarás.
Ella sintió un escalofrío.
No era amenaza.
Era certeza de que lo suyo jamas temrino.
.
.
.
“¡Argh, ese final fue una mierda, Oblivion!”
Sus ojos verdes danzaban de alegría mientras apartaba la mirada de las luces parpadeantes de su TV . Sus impresionantes ojos violeta intenso estaban llenos de vida, tanto que el lavanda ocupaba su mente. Su piel era blanca y cremosa, sin imperfecciones, y su rostro tenía forma de corazón y era tan inocente. Normalmente no usaría maquillaje, pero esta noche tenía un toque especial alrededor de los ojos. Ese ligero tono rosa en sus labios brillaba bajo los focos que brillaban desde el techo del salón. Una ilustre melena rubia enmarcaba su rostro. Larga pero recta, natural y elegante a la vez. Incluso al levantarse de la cama, solo tenía que cepillarse y lucir fenomenal al instante.
Era el sueño húmedo de cualquiera y la envidia de una cazadora, con unas tetas enormes que ningúna bata suelta podía ocultar. Le emocionaba ver esos cachorritos rebotar mientras hacía las tareas del hogar y apreciaba especialmente los momentos en que se inclinaba hacia adelante. Su trasero tenía vida propia, mientras sus caderas, preñadas, se mecían hipnóticamente al pasear por las calles. Ahora mismo se sacudía mientras se ponía de pie, agitando las manos, despotricando sobre la película de mierda que acababan de ver.
Ella captaba su atención cada vez que aparecía en su campo de visión. Así había sido durante los últimos seis o siete años. La mayor parte del tiempo, ni siquiera podía concentrarse en su entorno, absorto en su belleza etérea.Ahhhh, cuántas veces tropezó con objetos al azar por caminar mientras la miraba. Incluso cuando otra persona le hablaba, se desconectaba porque sus palabras ya no se grababan en su mente.
Ella era el amor de su vida.
Su amante.
—Estoy de acuerdo contigo, Ricitos de oro —dijo Vash—. ¿Qué opinas, Cobarde?
El chico rubio se encogió de hombros y fruncio los labios ante el apodo, pero nunca se quejo. “Estuvo bien, pero no estuvo a la altura de los trailers”.
—¡Verdad! —gruñó Yang, dándose un puñetazo en la palma de la otra mano—. En fin, me voy a dar una ducha rápida y luego podemos ver la siguiente película.
“Me parece bien”, respondió el. “Nos vemos en un rato”.
Vash se desplomó en el sofá, sorbiendo casualmente un vaso de agua cuando en realidad estaba mirando furtivamente ese gran y gordo trasero que se balanceaba mientras su amante subía las escaleras.
Al parecer Jaune fue tan inutil que incluso falsificó documentos para un trabajo y lo atraparon, perdieron la casa que Yang habia conseguido, perdieron partes de sus beneficios de licencias de cazadores. Yang terminó viviendo en la casa que Vash tenía junto a Jaune como compañeros de pisos entre tres.
Desde entonces la palabra cobarde a estado resonando siempre.
“Vash.”
Arqueó una ceja, intentando descifrar por qué su conocido sonaba tan nervioso. “¿Sí?”
“Esto no es fácil para mí, pero hay algo que me gustaría desahogarme”, respondió Jaune, moviéndose incómodo en su asiento. “Y-yang y yo… bueno, hemos tenido problemas”, su voz se desvaneció en un susurro. “…en el dormitorio”.
“Ah.”
Le importó poco que su conocido lo admitiera, pero sabía desde hacía años que su amante no conseguía lo que realmente necesitaba sexualmente.Jaune era de una familia que usualmente no mentía pero el bastardo era bastante mediocre en eso. A su amante le resultaba fácil, ya que expresarse era un reflejo natural. No temía decir las cosas como son, una de las muchas cualidades que lo hacían gravitar hacia ella. Jaune estaba legalmente obligado a no revelar secretos de Vale, pero todo lo demás era válido. Bueno, todo salvo información muy privada como la que estaba revelando ahora. Él también seguía ese código moral, pero su oscuro deseo por su amante era lo único que les había estado ocultando. Solo por la poca consideración que sentía por Jaune no podía mencionarle la idea de confesarle algo.
“H-hace unos años, me diagnosticaron azoospermia, que es similar a la infertilidad”, continuó Jaune, al ver una reacción visible en el rostro de su Vash. “Tuve algunos problemas para mantener una erección en mis dias de la academia, pero fue solo un caso leve y no me impidió tener relaciones sexuales con ella ni que tuviéramos una vida. Descubrí este problema después de fracasar una y otra vez en nuestros intentos de tener intimidad. Hemos recurrido a doctores varias veces a lo largo de los años, pero no ha podido hacer nada al respecto”.
El rubio apretó los dientes, compadeciéndose de su conocido. “Me alegra que hayas podido compartir esto conmigo, Cobarde, pero ¿por qué contármelo ahora?”
Jaune parecio desviar la vista ante el apodo que siempre le señalaba, Yang no decia nada porque en el fondo tambien sabia que Jaune era un cobarde porqueria. Como la pareja vive en el techo del Heydrich, Jaune tuvo que tragarse cualquier comentario que Vash hiciera.
—Lo sé —empezó Jaune, vacilante—. De tus aventuras con mujeres, claro. Ya no tanto, pero antes oía hablar mucho de tus conquistas de boca de Nora y las demas chicas.
“Eran solo mujeres al azar con las que formalice algo, Yang incluida”, respondió Vash con descaro. “En aquel entonces era….habitual. Ya no me apetecía lo extraño”.
En el salón se hizo el silencio.
Y entonces Jaune se aclaró la garganta. “También sé que amas a Yang”.
No fue hasta hace poco que descubrió que su Vash estaba perdidamente enamorado de su esposa. Mirando hacia atrás, no debería haber ignorado que Vash solo salía con mujeres con cierto grado de humor. Tantas del escuadrón de Atlas, faunos y cazadoras elegibles recibieron sellos de rechazo en sus propuestas de algo mas porque Vash se negaba rotundamente a darles otra oportunidad mas seria. De hecho, la mujer más joven con la que ha salido fue su ex compañera Weiss.
Jaune se enderezó de inmediato en el sofá, observando al hombre con atención. Parecía que se había descubierto el secreto. “La amo. La sigo amando y siempre crei que solo te aprovechaste de que yo siempre tenia que salir algunas misiones lejos”.
El pareció querer replicarle algo pero Vash solamente se levantó del sofa estirando un poco su cuerpo.Notando como Yang bajaba del segundo piso.
“Ah, qué ducha más relajante”
—Sígueme —susurró el rubio apresuradamente a su conocido antes de girarse para encarar a la guapísima rubia que se dirigía hacia ellos con paso ágil—. ¡Qué momento, Ricitos de oro!
Yang le sonrió a su Vash mientras se dejaba caer en el sofá. “Entonces, ¿qué película estamos viendo ahora?”
“En realidad…”, dijo Vash, con una sonrisa sombría en los labios. “Cobarde y yo apostamos antes y gané.”
Jaune resistió el impulso de arquear una ceja, dándose cuenta de que esto era parte del plan de su Vash.
“¿Qué ganaste?” , preguntó Yang con indiferencia, para nada sorprendida, pues conocía muy bien la buena suerte de Vash. Era algo que solía atribuirle a un milagro.
Respiró hondo, intentando desesperadamente contener la lujuria en su voz. “Un beso tuyo.”
“¡¿QUÉ?!” gritó la Xiao long, siempre la más belicosa de la familia. “¡Jaune, ¿qué clase de apuesta fue esta?!”
Jaune se desvaneció ante la furia de su esposa, pero sabía que no podía permitirse frustrar a Vash. “Vamos, Yang. Es solo un beso”.
El corazón de Yang latía a mil por hora. Se había casado con el, pero a veces él era un completo imbécil. ¿ Besar a otro hombre? Y no cualquier hombre.¡Era su ex! Estaba a punto de responder con un rotundo “no” cuando notó con el rabillo del ojo que Vash se acercaba a ellos.
Tras haber compartido buena parte de sus años de academia con el, no se sorprendió cuando él se arrodilló y le tendió la mano. De repente, un escalofrío la recorrió y se extendió por todo su cuerpo al sentir ese contacto. Había tomado su mano innumerables veces, pero esta era la primera vez que su instinto se veía dominado por el amor infinito que veía en los ojos del joven. Se había perdido en los hermosos ojos verdes que desde hace años le amaron.
“Me he ganado este beso, Ricitos de oro. ¿Puedo besarte?”, preguntó el, con su voz serena y sensual perforando el denso silencio como un cuchillo. Se deleitó con la suave curva de la mejilla de su amante, el brillo de sus ojos violetas, las largas y delicadas pestañas que los cubrían. Vio el rosado, grueso y carnoso, de sus labios, que temblaban ligeramente; sabía que ella también lo sentía.
Yang tenía el corazón en la garganta y en el fondo del estómago mientras algo parecido a un rayo la atravesaba por dentro al ver la mirada de Vash y cómo le acariciaba el dorso de la mano con sus dedos callosos. Aunque tenía toda la intención de decir que no, el rubio desaliñado estaba rompiendo el muro de cristal que había erigido en su mente. Respiraba con dificultad mientras reunía fuerzas para mirar a Jaune, quien, desde luego, no parecía preocupado. ¿Qué le pasaba? Respirando profundamente, se volvió hacia su Vash y asintió con la cabeza vacilante. “Vale, está bien,Diablos. Solo uno”.
Antes de que pudiera parpadear, la sacó del sofá de un tirón. Quedó un poco desorientada, pero eso no significaba que no percibiera la sensación de sus manos recorriendo su omóplato y bajando hasta la parte baja de su espalda mientras la sujetaba con una sola mano. Se separó de él por un instante, pero entonces él empezó a hundir una mano en las profundidades de su exuberante cabello rubio. Su rostro estaba tan cerca del suyo que sintió su aliento abrasador en los labios. Sus pechos se agitaron al respirar por la nariz. Y entonces la atrajo más profundamente entre sus brazos.
La gente le había dicho a menudo lo mucho que se parecían Jaune y Vash, pero ese parecido empezó a desvanecerse desde que Vash dejó en claro que lo único similar era el color de cabello. Su marido era delgado pero escuálido, y ella solía bromear sobre su rareza, incluso su impotencia. Incluso lo mencionó el día de su boda y lo dejaron hecho un desastre en el altar. Su Vash, en cambio, era el epítome de la masculinidad simple. Le llevaba más de treinta centímetros a Jaune; ahora era uno de los hombres más altos que había conocido. No era el tipo de cuerpo ideal para un cazador, ya que cualquier camisa que usara se estiraba obscenamente por sus músculos. Tenía hombros algo anchos que lo hacían parecer atlético , y no ayudaba que sus bíceps fueran del tamaño de una roca. Hacía años que no lo veía sin camisa, pero por todos sus abrazos, incluido este, podía decir que el resto de su cuerpo seguía igual de marcado.
Todo sucedió a cámara lenta para ella mientras él acunaba su rostro entre sus manos y rozaba su nariz contra su mejilla, suavemente, de un lado a otro, antes de finalmente reclamar sus labios. Para un hombre de su físico bestial, sus labios eran bastante hambrientos. La sensación externa de sus labios presionados contra los suyos era dulce, más dulce que el beso en la mejilla que le daba cada noche. Se sentía como si estuviera besando a su ex otra vez. De alguna manera, el beso logró impactar sobre su plexo solar y el aire salió de sus pulmones, como una risa escandalosa la hacía sonreír por puro reflejo.
La sangre corría por sus arterias y nervios mientras impulsos eléctricos se disparaban en su cuerpo. Cada célula de su cuerpo latía con energía en zigzag, pero sin disiparse ni perder cohesión. Continuó acariciando los lados del rostro de su amante mientras su cuerpo se fundía con el suyo. Entonces ella jadeó contra sus labios y su dulce aliento entró en su boca, provocando una fuerza fantasmal que le subía por la cara interna de los muslos con el más inquietante de los susurros fantasmales. Y entonces desapareció, se desvaneció en la nada mientras retiraba los labios. Y ahora estaba allí de pie, vivo, pero apenas; acababa de besar a su amante, su diosa. Con los años de anhelo y deseos que había experimentado, no se sorprendió cuando ella se inclinó hacia adelante y presionó sus labios contra los suyos.
«… ya la está seduciendo », pensó Jaune, ignorando la punzada de dolor al ver la mirada vidriosa en los ojos de su esposa cuando volvió a tomarse una segunda copa. Nunca se había visto tan angelical ni tan inocente, como si hubiera encontrado algo perdido. Era como si el mundo se hubiera desvanecido porque aquello que no era ella ni su Vash se había convertido en un producto de su imaginación. Finalmente, sus grandes ojos violetas se abrieron, pero él notó que su cuerpo permanecía relativamente inerte contra el joven.
“Guau… eso fue… eh… de verdad… guau…”, dijo la rubia con voz ronca, un rubor intenso que le recorría la cara hasta el cuello. No sabía cómo sentirse con ese beso porque por dentro estaba muerta de miedo. Había besado a un hombre que no era su marido. ¡ Había besado a su Vash! ¿Por qué había accedido siquiera a esto?
“Besas de maravilla, Ricitos de oro, no has perdido el toque”, ronroneó Vash con voz ronca, una sonrisa de cheshire extendiéndose por sus mejillas mientras le sonreía a la esposa de su conocido cobarde. Lentamente, levantó la mano derecha y la rodeó con la nuca. Su mano estaba ahora hundida en su cabello, dándole el masaje que tanto le gustaba. Pronto, las yemas de sus dedos la rodearon por la espalda y la atrajo hacia sí mientras contemplaba su hermoso rostro. Fue uno de esos momentos en que las estrellas se alinean, porque ella, inconscientemente, cerró los ojos y frunció los labios. Era hora de subir de nivel.
Para cuando la ex-cazadora se dio cuenta de que le había lanzado un hueso figurativo a Vash, este se abalanzó sobre ella, destrozando su determinación. Se suponía que solo debía besarla una vez. Ella fue quien volvió por más. Ella fue quien insinuó otra vez, y ahora él se aprovechaba al máximo de eso. Su mente solo quería un beso, pero su corazón y su alma anhelaban más. Casi como si Vash estuviera en la misma onda, sintió su lengua deslizarse ligeramente fuera de su boca y rozar brevemente sus labios. El momento en que su propia lengua se deslizó fuera de su boca y fue tras la de él quedaría grabado para siempre en su mente.
Mientras sus labios se rozaban y sus lenguas saboreaban la pequeña distancia que los separaba, sus cuerpos ya no soportaban la distancia. Sus pezones erectos intentaban asomar a través de su ropa mientras sus enormes pechos se expandían contra sus firmes pectorales. Él le rodeaba la espalda baja con el brazo, justo por encima de la parte superior de su precioso trasero. Ella jadeaba en su boca mientras le recorría los hombros con la mano, ejercitando la tensión que se había acumulado en esos grandes bíceps que él llamaba.
Los jugos recién exprimidos del corazón de su feminidad comenzaron a deslizarse por sus piernas espasmódicas mientras experimentaba sensaciones sexuales desconocidas para ella. Sabía que debería haberlo dejado todo en ese momento, sobre todo cuando sintió que él agarraba su trasero con sus grandes manos, pero era uno de esos momentos en que su cuerpo actuaba por sí solo. Sabía a menta fresca, pero debajo había algo más, algo primitivo y tabú. Su lengua ahora se sentía áspera, exigente, pero increíblemente suave mientras se adentraba en su boca, explorando lánguidamente sus dientes, encías y lengua. Sus manos se sentían mágicas, deslumbrantes, pero increíblemente estimulantes mientras masajeaba su trasero con la maestría de un masajista. Pronto sus labios formaron un sello casi perfecto, sus lenguas compartiendo una sola boca grande, moviéndose libremente juntas y una contra la otra.
No tardó en darse cuenta de que se besaron. Fue como si él hubiera activado todas sus percepciones sensoriales a un nivel nunca antes experimentado. Las lágrimas corrían por sus mejillas, embargada por la emoción, percibiendo a través de su habilidad cuánto corazón y alma él estaba canalizando en su beso; era incapaz de cuantificarlo. Finalmente, por fin, separaron sus labios. Ella permaneció entrelazada en sus brazos, mirándolo con ojos palpitantes y el corazón acelerado. Él pronto subió las manos de su trasero a su rostro y, mientras le secaba las lágrimas, se atrevió a mordisquearle el labio inferior con castidad.
—Oh, Dios mío —gimió la rubia aturdida—. ¿No te bastó, Vash-kun?
“No lo suficiente”, respondió Vash, reforzando su argumento rozando con avidez sus labios contra los de ella. “¿Acaso tú…?”
Ella lo interrumpió con un pequeño beso antes de ponerse de puntillas y acercarse a su oído. “Nunca me habían besado así… …No desde la academia”.
Dicho esto, se alisó su ropa y giró sobre sus talones. Ahora que ya no estaba en ese trance, temblaba como una hoja al encontrarse con la mirada de su marido. Él tenía una expresión indescifrable para ella. ¿ Estaba molesto porque seguía besando a Vash? ¿ Finalmente estaba mostrando algo de arrepentimiento? Ella también se sentía invadida por el arrepentimiento. ¿Por qué no podía detenerse en un solo beso? ¿Por qué besarlo la hacía pasar por alto el hecho de que le había estado acariciando el trasero? ¿Por qué besarlo la hacía olvidar que su marido estaba a solo un metro y medio de distancia? Agachando la cabeza, incapaz de soportar más la culpa, corrió hacia las escaleras, ignorando su llamada.
“Estaba besándome con tu esposa, Cobarde”, dijo Vash cruzando los brazos. “¿Estás seguro de que esto es lo que quieres?”
“Con ese beso lograste que olvidara que estaba casada conmigo”, señaló el Arc suavemente apretando los dientes. “Pero para responder a tu pregunta……te detesto…..se que eres un maldito rencoroso que ahora mismo comprendí porque permitiste que nos quedaramos”.
Jaune era un hombre verdaderamente altruista,cobarde y estupido, así que no podía andarse con tonterías. «Tenemos dos opciones».
Jaune asintió de mala gana, haciendo un gesto con la cabeza.
“La primera es la menos dolorosa y la más realista: que te divorcies de ella”, dijo, y notó su sorpresa. “O al menos que me dejes irme a vivir con ella. Así no tendrás que pillarnos en situaciones intransigentes. Además, reduces los celos de tu parte, te permitire quedarte con esta casa”.
Despues de todo este idiota cobarde habia perdido buena parte de sus privilegios de cazador y fue casi reducido a otro estudiante mas. Yang era quien usualmente pagaba pero con la situacion de Ruby abriendo su propia tienda de armas,desvio su sueldo para ayudar a su hermanita, entonces Vash era quien pagaba los gastos.
Jaune negó lentamente con la cabeza. “No puedo aceptar eso. Mi matrimonio con ella es todo lo que conozco. Prefiero estar en la misma casa contigo como su amante que estar en una casa sin ella”, hizo una pausa, al ver el ceño fruncido en el rostro de su Vash. “¿Cuál es la alternativa?”
—Entonces debo advertirte… del hombre que nunca has conocido… el hombre que ahora verás —continuó con un tono serio—. Estoy enamorado de Ricitos de oro. La considero mi amante. Es la chica de mis sueños, aun con todo lo que experimente. Sin embargo, me he estado conteniendo con todas las chicas con las que he estado porque siempre he tenido la intención de entregarme por completo a ella. Voy a forjarla hasta agotar toda su devoción por ti. Te convertiré en un cornudo. ¿Te parece bien?
Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de lo que estaba desatando sobre su amada esposa. Sin embargo, era muy consciente de los riesgos. Oscar había sido minucioso al informarle de cuántas mujeres Vash había arruinado para sus parejas. “…entiendo.”
“Bien, asi me gusta”, respondió el joven Hermes, poniendo una mano en el hombro de su compañero. “Te quiero, Cobarde, pero como dijiste antes, es hora de que tome el control. Ahora soy yo el que demuestra ser el hombre de la casa, solo que ahora seria mas oficial”.
La dinámica cambió instantáneamente cuando vio a Vash alejarse, sin duda pensando en cómo arruinarle la vida.
.
.
.
.
.
“Estoy lista, Jaune.”
Jaune se quedó boquiabierto al ver a su esposa bajar las escaleras pavoneándose con uno de sus vestidos más elegantes. Solía usar camisas o pantalones holgados, así que esta prenda negra, ajustada al cuerpo, ceñía sus enormes pechos, que se movían con cada paso que daba hacia él. La vista se veía realzada por el profundo escote, que dejaba ver un atractivo escote. Más allá de su generoso busto, el vestido seguía los seductores contornos de su madura y voluptuosa figura, acentuando su cintura y cayendo sobre sus caderas. Su larga melena rubia caía encantadora sobre sus hombros, enmarcando sensualmente su bello rostro.
—Bueno —gorjeó la rubia tetona mientras giraba hacia su marido—. ¿Qué te parece chico vomito?
Se le hizo un nudo en la garganta, con su pequeño pene tensándose contra los pantalones. “Te ves… increíble, Yang.”
“Seguro que sí.”
Giró la cabeza y vio a Vash salir de la sala. Iba vestido de gala, con sus cabellos dorados peinados hacia atras, sus hombros anchos, bíceps marcados y pectorales marcados que marcaban la camisa negra oscura que llevaba puesta. Los dos primeros botones estaban desabrochados, así que pudo ver un adelanto de su pecho definido. Ni siquiera prestó atención a sus pantalones, cautivada por la rosa de tallo que sostenía en la mano.
“Ah, sí”, empezó Jaune. “Tengo que rellenar unos trámites, así que Vash decidió sustituirme y ser tu acompañante esta noche”.
Ella lo oyó, pero no inclinó la cabeza. La reacción de su marido ante ese vestido palideció en comparación con la mirada de su Vash. La absorbía por completo, cada centímetro, cada zona de piel descubierta, cada parte de su cuerpo. Sintió que sus pezones se endurecían mientras él seguía deleitándose con la mirada. Su cuerpo ardía mientras él se pasaba la lengua por los labios y daba un paso hacia ella. ¿ La besaría de nuevo? ¿ Se lo permitiría?
Por mucho que él intentara que hablara, ella se negó a hablar con su esposo esa noche. Ese beso fue tan fuerte que aún podía sentir los temblores horas después. Esa noche fue la primera vez en más de 4 años que lloró hasta quedarse dormida.
Desde ese día, la tensión entre Jaune y Vash era increíble. Las cenas en la casa de los Arc eran más tranquilas que nunca. Conversaba con su esposo con total libertad, pero sus palabras se apagaban cada vez que miraba a Vash. No había pasado un solo día en estas dos últimas semanas sin que recordara aquel beso mágico. Lo que la tenía de los nervios era que su esposo no le había hecho el amor desde entonces. Se suponía que esta noche sería una salida romántica donde planeaba seducir un poco a Jaune para que la noche resultara placentera para ambos.
Su desconsolada esposa le dio su queja, pero esto era por un bien mayor. “Diviértete.”
Sus débiles palabras de protesta no fueron escuchadas cuando su esposo le dio un picotazo en la parte superior de la cabeza antes de desaparecer por las escaleras.
“Te ves tan hermosa, Ricitos de oro”, ronroneó Vash con voz ronca, apreciando el rubor que se extendía por las mejillas de su amante. Ahora que le estaba poniendo los cuernos a Jaune, el con la miraba con los ojos abiertos. Ni una sola vez se había desviado de la tradición familiar de besarla en la mejilla antes de salir de casa. De hecho, le daba un beso rozándole los hombros. Frotaba su cadera contra la de ella mientras lavaba los platos. Poco a poco, estaba quebrantando su determinación.
Soltó un suspiro tembloroso mientras él la absorbía de nuevo. Precisamente por eso debería haberle dicho a su marido que no era buena idea. Balbuceó un “gracias”, con el corazón acelerado cuando él le tomó la mano, enviando ese familiar rayo por todo su cuerpo. En lugar de invitarla a una cita en un restaurante caro, estaba haciendo algo aún peor al llevarla a la sala. Había un ligero tono anaranjado debido a las chispas que salían de la chimenea. Observó los numerosos platos dispuestos sobre una sábana en la alfombra. Incluso había un tazón de ramen humeante: un detalle muy agradable.
Cada segundo de vigilia a partir de entonces parecía sacado de una novela romántica. Estaba en un dilema, respirando el aire con aroma a abedul crepitante y velas dulces, cenando a la luz de las velas con Vash. No ayudaba que él la conociera mejor que nadie en el planeta. Como su esposo tenía que pasar largas jornadas en en oficinas tratando de limpiar sus errores, Vash era esencialmente el hombre de la casa y nunca faltaba a su vida. Gracias a esto, pudo burlar sus defensas y hacerla reír por primera vez esa noche.
La primera señal de alerta la registró cuando él la hizo reír con tanta fuerza que dejó al descubierto su garganta, y se inclinó hacia atrás con regocijo. Al apagarse la risa, se inclinó hacia delante, ofreciéndole accidentalmente una vista completa de su bien diseñado escote, firmemente erguido bajo el vestido. No podía pensar con claridad después de ver sus ojos clavados en sus cremosos montículos. Y entonces cometió el error de estirarse el vestido, girándose con delicadeza mientras lo hacía, ofreciéndole una vista clara de sus largas y esbeltas piernas y sus gruesos muslos de matrona. Para cuando se giró, con toda la gracia que podía, ya estaba estirando la cadera hacia él, presentándose como una ofrenda. Cuando sus ojos se encontraron con esos ojos ardientes, supo que estaba en serios problemas.
Pequeños detalles la distraían, como cómo él despertaba la ternura maternal que llevaba dentro al mostrarle la boca llena de comida. Mientras masticaba, ella se sentía atraída a observarlo, como haría ocasionalmente en circunstancias normales. Tarde o temprano, lo vio secándose la comisura de los labios con una servilleta. Sus miradas se cruzaron de nuevo, y ella le dedicó una sonrisa tonta que lo llevó a rozarle el muslo. Retrocedió al instante, encontrando cada vez más difícil resistirse, ya fuera que la tocara románticamente o no.
Después de cenar, Yang se encontró contemplando la cascada de su patio trasero. No era enorme; la había creada casi de forma artificial. A su lado estaba Vash, con su brazo falso pegado al suyo, mucho más pequeño y femenino. Hacía casi media hora que no estaban sentados uno junto al otro, tomados de la mano. Al principio, la palma de él cubría la de ella. Luego, entrelazó sus dedos con los de ella. Podría haber retirado la mano, pero no lo hizo; no pudo. Era una noche mágica, por mucho que intentara negarlo.
De repente, un leve susurro resonó en sus tímpanos y, antes de que se diera cuenta, su Vash llegó detrás de ella y pasó los dedos por su exuberante cabello rubio. Habiendo confiado en él como su cepillo personal en el pasado, sabía exactamente cómo pasar de alborotar los mechones a masajear su cuero cabelludo. Continuó alternando entre un masaje firme y una caricia suave. Sus dedos se movían en pequeños círculos en cada zona de su cuero cabelludo y luego en movimientos más largos desde su frente hasta su cuello. Ella se tensó cuando él comenzó a trabajar en su cuello y hombros. Fue entonces cuando se dio cuenta de que debería haber dicho algo, pero estaba hechizada cuando él canalizó aura hacia las yemas de sus dedos y le dio un masaje más firme por los lados de su cuello y a lo largo de la parte superior de sus hombros. Obviamente, esta no era la primera vez que lo hacía.
“Te sientes apretada, Ricitos de oro”, susurró el anfitrión de Hermes, exhalando un aliento abrasador mientras presionaba un punto a medio camino entre el cuello y la articulación del hombro de su conocido.
Sus ojos parpadearon mientras él le daba el mejor masaje de hombros que jamás había vuelto a recibir, aflojando las zonas tensas y haciéndola sentir increíblemente relajada. “Mmm…”
Empezó a acariciarla de nuevo, pero esta vez fue más una caricia firme que un masaje. Deslizó las yemas de los dedos por su cuello, la nuca y luego la parte superior de sus brazos. Obviamente, con el vestido puesto, su movimiento estaba restringido, y ella podía sentir sus dedos enredándose en el escote de seda. Se detuvo, pero luego volvió a acariciarla, esta vez deslizando las manos por debajo de los tirantes superiores del vestido mientras recorría sus hombros. El movimiento rítmico de sus manos sobre su piel, el melodioso chapoteo de la cascada y el aire fresco del exterior se fusionaban en un caleidoscopio de sensaciones y sentimientos.
Sin embargo, volvió un poco a la realidad al sentir a su Vash deslizar el escote por sus hombros. A medida que los laterales abiertos de la espalda se deslizaban hacia cada articulación de sus hombros, la parte delantera también descendía un poco. Continuó masajeándole suavemente el cuello y los hombros, pero ahora también deslizó los dedos por su espalda, presionando ambos lados de su columna. Bajaron hasta entre los omóplatos y luego más. La empujó para que se sentara derecha, con la espalda alejada de él, y luego sus dedos se deslizaron hasta su cintura. Siguieron bajando lentamente hasta su cintura y luego subieron por su columna hasta su cabello. Olvídelo en sentido figurado: los escalofríos literalmente le recorrían la espalda.
“Mmm…”
“Shh… disfruta, Ricitos de oro”, susurró Vash al oído de su amante mientras volvía a sus hombros y cuello, masajeándola y acariciándola suavemente. Ella sucumbía rápidamente a él y él disfrutó enormemente de su silencio mientras deslizaba sus dedos por su cuello, hombros y brazos en movimientos únicos. Al oír solo suaves gemidos, una sonrisa se dibujó en sus labios y comenzó a usar los pulgares en la parte posterior de sus hombros, dejando que sus dedos se deslizaran por la clavícula.
Un rubor constante se extendió por sus mejillas mientras sus dedos rozaban suavemente su clavícula. ¿ Lo hacía a propósito o fue un accidente? Ella no se movió, y él tampoco, mientras deslizaba los dedos por su pecho y luego de vuelta a su clavícula. Una descarga eléctrica recorrió sus piernas. Su corazón empezó a latir con fuerza cuando sus dedos dejaron de recorrer su cuello hacia sus brazos, para luego moverse en círculos cada vez más amplios sobre la parte superior de su pecho. Con cada movimiento descendente, se acercaban cada vez más a donde comenzaba la curvatura. El vestido que llevaba puesto era uno de esos que parecían guantes, así que no podía usar sostén debajo, lo que significaba que solo una tela fina protegía sus pechos de sus manos.
Ella debe poner fin a esto aquí y ahora.
Pero ella también quería que él continuara.
Sus pechos se sentían tan pesados, casi como si palpitaran y latieran con fuerza, cada milímetro cuadrado de la piel que los cubría hormigueaba. Él se movía lenta, sensual y decididamente, nunca demasiado cerca, pero nunca demasiado lejos. Ella arqueó la espalda mientras sus dedos se deslizaban milímetro a milímetro hacia abajo. Él se dirigió con cuidado hacia los lugares donde ella, una vez más, se preguntaba si debía aceptarlo o rechazarlo. Fue entonces cuando una corriente eléctrica la recorrió mientras él acariciaba la piel ligeramente más hinchada a través de su vestido.
No se quedó allí mucho tiempo, pero ella comprendió que la próxima vez que bajara, no podría detenerlo. Las preguntas consumían su mente y la llenaban de alegría. ¿ Hasta dónde llegaría antes de que ella finalmente lo detuviera? ¿ Hasta dónde era demasiado, en realidad? Era su Vash y no debería estar haciendo esto hace tiempo que habian terminado. Pero ¿por qué se sentía tan bien, tan estimulante, excitante y tentador? ¿Por qué nunca se había sentido así con su conocido, su esposo?
Finalmente, deslizó los dedos muy lentamente sobre el inicio de la curva de sus pechos. Ella se sacudió hacia adelante al instante, con el corazón latiendo frenéticamente, los ojos abiertos como platos, y el anillo de bodas en su dedo brillando bajo la luz de la luna. “V-Vash… de-”
“Shh…”, susurró el rebelde mientras le mordisqueaba la oreja. “Eres de nuevo mi chica por esta noche y pienso consentirte.”
Podría haberse retorcido, haber girado ligeramente el cuerpo o incluso haber dicho “basta”. Tenía esas opciones para rechazarlo y habría sido fácil hacerlo. Lógicamente, claro, pero quizá no emocional ni físicamente. Aún podía hacerlo, pero su mente y su cuerpo estaban ahora en sintonía. Todo su ser estaba tomando una decisión al sentir las yemas de sus dedos rozando sus pechos tres o cuatro centímetros más arriba. Él seguía indagando, sin aprovecharse, extendiendo una invitación y pidiendo permiso para continuar. Aún tenía tiempo para moverse, aún tenía tiempo para apartar sus manos sin perder el respeto e impedir que siguiera adelante.
Sus palabras seguían resonando en su mente mientras dibujaba pequeños círculos en sus pechos a través del vestido, casi hasta la mitad de sus pezones. Se había casado con el amor de su vida hacía casi dos décadas, pero hacía siglos que nadie se refería a ella como “chica”. Esta noche, sin embargo, era la chica de otro hombre.
Ella era la chica de Vash.
Sin poder replicar, sus dedos se abrieron y se deslizaron más rápido de lo que habían estado bajando por cada óvulo, hasta que los ahuecó a través de su vestido. Era como si la tela nunca hubiera existido, pues los nervios de su cuerpo parecían recorrer su pezón y cada roce cruel le tensaba las rodillas y los hombros. Gimió, sintiendo sus pezones erectos sobresalir contra sus palmas mientras sus dedos recorrían las curvas de sus pechos, como si midieran su circunferencia. Un cremoso néctar comenzó a acumularse alrededor de las puertas divinas de su feminidad, asombrándola por estar tan cerca del orgasmo con solo un masaje en los senos.
“¿Cómo está mi bella dama?” susurró Vash, consciente de que su amante era suya y podía hacer lo que quisiera. Era otro sueño hecho realidad tener esos melones grandes y jugosos en sus manos. Se sentían firmes y resistentes, pero a la vez suaves y sedosos. Los apretó con más fuerza, haciéndola gemir de placer. Ay, cómo deseaba que no llevara ese vestido tan sexy. Ay, cómo no le gustaría chuparle las tetas como antes.
Soltó un suspiro que no sabía que había tenido mientras él le pellizcaba el pezón a través del extravagante vestido que se había puesto para su conocido. “Mmm…”
“Dame un beso.”
No tuvo tiempo de reaccionar cuando él repentinamente le giró la cabeza y la besó. Este beso fue instantáneamente diferente al primero. Sus labios se encontraron con facilidad, sus lenguas se acomodaron sin pensarlo. Su aura comenzó a estallar. La tenía acomodada en su regazo, sus manos manoseando con avidez sus pechos, la saliva rezumando de su lengua y hundiéndose en la de ella. La cabeza le dio vueltas y empezó a menear sus enormes nalgas en su regazo, desesperada por liberar la tensión sexual acumulada el último mes porque su esposo se negaba a acostarse con ella.
Su coño empezó a convulsionar, no solo por lo mucho que disfrutaba besándolo, sino también por el temblor que sentía bajo las vibraciones del grotesco bulto en sus pantalones. Su Vash no era grande, era monstruoso. Incluso a través de la ropa, podía ver fácilmente que era mucho más grande que su conocido. Cerró los ojos, solo para empezar a retorcerse en su regazo mientras él le pellizcaba los pezones con tanta fuerza con las yemas de los dedos, inducidas por el aura del rayo, que empezó a gritar en su boca y a brotar néctar femenino de las profundidades de su vagina.
—¡No , no, no! —gimió Yang en su mente mientras se corría con tal intensidad que la barrera de tela que eran sus bragas resultó inútil para contener el tsunami. Puso los ojos en blanco cuando los jugos calientes comenzaron a filtrarse por los lados de su ropa interior estropeada, por la tela misma, cubriendo sus muslos, piernas e incluso el regazo de Vash. Intentó con todas sus fuerzas quitarse de encima de él, pero era casi imposible en el clímax de su orgasmo, sobre todo porque él la estaba agarrando con fuerza, como un oso, en sus pechos y su boca en la de ella.
Un hambre insaciable se apoderó de sus ojos mientras hacía que su amante llegara al orgasmo; era tan sexy. Lo único que quería hacer ahora mismo era arrancarle la ropa, doblarla y arruinarla para su conocido. Sin embargo, las cosas buenas se hacen esperar, así que por ahora se conformaba con meterle la lengua por la garganta, manosear con rudeza sus pechos temblorosos, todo mientras miraba de reojo una figura sombría que los observaba desde la ventana del dormitorio principal del piso de arriba. « Ahora es mía, Cobarde ».
.
.
.
.
“¿Vas a darle un beso de buenas noches a Vash?”
Se detuvo a medio paso, un destello rosado le recorrió el rostro como una estrella fugaz. Cuando le contó a su esposo sobre la cita en casa que tuvo con Vash, no se guardó nada. Le contó lo mareada que se sentía mientras comía con él, lo llena que se sentía al tomar su mano y contemplar la cascada, cómo se perdió en su tacto y le permitió tocar sus pechos a través del vestido, cómo su toque mágico la hizo llegar al orgasmo, así como la voracidad con la que se habían estado besando. Estaba preparada para ver una expresión de enojo o escuchar un grito ensordecedor, pero él la sorprendió al decirle que parecía una cita perfecta. Su reacción despreocupada la dejó tan atónita que la dejó sin palabras. ¿ No estaba enojado porque, en esencia, lo había engañado?
Este embrollo se prolongó durante su ducha y una hora de lectura. Ahora mismo planeaba darle una reprimenda a Vash sobre su cita. Primero, la culpa la estaba matando y ya no podía contenerla. Segundo, sabía que se estaba hundiendo demasiado y tenía que cortarla de raíz. El suelo de madera crujió mientras se dirigía a su habitación. De pie frente a la puerta, el dedo que albergaba su anillo de bodas se curvó al alcanzar el pomo. Por primera vez, entró en su habitación sin llamar. Esos pocos pasos dentro los dio con la plena intención de hacerle entrar en razón. Pero en un abrir y cerrar de ojos, el joven la tenía en sus manos. Sintió su enorme polla palpitar contra ella, sus manos aferrándose a sus pechos a través de la bata. Un escalofrío la recorrió cuando él sopló su aliento caliente sobre la cremosa piel de su cuello mientras apoyaba la cabeza en su hombro. “¡V-Vash Que-!”
“Es hora de continuar nuestra cita, Ricitos de oro.”
Sus manos se habían colado en el escote de su bata y ahora manoseaba sus pechos desnudos por primera vez. Lo hizo a través de su ropa durante su cita. Le agarró los pezones entre los dedos pulgar e índice, pellizcándolos con fuerza, tirando de ellos, aplastándolos con fuerza. También la besaba, y con tanta avidez que atravesó sus votos matrimoniales, rompiendo su última barrera.
Ella gemía, con las piernas temblorosas cuando por fin le soltó las tetas. Eso no significaba que estuviera libre de culpa, pues él empezó a canalizar aura de fuego hacia su lengua mientras exploraba sus cavidades orales. Como estaba desnuda bajo la túnica, en cuanto desabrochó el cinturón y la giró, nada la protegía de él. De repente, él dio un paso atrás, mirándola con lujuria, con un ansia insaciable que centelleaba en sus ojos azul cerúleo. En ese momento, ella supo que estaba perdida.
Él volvió a rozar sus labios con los de ella y la atrajo en un abrazo osezno. Sus enormes pechos se hincharon contra la dureza de sus pectorales. Sus ojos violetas se abultaron cuando su muslo rozó la aterradoramente enorme torre que intentaba salir de su prisión de tela. ¿ Cómo era capaz de tener sexo con chicas? Sus manos ahora amasaban su precioso trasero respingón, separándolos, haciendo todo lo posible por someterla mientras seguía forzando su lengua en su garganta. La lucha en ella casi había terminado y, mientras él se apartaba, ella lo miró a los ojos. “Tengo… tengo miedo”.
“¿Asustada?” susurró Vash mientras presionaba su frente contra la de ella. “¿Por qué?”
“Si hacemos esto”, empezó la amante en voz baja. “Me ha costado resistirme a ti,tonto. Nuestro beso fue más que eso. Nuestra cita V-ash fue mucho más que eso. Si hacemos esto…”, hizo una pausa, con los ojos llenos de lágrimas. “¿Y Jaune? Sé que hicimos travesuras en nuestra cita, pero Jaune me ha perdonado por haberlas hecho contigo. Cruzar esta línea sería profanar los votos que hice el día de mi boda.”
—Quizás eso hubiera sido problemático antes, pero ya no —dijo el rubio sin dudarlo, besándole la cara y secándole las lágrimas—. El Cobarde es tu esposo, pero no es tu amante, el hombre que puede atender tus necesidades. Sabes por nuestra cita que ahora tu futuro está conmigo.
Su beso esta vez fue tan sensual, tan profundo y conmovedor que cualquier réplica que pudiera haber tenido se apagó en su garganta. Abrió la boca, dejando entrar su lengua ágil y encontrándola con la suya. Fue atemporal, acompañado del movimiento de las manos, desde sus rostros hasta sus cuellos, recorriendo los brazos y las cinturas. Ronroneó profundamente, con el cuerpo enrojecido mientras Vash, literalmente, la besaba para quitarle el miedo a la infidelidad. Estaba hecha un desastre cuando él finalmente se separó de sus labios hinchados.
Fue entonces cuando una de sus manos se curvó lentamente alrededor de su nalga, moviéndose con un ligero cosquilleo, haciéndola estremecer como si estuviera a merced de un terremoto inesperado. Ella apretó las manos sobre sus hombros mientras su mano desaparecía en el cañón entre sus nalgas. Un temblor la recorrió mientras la recorría, investigando el mapa del tesoro que solo su conocido había explorado hasta ahora. Toda esa peligrosa provocación sin tocar directamente su coño la estaba dejando inquieta, así que no pudo evitar dar un pisotón y soltar un siseo gutural cuando él tocó su vello púbico y lo retorció con las yemas de los dedos.
Ella jadeó, con los ojos parpadeando mientras él arrastraba su dedo índice hacia su clítoris y lo masajeaba en círculos, mientras usaba el resto de sus dedos para trazar la curva de su miembro. El éxtasis había alcanzado su clímax mucho antes de que sus dedos comenzaran a rozar los sofocantes pliegues de carne en su interior. Era el momento; estaba traicionando oficialmente a su marido con esta penetración.
Ahora estaba hundido hasta los nudillos en ella, y al igual que el resto de su cuerpo, era mucho más grande que Jaune. Le costaba admitirlo, pero no podía mentirse: el dedo de su Vash era más grande que la polla de su marido. La exploró con destreza antes de retirarse y deslizarse de nuevo hacia delante. Otro dedo se adentró en ella, estirándola más de lo que su marido jamás la había estirado con su polla. Intentó rodearle el cuello con los brazos, intentando desesperadamente adaptarse, pero él agachó la cabeza y hundió la cara entre sus pechos.
Inmediatamente empezó a pasar la lengua por su areola izquierda, frotándola y girándola en espiral, rodeando su pezón dolorido antes de finalmente lamerlo, calentándolo. Luego sopló, enfriándolo de una manera que la hizo hundir los dedos en su cabello. Cuando finalmente chupó su teta, recordó cuando ambos solian follar en la oficina de Ozpin; era completamente diferente a la devoción con la que sorbía ahora.
Mientras la atendía oralmente, seguía perforando su coño en busca de oro con dos dedos. Incluso se atrevió a rascarle el clítoris erecto con el meñique. Sus piernas empezaron a temblar y sus ojos se abrieron de par en par. Sucedía demasiado, demasiado rápido, y solo empeoraba las cosas para ella que él canalizara aura del rayo hacia su clítoris. “¡Oh… oh… AAAGHGHHGHGHG!”
“Eso es, Ricitos de oro… córrete para mí”, gimió Vash mientras mordisqueaba las tetas de su amante, mientras tachaba con éxito otro objetivo de su lista de deseos: hacerla vibrar en un paroxismo de placer. Su fresco aroma femenino pronto llenó el aire, la seductora fragancia de un chocho maduro y efusivo. Eyaculaba tan fuerte que sus fluidos salpicaban el suelo, donde cada salpicadura rebotaba en todas direcciones.
Finalmente, un hormigueo le recorrió la espalda al desvanecerse los últimos vestigios de su clímax. Su cuerpo se desplomó cuando él apartó la boca de sus pechos y sacó los dedos de ella. Gimió cuando él volvió a su coño y deslizó lentamente las yemas de sus dedos pegajosos alrededor de su entrada. Y ahora él deslizaba esos mismos dedos en su boca. Le dio escalofríos al ver que él lamía sus jugos como un lobo sediento. En ese mismo instante, se dio cuenta de que estaba presenciando su inminente adicción al néctar de su coño.
Cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones relajantes, su cuerpo totalmente relajado mientras disfrutaba del orgasmo; le ayudaba estar abrazada a Vash. Lo que hacía era injusto, pero se sentía tan bien. Sintió sus manos deslizándose entre ellos y sobre sus suntuosos pechos, sus uñas jugueteando con sus pezones. Antes de que se diera cuenta, la estaba arrastrando de la mano. Sus ojos reflejaban una inmensa admiración mientras él corría las cortinas de la ventana a un lado, dejándola al instante con la impresionante vista de la luna llena. Entonces sintió que él apoyaba sus palmas en el alféizar de mármol. Lo miró fijamente. ¿Qué demonios estaba tramando?
Pronto se llevó la sorpresa de su vida cuando él la agarró por las pantorrillas y empezó a levantarle las piernas. Un rubor tiñó sus mejillas mientras la arrastraba hacia una versión corrupta de la plancha, con las piernas estiradas, las manos aferradas al alféizar de la ventana, la cara de él entre sus muslos y su aliento caliente inflando su trasero. “E-espera, Vash… ¡No me he recuperado… ! ¡Joder !”
No solo que su marido no le practicaba sexo oral, sino que nunca desde la academia se lo habían hecho, salvo con el método habitual: tumbada boca arriba y con las piernas abiertas. Además,Vash era claramente un experto en la materia, pues atormentaba sus labios menores con la lengua, evitando su clítoris palpitante. Pronto tuvo toda su vulva dentro de su boca y su lengua empezó a recorrer su raja de arriba a abajo. De vez en cuando, le daba un pequeño empujón con la punta de la lengua, solo para darle una pequeña muestra de lo que se avecinaba, provocándolo aún más y excitándola.
Un matiz de aura roja la rodeaba, su cabello ondeaba en fuego mientras el Yang mientras dentro de ella se despertaba de su descendencia lubricando su coño a niveles nunca antes experimentados. Empezó a menear las caderas mientras miraba por la ventana, hipnotizada por la vista del cielo nocturno por excelencia y la luna llena mientras él la consumía. El ewigkeit se canalizaba hacia su garganta para permitirle bañarla con un efecto de calor y frío mientras manipulaba la temperatura de su saliva.
“¡AARGGH!” gritó de repente la esposa de Jaune, con el ano flexionándose y frunciéndose mientras la punta de la lengua de su Vash se deslizaba. “¡AHHHHHH AHHHHH! ¿QUÉ HACES, VASH? ¡ES MI ANO, AHHHHHH! ”
Ella podía gritar, chillar y hacer lo que quisiera, pero él estaba hipnotizado, lanzándole un beso, llamándolo, retándolo a probarlo. Mientras ella se retorcía, él movió suavemente su boca hacia la parte más carnosa de su trasero y la mordió con tanta fuerza que le dejó un feo chupetón. Ella gritó e intentó girarse de lado, pero solo logró mover su tarsero para encontrar su boca. Así que ahora él lamía con avidez alrededor de su esfínter. La abrazó fuerte, y después de varios minutos de dominarla físicamente, ella se vio obligada a rendirse a su embestida.
Yang estaba tan avergonzada que quiso tomarse la cara enrojecida entre las manos, pero no pudo porque estaba agarrada al alféizar de la ventana.
Ella miraba la luna rota a través de la ventana, con el rostro contorsionado en una mueca de placer mientras él exploraba sus entrañas. Era una obscenidad absoluta, pero la excitaba tanto que emitía sonidos indescifrables y echaba espuma por la vagina. Gritó al cielo, sintiendo un orgasmo que crecía hasta extremos que ni siquiera podía imaginar antes de esa noche. De hecho, el placer fue tan inmenso que perdió la noción de la realidad y olvidó que no estaba tumbada sobre una superficie dura. Soltó el alféizar de la ventana y su frente se golpeó contra el mármol con tanta fuerza que supo al instante que le iba a dejar un chichón horrible. Por suerte, la adrenalina que corría por sus venas por la caída libre fue suficiente para provocarla, así que el dolor que sentía se convirtió en lo último en lo que pensaba.
“¡ ME VOY A CORRER! “, gritó Yang a todo pulmón, con todo su cuerpo estremeciéndose mientras brotaba desde lo más profundo de su alma. Era como si millones de prisioneros líquidos, encerrados en una cárcel metafórica dentro de su coño, estuvieran ahora sueltos. De repente, el aura explotó, y como resultado, fragmentos de vidrio cayeron sobre ella y su Vash por la ventana que había destrozado. Todo a su alrededor daba vueltas y no tenía ni idea de en qué posición estaba ni de qué le estaba pasando. Solo sabía que estaba teniendo el orgasmo más grande de su vida. Y con ese otro espasmo en las piernas, se desmayó.
.
.
.
.
.
.
“…Vash.”
Vash levantó la cabeza del hombro desnudo, sudoroso e inconsciente de su amante y vio a su conocido de pie junto a la puerta. “No te oí tocar, Cobarde.”
Jaune captó la indirecta de inmediato, recordándose a sí mismo que este hombre no era solo su Vash, sino la fuerza dominante de la que solo había oído hablar. Salió y cerró la puerta. Inmediatamente, tras tocar, el joven que estaba dentro le dio permiso para entrar.
Al regresar a la habitación, Jaune vio al rubio acariciando el cabello desnudo, sudoroso e inconsciente de su esposa mientras una mano libre y penetrante estaba enterrada entre la grieta de su trasero.
“Tu esposa tiene aun tiene un trasero increíble, Cobarde”, dijo Vash sin aliento. “Es fantástico cómo los viejos tiempos”.
Jaune sintió que se le escapaba el aire de los pulmones y se le doblaron las rodillas al confirmar que su esposa estaba siendo examinada rectalmente por su Vash. Qué agujero tan sucio… uno que ni siquiera soñó con explorar. “Ella… ella…”
“Ya me oíste”, se burló Vash con sarcasmo, mientras metía y sacaba furiosamente los dedos del trasero de su amante, ganándose sus gemidos soñolientos. “En fin, qué bueno que estás aquí. Ricitos de oro se golpeó la cabeza muy fuerte contra el alféizar de mi ventana mientras le comía su coñito apretado. La he curado con azul y su aura esta activa, pero necesito que encuentres una gasa medicinal”.
La indiferencia con la que se aireaban los trapos sucios reconfirmó que a este hombre no le importaban los lazos. No iba a dudar en hacerle cosas a su esposa. Saber que Yang se había golpeado la cabeza le aceleró el cerebro, así que se acercó rápidamente a la pareja y descubrió que la rubia lucía un moretón en la frente. Era la primera lesión sexual de su esposa, y la había causado otro hombre. ¡Qué difícil era soportar los celos!
Cuando escuchó ese grito ensordecedor, no tuvo valor para ir a ver qué le había hecho gritar así a su esposa. Nunca en su vida le había gritado así. Le dio un sudor frío solo de imaginarla siendo follada duro por su Vash. Le avergonzaba admitir que también se le puso duro.
“También quiero que le cuentes todo a Ricitos de oro.”
Se le encogió el corazón. “Pero… me matará.”
“Sabía que te quejarías”, respondió Vash sin ninguna preocupación. “Entonces se lo diré. Mientras tanto, prepara un baño de burbujas en el baño principal”.
Su esposa iba a bañarse con otro hombre. Para su desgracia, la imagen perturbadora que imaginaba le hacía apretar el pene contra los pantalones, y su rostro se sonrojaba al notar el ruido húmedo y blando que el ano de su esposa producía con los dedos de su Vash, lo que no le facilitaba las cosas.
“Te estabas masturbando con los gritos de tu esposa”, dijo Vash, sin necesidad de confirmación, ya que el rubor que se extendía por el rostro de su conocido era todo lo que necesitaba ver. “Llevo años estudiándola y años sabiendo de ti. Simplemente nunca hice nada porque la apreciaba a ella y queria ver si podias hacerla feliz.Pero eres un hombre mentiroso, Cobarde. Te di una salida porque sabía que empezarías a desear verme dárselo. Te di esa salida porque no voy a tenerla encerrada en una habitación. Me la follaré cada vez que pueda, y me dará igual dónde lo haga. Puede estar lavando platos y la inclino. Puede estar afuera en el césped y la tomo en la tierra.”
Jaune se quedó atónito al ver cómo Vash seguía manoseando a su esposa. ¿Por qué la unión lo excitaba tanto? No lo dijo, pero era la segunda vez que se excitaba; la primera fue cuando los espiaba en el patio trasero desde la ventana del dormitorio principal. Ahora entendía por qué Vash le había dado esas dos opciones. No era para humillarlo en su totalidad, sino para advertirle de los peligros de aceptar su unión.
¿Va a cambiar tu decisión?
Si les permitía quedarse en esta casa, tendría que pasar de ser el estorbo de Vash a servirle como un cornudo obediente. Un suspiro tembloroso escapó de sus labios. “…no.”
“Entonces ya sabes qué hacer”, dijo Vash, acariciando el ilustre cabello rubio de su amante. “Asegúrate de que el agua este caliente”.
Una sonrisa sombría se dibujó en sus labios mientras su conocido inclinaba la cabeza en señal de rendición antes de marcharse. Justo entonces, un gemido femenino le avisó de que su amante por fin estaba despertando.
Una siesta siempre es reconfortante, pero despertar de esta fue diferente mientras luchaba contra los destellos de luz que invadían su campo de visión. Inmediatamente sintió una opresión en el recto que le era desconocida, pero no pudo pensar mucho en ella porque los acontecimientos recientes volvieron a ella de golpe.
“V-Vash…”
“Te corriste muchísimo antes, Ricitos de oro… fue fenomenal”, susurró Vash, con los nudillos aún hundidos en su amante, que se retorcía y sonrojaba. “¿Podría Cobarde hacerte eso alguna vez?”
Yang estaba demasiado avergonzada para responder, pero su silencio era todo lo que Vash necesitaba saber. Aunque el recuerdo era un poco vago, dado que estaba exaltada por tanto placer, ni una sola vez en su vida su marido la había desmayado con sexo, y mucho menos con cunnalingus.Vash era un experto en ese arte.
Un arrepentimiento increíble pronto la invadió, haciéndola retroceder, pero incapaz de escapar del abrazo de su Vash. Quedó inmóvil mientras él la besaba con tanta pasión que le destrozaba el alma. Un caos se apoderó de su mente mientras el enorme, malvado y temible que Yang podia ser, se rendía con tanta facilidad a este joven.
“He esperado desde la graduación para reclamarte nuevamente”, susurró Vash mientras se separaba lentamente. “Como te dije antes: Cobarde es tu esposo solo de nombre ahora. He asumido sus deberes matrimoniales en la intimidad”.
Y así el rubio le soltó la bomba a su amante, confesándole todo lo que había hablado con su conocido hasta el momento.
Decir que Yang estaba impactada era quedarse corto. Era vergonzoso que su esposo le hubiera confesado un asunto tan delicado a Vash. Francamente, no sabía cómo sentirse al pensar que ese beso había sido planeado y no algo improvisado. Estaba aún más confundida sobre cómo irían las cosas de ahora en adelante.
Todos sus pensamientos se desvanecieron cuando él sacó los dedos antes de embestirlos de nuevo. “Urggh… estás en… mi trasero…”
“Aprieta, Ricitos de oro”, ronroneó Vash, moviendo sus dedos. “Aprieta con tu ano. Siente mis dedos”.
Aparte de la vergüenza, que sentía a raudales, estaba asombrada con esta búsqueda improvisada de cavidades. No temía que se enfadara. Decidida a hacer algo, intentó impulsarse hacia atrás, pero él empezó a taladrarle el ano. Se le escaparon gemidos agudos mientras se contoneaba incontrolablemente, con las tetas temblando, las piernas con espasmos y los ojos entrecerrados. Al darse cuenta de que no podría salir de ahí ni hacerle entrar en razón, se mordió el labio inferior e intentó apretarlo con el ano.
—Buena chica… —la animó Vash, dándole un beso en la comisura de la boca—. Voy a canalizar ewigkeit hacia mis dedos. Sigue apretando.
La rubia se quedó atónita al ver cómo su Vash tomaba el control, algo que su conocido nunca había logrado en la cama. También era excitante, aunque no lo admitiera abiertamente. De repente, un calor tremendo se extendió por su pobre ano. Apretó los dientes al darse cuenta de que Vash estaba usando su energia rara. La incomodidad fue sorprendentemente menor que el placer, mientras se encontraba meneando las caderas, con gemidos escapando de sus labios. Volvió a apretar con sus músculos, esta vez sintiendo realmente sus dedos.
“¿Te sientes bien?”
Cerró los ojos, meneando la cabeza, con un rubor intenso extendiéndose por su rostro. Sin duda, que le metieran los dedos en el trasero era diferente a que en la vagina. Sus paredes estaban tortuosamente apretadas y sus dedos la estiraban con eficacia.
—Bien —repitió Vash mientras le robaba otro beso casto a su amante—. Ahora, tomémonos un baño.
Yang casi gritó cuando su Vash le arrancó los dedos. Sentía su ano abrirse de par en par y tuvo que resistir el impulso de retomarlo hasta que volviera a su estado primitivo de botón. Cualquier réplica que pudiera haberle dado se apagó en su garganta cuando lo vio sin camisa por primera vez desde que era niño.
Ese pecho firme que había estado abrazando estaba ahora a la vista, sus músculos pectorales parecían placas firmes aunque todas esas cicatrices le seguian preocupando. No era de extrañar que sus grandes y jugosos pechos se hundieran con tanta facilidad en ellos. Sus hombros, tan anchos y prominentes, sostenían la definición de sus enormes bíceps, que decían a gritos la inmensa fuerza de su torso. Sus ojos, avergonzados, recorrieron su cuerpo, respirando entrecortadamente al contemplar sus abdominales firmes como una roca y ese torso en forma de V que se estrechaba sensualmente hasta su estrecha cintura. Este era el cuerpo de un dios.
No tuvo oportunidad de estudiar la definición de sus piernas debido al monstruoso miembro que colgaba entre ellas. Era gigantesco, tanto que empezó a morderse el labio inferior mientras apretaba los muslos. Más grande de lo que recordaba, la luz de la luna que se filtraba por la ventana le permitía ver las venas que recorrían los lados de su miembro. Su pene era fácilmente comparable a la longitud y estaba segura de que era más grueso que la primera vez que lo hizo con el. Dos grandes testículos colgaban bajo su miembro, que sin duda contenían litros de semen. Su marido era como un niño en comparación.
Exhaló un suspiro tembloroso; su mente tardó un segundo en reiniciarse. “D-Dioses…”
“Te voy a follar hasta el cansancio, Ricitos de oro”, susurró Vash mientras acariciaba la mejilla de su amante con la punta de su erección. “Pero ahora no. Ahora vamos a relajarnos”.
Yang se quedó inmóvil, con el coño empapado de sudor y el ano contraído por la vulgaridad de Vash. El descaro de acariciarle la cara con su enorme miembro era espantoso, pero la imaginó rompiéndole el coño con él. Nunca volvería a ser la misma después.
Arrastrando a su tartamuda amante fuera de la cama, Vash la rodeó con un brazo y acarició con la mano la curva superior de su hermoso trasero respingón mientras la guiaba fuera de su dormitorio.
Esa polla se balanceaba de un lado a otro mientras su Vash caminaba. “E-espera… Vash-kun… J-jaune…”
—Le estoy poniendo los cuernos a tu marido, Ricitos de oro —siseó Vash al entrar en el pasillo—. Lo que él piense de esto ya no importa. Tu matrimonio con él ya no importa. Ahora eres mi amante nuevamente.
Este hombre era Vash, pero también un hombre que se estaba consolidando en la cima de la jerarquía. Una parte de ella deseaba fervientemente luchar contra él, otra no quería seguir cayendo en esa espiral oscura y tortuosa hacia la infidelidad, pero estaba demasiado cautivada con un hombre que tomara las riendas para variar, en lugar de tener que estar ella siempre al mando. Pero esta aceptación resultó inútil cuando pasaron por el baño del pasillo.
No lo era, ¿verdad?
¡Él era!
La conducía al dormitorio principal, que tenía baño adjunto. Su corazón latía a mil por hora, presa del miedo, mientras él giraba la manija y los conducía adentro. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas al ver a su esposo de casi veinte años, sentado al borde de la cama, con la mirada perdida.
Jaune rápidamente desvió su mirada, ya que esa visión de la polla de tamaño divino de Vash lo hizo sentir extremadamente castrado hasta un punto en que sintió ganas de maldecir a los dioses por ser tan crueles.
Levantó a su amante por su enorme trasero, la rodeó con sus brazos y comenzó a secarle las lágrimas. “No llores, Ricitos de oro”.
—Siento haberte engañado, Jaune…… —gimió Yang, mirando a su esposo por encima del hombro de su Vash, con sus ojos rojos e hinchados llenos de un profundo arrepentimiento—. ¡Lo siento mucho!
“Está… está bien, Yang”, susurró el hombre destrozado. “De todas formas, fue mi decisión. Quería que no sufrieras en un matrimonio sin sexo, así que se que el podra hacerlo mejor. Les preparé un baño, así que, por favor, disfrútenlo”.
Se le hizo un nudo en la garganta, se le encogieron los hombros y todo su cuerpo tembló al asimilar esas palabras. Su marido era un inutil, pero aun así la enfurecía que actuara así. No es que ella fuera mejor. Escuchar su confesión de tener un baño listo para ella y su amante despejó todas sus dudas y le confirmó que su Vash realmente estaba poniendo a su marido en su lugar.
—Buen trabajo —dijo Vash—. ¿Tienes ropa de repuesto a mano?
Jaune asintió de mala gana, habiendo llegado a la conclusión de que lo echarían de su habitación y se vería obligado a dormir en la habitación de invitados de ahora en adelante. “…Si.”
“Perfecto”, continuó Vash. “Ahora dile buenas noches a tu esposa. Nos vemos mañana”.
A pesar de sus intentos, no podía dejar de mirar furtivamente la monstruosa polla de su Vash, temiendo sinceramente por su esposa. Intentó mantener el contacto visual con ella, pero la mano de su Vash ahuecando su coño lo distraía constantemente. Luchando contra los celos y la humillación, le ofreció un “Buenas noches” con tono derrotado.
Yang permaneció inmóvil mientras su esposo huía como un ladrón en la noche y cerraba la puerta de golpe. Volvió a mirar con nerviosismo a su Vash, que ahora lucía una sonrisa pícara. “Vash… ¿qué hiciste…?”
“Esta habitación es del dueño de la casa”, respondió Vash con frialdad mientras le daba un manotazo en el culo gordo de su amante, haciéndola chillar involuntariamente. “Esta es mi habitación, ademas sabes que su carrera de cazador está mas muerta que su hombria. ¿Qué tal si nos damos un baño?”
Yang simplemente no podía articular palabra mientras su Vash la arrastraba al baño.
.
.
.
.
En el pasillo del piso de arriba, Jaune Arc estaba sentado, agachado y llorando, sin mirar nada en particular, preguntándose si había tomado la decisión correcta al entregarle a su esposa a su Vash.
” ¡ME VOY A CORRER !”
Levantó la cabeza de golpe, con la mente dando vueltas mientras el primero de una docena de gritos resonaba en la habitación que antes le pertenecía, y que ahora pertenecía aVash nuevamente. Entre sollozos histéricos, metió una mano en sus pantalones y empezó a acariciar vergonzosamente su pequeño pene, lo cual era más duro que nunca al oír a su esposa ser complacida por otro hombre.
.
.
.
.
.
.
“¡Esa película fue fantástica!”
Vash sonrió, amasando con avidez las tetas de su amante mientras aparecían los créditos. “Estoy totalmente de acuerdo. Pero Ricitos de oro es lo que hizo que la película fuera para mí”.
Yang se sonrojó profundamente mientras su Vash hablaba tranquilamente con su esposo, con las manos bajo su camisón. Se retorcía en su regazo mientras él le pellizcaba los pezones, con tanta fuerza que le hacía encoger los dedos de los pies. Llevaba dos días viviendo la vida de su Vash. Ha tenido tantos orgasmos estos últimos días que la cifra eclipsaba la de todos los orgasmos que había tenido con su esposo en más de diecinueve años de matrimonio. Además, él le exploraba su vagina con regularidad, y se había convertido en una estimulación a la que le estaba empezando a gustar.
—Ahhhhh, como extrañaba esto, me recuerda a Beacon —susurró Vash mientras sentaba a su amante en su regazo—. Dioses, qué suerte tienes, Cobarde.
Ella gimió mientras él le acariciaba el pelo con una mano mientras le masajeaba las nalgas a través de su fino camisón con los dedos callosos de la mano libre. Un cremoso néctar burbujeaba de ella y no había prenda que lo detuviera porque él se negaba a dejarla usar sostén o bragas en casa. Fue entonces cuando sus tímpanos registraron un impetuoso silbido de aire. Y entonces, un peso gigantesco la golpeó en el trasero. “¡Ay …
—Esto no es suficiente —dijo el rubio con curvas, con una voz que ahora denotaba peligrosa lujuria—. Quítate ese camisón.
La diosa rubia ladeó la cabeza; una mezcla de pánico y excitación la golpeó en el corazón y el coño. “Pero, Vash… el coche de Jaune…”
” Ahora , Ricitos de oro.”
Aceptar los actos sexuales era una cosa, pero otra muy distinta era soportar los celos de que Vash pudiera ser tan dominante con su esposa. Aquella rubia que solía asustarlo muchísimo, dentro y fuera del dormitorio, ahora se arrastraba obedientemente del regazo del Heydrich y se llevaba las manos al dobladillo de su prenda. Sus grandes y jugosas tetas saltaban con un rebote hipnótico al liberarse de esa capa protectora. Ahora las manos de Vash la recorrían por completo, sus grandes manos sobre su trasero, sus labios apretados, su cabeza sobre el hombro de ella mirándolo con sus ojos cerúleos centelleando con la intensidad de un hombre que tiene el control. Se estremeció cuando su esposa fue arrojada al sofá.
“¡M-mierda!”, gritó Yang, echando la cabeza hacia atrás y con los ojos desorbitados. Su Vash normalmente iniciaba el sexo con sensuales caricias de la lengua, usándola como un pincel, pero esta vez fue de cero a infinito, mordisqueando su coño como si esa película de acción lo pusiera más cachondo que una película porno. Le echó las manos temblorosas al pelo, con un rubor enorme en la cara. Era la primera vez que su Vash le consumía la vagina mientras su marido la miraba. Todas las veces anteriores habían sido en el dormitorio principal o mientras su marido estaba encerrado en la oficina. Una oleada de culpa la recorrió mientras miraba distraídamente al hombre con el rabillo del ojo entrecerrado, pero se quedó atónita al ver que parecía sonrojado y que se estaba ajustando los pantalones. ¿ Se estaría excitando?
Lo que comenzó como gemidos melodiosos se convirtió rápidamente en estridentes chillidos de asombro y admiración. Su cuerpo empezó a comprimirse, a agitarse, a contorsionarse una y otra vez mientras agarraba su cabeza, clavándole las uñas en el cráneo. Con los dientes apretados, empezó a sisear como una salvaje demente en una selva remota. Sus habilidades superaban su comprensión y una parte de ella siempre se había preguntado si sería suficiente para saciar su libido animal. Y justo cuando su lengua envolvía su punto G, lo exterminó con un atronador rayo de placer. Su cérvix gimió al cerrarse frenéticamente, sus paredes vaginales se contrajeron con tanta fuerza que incluso su ano se replegó. Sus ojos miraban hacia arriba; cada terminación nerviosa, cada músculo, cada pensamiento y cada elemento que la convertía en mujer se unían en una milagrosa y fantástica avalancha de orgasmos. ” ¡ME VOY A CORRER! ”
Jaune se retorció en su asiento mientras su esposa comenzaba a agitarse y a chorrear como un géiser. Salpicaduras de fluidos salieron disparadas por todas partes, la primera azotando el aire y salpicando el televisor, otra serpenteando y golpeando el sofá, un par de gotas incluso aterrizaron en su muslo, pero la mayor parte de la descarga titánica estaba siendo consumida por su Vash. Una gran mancha húmeda arruinó sus pantalones cuando se corrió en ellos mientras la veía experimentar el orgasmo de su vida. Los celos estaban ahí, y oh, siempre estaban ahí, pero también había una oleada de excitación pecaminosa al verla ser complacida hasta tal punto que se olvidó de su existencia. Durante los siguientes dos minutos, la rubia continuó retorciéndose y con espasmos, y los gemidos gatunos que escapaban de sus labios lo decían todo: él nunca podría haberle hecho eso.
“Ponte de rodillas, Ricitos de oro”, ordenó Vash mientras se ponía de pie, con los pantalones estirándose obscenamente por su enorme erección. “Es hora de tu golosina”.
Jaune jadeó, pero entonces las palabras del joven le vinieron a la mente en un flashback. Estos dos últimos días habían sido algo soportables solo porque nunca había estado en una situación en la que su esposa recibiera placer cerca de él. Pero su reacción no era comparable a la de su esposa, cuyo rostro parecía rebosar de emociones.
El rostro enrojecido de Yang palideció en pleno orgasmo. Aún no le había hecho una paja ni una mamada a su Vash, ¿y él quería que se la hiciera delante de su marido? ¿ No le bastaba con poner en evidencia al Arc haciéndole un sexo oral a Yang? ¿ Iba a ser la norma a partir de ahora? Entendía su postura como el hombre de la casa, pero obligarla a hacerlo era moralmente incorrecto en muchos sentidos. Giró la cabeza y vio que el Arc respiraba con dificultad, pero no profería ni una sola palabra de protesta; tampoco dijo nada mientras le devoraban el coño.
Todo sucedió a cámara lenta cuando miró hacia atrás y vio a su Vash desnudándose. La noche de su cita fue la primera vez que lo vio desnudo, pero desde entonces llevaba ropa, incluso cuando dormía con ella. Pero ahora, por primera vez desde entonces, tenía un asiento en primera fila para ver su pene de centímetros saliendo de sus pantalones.
Jaune desvió la mirada, ese pico de una fracción de segundo lo hizo sentir extremadamente castrado.
“Ya te lo dije: tengo un respeto por ti Cobarde. Es mi conocido, mi ex compañero, tu esposo, pero también es el hombre al que le estoy poniendo los cuernos, así que es mi deber asegurarme de que recuerde su lugar en esta vida”, ronroneó Vash mientras se agachaba y le alisaba el pelo. “Ahora toma esa polla en tus manos”.
Era su autoridad lo que la volvía loca. Podía ser tierno como una flor, pero luego dar un giro radical, y era abrumador para la habanera ardiente que llevaba dentro. Le dirigió una última mirada desesperada y de disculpa a su esposo antes de asumir su posición. Asegurando las rótulas sobre la alfombra, contempló los enormes testículos que colgaban entre sus piernas, pesados y lisos, cada uno tan grande que le desbordaba la palma de la mano. Su pene ahora le cubría la cara. Era tan grande que la cabeza de su erección había desaparecido muy por encima de la línea del cabello. Su grosor era tal que apenas podía ver a su alrededor, cómodamente posado sobre su rostro.
Incluso con ambas manos envolviéndolas, una sobre la otra, aún quedaba expuesto más de un tercio de la polla de su Vash. Tenía los ojos abiertos, su coño palpitaba. Ahora todo tenía sentido. Por qué su Hombre (una terminología que aún le parecía un poco cruda) la estaba obligando a complacerlo por primera vez, y eso además delante de su marido. No podía creer lo grueso que era; sus dedos, haciendo círculos, estaban lejos de tocar las palmas de sus manos. Jadeó mientras sus manos se deslizaban nerviosamente arriba y abajo sobre el eje rígido, nunca había sentido una polla tan dura en toda su vida. Ni siquiera su marido en la flor de la vida, que solía ponerse duro en un abrir y cerrar de ojos, podía igualar la implacable solidez cincelada de esta bestia.
—Habla, Ricitos de oro —susurró el anfitrión de Hermes, recogiendo un mechón de su cabello—. ¿Quién es más grande?
Exhaló un suspiro tembloroso cuando la uretra de su Vash pareció abrirse de par en par, y una gota brillante de líquido goteó y le lubricaba las palmas de las manos. “…Eso no es justo, Vash. No puedes seguir humillando a Jaune así.”
—Déjame preguntarle entonces —argumentó Vash mientras se giraba hacia su conocido—. ¿Por qué no le dices a tu esposa cómo se ve acariciándome la polla, Cobarde?
Jaune tragó saliva mientras se llevaba la mano a la entrepierna. “Te… te ves muy sexy, Yang. La polla de Vash es tan grande que ni siquiera puedes meterla entera en tus manos”.
A pesar de su frustración, el coño de Yang ardía mientras Vash establecía su autoridad sobre su marido. ¿Por qué Jaune tenía que sonar tan sumiso? ¿Por qué tenía que sonar como una pequeña zorra? Se mordió el labio inferior y miró hacia atrás para ver otra gota de líquido preseminal rezumando de la punta de Vash. Su lado lógico quería decirle que una paja era todo lo que podía ofrecerle, ya que le sería imposible hacerle una felación. ¿ Cómo demonios se suponía que iba a abrir la boca tanto, en su juventud se arriesgaba, pero ya no era tan joven? A pesar de la incertidumbre, extendió el dedo índice, deslizándolo bajo el brillante fajo de líquido preseminal y levantándolo. El fluido viscoso se aferró a la punta de su dedo mientras una reluciente red de líquido permanecía conectada a la punta de su pene, la red se fue adelgazando hasta que se soltó y colgó de la punta de su dedo, ondeando lascivamente en el aire ante ella.
Su coño estaba empapado mientras se llevaba el dedo a la cara y observaba cómo su líquido preseminal se balanceaba obscenamente de un lado a otro, clavándola en el sitio. Sintió que su lengua se deslizaba y recorría instintivamente sus labios, anhelando ahora más que nunca probar lo que su Vash le había preparado. Una parte de ella aún se resistía a seguir adelante porque su marido la veía hundirse aún más en la depravación. Pero todo ese arrepentimiento se desvaneció cuando, inconscientemente, abrió sus labios carnosos e inhaló su espeso semen. Sus ojos se oscurecieron de lujuria al percibir su sabor: era tan delicioso.
“Mmmmm”, ronroneó la Cazadora mientras aplicaba una suave succión, sus suaves labios adheridos con fuerza a la cabeza de hongo de su retoño. Ahora lo saboreaba directamente de la fuente, sus jugos viscosos parecían explotar con un intenso sabor masculino en sus papilas gustativas.
Jaune Arc observó con morbosa fascinación cómo la saliva corría por la barbilla de su esposa mientras ella se desgarraba los labios tratando de acomodar la cabeza de Vash en sus cavidades orales. Tal como había pensado, el joven era demasiado grande para ella. El dolor no lo golpea tan fuerte como la oleada de excitación pecaminosa.Vash estaba arruinando a su esposa para él.
No debería haberla excitado tanto, pero mirar de reojo a su marido masturbándose la hizo seguir los pasos y empezar a sorber con devoción la cabeza en forma de hongo de su amante, disfrutando del ruido húmedo que hacían sus mejillas hundidas al frotar su lengua sin descanso, deteniéndose de vez en cuando para arrastrarla por su uretra. Giró la cabeza, chupando más, usando sus mejillas y la parte superior de la boca para masajearla desde diferentes ángulos, sin importarle que las cosas se pusieran feas cuando un poco de baba se derramó por una de las comisuras de su boca. Pronto cogió ritmo y empezó a bombear y masajear sus bolas en un instante, su anillo de bodas brillando brillantemente mientras se masturbaba lo que aún no estaba chupando en su boca.
“Tu esposa lo está haciendo muy bien hasta ahora, Cobarde”, dijo Vash con brusquedad, mirando fijamente a su conocido mientras pasaba una mano por el cabello de su amante. “Ahora dale algunas palabras de ánimo”.
Otra punzada de celos lo recorrió, pero eso no le impidió acariciarse. “Lo… lo estás haciendo muy bien, Yang”.
Al oír eso, se abalanzó, y sintió una fuerte arcada cuando su enorme cabeza la embistió de llena en la garganta. Pensó que canalizando aura a través de sus pulmones, hacia la garganta y luego a la boca, podría atraer fácilmente más de él. Pero pronto descubrió que había calculado mal su longitud y ahora se le escapaba por la garganta. Con lágrimas en los ojos.
Nunca había tenido problemas semejantes con su marido. Por otra parte, él ni medía un tercio de su Vash en longitud; la diferencia de grosor era otra historia. Con una sensación de derrota, se retiró, jadeando en busca de aire húmedo mientras su enorme polla salía de sus labios, bañándole la cara con la espesa baba que emanaba de lo más profundo de su cuerpo. Miró distraído a su marido, notando cómo se masturbaba con fuerza. Ni un segundo después, estaba de vuelta sobre la polla de su Vash, y con el momento justo, porque sus esfuerzos no fueron en vano.
“¡Me corro, Ricitos de oro!”
“¡UMMPPPH!”, gritó ahogado el descendiente de Raven branwen al ver el primer chorro de semen derramándose en su boca, que la chupaba con avidez. Sus ojos se abrieron de par en par al ver el chorro supersónico dispararse con fuerza hacia el fondo de su garganta. Las lágrimas inundaron sus ojos mientras tragaba saliva desesperadamente para evitar las arcadas, pero antes de que pudiera felicitarse, él disparó su segunda carga, deshaciendo todo el trabajo que acababa de hacer, dejando sus mejillas aún más llenas mientras algunos chorros brotaban del sello débil de sus labios.
« Qué calor », pensó Vash mientras deliciosas contracciones orgásmicas recorrían su abdomen. Los labios de su amante estaban fruncidos hacia adelante, rodeando su palpitante miembro de forma obscena, los músculos de su cuello se contraían al tragar, un chorro tras otro de semen deslizándose por su garganta. Podía verla retorcerse y temblar mientras seguía chupando, con los ojos cerrados de placer, y una brillante capa de sudor cubriendo su bonito rostro. Todavía no podía creer que, después de tantos años, ella realmente le estaría chupando la polla y tragando su semen. Ahora que le había estirado la garganta, estaba deseando penetrar su coño.
Y entonces Vash se corrió por tercera vez, derribándole el bocado que ya tenía directamente en la garganta y volviéndolo a llenar. Su reflejo nauseoso no supo qué hacer y, al mismo tiempo, tragó saliva, se atragantó, tuvo arcadas, escupió un poco de semen por la nariz y finalmente inhaló un poco también. Echó la cabeza hacia atrás mientras el increíble flujo disminuía, necesitando oxígeno desesperadamente. La cabeza de él estalló de su boca en un miasma de glóbulos en el aire, flotando en el aire alrededor de sus labios, pequeñas bolas de baba blanca y translúcida, y toda la mezcla de ambas, flotaban allí, por no hablar de los tres grandes hilos que aún unían su cara a su polla.
Y luego disparó su cuarta carga.
“¡Mmmmm!” Con un agudo gemido de éxtasis, un torrente de crema femenina comenzó a brotar de las profundidades de su vagina. Sus dedos se curvaron al doblarse las rodillas, y algunas salpicaduras rebotaron en el suelo y cayeron sobre sus pies, pantorrillas y muslos.
« Dioses… », pensó Jaune sin pensar mientras su esposa llegaba al orgasmo mientras se la chupaba al hombre con el que lo engañaba. Cuando la vio por primera vez siendo manoseada por su Vash, desató algo oscuro y retorcido en él. En los últimos días, se ha masturbado más veces que las que lo hizo el año pasado. El tabú era una razón. Ver a su esposa siendo dominada era una razón. Su Vash tenía razón: probablemente estaba destinado a ser un cornudo.
El tiempo pareció acelerarse al ver sedosos chorros de semen escurriendo de las comisuras de la boca de su esposa, recordándole que Vash seguía inundándola con su semen masculino. Pero la rubia de bigotes seguía eyaculando, chorro tras chorro, inundando la boca de la mujer. No supo cuantas descargas aguantó antes de que empezara a toser al entrar fluidos en sus pulmones. Con la polla de su amante en la boca, con dos fluidos hilos de semen deslizándose por su barbilla, su hermosa esposa se desplomó hacia adelante, cayendo inconsciente.
—Qué buena chica —susurró el rebelde dotado mientras se sacaba la polla del masaje oral de su amante, con el miembro reluciente de saliva y una espesa gota de semen extendiéndose hacia abajo. Se la echó al hombro y se giró hacia su conocido, que sujetaba su diminuta y flácida polla, claramente tras haber corrido como un buen cornudo—. Voy a tu lecho conyugal con tu esposa, Cobarde. Dejaré la puerta abierta si quieres ver cómo le rompo el coño.
Jaune jadeaba pesadamente y su corazón se aceleraba mientras veía a Vash subir las escaleras.
.
.
.
.
.
” ¡ES COMO SI ME FOLLARAIS POR LA GARGANTA, CARAJO! ”
Yang Xiao long estaba oficialmente delirando. Su cabeza se inclinaba hacia atrás mientras tiraba de las sábanas, los músculos de sus piernas temblaban, las terminaciones nerviosas en lo profundo de su coño destrozado enviaban pulsaciones por todo su cuerpo. Durante casi media hora, Vash había estado rediseñando la pagoda que solo su conocido había explorado. Con menos de un tercio de su pene, la había estirado más y más que su esposo jamás. Desde entonces, cada centímetro ha sido territorio desconocido. Fue una amalgama de someterse a un hombre por primera vez, todo el aspecto tabú de su acoplamiento, junto con la emoción inicial de ser penetrada justo en el cérvix, el mismo cérvix que una vez lo albergó en su juventud.
Vash se sintió como un guardián del cielo al ver cómo su miembro se hundía en el coño de su amante. Ninguna mujer con la que se había acostado antes se le acercaba; ella era única. La miraba fijamente a los ojos, entrecerrando sus ojos cerúleos mientras sus tejidos abrasadores se contraían con tanta fuerza que litros de sangre brotaban de todo su cuerpo y llenaban su ya congestionado órgano. Observó con fascinación pervertida cómo su cabeza comenzaba a girar de un lado a otro, sus brazos se agitaban como una muñeca de trapo, todo su cuerpo sufría espasmos mientras él lograba hacerla llegar al orgasmo simplemente penetrando hasta el fondo de ella.
Sus gemidos eran guturales, profundos, desde la garganta. Era como si él intentara penetrar su coño y salir de su boca. Un néctar femenino bañaba cada centímetro del pene de Vash mientras ella lo apretaba con sus poderosos músculos vaginales. Él se mantenía completamente enterrado en ella, pero balanceaba sus caderas, volviéndola loca mientras su clímax se prolongaba, con deliciosos paroxismos de placer que la sacudían hasta la médula. ¿Cómo le estaba haciendo esto?
Sabiendo que estaba en un estado de euforia, le sujetó los lados del rostro y empezó a flexionar las caderas, follándola profunda y lentamente. Su rostro era ahora una máscara de lujuria mientras lo rodeaba con las piernas y le rodeaba la espalda con los brazos. Empezó a corcovear y retorcerse contra él mientras él se acomodaba a un ritmo sensual. Su cuerpo estaba cubierto por una fina capa de sudor, mientras las terminaciones nerviosas la hacían estremecer por completo, pues él la había llevado más allá de sus límites.
“Yo… yo…” fue el intento fallido de una mujer casada de advertir a Vash, pero ahora que había llegado al clímax del orgasmo, sus embestidas la regresaban a llevar al límite. Le clavó las uñas en la parte superior de la espalda, y las de los pies le hicieron sangrar la parte inferior. “¡¿QUÉ… QUÉ ME ESTÁS HACIENDO?!”
“¡Te hago mía, Ricitos de oro!” menciono Vash con creciente ferocidad mientras lo ponía todo patas arriba, sintiendo ahora que su amante podía con ello. “¿Me entiendes?” Continuó, sujetándole la cabeza con firmeza mientras la penetraba por el coño con tanta fuerza que un chorro de saliva salió disparado de su boca y le salpicó la mejilla. “Eres mia”
Esa agresión fue la gota que colmó el vaso. O, en este caso, la embestida que arruinó su coño de casada para su marido. Soltó el grito más fuerte que jamás se le había escapado al entregarse a otro orgasmo feroz, pero Vash seguía embistiendo contra su torso tembloroso, sus enormes testículos golpeando con fuerza contra sus nalgas. “¡ ME VOY A CORRER! ”
El corazón de Vash latía con fuerza mientras abrazaba a su amante con fuerza, mientras ella se sacudía y giraba, su coño apretándolo como un puño caliente y mantecoso. Balbuceaba incoherencias, con la cabeza colgando de un lado a otro, el sudor corriendo por la frente se mezclaba con las lágrimas que le caían por el peso de su orgasmo titánico. Juró en ese mismo instante que cada orgasmo suyo de ahora en adelante sería igual de memorable. Ignorando la sangre que le corría por la espalda por sus garras, la beso con suavidad.
—Eso fue increíble, Ricitos de oro —susurró el rubio, inmóvil pero absorto en su conocido—. Apuesto a que nunca te sentiste así con Cobarde.
“…nunca”, gimió la diosa rubia cuando las estrellas finalmente dejaron de bombardear su campo de visión. La tomó por sorpresa que la experimentaron tres orgasmos consecutivos. Sabía con certeza que todo se debía a su habilidad en la cama, porque ni una sola vez durante una sesión de amor con su esposo se había dado cuenta de que era multiorgásmica.
Seguro de que se había recuperado, se flexionó hacia atrás, y sus labios, aferrados a la erección, tiraron posesivamente de su erección que se retiraba. Esta vez, movió las caderas mientras se impulsaba hacia adelante, su enorme pene rozando lujuriosamente las paredes estiradas de su vagina. Ella jadeaba mientras el hormigueo en su interior comenzaba a extenderse desde lo más profundo de su violado coño de casada. Entonces, él empezó a equilibrar sus poderosas caderas de un lado a otro. Sus enormes pechos, aunque apretados entre ellos, se movían inexorablemente y sus pezones erectos se sentían increíbles contra él mientras la penetraba hasta el fondo con cada embestida, sus enormes testículos golpeando contra sus nalgas cada vez.
Si hacerle el amor era genial, se sentía aún mejor follándola hasta el cansancio. Ahora se retorcía desesperadamente bajo él mientras la penetraba con tal intensidad que dejó de resistirse por completo y le rogaba que parara. Pero él sabía que no la lastimaba, que ella en secreto lo deseaba así y que lo disfrutaba tanto como él. “Voy a correrme dentro de ti, Ricitos de oro”.
“¡AARGGH!”, gritó la esposa de Jaune, con la vagina contrayéndose al oír que su Vash planeaba eyacular dentro de su fértil vagina. Ninguno de los dos usaba ningún jutsu anticonceptivo, así que si él eyaculaba ahora mismo, sin duda se embarazaría. Imaginó distraídamente la reacción de su marido. Probablemente reaccionaría igual que a todo lo que ella ha estado haciendo con su Vash hasta ahora: aceptación incondicional.
Deliraba cuando sintió que la polla de su Vash doblaba su tamaño y que su cabeza parecía una manzana masajeándole el punto G. Casi toda ella estaba asustada por lo que estaba a punto de suceder. Habiendo presenciado cuánto semen podía liberar en un orgasmo, y cómo apenas podía sobrevivir tragándolo todo, no podía entender cómo podría acomodar toda esa leche en su coño ya rebosante. Sin embargo, el animal dentro de ella se coló y comenzó a responder empujando sus caderas con toda la fuerza que podía reunir. Su cuerpo ya no era suyo ni de su esposo para que lo controlara. Pertenecía total y completamente a su descendencia. Él ahora era el amo de su mente, su alma, y ella ahora era su chica.
Bramó con un rugido digno de un hombre con una polla de 43 centímetros. Un rugido impregnado de tanto aura que las ondas sonoras perforaron la puerta de su dormitorio, destrozando el espejo de su tocador y rompiendo dos patas de la cama, dejándola inclinada hacia un lado. Ahora cumple su sueño más salvaje al disparar la primera de muchas corridas espesas, cremosas y humeantes dentro de su amante, rociando su cérvix con todo su amor. “¡ ME CORRO DENTRO DE TU ESPOSA, Cobarde! ”
El rugido animal de su Vash la sobresaltó tanto que vio su vida pasar ante sus ojos. Recuerdos de él llenaron su mente. Cómo lloraba cuando ella no estaba cerca. Cómo era su mayor admirador. Cómo su amor por ella se había convertido en el vacío que ahora la absorbía. Su aura comenzó a burbujear a la superficie ya fusionarse con el de él, casi como una manifestación física de su unión. Fue entonces cuando, con el rabillo del ojo, notó que su esposo estaba agachado en el suelo.
¡¿Cuando carajo llegó aquí?!
La repentina descarga de adrenalina la mantuvo completamente consciente del primer chorro de semen, que fue monumental en sí mismo al salpicar con tanta fuerza contra la puerta de su cérvix que casi se derrumbó. La siguiente descarga fue tan inmensa que desencadenó un pequeño orgasmo en su interior. Para cuando llegó la tercera, le siguió un orgasmo completo, y comenzó a perder la conciencia de forma intermitente, viendo cometas flotando a su alrededor, su coño casado palpitando con pulsaciones lujosas mientras eyaculaba con todas sus fuerzas. Pero Vash siguió eyaculando, y terminó desmayándose con las manos y los pies aferrándose a él con todas sus fuerzas. Una sonrisa tonta se curvó en sus labios mientras su lengua colgaba fuera de su boca, follada sin sentido por primera vez en su vida.
“Dioses”, gruñó Vash con la respiración agitada, disfrutando del pegajoso y húmedo sonido que emanaba de su conexión con su amante inconsciente mientras la penetraba distraídamente. Con su coño lleno a rebosar, el desbordante chorro de semen se derramaba por toda su entrepierna. Sujetándola por los costados, y con su pene aún hundido en ella, se giró sobre su espalda, llevándola consigo hasta que estuvo sentada a horcajadas sobre él.
Ahora él bebía con lujuria la visión de sus fluidos combinados rezumando de los bordes de sus labios rosados y estirados, la crema pecaminosa pero romántica espumeando por su coño, por su pene, por sus testículos y sobre las sábanas, que a estas alturas estaban tan empapadas que ningún detergente para la ropa podría quitar las manchas. Se retiró casi a medias y se empujó lentamente hacia atrás, observando cómo su semen se derramaba alrededor del coño que ahora había reclamado como suyo.
“Contacta a Five.”
Jaune levantó la cabeza, con una mano todavía en su entrepierna. “¿Five?”
“Quiero que la habitación de invitados se convierta en una guardería”, explicó Vash. “Esta noche voy a aparecer a Ricitos de oro. Y mañana por la mañana, quiero que anuncies mi relación con ella a todos”.
La débil respuesta de Jaune fue eclipsada por una Yang jadeante, que acababa de despertarse sobresaltada con la respiración entrecortada. A pesar de ser una cazadora retirada, seguía entrenando con regularidad, pero ninguno de esos entrenamientos la había dejado tan agotada. Además, era una cazadora con aura bastante grande. Que su Vash la agotara solo con sexo era toda una hazaña. Abró lentamente los ojos y descubrió que ya no estaba debajo de su Vash, sino encima de él, con él aún completamente envuelto en su núcleo materno. Debió de haberlos girado mientras ella estaba inconsciente. “¿Cuándo llegaste, Jaune?”
“Hace diez minutos”, admitió el ex lider del equipo Jnpr, mordiéndose el labio inferior. “No quería interrumpirlos a ti ya Vash, así que guardé silencio”.
“Parecías un ratón, Oblivion”, respondió la MILF con una risita meliflua. “Supongo que está bien si quieres quedarte, pero puedes irte si te resulta demasiado”.
“Está bien”, respondió el anfitrión de Hermes en nombre de su conocido cornudo, meneando las caderas distraídamente, mientras la cabeza hinchada de su pene rozaba lascivamente las tiernas entrañas de su amante. “Todavía necesito a mi Ricitos de oro”.
“Urggh…”, exclamó Yang, mientras las sensaciones que brotaban de las profundidades recién abiertas de su coño irradiaban por todo su cuerpo una vez más. “Vash ahhhh espera… por favor… dame un minuto. Me duele el coño.” Él, afortunadamente, obedeció, permitiéndole respirar libremente de nuevo. “…vale, pero déjame acomodarme.”
Tener una polla gigantesca dentro de ella era genial en teoría, pero la realidad era que no estaba en condiciones de aguantar otra embestida porque sus piernas empezaban a dolerle por la posición forzada. Se tomó un momento para sentarse, relajarse y observar su entorno, recordándose a sí misma que estaba engañando a su marido al hacerle el amor a Vash.
Fue entonces cuando notó que la cama se inclinaba de forma extraña, lo que le indicó que debían haberla roto mientras se follaban. La hizo sonrojarse al ver lo salvaje que había sido con ella. Colocó una mano sobre su pecho, con el dorso de su anillo de bodas apretado contra él, y calmó su corazón acelerado mientras lo miraba fijamente a los ojos, hipnotizada por el cariño que le demostraba. Pronto empezó a girar las caderas como si su pene fuera el sol y ella la Tierra orbitando eclípticamente.
A Vash no le importaba que su amante quisiera ir con calma, sobre todo cuando sus manos estaban abarrotadas de su gordo trasero mientras le daba un masaje profundo. Durante la siguiente hora, bebio de cada gesto, cada sonrisa, cada gemido, cada pizca de emoción que emanaba de ella. Incapaz de resistirse al espectáculo de las montañas en su pecho balanceándose como péndulos frente a él, retiró una mano de su trasero, extendiendo la mano y agarró todo lo que pudo de su teta derecha. ¿Frotarle el culo y las tetas a la vez mientras miraba fijamente sus orbes violetas mientras ella se frotaba contra su polla? Era nada menos que divino.
“E-vale…”, maulló la rubia, excitada, mientras presionaba el pecho de su Vash con las manos, mientras usaba las piernas para levantarse y separarse. Al incorporarse, con su largo cabello rubio meciéndose de un lado a otro, sintió su miembro deslizándose con fuerza desde su interior hasta que solo quedó la cabeza de hongo encajada en su interior. Respiró hondo, le dedicó una tierna sonrisa y volvió a bajar el torso sobre él, esta vez no deslizándose, sino empujando hacia abajo para que subiera dentro de ella. Bajó completamente hasta quedar encajado con fuerza. Y entonces su cuerpo volvió a elevarse, completamente hacia arriba, hasta que, una vez más, solo la cabeza de su pene quedó alojada en su coño.
“Joder, qué increíble”, susurró el, mirando fijamente a su amante mientras lo montaba, lenta y sensualmente, como una vaquera angelical. Ella tenía el control ahora mismo y él estaba encantado de cederle el control por el momento. Era imperativo que ella comprendiera el funcionamiento interno de su pene, ya que sería el único que recibiría de ahora en adelante. Además, se estabadivirtiendo demasiado tirando de su pezón y amasando su trasero por el momento.
Los chasquidos pronto se unieron mientras Yang aterrizaba en el regazo de su Vash una y otra vez. Cada embestida la golpeaba en el cérvix, y cada aterrizaje hacía que su clítoris se aplastara contra la áspera textura de sus testículos. Su teta izquierda (la derecha seguía siendo mimada por su mano) se balanceaba libremente en el aire y su cabello volaba por todas partes. En lugar de acariciarle el trasero, comenzó a azotarla. Ella jadeaba estridentemente, jadeando mientras una oleada de placer sexual comenzaba alrededor de su clítoris y explotaba por todo su cuerpo, llegando hasta la cabeza y los dedos de los pies. “¡ ME VOY A CORRER! ”
Todo movimiento se detuvo mientras su clítoris palpitaba y apretaba los músculos que rodeaban su coño, intentando que el hombre al que dio a luz dieciocho años atrás se uniera a ella en su clímax. Le llenó la polla como una zorra desenfrenada, pero no logró extraer ni una gota de semen de esos enormes huevos. Por la expresión de su rostro, comprendió que tenía mucho que aprender sobre sexo. Su vasta experiencia la ayudaría a convertirse en la mejor amante que jamás haya tenido, y planeaba destrozar a todas y cada una de esas fulanas con las que se había acostado.
Con esos pensamientos decididos en mente, se desplomó hacia adelante, incapaz de mantener la posición erguida en el clímax de la eyaculación. Sus pechos temblorosos se expandieron contra su pecho y lograron cruzar los brazos sobre su cuello y apoyar la barbilla en él para mantener la mirada fija en él. “Tú… tú eres insaciable.”
“Debo complacerte”, susurró Vash mientras se aferraba a los labios de su amante. “Te amo con todo mi corazón, Ricitos de oro”.
“Te amo… más…”, hizo una pausa, con un nudo en la garganta, preparándose para decir lo único que creía que nunca diría. Volteó la cabeza y miró a su esposo. “Amo a Vash más que a ti, Jaune. Lo siento, pero ya no podrás volver contigo”, giró la cabeza hacia su Vash. “Soy tuya… ahora y para siempre”.
Vash estaba en el séptimo cielo al ver cumplido su propósito en la vida. Había reclamado a su amante en todos los sentidos… bueno, en casi todos. Enterrando el rostro en el hombro de su amante, se inclinó hacia su oído, bañando su canal auditivo con su aliento abrasador. “Es hora de que te inclines ante mí, Ricitos de oro.”
Los ojos de Yang se abrieron como platos, con una mirada de miedo incalculable en su rostro. ¿Otra ronda de sexo? ¿Acaso su Vash estaba loco? No tuvo oportunidad de rechazarlo, pues él la maltrató con tanta táctica que la obligó a ponerse de rodillas sin siquiera separarse. Ella gimió cuando una de sus manos la envolvió en el cabello mientras la otra tomaba con avidez un puñado de su delicioso trasero.
La postura del perrito no era una de sus favoritas, pero su marido le había hecho el amor en esta postura en varias ocasiones a lo largo de los años. Sin embargo, con su Vash, aunque no embestía con intensidad, su tamaño la hacía sentir como si fuera una postura completamente nueva. Hablando de su marido, al estar a gatas, lo observaba reaccionar al ser follada brutalmente por su Vash. Imitaba a un pez boquiabierto durante todo el proceso, pero parecía haber encontrado su propósito: era un cornudo.
No pasó mucho tiempo hasta que su Vash la aplastó contra la almohada mientras la penetraba con fuerza como si fuera una puta inútil. Lo único que estaba aprendiendo sobre él sexualmente era que, a pesar de su naturaleza dominante, no la lastimaba ni una sola vez. Incluso cuando temía que le rompiera el cuello uterino, se detenía milagrosamente en el último milisegundo, prácticamente besando su punto más íntimo con la punta de su pene a cada embestida. Bajo ella, sus voluminosos testículos se balanceaban para golpear su clítoris. Unas ondas recorrían su enorme trasero, casi con el mismo movimiento de sus enormes tetas.
Sus neuronas se desmoronaron cuando él salió repentinamente de su coño e intentó meterle la punta de su pene en el año. Sus oscuras entrañas se revolvieron, intentando desesperadamente desalojarlo antes de que pudiera solicitar la residencia permanente, solo para que volviera a entrar ilegalmente. Ella gritaba a rabiar, arañando las sábanas rotas, retorciéndose, pero todos los intentos de apartarlo fracasaban. Iba a tener el año abierto esa noche, de eso ya no había duda. Al inclinar la cabeza hacia atrás para poder apoyar la cara en la almohada, vio un atisbo de su anillo de bodas asomándose entre las sábanas que apretaba.
—Cobarde —gruñó Vash apretando los dientes—. Mmm~ puedes traer las bebidas de la cocina.
Jaune se detuvo a mitad de la sacudida al comprender esas palabras y su pequeño pene palpitó al oírlas. Se puso de pie sin pensar, luchando por la debilidad de sus rodillas, y comenzó a salir por la puerta para obedecer la orden del hombre de la casa.
Al final Vash podría esperar esos 200 años a la llegada del exterior.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com