[Naruto] La reina de Konoha [Esp] - Capítulo 24
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24: Capítulo 24 24: Capítulo 24 Las fichas ya estaban en la mesa; miraba fijamente a Tsunade y ella me miraba a mí.
Sería estúpido de mi parte que no supiera quién soy; al fin y al cabo, estoy en mi forma adulta, no es una transformación de alguien más.
“10 fichas al número 20”, anuncio Tsunade.
Mire la ruleta; el número 20 era de color negro, por lo que supuse que ella perdería, así que apostó por algo más amplio y contrario.
(Nota: No sé qué tipo de apuestas hay en el mundo, pero pensando que hay pantallas para anuncios y ese tipo de cosas, supongo que existen los juegos normales de casino).
“30 fichas al rojo”, dije con confianza.
Vi cómo la ruleta giró rápidamente solo para que cayera en el 1 de color negro.
Miré incrédula cómo había perdido, solo mirar a Tsunade riéndose silenciosamente mientras me miraba, algo que me hizo enojar un poco.
…
Mire mis cartas, tenía tres cartas del mismo número, algo que me dio confianza, y para rematar.
“Puesto 70 fichas”; aposté la mitad de las fichas que me quedaban.
“Ja, igualo”, habló Tsunade, que estaba a dos puestos de mí.
“Igual”, anunció el anciano, que están entre las dos.
Miré a Tsunade, que me fulminaba con la mirada, algo que también hice.
Siguió el juego hasta que las 5 cartas aparecieron en la mesa.
“Muestren las cartas”, dijo la mesa.
“Tengo un trío”, dije.
“Jajaja”, empezó a reír Tsunade, algo que me molestó.
“Fufufu, tengo un full house”, anunció mostrando que había formado un trío y un doble con sus cartas.
Yo miré incrédulo.
“Creo que gané”, habló Tsunade orgullosa e intentó tomar las fichas solo para ser detenida por el anciano de 90 años.
“Yo tengo un póquer”, dijo mostrando sus cartas.
Ambos quedamos en silencio viendo cómo el anciano se llevaba todas nuestras fichas.
…
Estaba afuera del casino mirando el vacío sin mi transformación; un poco lejos de mí estaba Tsunade haciendo lo mismo.
Habíamos perdido todo nuestro dinero, no ganamos ningún juego; tenía 500.000 ryō cuando vine y volví con 0.
“Qué desgracia, como tú estabas ahí, supuestamente debiera haber ganado todos los juegos que, sin embargo, que estuve en tu contra todo el tiempo”, me quejé.
Tsunade estaba ahí, por lo que, al ser la legendaria perdedora, jugar contra ella era una marca de victoria absoluta, pero por alguna razón, perdí al igual que ella.
“Yo no tengo nada que ver, es solo tu mala suerte”, me dije sin mirarme.
“La mala suerte que me heredaste”, le repliqué.
Nos quedamos en silencio sin saber qué más decirnos.
Solo me preguntaba cómo consiguió todo el dinero que logró apostar.
“Ahí está”, se escuchó una voz a lo lejos.
Se vio como un grupo de hombres armados nos rodeaba; los miré a todos para mirar a Tsunade, la cual se veía un poco nerviosa.
“Ya es la hora de que pagues la deuda que nos debes”, habló el hombre de al medio.
“No sé de qué hablas”, replicó Tsunade.
“Hace 15 días pedimos dinero a nuestro grupo, unos 5 millones de ryo, y ayer fue el día que debías devolver el dinero, pero no apareciste”.
Afirmo el tipo.
Yo solo miré con mucha incredulidad a Tsunade, la cual se veía más nerviosa, sobre todo que ahora mismo me estaba apuntando.
“Ella tiene el dinero, yo no”, habló con mucha seguridad Tsunade.
Yo me quedé sin palabras; me había vendido.
“Esta niña pequeña tiene el dinero, no me la creo”, habló uno de los matones.
“Pero es muy linda, tal vez podamos venderla, obtendremos más de lo que le dimos a esa mujer tetona”, dijo el hombre del medio.
Yo solo estaba aguantándome la furia y rabia; miré a mi lado solo para ver que Tusande había desaparecido, sin que nadie se diera cuenta.
Algo dentro de mí se prendió.
“Vamos, ninita, a no ser que quiera que te hiramos”, se rio otro de los matones.
Yo no repliqué, solo me paré y los seguí a donde me enviaban.
…
“YA DETENTE, PERDÓN, NO LO VOLVERÉ A HACER, TE LO PROMETO”, se escuchaban los gritos del hijo del jefe de la banda, a la cual Tsunade había pedido el dinero y se había endeudado.
“Obviamente no lo volverá a hacer, ya que estarás muerto”, le dije para aplastar completamente la cabeza del tipo con mi pie.
La cabeza explotó, saliendo sangre y sesos, junto a otros órganos, al suelo, cubriéndome un poco la ropa con sangre.
Mire cómo los clones de madera que había hecho tomaban todas las cosas de valor del lugar, guardándolas en unos pergaminos que tenía a mano.
Todo el lugar estaba cubierto de sangre y cuerpos tirados en el suelo; todos los subordinados habían sido asesinados brutalmente por mí.
Había algunos que aún seguían vivos, pero con los miembros y órganos que les faltaban, no durarían mucho tiempo vivos.
Puse mi mirada en la única persona de la banda que aún no había matado, su jefe.
Estaba sentado de cuclillas, con los ojos cerrados, con una postura serena; lo único que delataba su nerviosismo era todo el sudor que cubría su rostro y cuerpo.
“¿Qué vas a hacer conmigo?
Ya te dije todas las cosas de valor que poseemos; a pesar de eso, mataste a mis confidentes y a mis hijos”, dijo con un tono serio, con mucho odio oculto en sus palabras.
“Tú deberías saberlo, los muertos no hablan”, le expliqué la situación tranquilamente.
…
Después de caminar por las calles, llegué a donde la persona que estaba buscando.
Entró al bar con un golpe sordo que detuvo todo lo que estaba pasando.
Todos detuvieron lo que estaban haciendo, pero mi mirada se posó en una sola mujer.
Sin perder el tiempo, llegué a su mesa; de un solo golpe tiré la mesa en donde estaba embriagándose.
“Oye, ¿qué haces?”, preguntó incrédula con algo de molestia.
“Eso debería decir yo, ¿por qué me vendiste a esos tipos?”, le pregunté con enojo.
“No te vendí, ellos preguntaron por el dinero y yo no tenía, pero como eres la líder del clan Senju, debes estar rodeada de dinero como para ir a jugar al casino”, me explicó su modo de pensar.
“Además, por lo que oí, tiene el elemento madero del abuelo Hashirama; unos cuantos matones no te harán nada, y dime, ¿pagaste mi deuda?” Yo la miré con los ojos entrecerrados.
“Debes ser bastante patética si dejas que tu hija, que ni siquiera tiene 12 años, arregle tus problemas que produce tu estúpida depresión”, le dije molesta.
“Prefiero tener depresión y ser una inútil a ser una antipática, no tener emociones reales y no tener cariño por las personas que están a su alrededor”.
Me replico.
“¿Me dijiste antipática?”, le hablé elevando mi voz mientras levantaba un pie y lo ponía sobre la mesa dada vuelta.
“¿Y tú me dijiste patética?”, habló ella, arremangándose los brazos, poniéndose frente a mí.
Nuestro chakra se elevó a niveles altísimos, y con nuestra intensidad hizo que toda la gente del bar escapara.
Antes de que nos diéramos cuenta, ya nos habíamos lanzado a darnos golpes entre sí.
…
“No puedo creer que tenga que sacar de la cárcel a la jefa del clan Senju y a la Sanin de la babosa al mismo tiempo y en la misma jaula”, dijo anonita Hitori junto a un samurái del daimyo.
Poco después de que empezáramos a pelear, llegaría la guardia del daimyo solo para arrestarnos con la pena de ser clasificados como criminales del país del fuego si no cooperábamos.
Al final fuimos encarcelados por distorsionar el orden público y por haber destruido una propiedad privada de una banda de apostadores, que eran los matones que maté y robé.
Yo había prendido fuego a todo el lugar; no sé cómo descubrieron que fui yo.
Además, Tsunde fue categorizada como cómplice de lo que hice.
“Disculpa”, le dijimos a Hitori al mismo tiempo las dos.
Después de darnos golpes una a la otra e insultarnos hasta el final, pudimos liberarnos de lo que nos aprisiona una a la otra.
Con esto ya no estamos en malos términos, pero aún falta algo para volver a como estábamos antes.
En otras palabras, podíamos hablarnos entre nosotras sin las ganas de querernos matar a golpes entre sí; cabe mencionar que esta es una exageración.
O tal vez no.
“¿Cuánto hay que pagar por los destrozos?”, le pregunté a Hitori.
“Unos 10 millones de ryo”; eso me dolió en el corazón.
Al final de pagar una pequeña multa inicial de lo que debíamos, fuimos a reunirnos con el ministro del Daimyo.
Después de amenazarlo con el odio y mi posible enemistad, junto a mostrar que ahora era dueña del lugar que había destruido gracias a que me robé los papeles de propiedad, la multa pasó de 10 millones a 6 millones de ryo.
Después de pagar unos 2 millones de ryo de lo que saqué de los metones, nos devolvimos los tres a donde nos estábamos hospedando.
Una vez llegado a mi pieza, me empecé a sobar las sienes por el dolor de cabeza que era todo esto.
“Y aún tenemos que seguir con las negociaciones con el daimyo; al menos tenemos un terreno con el que podemos hacer un negocio en el futuro en la capital del fuego”.
Comente.
“Nunca pensé que los masacrarías a todos; tengo que recordar no volver a hacer algo así, pero salió algo bueno de eso”, dijo Tsunade, sentándose en una silla que había por ahí para beber sake.
“Hablando de estupideces, tú me debes 3 millones de ryo”.
Tsunade se detuvo a mitad de su primer sorbo del sake y estaba a punto de quejarse, pero la interrumpí antes.
“Esos 6 millones de ryo son de la destrucción de mabos en nuestro combate, algo que hicimos ambas, por lo que debes la mitad, pero como no tienes ni un centavo, debo hacer yo, por lo que tendrás que trabajar para mí y el clan durante un tiempo para pagarme lo que deberás, o tienes para pagar tu parte de la multa”.
Tsunade cerró inmediatamente la boca al escuchar todo eso.
“Vale, tienes razón, debo pagar lo que de alguna forma”.
Antes ella podía pagar las cosas que hacía al tener los ingresos pasivos del clan Senju al ser la única que formaba el clan, lo que la hacía única heredera de todo, pero como estoy acá, solo tiene el dinero de sus trabajos y algo más.
“El clan lo transformé en una mercante, ya que el declive de poder en forma general de los Senju es muy notorio, lo que hacía mejor dejar de ser un clan ninja a ser uno más civil, así que no te haré hacer nada peligroso ni nada que tenga que ver con tu condición”, le informé.
“Me imagino que Jiraiya te contó”, dijo Tsunade, a lo que asentí, lo que ella solo suspiró y bebió un sorbo de su sake.
“Bueno, respecto al clan, capaz sea lo mejor eso que extinguirse; un clan con uno o dos miembros no vale mucho por mucha fuerza que tenga este”.
Después de eso, seguí hablando con Hitori sobre la forma de pago de la multa y de cómo proseguir con las negociaciones con el daimyo, algo que Tsunde escuchó atenta, pero en lo que no intervino.
Al día siguiente fuimos las tres, incluida Tsunade, a las negociaciones, esto ya que pensé que con la incorporación de esta haría presión en el daimyo, y así fue, pero de otra manera.
Tsunade tiene buena relación con la esposa del daimyo, por lo que sabe algunos trapos sucios de este mismo, algo que Tsunade no escatimó en usar con él.
Sin mencionar que el tipo intentó sobrepasarse con Tsunade; al fin y al cabo, es la mujer más hermosa del mundo ninja actualmente, algo que amenazó con contárselo a su esposa si no proseguían las negociaciones.
Al final pudimos obtener el terreno a cambio de pagar una cantidad de impuestos no muy elevados junto a dar un 10% de las ganancias que obtengamos.
No deberíamos dar nada de ganancias, pero estos tipos no iban a dar su mano a torcerse por nada en el mundo.
Con esas condiciones, firmamos los papeles, obteniendo el primer territorio legítimo y real en la Tierra del Fuego.
Algo que el daimyo no nos podía quitar por nada en el mundo.
Esto ya que la sede del clan Senju es propiedad de la aldea, que por defecto es propiedad del daimyo, y el terreno que obtuve de la capital es básicamente lo mismo.
Con todo ya listo, volvimos a la aldea ninja con la primera parte del plan lista y con Tsunade siguiéndonos para hacernos trabajar para pagar la multa anteriormente dicha.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES PancnHuebo Eran las diez de la noche, piloteaba mi nave Era mi taxi un Volkswagen del año 68 Era un día de esos malos, donde no hubo pasaje Las lentejuelas de un traje me hicieron la parada Era una rubia preciosa, llevaba minifalda El escote en su espalda llegaba justo a la gloria Una lágrima negra rodaba en su mejilla Mientras que el retrovisor decía: ¡Ve qué pantorrillas!
Yo vi un poco más Historia de Taxi – Ricardo Arjona
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