Naruto Uzumaki: Agente de La Compañía - Capítulo 15
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15: Capítulo 15 15: Capítulo 15 Naruto se encontró sentado viendo cómo muchos cuerpos estaban tirados a su alrededor.
Sabía que no estaban muertos , aún no.
Miraba indiferente cómo algunos de ellos se arrodillaban ante él con miedo; algunos olían fuerte a suciedad y orina debido al pánico.
“Muy bien, ¿quién hablará primero?” dijo como si nada.
Para él estas personas no eran humanos, solo simples parásitos, basura que no debería existir.
“No sabemos dónde está”, dijo uno de ellos desesperado.
Un fuerte golpe volando resonó, mandando al criminal.
“Intentémoslo de nuevo.
Solo quiero que respondan lo que quiero saber; si no, no hablen”, dijo Naruto.
“¿Dónde está la base de Gato?” Los matones que aún estaban conscientes no entendían cómo llegaron a esto.
Esa mañana ellos estaban bebiendo y apostando como siempre; algunos se divertían en la otra habitación.
Pero de repente ese niño pelirrubio entró arrastrando a tres personas.
Cuando fueron a interceptarlo, solo soltó una pregunta: “¿Dónde está Gatō?” Sin embargo, cuando se rieron de él, el grito de una de las mujeres del pueblo que tomaron resonó, y lo siguiente que supieron era que todo era un mar de sangre y súplicas.
No sabían cuántos murieron o si estaban vivos.
Sin embargo, todos pensaron lo mismo: ‘monstruo, un monstruo vino por ellos’.
Desde entonces, el monstruo no dejaba de hacerles la misma pregunta y golpearlos si no respondían lo que quería.
Las mujeres del pueblo estaban envueltas en mantas, sollozando.
Muchas de ellas tenían moretones y marcas de abusos.
Ahora Naruto estaba enojado como nunca antes: esas escorias habían hecho algo imperdonable.
“Pueden volver a casa” dijo Naruto, dejándolas ir.
El dinero que tomaron de los bandidos fue entregado a las mujeres, junto a cualquier cosa de valor y comida que encontraron.
“Son libres”.
Las mujeres no dudaron: corrieron huyendo presas del pánico.
Ninguna dijo nada; solo corrieron, como si dudar un segundo lo haría cambiar de opinión.
Naruto esperaba que pudiera seguir con sus vidas, aunque la parte racional de él decía que no todas lo harían.
Aun así, Naruto se volteó a ver a los bandidos; se aseguraría de que no volvieran a lastimar a nadie.
“Ya que la audiencia se fue, comencemos con el verdadero interrogatorio” dijo antes de volver con los bandidos.
Para cuando Naruto regresó a la casa de Tazuna, llevaba una pila de peces que atrapó en el río.
Había sido fácil: solo usar una pequeña parte de su raiton para noquearlos y luego recogerlos.
La noticia de que los bandidos del puerto habían muerto y sus cabezas colgaban ahora sobre los mástiles de los había recorrido el pueblo como pólvora.
Naruto no se arrepentía: seres capaces de cometer actos tan atroces no merecían vivir.
“¿Te divertiste?” Se escuchó una voz que Naruto reconoció.
Al volver la mirada vio a Kakashi.
“¿Fue divertido matarlos?” volvió a preguntar.
“No”, dijo Naruto.
“¿Quién disfruta de aplastar una cucaracha?” dijo antes de seguir caminando.
Kakashi miró la espalda de su alumno.
Había escuchado lo que pasó en el puerto; él mismo fue a investigar.
Había escuchado lo que pasó con aquellas mujeres.
Sin embargo, las acciones de Naruto se estaban volviendo extremas, no porque matara a los bandidos, sino por cómo exhibió sus cabezas.
Suspirando, caminó a casa.
“Qué alumno más problemático” dijo.
Kakashi se sintió arrepentido: no podía hacer nada para ayudarlo, solo aconsejarlo.
Los ancianos lo tenían con las manos atadas, y la indulgencia del Hokage solo lo frustraba.
Incluso la sonrisa de Naruto era rara de ver últimamente; solo tenía una sonrisa falsa y despreocupada.
En la habitación, en la oscuridad de la noche mientras todos dormían, en un rincón Naruto temblaba sin control en silencio.
Sus lágrimas salían lentamente.
Una vez que pasó su ira y el shock de haber matado, la tristeza y el remordimiento lo golpearon con fuerza.
Lo que dijo a Kakashi era una fachada.
No fue divertido.
Se sentía mal, sentía aún el calor de la sangre de los bandidos.
‘Aún huelo a sangre’ pensó antes de salir al baño, lavando sus manos como un maníaco compulsivo hasta dejar su piel roja.
Kakashi vio desde la puerta de su habitación la luz del baño encendida, escuchando los sollozos de Naruto.
Mirando sus propias manos recordó a aquella chica de nuevo.
‘Rin’ pensó.
No quería generar más carga en la mente de Naruto, por lo que lo dejó solo.
Naruto regresó a su habitación notando una taza de chocolate humeante.
Se sobresaltó pensando en quién lo había visto; no quería que lo vieran tan vulnerables.
No encontré ninguna nota ni rastro.
Tomando la taza bebió un poco.
“Está demasiado dulce” susurró, ya más calmado, al fin volver a dormir.
A la mañana siguiente Naruto se levantó a entrenamiento de nuevo.
Haku volvió a verlo otra vez, esta vez notando sus ojeras.
“¿Estás bien, Naruto?” preguntaba preocupada.
En esos días se habían vuelto más cercanos, aunque no entendían por qué sentían que se parecían mucho.
“Yo sí, estoy bien”, dijo Naruto.
“¿Cómo está tu amigo?
¿Aún necesitas más hierbas?” tratado de cambiar de tema.
“Sí, ya se está recuperando” dijo con una sonrisa, “aunque aún se queja de que la medicina es muy amarga” se rió.
“Tal vez deberías darle un caramelo después de que la tome” dijo Naruto mientras revisaba su bolsa, sacando algunos chocolates de su inventario.
“Toma, esto debería ayudar”, dijo con una sonrisa.
“No es un niño” repitió suavemente, “aunque a veces se comporta como tal”.
“Sí, pero estos son para ti.
Si quieres compartirlos con él, no hay problema”, dijo Naruto.
Ambos continuaron charlando hasta el mediodía, como venían haciendo ya un tiempo.
“Entonces, ¿me dirás por qué estás tan tenso?” preguntó Haku.
“Vaya, señorita… tan rápido queriendo saber los secretos de un hombre” bromeó Naruto, tratando de evitar el tema.
“Aún no eres ni siquiera un adolescente” se burló Haku, aún viéndolo.
Naruto suspiro; Sabía que Haku no olvidaría el tema.
“Dime… ¿sentirías remordimiento por aplastar un insecto?” preguntó Naruto.
Haku iba a burlarse de él de nuevo, pero al ver sus ojos se dio cuenta de que el tema no era sobre los insectos.
“Mm… pienso que nadie merece morir” dijo Haku, viendo la mirada de Naruto tornándose más triste.
“Sin embargo, en este mundo rara vez tenemos lo que queremos.
Para que alguien viva, alguien debe morir”, dijo con pesar.
“Las vacas y peces mueren para que podamos comer; los humanos mueren para reponer las plantas… la vida se trata de un ciclo de vida y muerte”, dijo Haku mirando al cielo.
Su voz suave dejaba ver que había pensado en esa pregunta por mucho tiempo.
“Al final, aun si no queremos, terminamos matando algo o alguien” dijo ella, “pero eso no tiene por qué ser malo, mientras el propósito de esas muertes tiene significado”.
Naruto reflexionó sobre sus palabras.
“Uno muere para que otro viva…” susurró.
“Si bien no me gusta matar, si amenazaran a mis seres queridos no lo dudaría, aun si no me gusta”, dijo Haku.
“Oh, mira la hora.
Tengo que irme”, dijo ella poniéndose de pie.
“Dime… ¿nos volveremos a ver?” preguntó Naruto, su mirada gacha.
Ambos sabían o sentían que esta sería la última vez.
Ninguno lo dijo, pero ambos conocían la identidad del otro.
“Si el destino así lo quiere”, dijo Haku sin voltearse.
Sin embargo, un brillo surgió en sus ojos por las lágrimas contenidas.
Ya había pasado casi una semana.
“El destino no existe, Haku-chan.
Somos nosotros quienes elegimos”, dijo Naruto con una sonrisa triste.
“Espero que podamos volver a vernos, esta vez como amigos”.
“Tal vez en otras circunstancias…” susurró ella, sintiendo que Naruto ya se había ido.
Ella también caminó lentamente hacia su hogar, con su persona preciosa.
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