Necky y Galf - Capítulo 116
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- Capítulo 116 - 116 Epílogo 2 “Decretos y Desesperos”
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116: Epílogo 2: “Decretos y Desesperos” 116: Epílogo 2: “Decretos y Desesperos” —¡Novecientas ochenta y dos postulaciones!
—exclamó Merlinia, sin levantar la mirada de la mesa atestada de pergaminos—.
Y sólo tres con caligrafía legible.
¿Esto es un colegio de magia o una competencia de garabatos ilegales?
Sentado al otro extremo de la absurdamente larga mesa de reuniones, Grandalf hojeaba una pila de solicitudes con expresión solemne, aunque su sombrero comenzaba a deslizarse lentamente hacia un costado, víctima del exceso de peso decorativo.
—”Estimada academia, quiero ser un mago porque puedo prender fuegos con los ojos”, escribió este.
¿Sabes cuántos patios ardieron por culpa de postulantes entusiastas?
—dijo, exhalando una voluta de humo en forma de dragón cabezón—.
Por no hablar del que dijo que soñó que era elegido por una zanahoria mágica.
—Eso fue bastante poético, en realidad —musitó Merlinia, antes de sacudir la cabeza—.
Pero volvamos al punto.
¡Necesitamos preparar el decreto oficial para anunciar las vacaciones de verano!
¿Lo tienes redactado?
Grandalf se incorporó, golpeando su báculo contra el suelo de mármol con resonancia innecesaria.
—¡Por supuesto!
“Decreto 442-B: Todo aprendiz sobreviviente del semestre podrá retirarse a descansar, soñar con hechizos imposibles y comer galletas hasta engordar el alma”.
—…¿Engordar el alma?
—frunció el ceño Merlinia—.
Eso no tiene ningún sentido.
—¡Por eso es sabio!
—replicó Grandalf con un dedo alzado y ojos chispeantes.
Merlinia suspiró con elegancia, desenrollando su propio pergamino.
—Propongo el mío: “Se informa a todos los estudiantes de la Academia Arcana Lumiaris que las vacaciones de verano comienzan oficialmente el día 22 del sexto mes.
Se prohíbe toda invocación mayor, menor o intermedia sin supervisión.
Los alumnos que posean criaturas mágicas deben alimentarlas, encantarlas y no dejarlas en los dormitorios.
Cualquier intento de crear forjas de anillos mágicos será supervisado.
Firma: la administración.” Grandalf se quedó en silencio.
Luego, lentamente, levantó su sombrero, sacó una pipa de repuesto (porque la suya estaba humeando en exceso) y asintió.
—Tu estilo es seco…
pero al menos no menciona galletas.
Supongo que está bien.
En ese instante, un búho descendió desde el tragaluz con el correo urgente del día.
Entre otros sobres, había uno que decía: “Postulación número 983: Fluffy, mantícora escolar, desea aplicar a clases de teoría mágica.
Firma con garra.” Merlinia y Grandalf se miraron.
—…Quizá necesitamos más filtros —dijeron al unísono.
Y así, mientras se redactaban decretos y se sellaban sobres, la torre norte (que no está al norte) resonaba con la promesa de un verano lleno de travesuras mágicas, nuevas postulaciones incomprensibles, y la certeza de que la paz…
probablemente no duraría mucho.
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