Necky y Galf - Capítulo 37
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- Capítulo 37 - 37 Corto 16 “La Melodía de una Espada Abandonada”
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37: Corto 16: “La Melodía de una Espada Abandonada” 37: Corto 16: “La Melodía de una Espada Abandonada” La luz de la tarde se colaba por la ventana de la habitación de Aria Gravesoul, iluminando un caos digno de la más pequeña de las Gravesoul.
Libros abiertos en páginas aleatorias, frascos con líquidos sospechosos, galletas a medio comer y, en un rincón, una espada maldita que parecía estar suspirando de manera muy dramática.
Maeril, la joven sirvienta de la familia, llevaba las manos llenas de juguetes y ropa tirada por el suelo mientras murmuraba con paciencia infinita.
—Por todos los dioses, esta niña deja más desorden que una tormenta mágica… —dijo mientras intentaba acomodar un muñeco con tres cabezas en la estantería.
En el rincón opuesto, Graham, la espada maldita de Necra “Necky” Gravesoul, emitió un largo y teatral suspiro que resonó en la habitación como si viniera de un alma torturada.
—¿Acaso este es mi destino final?
—lamentó Graham con voz quebrada—.
¿Ser olvidada y relegada a un rincón como un trasto inútil?
Necra no ha venido a buscarme… ¡Quizá me ha abandonado!
¡Otra vez!
—exclamó, recordando con melancolía aquel oscuro lago donde estuvo sumergida durante décadas.
Maeril, acostumbrada a las excentricidades de los Gravesoul (y sus artefactos mágicos), se acercó a la espada mientras doblaba una camisa diminuta de Aria.
—Oh, por favor, Graham.
No seas tan dramática.
Llevo diez años sirviendo a esta familia y, créeme, sé cómo son las cosas.
Necra seguramente se olvidó que estás aquí.
Graham jadeó como si le hubieran atravesado el corazón.
—¡¿Cómo te atreves a insinuar tal blasfemia?!
Necra nunca me olvidaría.
Yo soy su arma maldita, su compañera en las sombras, su…
¡espera un momento!
¿Y si tienes razón?
—Su tono pasó del enfado a la desesperación en un segundo—.
¡Oh, no!
¿Es esto como aquella vez?
¿Aquella vez en el lago oscuro, helado y cruel, donde me dejaron sin propósito ni esperanza?
—comenzó a sollozar, emitiendo un extraño sonido metálico que, de algún modo, parecía una combinación entre un llanto y un eco de catedral.
Maeril, con una mezcla de exasperación y compasión, le dio unas palmaditas al mango de Graham.
—Ya, ya, tranquila.
Necra seguramente te recogerá… eventualmente.
Pero antes de que pudiera decir algo más, un suave “clic” resonó en la puerta de la habitación, y esta se abrió sin ruido.
Una figura alta y oscura entró, con su característico aire de misterio: Necra Gravesoul, la temible y brillante hija mayor de Alara, la autoproclamada Archinecromante, estaba allí.
Sus ojos destellaron con diversión al ver el espectáculo.
—¿Abandonarte?
—dijo Necra con una sonrisa burlona, inclinándose para recoger a Graham del suelo—.
¿En serio pensaste que te había dejado atrás?
Graham, eres mi espada maldita favorita.
Claro que me acordé de ti… después de un par de días.
—¡Un par de días es una eternidad para un alma tan épica como la mía!
—reclamó Graham, aunque parecía más aliviada que enojada.
Su ojo demoniaco lleno de lágrimas de emoción—.
¡Pero me alegra que hayas regresado!
Sin ti, mi vida carece de propósito, de sentido, de…!
—Ya, ya, cálmate, drama queen —dijo Necra, dándole unas palmadas al mango de Graham para tranquilizarla.
Luego miró a Maeril, quien observaba la escena con una ceja arqueada.
—Gracias por cuidarla, Maeril —dijo Necra, en tono casual, como si estuviera hablando de un gato y no de una espada maldita con incontinencia verbal.
Luego, inclinándose un poco más cerca, agregó en un susurro—.
Por cierto, no le digas a nadie que estuve infiltrándome en la Academia.
No quiero que mamá se entere… otra vez.
Maeril suspiró, pero asintió con una pequeña sonrisa.
—No diré nada, señorita Necra.
Pero quizá debería avisarle antes de que haga algo que ponga a Aria en peligro.
—¿Yo?
¿Poner a Aria en peligro?
Por favor, Maeril, soy una profesional.
Aria está perfectamente segura… Bueno, más o menos.
—¿Más o menos?
—preguntó Graham, aunque su tono era más curioso que alarmado.
Necra ignoró la pregunta y se giró para salir de la habitación con Graham en mano.
—Nos vemos luego, Maeril.
Gracias por todo —dijo con una sonrisa tranquila, aunque sus ojos brillaban con la picardía típica de los Gravesoul.
Cuando la puerta se cerró tras ella, Maeril se quedó mirando el lugar donde había estado la espada.
Luego miró el desastre que aún quedaba por ordenar.
—Esto me pasa por aceptar un trabajo en esta casa… —murmuró con un leve toque de resignación y una pizca de cariño.
Y así, con la habitación aún medio desordenada, Maeril volvió a trabajar mientras, en algún lugar, Graham probablemente ya estaba dando un discurso épico sobre su retorno triunfal a las manos de Necra.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!
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