Necky y Galf - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Aventura 5 parte 3 Carrera por una licencia
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39: Aventura 5 parte 3: Carrera por una licencia 39: Aventura 5 parte 3: Carrera por una licencia La niebla matutina envolvía el bosque mientras el grupo de aventureros se reunía en la entrada, listos para enfrentarse a la última prueba de su recuperación de licencias.
Xeena, con una expresión que oscilaba entre la severidad y el puro agotamiento, les dio las instrucciones finales.
Frente a ellos, un anciano encorvado, vestido con una túnica de mago que parecía haber sido comprada en un mercado de disfraces, tamborileaba con impaciencia su bastón.
Era el “mago” que debían escoltar, aunque la teatralidad de su aspecto era tan evidente que incluso Gonan frunció el ceño con sospecha.
—Escúchenme bien— dijo Xeena, cruzando los brazos con autoridad.
—Este bosque está lleno de trampas mágicas.
La misión es simple: escoltar al mago hasta el otro lado, a salvo.
Y, por lo que más quieran, trabajen como un equipo.
Si hacen el ridículo como siempre, pueden despedirse de sus licencias para siempre.
Galf asintió con seriedad, ajustándose su desgastada armadura.
—¡Proteger al mago es mi deber sagrado!— anunció con la energía de alguien que definitivamente no estaba preparado para la tarea.
Gonan, por su parte, golpeó su hacha contra el suelo y murmuró algo sobre que ninguna trampa mágica podía con su fuerza bruta.
Legolias simplemente se acomodó su cabello y arqueó una ceja, lista para demostrar, una vez más, su “supremacía élfica”.
El viaje comenzó bien… durante unos treinta segundos.
Luego, en un giro predecible, Galf, con su característica torpeza, pisó un adoquín extraño en medio del bosque, que desencadenó una red mágica que lo levantó por los aires.
—¡AUXILIO!
¡El bosque me está atacando!— gritó mientras se balanceaba como un pez atrapado.
Xeena se frotó las sienes, claramente arrepentida de todas las decisiones de vida que la habían llevado a este momento.
—¡Galf!
¡Deja de moverte como si fueras una piñata, por todos los dioses!
Mientras intentaban liberar a Galf, Gonan decidió que la solución más lógica era golpear la red con su hacha.
Pero, en lugar de solucionar el problema, activó una segunda trampa: una nube de humo paralizante que los dejó tosiendo y atrapados en el lugar.
—¡Cobardes trampas mágicas!— rugió Gonan entre toses, golpeando el aire como si eso fuera a intimidar al bosque.
—¡Enfréntenme como verdaderos guerreros!
Legolias, ajena al desastre que se acumulaba a su alrededor, creyó ver una sombra sospechosa entre los árboles.
Sin dudarlo, disparó una flecha precisa hacia su objetivo.
El problema fue que la “sombra sospechosa” resultó ser una familia de conejos mágicos.
Los pequeños y adorables animales, con sus cachetes regordetes y ojos brillantes, miraron a Legolias con una mezcla de terror y profunda decepción.
Uno de ellos incluso soltó un chillido lastimero, que resonó como un juicio divino en el bosque, mientras se desmayaba.
— ¡¿CONTRA LOS CONEJOS MÁGICOS?!— gritó Xeena, horrorizada.
—¡Eso es una infamia!
¡Esos conejos son criaturas protegidas!
¿Tienes idea de lo que pasa si alguien se entera de esto?
Incluso Galf, todavía atrapado en la red, logró expresar su indignación: — ¡Legolias, tienen familia!
¡FAMILIA!
Los conejos la miraron con miedo y decepción, sus mullidos cuerpos de conejo y sus ojitos brillantes habían estado en verdadero peligro.
Afortunadamente, la puntería de Legolias dejó mucho que desear, y todas las flechas fallaron, dejando a los conejos ilesos, aunque claramente traumatizados.
Los otros conejitos ayudaron a su compañero desmayado a escapar del lugar.
Tras varios minutos de caos, lograron recomponerse lo suficiente como para avanzar.
Pero el clímax de la prueba llegó cuando una trampa mágica, diseñada con la sutileza de un dragón ebrio, atrapó al anciano mago en un círculo de fuego.
—¡Auxilio!
¡Estoy ardiendo!
—gritó el hombre con un tono tan exagerado que incluso el fuego parecía ofendido.
Por primera vez en todo el recorrido, Galf se levantó con una determinación genuina en sus ojos.
Con su espada “prestada” en mano, avanzó hacia el círculo de fuego.
— ¡No dejaré que esta trampa mágica derrote a nuestro mago!
—exclamó, ignorando el hecho de que el supuesto mago parecía más preocupado por no chamuscarse la barba falsa que por cualquier otra cosa.
Con un golpe preciso (y totalmente inesperado) de su espada, Galf rompió el sello mágico que mantenía la trampa activa.
El círculo de fuego se extinguió, y el mago cayó al suelo, aparentemente ileso.
Xeena lo observó con los ojos entrecerrados, como si no pudiera decidir si estaba impresionada o simplemente sorprendida de que Galf hubiera hecho algo útil por primera vez en su vida.
Aunque el equipo llegó al final del recorrido en último lugar, cubiertos de hollín, con el ego de Legolias un poco magullado y Gonan todavía protestando contra las trampas mágicas, habían logrado escoltar al mago a salvo.
Xeena, cruzando los brazos, los miró con un suspiro profundo.
—Bueno…
aunque fue un desastre absoluto, completaron la misión.
Supongo que no tengo más remedio que devolverles sus licencias.
Pero si vuelven a causar este nivel de caos, las próximas trampas mágicas serán el menor de sus problemas.
Galf, con una sonrisa que iluminaba su rostro chamuscado, levantó su licencia como si fuera un trofeo.
— ¡Sí!
¡Lo logramos!
¡Somos verdaderos aventureros otra vez!
Mientras tanto, los conejos mágicos observaban desde el borde del bosque, aparentemente evaluando si perdonarían a Legolias por su ataque injustificado.
Y así, el equipo recuperó sus licencias, aunque el bosque (y Xeena) probablemente nunca olvidarían el caos que habían causado.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!
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