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Necky y Galf - Capítulo 46

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  4. Capítulo 46 - 46 Leyendas de Merlinia 1 Una academia dimensional
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46: Leyendas de Merlinia 1: Una academia dimensional 46: Leyendas de Merlinia 1: Una academia dimensional Merlinia se acomodó en su silla alta, con la varita dorada brillando ligeramente en su mano.

Aria, ya instalada en un mullido cojín cerca del escritorio, miraba a la vicerectora con una mezcla de admiración y anticipación.

Maeril, con su bandeja ahora sobre la mesa, se quedó de pie con una postura tranquila.

Mientras tanto, Mirabella fruncía el ceño, aún escéptica sobre cómo se había convertido en parte de esta audiencia aparentemente informal.

—Ah, el pasado, tan lleno de lecciones y, a veces, de errores magistrales…

—comenzó Merlinia, su tono teatral acompañado por un movimiento elegante de su varita, que dejó escapar un suave destello dorado.

— ¿Como los del rector?

—aventuró Mirabella con sarcasmo apenas velado.

Merlinia soltó una risita antes de asentir.

—Exactamente, querida.

Hoy les contaré sobre uno de esos errores.

¿Han oído hablar del hechizo dimensional que fracasó?

Mirabella alzó una ceja, mientras que Aria asintió emocionada, inclinándose hacia adelante como si ya conociera la historia.

—Oh, fue algo memorable.

Hace ya muchos años, el rector Grandalf, un mago muy…

—Merlinia hizo una pausa, buscando la palabra adecuada—, peculiar, decidió que era hora de alejar a sus alumnos de su sala de clase, pero en realidad estaba envidioso de mi teoría de las varitas.

Según él, un bastón canaliza la magia con mayor fuerza que cualquier varita.

Por supuesto, no tenía pruebas sólidas, pero eso nunca lo detiene.

— ¡Porque los bastones son mejores!

—exclamó Aria, defendiéndolo con entusiasmo.

—Claro que no lo son, querida.

—Merlinia sonrió con indulgencia—.

Lo que importa es cómo el mago utiliza su herramienta, no su tamaño ni forma.

Pero ese no es el punto.

Grandalf quiso probar su teoría con un hechizo dimensional diseñado para hacer que las aulas de la academia nunca llegaran a su despacho.

Según él, los pasillos se reorganizarían dinámicamente dependiendo de las necesidades de los estudiantes.

Un concepto interesante, pero como todo lo que Grandalf intenta, lo hizo a su manera.

Aria ladeó la cabeza.

— ¿Y qué salió mal?

Merlinia suspiró con una sonrisa divertida.

—Todo.

El hechizo no solo reorganizó los pasillos, sino que convirtió la academia entera en un caos.

Las escaleras aparecían donde no había puertas, los baños cambiaban de lugar, y los profesores terminaban dando clases en la cocina.

Lo peor es que el efecto no se limitaba al interior de la academia: desde el exterior, parecía que el edificio entero se retorcía como si estuviera vivo.

Fue un desastre.

— ¿Y qué hizo el rector?

—preguntó Mirabella, aunque ya sospechaba la respuesta.

—Lo que hace siempre: echó la culpa al hechizo, no a su ejecución, y luego se encerró en su despacho para “meditar” sobre lo sucedido.

—Merlinia alzó las manos, enfatizando las comillas.

Aria soltó una carcajada.

—Eso suena como el tío Grandalf.

—Mientras tanto, los estudiantes estaban perdidos, los profesores confundidos, y el personal de mantenimiento, desesperado.

Así que alguien tenía que solucionar el problema.

—Déjame adivinar —dijo Mirabella, cruzándose de brazos—.

¿Fuiste tú?

—Por supuesto —respondió Merlinia, inflando el pecho con orgullo—.

Aunque era joven, ya era extraordinariamente sabia para mi edad.

—¿Qué hiciste?

—preguntó Aria, con los ojos brillando de curiosidad.

—Ah, querida, usé mi ingenio.

En lugar de intentar deshacer el hechizo de Grandalf, lo cual habría sido una pérdida de tiempo —y probablemente habría empeorado las cosas—, decidí adaptarme.

Modifiqué el hechizo para que las alteraciones solo ocurrieran dentro de la academia y que los mapas mágicos pudieran detectarlas.

Así, aunque los pasillos y las aulas sigan moviéndose, nadie de fuera lo nota, y los mapas siempre saben dónde están las cosas.

Es elegante, ¿no creen?

—Es brillante —dijo Aria, aplaudiendo con entusiasmo.

Mirabella, sin embargo, frunció el ceño.

—¿No habría sido más fácil simplemente hacer que todo dejara de moverse?

El silencio que siguió fue casi palpable.

Merlinia y Aria giraron lentamente la cabeza hacia Mirabella, mirándola con una mezcla de decepción y asombro, como si acabara de decir algo terriblemente mundano, y prohibido.

—Eso no sería mágico —dijo Merlinia con firmeza, levantando la barbilla.

—Ni genial —añadió Aria, cruzando los brazos con expresión seria.

—Y definitivamente no elegante —concluyó Merlinia, sacudiendo ligeramente su capa para enfatizar el punto.

Mirabella parpadeó, sin saber si debía sentirse avergonzada o simplemente resignarse.

“Tal vez no debí venir aquí”, pensó, aunque ya era demasiado tarde para cambiar de idea.

Merlinia, sin darse cuenta de la confusión interna de Mirabella, continuó con entusiasmo: —En fin, este es un ejemplo perfecto de cómo la magia no solo resuelve problemas, sino que los transforma en oportunidades.

Ahora, díganme, ¿qué asunto tan importante las trae aquí?

Aunque debo advertirles, si no tiene nada que ver con magia, capas o bastones, probablemente no me interese.

Mirabella suspiró profundamente.

Definitivamente, este no iba a ser un día fácil.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Mi trabajo en esta obra romántica estoy seguro que les va a gustar, incluso si no te gusta el romance.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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