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Necky y Galf - Capítulo 51

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  4. Capítulo 51 - 51 Corto 22 Alara y sus Criadas
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51: Corto 22: Alara y sus Criadas 51: Corto 22: Alara y sus Criadas Alara Gravesoul reposaba en su elegante despacho, rodeada de penumbras que danzaban al compás de las velas encendidas.

Frente a ella, una maqueta detallada de su último proyecto: un cementerio parque memorial tan exquisito que incluso los muertos lo considerarían un ascenso social.

“Magnífico”, murmuró con satisfacción mientras acomodaba una diminuta figura de un ángel con una expresión más estoica de lo necesario.

“Es casi criminal que solo los muertos puedan disfrutar de esto”, añadió con un toque de sarcasmo en su voz.

El aire en la habitación cambió.

Una de las sombras que se alargaban desde las esquinas comenzó a moverse de manera inusual, desprendiéndose de la pared como una mancha de tinta viva.

La figura se materializó en una de las criadas de Alara, una mujer pálida y tensa, cuya postura delataba que preferiría estar en cualquier otro lugar que en este despacho.

Apenas unos segundos después, otra sombra hizo lo mismo, revelando a una segunda sirvienta.

Ambas se miraron, nerviosas como niñas atrapadas en una travesura.

Alara no levantó la vista de su maqueta.

Simplemente dejó escapar un suspiro que exudaba una mezcla de paciencia infinita y hastío absoluto.

—Supongo que no vinieron para felicitarme por la majestuosidad de mi obra.

¿Quién de mis hijas se ha superado esta vez?

Las criadas se miraron, buscando una forma de empezar sin ser ejecutadas metafóricamente (o literalmente, considerando a Alara).

Finalmente, la que vigilaba a Meryl dio un paso adelante.

—Mi Señora… no fue Lady Meryl.

Fue Lady Necra.

—Gritó buscando compasión.

Alara levantó una ceja, aún sin apartar la vista de su maqueta.

—Ah, por supuesto.

Porque si hay una criatura que no debería existir sobrevolando la ciudad, claramente no tiene nada que ver con Meryl.

Excepto, claro, que seguramente ella le pasó el hueso necesario a su querida hermana mayor, ¿me equivoco?

La criada abrió la boca para responder, pero la segunda criada, que vigilaba a Necra, ya había asentido rápidamente.

—Es cierto, mi Señora.

Si no fuera por el hueso que Lady Meryl llevó… —Ah, el hueso.

Porque si algo define la relación entre mis hijas, es la absoluta incapacidad de una de ellas para decir ‘no’ y la absoluta capacidad de la otra para aprovecharlo.

Admirable, en cierto modo —comentó Alara, girándose lentamente hacia las criadas, con los dedos entrelazados bajo la barbilla.

—Y supongo que ahora están aquí esperando que yo haga algo al respecto, ¿no?

Las criadas se miraron de nuevo, ahora más tensas.

Una de ellas se atrevió a preguntar con voz temblorosa: — ¿No debería, mi Señora?

Las cosas parecen… fuera de control.

Alara dejó escapar una carcajada seca y afilada.

— ¿Fuera de control?

¿Es esta su primera semana trabajando para mí?

Claro que están fuera de control.

Mis hijas están vivas, ¿no?

Lo que me sorprende es que no haya todavía un ejército de muertos vivientes marchando por la calle principal o que la mantícora no haya decidido instalarse en el techo del palacio real.

Las criadas no sabían si reír, llorar o simplemente derretirse en el suelo y desaparecer.

Alara, sin embargo, continuó con un gesto calmado.

—Vigílenlas.

Y cuando digo ‘vigílenlas’, me refiero a que hagan su trabajo.

No interfieran a menos que sea absolutamente necesario, porque en esta familia tenemos un principio básico: siempre se puede empeorar.

Así que no lo hagan.

— ¿Pero… mi Señora…?

—comenzó a decir una de las criadas, antes de ser silenciada por la mirada afilada de Alara.

—Si están tan preocupadas por lo que pueda pasar, les sugiero que comiencen a planear cómo justificarlo.

Porque cuando todo esto termine, alguien tendrá que explicarle al gremio de aventureros por qué Muerte Voladora tenía grabado el nombre de Necra en una de sus garras.

Alara se puso en pie, acomodando su largo y liso cabello negro.

Se dirigió hacia la ventana, observando la ciudad en la distancia.

—Por ahora, quiero saber todo lo que pase.

Ah, y si ven que alguno de los aventureros del gremio resulta particularmente molesto, recuerden que las tumbas conmemorativas pueden ser adaptadas para necesidades… inesperadas.

Las criadas se inclinaron con respeto, retrocediendo hacia las sombras con la misma sutileza con la que habían llegado, dejando a Alara sola con su maqueta.

Mirándola un momento, suspiró y murmuró: —Un cementerio parque memorial… magnífico.

Si tan solo pudiera usarlo como excusa para enterrar las ideas de mis hijas.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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