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Necky y Galf - Capítulo 54

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  4. Capítulo 54 - 54 Misión final parte 3 El Campamento en la Montaña
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54: Misión final parte 3: El Campamento en la Montaña 54: Misión final parte 3: El Campamento en la Montaña El pie de la Montaña Innecesariamente Alta, con sus cimas ocultas por nubes dramáticas que parecían dibujadas por un aprendiz de ilustrador entusiasta, se había transformado en un hervidero de emoción, acero, y planes mal pensados.

El campamento improvisado rebosaba vida y caos.

Carpas mal ancladas, fogatas chisporroteantes y mesas llenas de mapas mal doblados eran el pan de cada hora.

Aventureros de todo tipo y nivel estaban ahí: desde los más experimentados hasta aquellos que aún tenían licencia clase F.

Entre todos destacaban algunas figuras que, por una u otra razón, no podían evitar atraer miradas.

Xeena, la amazona instructora de la Academia de Aventureros, caminaba con autoridad, lanzando miradas que hacían temblar incluso a los más musculosos bárbaros.

Portaba su enorme hacha “Pedagogía Extrema”, la cual usaba para enseñar y, ocasionalmente, partir cosas en dos por razones didácticas.

Galf, el espadachín con un historial cuestionable de “préstamos permanentes”, afilaba su espada prestada con una piedra también prestada.

Era el ejemplo vivo de cómo la confianza podía ser un recurso mágico si se usaba con suficiente descaro.

Gonan, el guerrero de músculos imposibles y mente enfocada, flexionaba sus pectorales en un ejercicio que, según él, lo ayudaba a entrar en “modo batalla épica”.

Su grito de guerra: “¡Vehella!” resonaba con eco heroico cada diez minutos.

Y por supuesto, Legolias, la elfa de cabello plateado y una miopía no reconocida oficialmente en su clan, recitaba versos a los árboles, las nubes, y una roca particularmente simétrica.

“Sólo los elfos comprenden la perfección de la existencia,” decía, mientras apuntaba su arco en la dirección opuesta a donde estaba la montaña.

En el centro del caos, Necra Gravesoul—Necky para los conocidos (y los valientes)— se encontraba tragando ansiedad como si fuera sopa fría.

Había sido oficialmente nombrada líder de la misión de exterminio, lo cual habría sido un honor…

si no fuera porque la criatura que debían exterminar era su mantícora bebé.

Su creación.

Su más bello error.

A su lado, Graham, su espada maldita, murmuraba con emoción.

—Deberíamos buscarla, desafiarla, pelear hasta la última gota de sangre.

¡La gloria nos llama!

— ¡Es mi hija!

—respondía Necky entre dientes, fingiendo sonreír mientras saludaba a unos mercenarios.

— ¡Aún mejor!

¡Un duelo familiar!

Con drama trágico, sangre y redención.

¡Esto merece una balada!

—Si le haces algo a mi creación, te hundo en el lago atada a una roca— le espetó a Graham que seguía armando planes de batalla.

El administrador del gremio, un hombre con cara de “necesito vacaciones y no me pagan lo suficiente”, subió a una caja para dirigirse al campamento.

—¡Aventureros!

¡El momento ha llegado!

La señorita Necra Gravesoul liderará esta expedición para dar caza a la mantícora y a los hipogrifos salvajes que amenazan nuestra gloriosa ciudad!

Estallaron vítores, gritos de guerra, y un cántico espontáneo: “¡Ne-cra!

¡Ne-cra!

¡Ne-cra!” Uno de los bardos incluso empezó a componer una canción en el acto, aunque desafinó en la segunda estrofa y fue callado a base de abucheos.

Necky, con una sonrisa petrificada y el alma hecha un nudo, se subió a una roca para dirigirse a la multitud.

—¡Sí, claro!

¡Vamos a… atrapar a la criatura… con extrema precaución y… respeto a la vida animal!

Silencio incómodo.

—¡Digo, a exterminarla brutalmente!

¡Que corra la sangre!

Los aventureros estallaron otra vez en júbilo.

Graham se estremecía de emoción.

—Eres la hija que nunca tuve.

Estoy tan orgulloso.

Entre la multitud, Meryl avanzaba encapuchada, tratando de que nadie la reconociera, especialmente nadie que conociera a su madre.

Sus pasos eran inseguros, su mirada ansiosa.

—Si mamá se entera… si la Señora Gravesoul se entera… voy a terminar en una tumba.

Literal.

Diseñada por ella.

Con una inscripción que seguramente dirá “aquí yace una portadora de desgracia”— avanzó sollozando.

Y así comenzó la expedición.

Entre gritos de guerra, promesas de gloria y un número alarmante de armas sin seguro, el grupo se adentró en la ladera de la Montaña Innecesariamente Alta.

La niebla los envolvía, la tensión crecía, y en el corazón de una sola muchacha… latía el amor por su monstruo.

La caza había comenzado.

Y con ella, el desastre.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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