Necky y Galf - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - 65 Epílogo 2 El juicio de las Gravesoul
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65: Epílogo 2: El juicio de las Gravesoul 65: Epílogo 2: El juicio de las Gravesoul El viento soplaba suavemente sobre la imponente Mansión Gravesoul, mientras el sol del atardecer proyectaba largas sombras sobre el mármol negro del patio interior.
En medio del jardín perfectamente simétrico, una mantícora coja, con un ala vendada y un parche en la cola, rumiaba flores con desdén, como si no estuviera segura si era una bestia mítica o una mula maltratada.
Frente a la criatura, bajo el temido “Árbol de los Castigos Administrativos”, estaban de pie tres figuras familiares: Necky, la archinecromante de mirada altiva, aunque ligeramente despeinada por el estallido mágico del martes pasado.
Meryl, la sepulturera temblorosa, con la pala entre las manos y una mota de tierra en la frente (y probablemente en los bolsillos también).
Aria, la más pequeña, con su colmillo mágico brillando y las ojeras ligeramente corridas por una siesta interrumpida, comiendo una galleta sin remordimientos.
Y al frente, como jueza, jurado y CEO de la familia, se encontraba Alara Gravesoul, su rostro inmutable, perfecto, impasible, elegante y absolutamente peligroso.
—Permítanme entenderlo bien —dijo Alara, con la voz de quien ha destruido proyectos millonarios con un solo “tch”—.
¿Una mantícora.
Está.
En mi jardín?
La mantícora estornudó.
Un arbusto murió chamuscado en el acto.
—¿Y la razón por la que está aquí, comiendo mis rosales funerarios, es que alguna de ustedes la resucitó?
—Técnicamente, fue una recreación alquímico-necromántica experimental con elementos de manipulación ósea avanzada…
—comenzó Necky.
—¡Y yo sólo traje el hueso!
—interrumpió Meryl con voz de ratón bajo amenaza—.
¡Ni siquiera sabía si era de dragón, vaca o pato gigante!
—¡Fue una mantícora!
—añadió Aria, orgullosa— ¡Yo lo dije!
Tenía forma de “raaaaawr”.
Alara cerró los ojos.
Inspiró lentamente.
Muy lentamente.
Tan lentamente que un cuervo del tejado se desmayó del suspenso.
—¿Y el ala rota?
—Eso fue mi culpa… pero lo arreglé con una costura mágica y un hechizo de adhesivo de última generación —señaló Necky, sacando de su bolsillo una aguja de hueso y algo que parecía sangre glitter.
—¿Y por qué cojea?
—…Se cayó… después de vencer una horda de aventureros, hipogrifos y un bardo que desafinaba —agregó Graham desde la cintura de Necky—.
¡Fue glorioso!
Alara lo ignoró.
—Y tú… —miró a Aria con un dejo de ternura que jamás admitiría tener—, ¿cuál fue tu papel?
Aria levantó su galleta.
—¡Yo soñé que usaba un anillo mágico para dominar a todos con galletas!
—…
—Alara alzó una ceja tan milimétricamente que un juez de precisión olímpica habría aplaudido.
Silencio.
—Muy bien —dijo finalmente Alara, caminando en círculos frente a sus hijas—.
Como madre, jefa de familia, y directora de los Cementerios Gravesoul Asociados S.A., debo aplicar represalias proporcionales.
Las tres se tensaron.
—Por lo tanto…
Un rayo de tensión cayó del cielo.
Un búho gritó a lo lejos.
La mantícora mordisqueó una maceta.
—Necky, estás condenada a enseñar clases de necromancia nivel 1 para niños en la Academia de Aria.
Con pizarra, tizas, y sin levantar muertos en el aula.
—¡¿Qué clase de tortura es esa?!
—gimió Necky.
—Meryl, deberás cavar cien tumbas con nombres falsos para aprender la diferencia entre excavación científica y travesura arqueológica.
—¡Pero eso es trabajo administrativo!
—chilló Meryl.
—Y Aria, tú… —Alara se agachó y acarició su cabeza— tú seguirás bajo supervisión de Maeril, pero… —¿Pero?
—…
Puedes quedarte con el anillo que forjaste, siempre y cuando no intentes conquistar el mundo con galletas.
—¡Oh, está bien!
—sonrió Aria, sacando su anillo con forma de osito.
—Y si alguna de ustedes vuelve a liberar, resucitar, construir o adoptar una criatura mágica sin llenar el formulario D-3B (“Declaración de Criaturas Potencialmente Asesinas”), juro por el Cementerio Real de la Capital que las mando a limpiar lápidas en pleno invierno con un cepillo de dientes.
Las tres hijas asintieron, derrotadas.
La mantícora lanzó un rugido suave.
—Y tú —dijo Alara, girando con gracia hacia la bestia—.
Eres técnicamente propiedad de la familia ahora.
Vas a pastar, dar sombra y participar en las exhibiciones durante los funerales.
La mantícora bajó la cabeza.
No sabía si eso era mejor o peor que morir.
Alara se giró hacia la mansión, sus tacones resonando como campanas fúnebres.
—Una Gravesoul puede fallar —murmuró—, pero jamás debe hacerlo sin estilo.
Y las tres hermanas la siguieron, en silencio… sabiendo que eso había salido increíblemente bien… considerando lo que pudo haber sido.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com