Necky y Galf - Capítulo 71
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- Capítulo 71 - 71 Prólogo La Maldición del Anillo
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71: Prólogo: La Maldición del Anillo 71: Prólogo: La Maldición del Anillo (Narrado por Grandalf el Grisáceo, desde lo alto de la Torre Norte… que, por supuesto ¿está al oeste el día de hoy?.) El viento ululaba sobre las torres movedizas de la Academia Arcana Lumiaris, como si presintiera que una gran historia estaba por comenzar… otra vez.
En lo alto de la Torre Norte, que hoy se encontraba peligrosamente cerca del invernadero oeste (por caprichos mágicos que nadie entendía excepto Grandalf… según él), un anciano mago se erguía con la solemnidad de quien había olvidado por qué subió ahí en primer lugar.
Envuelto en una túnica que parecía haber sido bordada por las Parcas y lavada por el tiempo, Grandalf el Grisáceo exhaló una bocanada de humo desde su pipa absurdamente larga, el humo se retorció en el aire y tomó la forma de un anillo.
Un anillo que brillaba con un fulgor antinatural… y ligeramente sospechoso.
—Hace mucho, muchísimo tiempo… —comenzó a recitar con su voz más dramática, solo un poco más alta que un susurro teatral—, cuando mis sombreros eran modestos y mi espalda no crujía con cada conjuro, surgió un anillo…
El humo se arremolinó frente a él, dibujando una figura musculosa con una barba torcida y un anillo que caía de su bolsillo al río.
—Forjado por antiguos alquimistas con más entusiasmo que sentido común, el anillo fue creado para…
bueno…
nadie lo recuerda exactamente —admitió—, pero era brillante, brillante como la calva de un hechicero mal afeitado.
Desde un rincón polvoriento de la torre, el Archimauser, un ratón viejo con gafas redondas y capa diminuta, asintió solemnemente como si entendiera cada palabra.
Grandalf continuó sin mirarlo, aunque su voz se llenó de importancia al notar la presencia de su más fiel público.
—Este anillo… este anillo mágico, maldito, embriagador y… posiblemente hechizado para emitir un aroma a canela, corrompe a quien lo porta.
Y no, no lo hace más sabio, ni más fuerte… lo vuelve dramáticamente egocéntrico.
El humo ahora mostraba a varias figuras: una elfa miopísima con corona, una espada parlante, una mantícora con alas de papel, y una niña de cinco años que agitaba una galleta como si fuera un cetro.
—La historia de este anillo ha cruzado eras, patios de academias, cementerios y tabernas de tercera categoría.
Ahora…
se acerca una nueva era.
Grandalf alzó su báculo, que brilló sin razón aparente.
—Una era de galletas, cementerios de lujo, duelos innecesarios, conejos mágicos y… de una pequeña Gravesoul con sueños demasiado grandes para sus trenzas.
El Archimauser levantó su diminuta patita con fervor.
Grandalf sonrió.
—Y así comienza, mi sabio roedor, la segunda gran aventura de nuestra era.
Una epopeya de errores, decisiones cuestionables y frases que suenan sabias pero no significan nada.
—¡Y yo, Grandalf el Grisáceo, la contaré, aunque nadie me haya pedido hacerlo!
Porque un mago llega exactamente cuando quiere narrar la historia…
—dijo, satisfecho, mientras se giraba lentamente, tropezaba con su capa y caía detrás de un atril polvoriento.
Desde lo alto de la torre, el anillo de humo se deshizo en volutas, y el sol brilló sobre el valle que no sabía que estaba a punto de sumirse en un caos de proporciones épico-galletísticas.
La Maldición del Anillo… había despertado.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Volvemos con la más épica de las historias…
La guerra del anillo galletil.
Ah…
también escribo romance, por si quieres llorar un rato.
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