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Necky y Galf - Capítulo 74

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  4. Capítulo 74 - 74 Capítulo 2 El Anillo y la Biblioteca Desordenada
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74: Capítulo 2: El Anillo y la Biblioteca Desordenada 74: Capítulo 2: El Anillo y la Biblioteca Desordenada Aria Gravesoul llegó a la Academia Arcana Lumiaris con paso firme, la barbilla en alto y una mirada que denotaba una decisión inquietante: hoy conquistaría el mundo.

O, al menos, una esquina de la biblioteca.

Colgando de su cuello, sobre su uniforme perfectamente planchado por Maeril (aunque ya ligeramente arrugado por culpa de una siesta mágica accidental), brillaba el anillo dorado que había encontrado en el río.

—Maeril… creo que soy una reina ahora —dijo Aria, mientras avanzaba por los pasillos con un aire de majestad que sólo una Gravesoul de cinco años podía sostener.

—Señorita Aria… por favor, no lo diga tan fuerte —susurró Maeril, cargando una mochila tres veces más grande que la niña, y con la expresión resignada de quien sabía que su jornada iba a ser… larga.

—¡Vamos a la biblioteca!

—anunció Aria—.

¡El anillo me habla!

Dice que es importante… ¡dice que puedo hacer galletas infinitas!

— ¿Eso le dijo…?

—preguntó Maeril, ya visiblemente pálida.

— ¡Sí!

¡Y también dijo que un día gobernaré con dulzura y fuego!

La biblioteca de la academia, una maravilla de arquitectura mágica, había sido encantada por generaciones para contener libros que hablaban, que lloraban si no eran leídos, y algunos que atacaban si se los leía sin suscripciones activas.

Por supuesto, nada de eso intimidaba a Aria.

—¡Divídanse!

—gritó la niña a nadie en particular— ¡Busquen información sobre anillos legendarios, anillos mágicos, anillos que dominan, y… y… anillos que convierten cosas en galletas!

Los libros comenzaron a volar.

Literalmente.

Maeril corrió tras ellos, atrapando volúmenes que chillaban, susurraban o protestaban por ser manoseados.

Aria, entretanto, ya había hecho una pila tan alta que parecía desafiar las leyes de la física.

—¡Maeril!

Este dice que los anillos mágicos a veces traen maldiciones milenarias, ¡¿no es emocionante?!

—Señorita Aria… ¿no preferiría leer uno por uno…?

—¡Claro que no!

¡Eso sería aburrido!

¡Los Gravesoul no leen, absorben el conocimiento por ósmosis!

—Eso no es… así no funciona… —balbuceó Maeril, mientras una enciclopedia de Anillos Épicos y Otras Tragedias se lanzaba hacia ella con ánimo homicida.

El caos se extendía como la mantequilla sobre una tostada caliente.

Algunos libros ya comenzaban a debatir entre ellos.

Otros simplemente saltaban entre estantes como si jugaran a las escondidas.

Una biografía mágica titulada Yo, el Anillo que Conquistó Tres Reinos y una Panadería intentaba subirse al hombro de Aria.

Fue entonces que, como si alguien hubiera lanzado un hechizo de orden divino, la puerta de la biblioteca se abrió con elegancia.

Entró Merlinia.

Su capa ondeaba con dignidad, su varita resplandecía con elegancia, y su lechuza Altaria volaba en círculos sobre su cabeza, lanzando miradas críticas a la sala.

—¿Otra vez usted, señorita Gravesoul…?

—dijo con voz tan serena como helada.

—¡Hola, tía Merlina!

—Mer-lin-ia, querida.

Con “ia”.

—¡Eso mismo!

—Y… ¿qué sucede aquí exactamente?

—¡Estoy investigando el poder de mi anillo mágico!

—declaró Aria, levantándolo como si se tratase de un relicario sagrado—.

¡Creo que podría dominar el mundo, o al menos hacer galletas infinitas!

Merlinia parpadeó dos veces.

—Eso es… preocupante —dijo, con la precisión emocional de una científica analizando una explosión—.

Y nada práctico.

Un exceso de galletas destruye la economía.

Sacó su varita con calma y, con un simple movimiento de muñeca, murmuró: —“Libri-Organis!” Inmediatamente, todos los libros regresaron a sus estantes, flotando como bailarines de un musical disciplinado, mientras la lechuza Altaria aplaudía con las alas.

—¡Ooooooh!

—dijo Aria, con los ojos brillando—.

¡Eso fue increíble!

¡Algún día también tendré esa elegancia mágica!

—Ya lo haces… pero en una versión peligrosamente impredecible —replicó Merlinia, suspirando.

Maeril, desde el rincón, levantó el pulgar.

Ya se encontraba en posición fetal, con un diccionario de 15 kilos sobre las rodillas.

—Por favor, no intenten conjurar más cosas vivas por hoy —añadió Merlinia mientras salía—.

Y si ese anillo comienza a hablarle en un idioma antiguo y gutural… tráigamelo.

O no lo mencione jamás.

—¿Y si lo uso para conquistar el mundo?

—preguntó Aria, inocente.

Merlinia solo la miró.

—Hazlo con estilo, al menos —respondió, con una media sonrisa.

Y así, entre libros, anillos y sueños de galletas, la pequeña Aria Gravesoul continuó su misteriosa relación con el anillo encantado, mientras el mundo, sin saberlo, avanzaba hacia un desastre mágico de proporciones culinarias.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Apóya esta obra…

porfi.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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