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Necky y Galf - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - 78 Capítulo 4 La Comunidad del Precioso
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78: Capítulo 4: La Comunidad del Precioso 78: Capítulo 4: La Comunidad del Precioso El gran salón del Gremio de Aventureros estaba lleno de un silencio reverente y una expectación que podía cortarse con cuchillos de mantequilla.

Sobre una mesa, de pie con la dignidad de una emperatriz de cinco años, Aria Gravesoul alzó el puño hacia lo alto, con el cabello perfectamente desenredado por Maeril esa misma mañana, y proclamó con voz poderosa: —¡Yo convoco la Comunidad del Anillo!

Un murmullo recorrió la sala, mientras los pocos aventureros presentes se miraban entre sí como si no estuvieran seguros si esto era una obra de teatro o una verdadera misión.

Entonces, con un paso elástico y mirada lejana, se acercó Legolias, la elfo poeta de la clase de Arco y Drama.

Se arrodilló con teatralidad, puso su arco sobre la mesa (rompiendo accidentalmente una pata de esta) y dijo: —Mi arco, y mis poemas trágicamente hermosos, están a tu servicio, oh doncella del destino.

Xeena, la bárbara estudiante de Intervención Músculo-Mágica, saltó sobre un barril y gritó: —¡Y mi hacha también!

Porque una amazona no puede negarse a una aventura épica.

Galf, aspirante a caballero y dueño de una ridícula cantidad de productos para peinar su flequillo épico, se adelantó con su espada prestada: —Por la gloria, por el honor…

y porque no tengo clases hasta el lunes, ¡yo también iré!

Meryl se asomó tímidamente con su pala en brazos, como quien carga una cría de oso dormido: —Yo…

yo también puedo ir.

Tengo mi pala.

Por si…

hay que hacer hoyos o…

enterrar cosas.

Para ayudar a mi hermana.

De pronto, Necky apareció desde una esquina, con una servilleta atada al cuello y un tenedor entre los dedos: —Si pagan con comida yo también voy.

¡Y nadie se atreva a comerse mi parte!

Las puertas del gremio estallaron en un estruendo dramático, como si una tormenta entrara con efectos especiales alquímicos.

Entre nubes de humo y luz cenicienta, apareció el único, el inigualable, el posiblemente desorientado: Grandalf el Grisáceo.

Su sombrero tocó el techo y su pipa lanzaba espirales de humo en forma de mapas, dragones y ocasionalmente un pato.

Se acercó con paso solemne, dejando que su bastón repiqueteara en cada baldosa como si anunciara la mismísima llegada del destino.

—¡Una comunidad no puede partir sin un SABIO mago que los guíe por las sendas del peligro y la improbable salvación!

—proclamó.

Necky, aún con el tenedor en mano, alzó una ceja: —¿Y qué soy yo?

¿Una guarnición?

—Eres una maga, sí… pero la sabiduría te elude mi joven discípula.

—replicó Grandalf con una sonrisa diplomática.

Necky frunció el jurando venganza en su interior.

Cuando todo estaba por comenzar y las mochilas se alzaban, los ánimos se encendían y los discursos épicos se improvisaban, Grandalf se giró lentamente hacia Aria y, con la gravedad de los sabios que han vivido tres y media eras, le dijo: —Lo olvidaba, joven Gravesoul.

Tú no puedes ir.

Tienes clases mañana.

Y si no me equivoco, tienes la prueba de teoría mágica nivel II.

—¡¿Qué?!

—gritó Aria, horrorizada—.

¡Pero es MI anillo!

¡Mi precioso!

¡Mi futuro imperio galletizado!

—Y además… —añadió Maeril desde una esquina, muy resignada—, usted prometió limpiar el cuarto y estudiar para el examen de pociones de su hermana Necky.

—¡Pero Grandalf, tú eres el profesor de teoría mágica nivel II!

—exclamó Necky, confundida.

Un breve silencio cayó sobre la sala.

—…Oh.

Cielos.

—murmuró Grandalf, abriendo su agenda.

Luego, con un suspiro—.

Está bien.

Retrasaremos la partida media semana.

O…

no sé.

Iré yo primero y ustedes me alcanzan después.

—¿Y nosotros qué haremos mientras?

—preguntó Xeena, girando su hacha.

—Organizamos una merienda táctica —propuso Necky.

—¿Con queso?

—susurró Meryl, esperanzada.

Y así, la Comunidad del Precioso, aunque todavía incompleta, estaba formada.

Una misión de locura, risas, y uno que otro hechizo mal lanzado…

estaba a punto de comenzar.

Interludio: Noticias desde el Frente Doméstico La Mansión Gravesoul, bastión del decoro necromántico y de la contención emocional en forma de sellos mágicos y tazas de té malditas, disfrutaba de una tranquila mañana.

O lo haría, si no fuera porque en el jardín, una mantícora resucitada —regalo de cumpleaños de Meryl a su madre— pastaba con dignidad monstruosa sobre el césped encantado, oliendo de vez en cuando las rosas que chillaban en defensa propia.

Alara Gravesoul, matriarca inquebrantable, mujer de temple firme y paciencia fragmentada, hojeaba un pergamino con expresión creciente de desconcierto.

—¿Comunidad del qué…?

El cuervo mensajero que le había traído la nota estaba intentando sacar una galleta atascada de su pico, evidentemente usada como pago por la remitente más joven de las Gravesoul.

Alara suspiró, se masajeó las sienes y leyó de nuevo el pasaje más destacado del mensaje que su red de informantes (alias: los búhos de la torre norte y una criada particularmente chismosa) había hecho llegar: “Convocatoria oficial del Gremio de Aventureros: Solicito la formación de la Comunidad del Anillo.

Pago: una bolsa de galletas hechas por mi querida criada Maeril y el favor de una Gravesoul, dos huesos de pollo malditos por mi hermana mayor, la archinecromante Necky, y tierra de cementerio de mi hermanita Meryl.

Mis posesiones más valiosas.” —Por el cráneo incorrupto de la tía Eleonora… —murmuró Alara.

Un golpe suave en la puerta anunció la entrada de Eumelia, la criada de mayor rango, que llevaba una bandeja con té humeante y una carta adicional.

—Mi señora… llegó otra nota.

Esta de la Escuela.

El profesor Grandalf ha solicitado una “prórroga de deberes académicos por razones de épica incuestionable”.

—¿Otra vez?

—Alara tomó la carta con gesto seco y la sostuvo con dos dedos como si pudiera contagiarle sentido del humor.

Del exterior, un rugido bajo y satisfecho revelaba que la mantícora había encontrado el abrevadero encantado y lo estaba usando como jacuzzi.

Una de las rosas chilló cuando fue salpicada.

—¿Y Aria?

—Parece que está organizando una expedición para recuperar su anillo mágico.

Dice que no puede seguir sin él, y que “el destino del mundo está en juego”… y algo de que debía recuperar al “precioso” —respondió Eumelia, sin cambiar el tono.

—Por supuesto.

—Alara bebió un sorbo de té—.

Y Necky, ¿sigue ocupada con la guerra civil de ratas parlantes en su sótano?

—Sigue en negociaciones.

Ha ofrecido la cocina a cambio de un tratado.

—Perfecto.

Tras un largo silencio, Alara se recostó en su silla.

La mantícora lanzó una bola de fuego juguetona al aire, que fue absorbida con elegancia por el escudo mágico del invernadero.

—Eumelia, creo que necesito un elixir de calma.

Uno fuerte.

—¿Del tipo que relaja o del que anula temporalmente la percepción del tiempo?

—Del que borra el conocimiento de la palabra “precioso” por veinticuatro horas.

—Entendido.

Mientras la criada se retiraba, Alara volvió a mirar la carta de su hija menor.

Una sonrisa apenas perceptible cruzó su rostro.

Sabía que Aria estaba creciendo, buscando su camino entre la locura heredada y el heroísmo infantil.

—Solo… que no crezca tan rápido —murmuró.

Entonces, desde el jardín, se escuchó la mantícora lanzando un rugido de júbilo.

Había encontrado la caja de arena encantada del gato familiar.

O al menos, lo que quedaba de ella.

Alara suspiró.

—No tan rápido, pero tampoco tan caóticamente.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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