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Necky y Galf - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 Capítulo 5 Traducciones dudosas grimorios olvidados y sabios
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81: Capítulo 5: Traducciones dudosas, grimorios olvidados y sabios 81: Capítulo 5: Traducciones dudosas, grimorios olvidados y sabios La oficina de Grandalf el Grisáceo, situada en lo alto de la Torre Norte que nunca está al norte, estaba especialmente iluminada.

La razón: después de décadas enteras de archivar sus libros por color y tamaño (y no por contenido), había decidido consultar los más antiguos, los más polvorientos y, por supuesto, los más dramáticos grimorios de sabiduría olvidada.

Sentado bajo el ala de su sombrero innecesariamente amplio, rodeado del humo de su pipa larguísima, Grandalf acariciaba con los dedos su larga barba y murmuraba para sí: — “Un anillo para hallarlo… un anillo para guisarlo… no, eso no tiene sentido…” —se corrigió, mientras el Archimauser, su ratón aprendiz con capa diminuta, asentía solemnemente desde el borde del escritorio.

La Comunidad del Anillo (de Aria) estaba reunida: Galf con su espada prestada (ahora con una nueva empuñadura porque se le cayó en el barro), Gonan golpeando el suelo con su hacha al ritmo de “¡Vehella!

¡Vehella!”, Legolias ensayando una poesía sobre colinas élficas y reflejos dorados (sin ver nada porque sus gafas estaban empañadas), Xeena afilando una cuchilla “por si acaso”, Necky revisando un pergamino de recetas de galletas con maldiciones menores, Meryl sentada con su pala como si fuera una lanza ceremonial, y Aria, con su colmillo reluciente y ojeras perfectamente pintadas, sentada encima del escritorio de Grandalf como si fuera el trono de su poder absoluto.

— ¡He traducido la inscripción!

—exclamó Grandalf, desplegando un pergamino que ocupaba casi toda la oficina—.

“Un anillo para gobernarlos a todos, y sumirlos en la oscuridad eterna del mediodía inclemente”… — ¿Oscuridad de mediodía?

—preguntó Necky—.

Eso suena como una insolación, no una maldición.

— ¡La oscuridad no tiene horario!

—protestó Grandalf— ¡Es poético!

— ¡Poético sería un anillo para transformar huesos en marionetas danzarinas!

—respondió Necky, ofendida—.

Eso sí es magia de verdad.

Aria levantó la mano.

— Yo soñé que decía: “Un anillo para ponerles chocolate a todas las galletas del mundo y que nadie más pueda comerlas sin mi permiso”.

Todos la miraron.

— Tiene cinco años —murmuró Maeril, sirviendo té con elegancia y profesionalismo absoluto.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe, acompañada de una ráfaga de viento que hizo volar papeles, plumas y a Archimauser (que aterrizó con dignidad en el tintero).

— ¡Grandalf!

—exclamó Merlinia, envuelta en su capa ceremonial azul con bordados dorados y llevando no una, sino dos varitas opulentas—.

¡¿Estás leyendo sin mí?!

— ¡Estoy estudiando!

¡Hay una gran diferencia!

—respondió Grandalf, dándole una calada a su pipa mientras el humo tomaba la forma de un anillo con pies.

— “Estudiar sin sabiduría compartida es como una capa sin forro: innecesariamente fría.” —recitó Merlinia, anotando su propia frase en su libreta de Sabiduría Imperecedera, volumen VII.

— ¿Quién necesita capas cuando puedes tener un sombrero que da sombra a tus pensamientos?

—replicó Grandalf con tono filosófico.

— ¿Y qué descubriste?

—preguntó Merlinia, con sus ojos clavados en el pergamino.

— Que este anillo…

es el único.

El que reúne a todos.

El que trae poder y peligro.

El que probablemente brilla en la oscuridad.

Aunque… —Grandalf carraspeó— …también podría significar “anillo con descuento limitado por tiempo mágico”.

— ¡Yo lo digo!

—interrumpió Aria, poniéndose de pie en el escritorio—.

¡Yo lo encontré!

¡Y yo digo que su poder es mío!

— Por favor baja de la mesa, Aria —dijo Maeril, mientras la levantaba con elegancia.

Meryl levantó tímidamente la mano.

— Ehh… quizá…

deberíamos simplemente preguntar al anillo qué quiere.

Silencio.

Todos miraron el anillo, que descansaba en una cajita con terciopelo violeta (gentileza de Legolias, que siempre cargaba accesorios con estilo).

El anillo no respondió.

— ¡Muy astuto!

—dijo Graham desde el cinto de Necky— ¡Callado y misterioso como todo enemigo ancestral!

¡Oh, qué rival!

¡Qué artefacto épico!

¡Qué buen momento para una narración!

¡Yo os contaré la balada de la alianza y el anillo dorado que…!

— ¡Silencio, espada habladora!

—gritaron todos.

Y así terminó la primera reunión oficial de la Comunidad del Anillo Perdido, con teorías contradictorias, refranes improvisados, traducciones dudosas, una niña con ambiciones galleteras y dos sabios que no se ponían de acuerdo ni sobre qué té tomar.

Y aún no sabían… que el anillo ya había comenzado a murmurar en sueños.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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