Necky y Galf - Capítulo 82
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- Capítulo 82 - 82 Capítulo 5 parte 2 Réplicas sospechas y clases obligatorias
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82: Capítulo 5 (parte 2): Réplicas, sospechas y clases obligatorias 82: Capítulo 5 (parte 2): Réplicas, sospechas y clases obligatorias El anillo descansaba sobre la mesa de Grandalf, brillando suavemente a la luz de la lámpara encantada con Encendio variable, un hechizo que nunca funcionaba bien y titilaba como una vela con miedo.
Todos los miembros de la comunidad miraban el objeto con atención reverente.
Xeena cruzaba los brazos y suspiraba, Galf lo observaba como si estuviera viendo a su antigua espada (la que todavía no recuperaba), Gonan tenía la boca abierta como si esperara que el anillo le hablara, y Legolias lo estaba dibujando de memoria…
aunque se le estaba olvidando qué forma tenía.
Fue entonces cuando Meryl, la silenciosa sepulturera, levantó un dedo con timidez.
— Ehm… ese… no es el anillo.
— ¿Qué?
—dijeron todos a coro, menos Graham, que gritó “¡TRAICIÓN!” como si fuera el clímax de una tragedia.
— Yo… yo lo vi bien.
El original tenía una pequeña abolladura en un costado… y olía… distinto —susurró Meryl, con la seguridad de alguien que había olido más huesos que pan.
— ¿A qué olía?
—preguntó Xeena.
— A tumba antigua con un toque de azufre y… galletas.
Aria alzó la mano, muy orgullosa.
— ¡Eso tiene sentido!
Porque cuando lo tenía, siempre me daban ganas de comer más galletas.
¡Es un anillo con hambre!
— Un anillo glotón… —murmuró Merlinia, pensativa—.
Eso explicaría…
absolutamente nada.
Pero lo anotaremos.
— ¿Entonces es una réplica?
—Galf parecía desilusionado— ¿Ni siquiera es el de verdad?
— ¡Claro que no!
—saltó Necky—.
Este lo hice yo, para que no perdieran la cabeza.
¡Es solo oro con una pequeña maldición menor de hambre eterna!
¡Perfectamente inofensivo!
Todos se quedaron en silencio.
— …¿hambre eterna?
—dijo Maeril, preocupada— ¿Como la que tiene Aria todo el día?
— ¡Exactamente!
—dijo Necky, orgullosa— ¡Ves que sí funciona!
Mientras la comunidad entraba en pánico menor, Grandalf y Merlinia se inclinaban sobre el anillo falso.
— A ver, si combinamos nuestras traducciones… —comenzó Grandalf.
— …y eliminamos tus errores de sintaxis mágica arcaica… —añadió Merlinia.
— “Un anillo para reunirlos a todos, un anillo para brillar en la oscuridad, un anillo para hacerse el interesante…” —leyó Grandalf en voz alta.
— “…y un anillo para crear un deseo imposible en el corazón de quien lo posea.” —añadió Merlinia.
Ambos se miraron.
— ¡Es el típico objeto con poder narrativo desproporcionado!
—exclamaron al unísono.
— ¿Y qué significa eso?
—preguntó Xeena.
— Que hay que ir a buscar el verdadero, por supuesto —dijo Grandalf—.
Antes de que alguien lo use para desatar una era de…
galletas incontrolables, o peor, poemas malos.
— ¡Como los de Legolias!
—susurró Gonan, y ambos chocaron puños.
— Yo…
creo…
—dijo Meryl con la voz más baja del reino— que sentí su olor cuando estaba caminando por las catacumbas del cementerio oeste.
Solo por un segundo…
pero era él.
No lo olvidaría.
Todos la miraron, esta vez con genuina emoción.
— ¡Es una pista!
—gritó Aria.
— ¡Y una misión!
—gritó Graham.
— ¡Y una aventura!
—gritó Gonan.
— ¡Y una excusa para no lavar las ropas del gremio esta semana!
—gritó Legolias, que tenía tareas acumuladas.
Grandalf se puso de pie, extendiendo sus brazos como si conjurara la próxima escena de una obra épica.
— ¡Entonces que comience la expedición a las catacumbas!
¡Que la comunidad parta hacia el oeste al alba!
— ¡Pero yo también voy!
—protestó Aria, apretando sus pequeños puños.
— No —respondieron Grandalf y Merlinia al mismo tiempo.
— Tienes clases —añadió Merlinia.
— Y yo también —murmuró Grandalf, con cierta vergüenza.
— ¡Pero yo encontré el anillo!
¡Yo lo vi primero!
¡Yo…
yo soy su dueña!
¡¡Mi precioso!!
—gritó Aria, con los ojos brillando.
— Eso es exactamente lo que diría alguien que no debería llevar un anillo mágico —dijo Maeril, mientras tomaba a Aria en brazos como si fuera una saeta desbocada.
— ¡Maeril, invoco mi poder ancestral de hija mimada!
¡Y ordeno que me dejes ir!
—chilló Aria.
— Invoca lo que quieras, pequeña señora, pero vas a clase —respondió Maeril con paciencia absoluta mientras salía de la oficina flotando en dignidad.
— ¡Yo forjaré uno nuevo!
¡Lo juro por mis galletas!
¡Por mi colmillo mágico!
¡¡¡POR MI SANGRE DE GRAVESOUL!!!
—se oyó a lo lejos, mientras todos fingían no haber escuchado eso.
Grandalf suspiró y volvió a llenar su pipa.
— Bien.
Partimos al alba.
Al oeste, a las catacumbas del cementerio de la ciudad del comienzo.
— ¡Y encontraremos al anillo!
—gritó Gonan.
— ¡Y al cuervo traidor!
—gritó Graham.
— ¡Y quizá el amor!
—dijo Legolias, nadie respondió.
— ¡Y yo me llevaré mi pala por si acaso!
—dijo Meryl, lo que todos consideraron lógico.
Así, la verdadera expedición estaba por comenzar…
con una réplica en la mesa, una maldición de hambre eterna, y una niña con sueños imperiales, atrapada en clases de teoría mágica y prácticas de forja nivel inicial.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel I tagged this book, come and support me with a thumbs up!
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