Necky y Galf - Capítulo 83
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- Capítulo 83 - 83 Capítulo 6 El cuervo la catacumba y el eco de Meryl
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83: Capítulo 6: El cuervo, la catacumba y el eco de Meryl 83: Capítulo 6: El cuervo, la catacumba y el eco de Meryl El cielo estaba nublado.
Porque todo buen capítulo en un cementerio debe empezar con cielo nublado.
Así lo había decretado el gremio de aventureros, la Academia Arcana Lumiaris, y una subley de la administración de cementerios, escrita por Alara Gravesoul en letra muy pequeña y con amenazas incluidas.
La Comunidad del Anillo de Aria —nombre no oficial, pero insistentemente usado por Gonan— llegó al cementerio de la Ciudad del Comienzo entre cánticos de aventura (cantados por Gonan), pasos decididos (de Xeena), pasos torpes (de Galf), pasos suaves (de Meryl), pasos poéticos (de Legolias) y pasos erráticos (de Graham, que no tiene piernas, pero igual se arrastraba dramáticamente en la vaina de Necky).
— ¡Aquí es!
—dijo Meryl con emoción.
O al menos eso creyó.
En realidad, solo movió los labios y agitó un poco las manos.
Nadie la oyó.
Pero ella lo intentó.
Por todos los huesos sagrados, lo intentó.
En lo alto de la reja del cementerio, un cuervo de tamaño moderadamente ominoso sostenía un anillo dorado en el pico.
Sus ojos brillaban como si supiera que tenía algo importante…
o como si solo quisiera ver el mundo arder.
Lo segundo era más probable.
— ¿Estás bien, Meryl?
—preguntó Galf, que interpretó su murmullo como un suspiro temeroso.
— N-no, yo…
el cuervo…
—intentó decir, con voz de paloma triste.
— Tranquila, yo te protegeré —dijo Galf, sacando su espada prestada, que ya había visto más goblins que afilados.
— ¡A las catacumbas!
—bramó Graham, desde la cadera de Necky— ¡Donde los valientes encuentran la muerte, los héroes encuentran la gloria y los cobardes…
encuentran excusas!
— ¡Silencio, Graham!
—gruñó Necky— Estoy tratando de concentrarme en lo que puedo robar…
digo, recolectar…
¡por motivos científicos!
Guiados por la luz intermitente del báculo de Grandalf, que tenía un botón de encendido tan difícil como una cerradura maldita, la comunidad descendió a las catacumbas.
— ¡Esta maravilla arcana tiene tres modos!
—explicó Grandalf, mientras apretaba botones al azar— Iluminación mágica, fogata de emergencia y…
¡ah, este es para repeler polillas!
Una ráfaga de chispas ahuyentó a una polilla que probablemente era un espíritu ancestral.
Graham la despidió con un verso innecesariamente dramático.
Las catacumbas eran una red laberíntica de tumbas, cámaras, estatuas medio rotas y pasillos que olían a piedra, humedad y recuerdos mal resueltos.
— Nadie quiere abrir las tumbas…
—suspiró Grandalf.
— ¡Yo sí!
—dijo Necky, alzando la mano como en clases.
—Después de todo, ¿qué clase de catacumbas serían sin un poco de saqueo estructurado y educativo?
— ¡Maldita seas, Archinecromante!
—gritó Graham con júbilo— ¡Esto es exactamente lo que esperábamos de ti!
Necky sacó su bisturí de bolsillo, su libreta de hechizos, una cuchara (por si encontraba médulas), y se puso a trabajar.
Mientras tanto, Meryl observaba, nerviosa.
Las catacumbas estaban siendo vilipendiadas, saqueadas, ultrajadas…
y eso que eran propiedad de su madre.
De su madre.
De.
Su.
Madre.
— Nos va a enterrar vivas —murmuró con resignación, mientras agarraba con fuerza su pala.
— ¿Dijiste algo, Meryl?
—preguntó Galf.
— Que…
que nos está quedando lindo —respondió, pálida como un lirio sepulcral.
Después de una hora de revisarlo todo, de abrir criptas que probablemente no debían abrir, de recolectar huesos “académicos”, y de activar accidentalmente un par de maldiciones menores que solo provocaban hipo y visión borrosa, el grupo se quedó en silencio.
Un silencio absoluto, tan profundo que incluso Graham se quedó callado por un segundo y medio.
— Bueno…
—dijo Grandalf—.
Parece que no hay nada aquí.
El anillo no está.
¿Ideas?
Y fue entonces, solo entonces, cuando, gracias al eco y la tranquilidad y el raro estado de no-bullido de Gonan, la voz de Meryl se escuchó con claridad: — El cuervo… en la entrada… tenía el anillo en su pico… Hubo un silencio largo.
Inmóvil.
Como si el universo se hubiera detenido a escuchar a Meryl Gravesoul.
Nadie se movió.
— ¿Perdón?
—dijo Legolias, como si la estatua de piedra acabara de hablarle.
— ¡El cuervo!
—dijo Meryl, alzando la voz por primera vez en décadas— ¡En la entrada!
¡Tenía el anillo!
Y entonces comenzó el caos.
Todos salieron corriendo.
Gonan gritando ¡POR VEHELLA!, Xeena lanzando órdenes, Grandalf golpeando su báculo contra las paredes para que encendiera en modo turbo.
Graham aullaba que era hora de la segunda ronda de la guerra de los anillos.
Galf tropezó con una lápida.
Necky se llevó una calavera “por si acaso”.
Meryl caminó detrás, resignada.
Al salir del cementerio, lo vieron.
El cuervo.
El mismo.
El infame.
El traidor emplumado.
Con el anillo aún en su pico, batiendo alas como si supiera que era el centro de atención.
— ¡Síganlo!
—gritó Graham— ¡Conviértanse en leyenda!
— ¡Ese cuervo va hacia el norte!
—exclamó Legolias.
— No, al oeste —dijo Xeena.
— ¡Hacia arriba!
—gritó Gonan.
— ¡Es la montaña innecesariamente alta!
—dijo Grandalf con solemnidad.
— ¿Otra vez?
—dijo Galf, jadeando.
Y desde la distancia, entre la maleza, Krakk los observaba.
Montado sobre los hombros de su maestra Grugash, con una sonrisa afilada.
— Lo tienen.
El anillo.
Lo han visto.
Pero aún no lo comprenden… —susurró, con un brillo rojo en los ojos.
— ¿Estás hablando contigo mismo otra vez, Krakk?
—preguntó Grugash.
— ¡Soy el futuro rey goblin, debo practicar mis monólogos!
— Claro, claro… pero si no cazamos ese cuervo, te vas a quedar sin trono y sin anillo.
Y sin cena.
Krakk tragó saliva.
— ¡Rápido, tras él!
¡Que la guerra por el anillo… continúe!
REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!
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