Necky y Galf - Capítulo 93
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- Capítulo 93 - 93 Capítulo 10 El Oráculo del Otoño Eterno y la Palabra Perdida
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93: Capítulo 10: El Oráculo del Otoño Eterno y la Palabra Perdida 93: Capítulo 10: El Oráculo del Otoño Eterno y la Palabra Perdida Tras cruzar los senderos cambiantes del Bosque de los Elfos Brillantes, la Comunidad del Anillo llegó a un claro donde los árboles parecían inclinarse hacia una estructura ancestral de piedra, cubierta de hojas doradas, musgo centenario y telarañas estratégicamente colocadas para la estética dramática.
—¿Este es el Oráculo del Otoño Eterno?
—preguntó Galf, sacudiéndose una rama del cabello.
—Eso… o una fuente pública muy artística —musitó Meryl, abrazando su pala.
Necky se adelantó emocionada, con Graham vibrando en su vaina.
—¡Oh, Oráculo!
¡Deposito ante ti mi deseo de sabiduría y dirección!
¡Guíanos hacia el anillo!
¡Mi precioso!
La piedra crujió, se encendieron unas luces misteriosas en forma de runas, y el Oráculo murmuró con voz profunda, antigua y ligeramente nasal: —Dígame, amigo… para recibir mi ayuda.
Un silencio reverente se extendió entre los miembros de la comunidad.
—Bueno —dijo Galf—.
Quizá hay que preguntarle por favor.
—¿Qué tipo de frase mágica es esa?
—gruñó Xeena, cruzándose de brazos—.
¿Dónde quedó el misterio ancestral?
—¡Yo sé qué es!
—gritó Gonan, y se acercó golpeando su pecho—.
¡POR VEHELLA!
¡DAME TU AYUDA, PIEDRA SABIA!
El Oráculo no reaccionó.
Aunque una de las telarañas se cayó.
—Tal vez hay que bailar —sugirió Graham—.
Una danza de la amistad, con trompetas y fuego.
¡Yo puedo componer algo ahora mismo!
—¿Una clave?
¿Una contraseña?
¿Un acertijo filosófico?
—se preguntaba Legolias, con los ojos entrecerrados por miopía y orgullo élfico—.
Debe ser una metáfora sobre la efímera naturaleza de la vida… —¿”Amigo”?
—aventuró Necky—.
¿Pero en qué idioma?
¿Abyssal?
¿Infernal?
¿Draconiano?
¿Lengua de las ardillas?
—Claramente es élfico —dijo Graham, levantando su voz con autoridad que nadie le pidió—.
¡Todo lo sabio viene en élfico!
¡Hasta el menú del comedor mágico está en élfico cursivo!
—Eso no tiene ningún sentido —resopló Necky—.
¡Los elfos no construyen oráculos, los limpian!
Silencio.
Todos miraron a Merlinia, esperando que su infinita sabiduría (autoafirmada) resolviera el enigma.
Ella respiró hondo.
Si decía algo y fallaba… ¡la vergüenza sería eterna!
¡Sus varitas podrían rechazarla!
¡Su reputación se marchitaría como una capa sin almidón!
Fue entonces cuando un giro de viento levantó hojas en espiral y, entre el resplandor dorado del atardecer, apareció…
Grandalf el Grisáceo, envuelto en su capa innecesariamente larga, su pipa chispeando humo con forma de runas élficas y su báculo apuntando al cielo como si quisiera opinar del clima.
—Ah… ¡el Oráculo!
—murmuró, frotándose la barba—.
Recuerdo este mecanismo.
Lo ayudé a construir cuando mis sombreros aún no medían medio metro.
Merlinia lo miró de reojo.
—¿Sabes cómo abrirlo?
—Yo…
tengo una teoría.
Pero…
Ambos sabios se miraron.
Entendían el riesgo.
Si uno se equivocaba y el otro no… la derrota sería absoluta.
—¿Juntos?
—sugirió Grandalf.
—No me gusta trabajar en equipo.
Pero acepto —dijo Merlinia, acomodándose la capa con elegancia estratégica.
Se acercaron al Oráculo.
Grandalf preparó su voz.
Merlinia alzó su varita para acompañar con efectos de iluminación.
—¡Amigo!
—gritaron juntos, en todos los idiomas que conocían.
—¡Amigo en élfico!—¡Amigo en enano!—¡Amigo en abismal!—¡Amigo en élfico cursivo!—¡Amigo en latín mágico del medievo ilustrado!
Y en medio de aquel caos, una runa en el centro del Oráculo brilló intensamente, y la puerta de piedra se abrió con un sonido musical…
como si un coro de barítonos invisibles cantara un acorde triunfal.
—¿Cuál funcionó?
—preguntó Xeena, boquiabierta.
—¡Amigo en élfico!
—gritó Graham con entusiasmo.
—¿Cómo sabes eso?
—preguntó Necky.
—¡Lo inventé recién!
Pero suena convincente, ¿no?
Grandalf y Merlinia, aún sudando por el esfuerzo y la tensión, se giraron lentamente… y asintieron.
—Sí, sí… amigo en élfico.
Claro.
Por supuesto —dijo Merlinia, disimulando.
—Eso era exactamente lo que yo iba a decir —susurró Grandalf, abanicando con su sombrero para enfriar su pipa.
Y así, mientras nadie notó la verdad gracias a los gritos de Graham, la entrada secreta al Valle del Cuervo se reveló ante ellos.
La comunidad avanzó con paso firme y dramático… aunque Graham seguía tarareando su “himno de la amistad en élfico improvisado”.
Continuará…
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