Necky y Galf - Capítulo 99
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- Capítulo 99 - 99 Corto 11 “La bendición de la matriarca”
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99: Corto 11: “La bendición de la matriarca” 99: Corto 11: “La bendición de la matriarca” El sol apenas asomaba tras las colinas cuando Aria Gravesoul ya tenía los ojos bien abiertos.
Bueno, uno, el otro aún peleaba contra el sueño con fiereza.
Entre bostezos y emoción contenida, saltó de la cama, sus rizos castaños ondeando al viento como si fueran una capa épica.
—¡Maeriiil!
¡Hoy es el segundon encurnto de sabr…
sabe…
cosas sabias!
¡Y voy a ir!
¡A competir!
—exclamó mientras corría por la habitación con los calcetines al revés.
Desde la otra habitación, Maeril, su fiel y eternamente agotada criada, ya tenía el uniforme listo: túnica negra, ojeras pintadas con precisión quirúrgica y su colmillo reluciente, recién pulido.
El “estilo Gravesoul” no se improvisaba: se ejecutaba con excelencia… aunque fuera en miniatura.
—Muy bien, señorita Aria.
Quédate quieta o te voy a pintar las ojeras hasta la nuca —advirtió con la brocha en mano, mientras Aria hacía pucheros para disimular su emoción.
—Es que hoy tengo que ganarle a todos, incluso a Graham, la espadita gritona.
¡Yo también tengo sabiduría, Maeril!
¡Mucha!
¡Y frases!
Como… como… “Quien tiene colmillo mágico…
tiene colmillo mágico”.
Maeril la miró en silencio.
—Profunda —dijo, y siguió pintando.
Una vez lista, con su pequeña capa ondeando tras de sí y Fluffy perfectamente alisado esperando en el jardín, Aria tenía una última parada antes de partir: el salón de la matriarca Gravesoul.
Caminó por los interminables pasillos de la Mansión Gravesoul, donde las sombras parecían inclinarse reverencialmente a su paso.
Las puertas se abrieron solas, como si entendieran la importancia del momento.
Allí estaba Alara Gravesoul, sentada en su sillón oscuro con una taza de té negro que probablemente llevaba más cafeína que agua.
Su cabello perfecto, su postura inquebrantable.
A su lado, informes de cementerios y diagramas de nuevas criptas con jardines minimalistas.
—Vengo a pedir tu bendicción… bendicín… ¡tu apoyo, mamá!
—dijo Aria alzando su manita enguantada con solemnidad.
Alara, sin levantar del todo la mirada, respondió con esa voz que podría congelar un volcán: —¿Llevas ojeras?
—Sí —respondió Aria, alzando el mentón.
—¿El colmillo pulido?
—¡Reluce más que la luna en noche de necromancia!
—dijo, y Maeril asintió con timidez.
Alara dejó la taza en su platillo con su habitual elegancia.
Se levantó lentamente y caminó hacia su hija.
En el jardín trasero, Fluffy, la mantícora domesticada, espantaba a unos cuervos que osaban posar sus patas en el mausoleo familiar.
—Sabes lo que pienso de exhibiciones públicas, Aria —dijo Alara, ajustándole un mechón de cabello.
—Y de competencias.
Y de desorden.
Y de perder el tiempo.
—Sí, mamá —dijo Aria bajando un poco la cabeza.
—Dicho eso —continuó Alara, inclinándose levemente para colocar su mano en la cabecita de su hija—, eres una Gravesoul.
Ve, hazles saber que incluso nuestros juegos de infancia tienen más elegancia que sus tratados de sabiduría.
—¿Esa es tu bendicción?
—No.
Es mi maldición —dijo Alara con una media sonrisa fantasmagórica.
—Ve y destrózalos, querida.
Aria sonrió de oreja a oreja.
Maeril se inclinó en una reverencia impecable.
Y juntas, subieron a Fluffy, que bufó con elegancia, alzó el vuelo entre chispas de garras y restos de jardín arrancado, rumbo al Segundo Encuentro de Sabiduría.
Desde lo alto del balcón, Alara las observó perderse en el cielo.
Suspiró apenas, y volvió a su té.
—Ahora tendré que diseñar un mausoleo para almacenar trofeos…
—murmuró.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES circulonovel Creation is hard, cheer me up!
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