Night Shadow - Capítulo 19
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19: Los vigilantes 19: Los vigilantes Hace diez años, en la ciudad Rocota 47, Adrián, teniendo cinco años, corre por la gran ciudad con una pelota.
—Adri, cariño, ven aquí— dice una mujer, acercándose a él.
—Vale, mamá— corre hacia ella.
Ella le agarra la mano y pasan junto a una pastelería.
—Mamá mamá, mira— señala un pastel.
—¿Compramos uno?
—Está bien, pero será para después de comer.
El niño grita de la alegría al escucharla y ella sonríe cálidamente.
Entran y compran el pastel.
Al salir, ven a una familia compuesta por un padre, una madre y una hija.
—Mamá, ¿cuándo volverá papá del trabajo?
—Sabes que tiene mucho trabajo, volverá tarde… otra vez— dice lo último en bajo, frunciendo el ceño.
Vuelven a casa y él se dirige a su habitación.
Coge un pequeño dispositivo que al encenderlo, crea un holograma de un videojuego.
Escucha a su madre discutiendo.
Sale de su cuarto y la espía, viéndola hablar con un holograma de un hombre con una armadura tecnológica.
—¡¿Qué mierda haces que sea más importante que tu hijo?!
—¡Sabes que estoy trabajando, si no fuera por mi trabajo no habría dinero!
—¡No pasas casi por casa!
¡Adrián ni se acuerda de la cara de su padre!
—¡Adrián lo entenderá cuando crezca!— exhala.
—Mira, este trabajo es importante, gracias a él protejo la ciudad.
—¡Sabes que no les importas!
En el momento que muestres debilidad te desecharán como basura.
No vale la pena ser un simple policía.
—Sabes que una vez dentro de los vigilantes no hay vuelta atrás.
Me matarán si…— tose sangre.
—¿Cariño, estás bien?
—Sí, solo es un nuevo tratamiento.
Adrián se acerca a su madre.
—Mamá, ¿quién es él?
—Oh, hola, Adrián.
Soy yo, papá— su nariz y ojos empiezan a sangrar.
Adrián sale corriendo asustado de vuelta a su cuarto.
—Kael, no te molestes en volver— suspira.
—Dime cuánto te queda.
—Dijeron que máximo dos años.
Lo siento, debí contártelo— se cierra la transmisión.
Días después, Kael aparece en casa con un ramo de flores pero nadie le recibe.
Adrián y su madre están en un vehículo, frente a la casa.
—Conduce a esta dirección— dice ella al conductor, dándole una dirección.
Una vez que Adrián cumplió los doce años, se unió al departamento de policía como becario.
Al volver a casa, encuentra a su madre con una mirada inexpresiva.
—Hola, mamá.
He conseguido un puesto como becario en la policía— muestra entusiasmo.
Ella le mira con una sonrisa y se acerca.
—¿Has conseguido un puesto como becario?
Qué bien, cuándo empiezas.
—Empiezo mañana a primera hora.
Ella le abraza con fuerza.
—Está bien, cariño, pero no te acerques a los Vigilantes.
—No lo haré.
A la mañana siguiente, en el centro de la ciudad, Adrián se presenta frente a unos hombres uniformados.
—Oh, ya has venido— dice uno de ellos, dándole la bienvenida.
—¿Qué haremos hoy’ —Hoy iremos a inspeccionar un laboratorio.
Tenemos reportes de que se ha colado gente en él.
—Está bien, vayamos rápido.
Suben a un vehículo y llegan rápidamente al laboratorio.
Al entrar encuentran a un grupo de personas con grandes trajes tecnológicos con marcas visibles de desgaste.
—¿Qué hacen aquí los vigilantes?— piensa Adrián.
—¿Qué hacéis aquí?
Se supone que solo son ocupas, ¿no?
—Tenemos otras órdenes— dice un Vigilante, entregando un documento.
—Parece que está todo en orden— observa los documentos.
—¿Entonces nos escoltaréis?
El vigilante asiente y todos entran en las instalaciones.
Caminan por un largo pasillo con muy poca iluminación.
—Disculpa, ¿falta mucho?
Llevamos caminando bastante rato— no recibe respuesta de parte de ningún vigilante.
—Eh, tú, la lata andante.
—Esto es raro, ¿no se supone que los vigilantes se encargaban de cosas más serias?— piensa Adrián.
De pronto se detienen y los vigilantes les apuntan con sus armas.
Todos se sorprenden e intentan sacar sus armas.
Se escuchan fuertes disparos y todos los miembros de policía están muertos en el suelo, excepto Adrián, que huye del lugar pero es fácilmente atrapado.
—¡Soltadme!
Le apuntan frente a su cabeza y de pronto, un gancho atraviesa el cuerpo del guardia que le lleva hacia atrás, entre la oscuridad.
Todos disparan a esa dirección y de la oscuridad emerge una criatura con forma humana y gran parte de su cuerpo es cibernético y trozos de piel humana en algunas de sus extremidades.
Se abalanza sobre los vigilantes, masacrándolos uno por uno.
Una vez que masacra a todo el escuadrón, corre por el pasillo, encontrando una sala en la que se encuentran varios científicos y un hombre con una banda en su ropa.
Adrián corre hacia la criatura y la encuentra de espaldas.
Dispara múltiples veces hasta que se queda sin munición.
La criatura se da la vuelta y sus ojos demacrados sueltan lágrimas mientras su cabeza cae.
Una silueta de ojos brillantes y sonrisa macabra le mira, detrás de la criatura, teniendo múltiples cadáveres detrás.
Las luces se apagan por un segundo y la criatura desaparece junto la silueta.
Adrián coge un trozo de armadura de los vigilantes.
—Maldito…—dice con odio.
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