Night Shadow - Capítulo 30
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 30: Descubrimiento
La semana siguiente, Hats y Asmodeus están sentados en el sofá de Andrew. Alex les observa, sentada en una esquina del sofá mientras da un largo sorbo a un zumo de naranja. Andrew está de pie frente a ellos, caminando en círculos.
—No lo entiendo, se supone que una maldición no se puede deshacer sola, ¿no?— dice Andrew, nervioso.
—¿Qué sucede, Val?— pregunta Hats.
—Todo está yendo mal. La maldición…
—¿Qué pasa con ella?
—No está, ha desaparecido de la nada.
—¿Eso no es bueno? Bueno, sin ella podremos estar juntos sin riesgos, ¿verdad?— pregunta Alex.
Andrew se acerca a ella y le agarra los hombros.
—En ese sentido es bueno pero mira— le enseña su mano vendada. —Si alguien lo descubre, estamos muertos, sobre todo ahora que sé lo fuerte que es Astaroth. Los dioses son más poderosos que él y si vienen no podré detenerlos.
—Entonces averigüemos cómo nació tu maldición— sugiere Asmodeus.
—El más adecuado para saber sobre tu maldición es el soberano de Helheim, Hades— responde Hats.
—¿Pero no era Hela la reina de Helheim?— pregunta Andrew.
—Sí, pero no creo que quieras que ella te mate al instante, además, Hades es más… sociable.
—Entonces hablaré con él.
Crea un portal que atraviesa antes de que alguien diga alguna palabra.
Acaba en Helheim, un reino gélido y sombrío con una gran niebla que cubre el lugar. Él observa que en los lados hay una gran valla de un material parecido a las dagas de Astaroth y Alex. Se da la vuelta y ve con dificultad por la espesa niebla un gran castillo hecho del mismo material que las vallas.
—Bien, ahí está.
Da un sprint para llegar rápido hasta que encuentra cientos de almas caminando en línea recta por el camino. Él da un salto y su cuerpo se prende en llamas y vuela a gran velocidad al castillo.
A lo lejos, una silueta se ve de pie con los brazos cruzados sobre un fino palo. Múltiples cadenas brotan del suelo, atrapando a Andrew al vuelo. El fuego de su cuerpo se desvanece ya que las cadenas absorben lentamente sus llamas.
—Qué mierda— piensa Andrew.
—¡¿Cómo osas venir aquí, Babel?!
—¡Te buscaba a ti precisamente! ¡He oído que sabes sobre maldiciones!
El hombre se acerca volando, vestido con un traje elegante negro con detalles púrpuras en la vestimenta; su pelo blanco suelto se mueve ligeramente mientras se acerca. Levanta el brazo y en su mano se manifiesta un bidente (lanza de dos puntas que se asemeja a una horquilla) en su mano. Le señala con él mientras el iris azul intenso de sus ojos brilla ligeramente al estar cerca de Andrew, lanzándole una mirada que muestra duda y curiosidad.
—¿Qué te ha traído a Helheim, “Rey de los infiernos”?
—Necesito que me des algunos conocimientos sobre una maldición en específico.
Ambos intercambian una mirada fija que crea tensión en el ambiente. Hades ve la determinación en su mirada y muestra una ligera sonrisa.
—Está bien, estoy dispuesto a ayudarte— aparta su bidente.
Las cadenas se desvanecen, dejando caer a Andrew.
—Entremos al palacio para que podamos conversar plácidamente.
—Bien— se pone en pie. —Me estoy helando, seguro no vienen mucho por aquí.
Se dirigen al castillo.
—Entiendo que este lugar tiene un ambiente… algo muerto— responde Hades.
—Por lo menos tienes a alguien para romper el hielo.
Al cabo de unos momentos, llegan a la sala del trono, donde varias columnas se alinean junto a una larga alfombra; en las columnas se hayan candelabros con tres velas encendidas con una llama azul. Hades se sienta en su trono con calaveras talladas en sus laterales.
—Antes de que te ayude, quiero que primero nos divirtamos un poco.
—Está bien, ¿qué quieres que haga, Hades?
—Un reto digno para un rey, te enfrentarás a mi cancerbero.
La sala empieza a temblar y tras las puertas se nota una poderosa presencia.
—Mira, ya viene a jugar— dice Hades, apoyándose sobre el reposabrazos.
Andrew se da la vuelta, estando cara a cara con la puerta.
Andrew presta atención a la presencia tras la puerta. Bajo ellas aparece una extraña neblina que cubre parte de la sala. Las puertas se abren, revelando tras ellas a un gran perro de tres metros, tres cabezas y un gris pelaje; sus rojos ojos observan a su alrededor hasta encontrar a Andrew. Muestra sus puntiagudos y afilados dientes mientras empieza a salivar.
—Lindo perrito— adelanta la mano como si tratase con una bestia. —¿Tienes hambre? ¿Quieres un huesito?
—Creo que eso no te llevará al camino que deseas— dice Hades, observando.
El cancerbero levanta la pata e intenta aplastarle pero Andrew se echa a un lado. La otra pata le alcanza el costado, lanzándole contra una columna y se dispone a envestirle. Un portal aparece entre ellos, enviando fuera del castillo a la macota de Hades.
—A pesar de que el combate fue muy corto y no cumplió con mis expectativas, tu ingenioso compensó la brevedad— dice Hades, aplaudiendo.
—No estoy acostumbrado a enfrentarme a cosas tan grandes.
—Es evidente que tú preferirías enfrentar a alguien que sea de tu talla— se pone en pie. —Si efectivamente esa es la situación… enfréntate a mí— dice con determinación.
El bidente de Hades se manifiesta a su lado y él lo empuña, colocándolo detrás de su antebrazo.
—Si eso hace que me des la información— responde mientras sus pupilas se alargan.
Hades se acerca caminando y Andrew crea una espada de fuego que empuña a dos manos. Ante la visible distancia, se acerca lentamente.
—Cualquier error puede ser el último— piensa y traga saliva.
En un pestañeo, Hades reduce inmediatamente la distancia, arremetiendo contra él con su bidente pero es bloqueado con dificultad.
—Vamos, aclárame si esto se relaciona de alguna forma con mi hermano Zeus.
—Él no tiene que ver en esto— insiste.
—En tu mirada, hay una oscuridad que parece revelar emociones ocultas— da un puñetazo al bidente, creando más presión sobre él y echando atrás a Andrew. —Dime qué es lo que realmente te trajo aquí— su tono es serio.
La herida en la mano de Andrew se abre, empapando de sangre las vendas. Con su mano sana, sujeta firmemente la espada.
—Ya dije por qué he venido, no tengo intenciones ocultas. Conseguiré esa información cueste lo que cueste— hay una gran determinación en su mirada.
El fuego de su espada se intensifica y él adopta una postura que adelanta el brazo de la espada, colocándolo frente su rostro. Hades ligeramente sonríe por su respuesta.
—En respuesta a tu determinación, te responderé a la altura de tu determinación utilizando todo mi poder.
Junta sus manos, sosteniendo fuertemente el bidente y éste desaparece lentamente, dejando una consistente esfera de oscuridad.
—¡Tengo una maldición!— grita Andrew.
Hades baja la guardia y la esfera desaparece.
—Más bien, estaba.
—¿Qué maldición?
—Era un símbolo en el pecho y parece que me daba inmortalidad; por eso vine a que me maldigas.
—Entiendo, ansias la inmortalidad completa— se queda pensando. —No puedo, tienes demasiada maldad en el alma.
—¡Y tú qué sabrás sobre mí, ni que fueras mejor que yo!
La sala se queda en silencio unos segundos. De repente, Hades aparece frente a él y le da una bofetada que le lanza contra una pared, agrietándola.
—No te atrevas a hablarme con ese tono— le mira por encima del hombro con una mirada fría.
Se dirige a su trono y se sienta en él.
—Deberías informarte mejor antes de hablar de mí. No soy rey de Helheim y dios del Infierno por lo que tú crees.
Tras la caída de Cronos hace eones; Hades, Poseidón y Zeus vuelven al Cielo, donde ángeles y dioses estaban esperándoles y vitorean sus nombres. Zeus se proclama ante ellos como el dios más poderoso y su rey, mientras, sus hermanos mayores, con varios rasguños, le observan detrás suyo.
—Hermano Hades, ¿permitiremos que Zeus se lleve todo el mérito? Nosotros vencimos más titanes— reclama Poseidón, sosteniendo su tridente.
—Tranquilo, hermano, solo deja que se regocije por el combate anterior.
Ambos se van del lugar, dejando a Zeus disfrutar de sus vitoreos.
Días más tarde, los tres se reúnen en una sala de operaciones. Poseidón y Hades están vestidos elegantemente mientras que Zeus viste solamente una toga atada desde el hombro hasta la cintura, cubriendo una parte del pecho y tapando sus muslos.
—Podrías usar algo más decente para esta reunión— afirma Poseidón, mirándole con desprecio.
—Métete en tus asuntos, hermano— le mira con superioridad.
—¿Y si lo solucionamos ahora?— empuña su tridente.
—Veamos cómo lo haces— sostiene un rayo dorado.
Hades golpea el suelo con su bidente y el cielo se oscurece, llamando la atención de los dos dioses. El suelo queda ligeramente agrietado.
—Creo que deberíamos empezar la reunión— sugiere Hades con una sonrisa.
Una sensación extraña se apodera de ellos al ver la sonrisa de su hermano mayor.
Tras el espectáculo de Hades, los tres hermanos deciden repartirse el universo: Cielo, océano e Inframundo. Zeus decide controlar el Cielo, dejando a Poseidón indeciso de qué elegir.
—Yo me encargo del Inframundo— afirma Hades.
—¿Seguro, hermano?— pregunta Poseidón, sorprendido.
—No te preocupes, yo soy el mayor, por lo que asumiré esa responsabilidad. No dejaré que mis hermanos tenga que pasar por ello— su determinación y seguridad ilumina la mirada de Poseidón.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com