Night Shift at the Konbini - Capítulo 17
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17: Noche 17: Hibiki Dog Part.1 17: Noche 17: Hibiki Dog Part.1 3:11 AM — La Hora en que los Fetiches Huelen a Limpiador de Pisos El Konbini olía a desinfectante barato y a vergüenza adolescente.
Miyu entró arrastrando a una chica que parecía un perro asustado a punto de desmayarse: cabello marrón oscuro corto y desordenado, como si le hubiera pasado un huracán por la cabeza, ojos rojos y aguados como si fuera una niña pequeña contenido el llanto, uniforme sailor fuku negro impecable igual al de Miyu, lentes de lectura negros empañados, y una randoseru roja tan fuera de lugar como un pingüino en una estación de policía.
—¡Hiroto-san!
—Miyu empujó a la chica hacia el mostrador—.
Ella es Hibiki-chan, es una de mis amigas, también necesita ayuda con matemáticas.
—Hibiki escondió la cara tras su cuaderno, que temblaba como un bebe en un huracán.
Aoi, sentada en el refrigerador de bebidas con un pudín en la mano, levantó una ceja.
—¿Trajiste una NPC de visual novel?
¿Viene con ruta romántica incluida?
—E-e-es solo…
m-matemáticas…
—murmuró Hibiki, ajustando sus lentes con dedos temblorosos.
—No.
—dije, limpiando una mancha de café que ya era parte del mostrador—.
Pídele a Aoi que la ayude.
Ella sabe sumar y restar.
—¡Pero tú eres mejor!
—Miyu puso el cuaderno frente a mí.
La primera página decía “Problema 1: Si tengo 5 lápices y me quitan 2, ¿Cuántas lágrimas derramo?”.
Sin comentarios.
—¿Es una broma?
Esto parece un problema de primaria.
—pregunté, señalando el problema.
Hibiki asintió, roja como un tomate en microondas.
—N-no…
no lo entiendo…
—Cinco menos dos es tres.
—dije, devolviéndole el cuaderno—.
Compren algo y se van.
—¡También hay fracciones!
—Miyu abrió una página al azar: 1/2 + 1/3 = ?.
—Esto es estúpido.
—contesté.
Hibiki gimió.
Aoi saltó del refrigerador, acercándose como un tiburón olfateando sangre.
—¿Qué ocurre Hibiki-chan…?
—susurró, rodeándola—.
¿Acaso te sientes mal?
Hibiki retrocedió hasta chocar con un estante de Pocari Sweat.
—N-no…
yo solo…
—Hiroto-kun~.
—Aoi me lanzó un marcador—.
Enseña.
Con feeling para que Hibiki-chan entienda.
La siguiente media fue una prueba de paciencia.
—Si divides 3/4 entre 2, es 3/8.
No 3/4 menos 2, al menos ve bien el problema para comenzar.
—gruñí, mientras Hibiki garabateaba números al azar.
—L-lo siento…
—susurró, hundiéndose en su silla.
Después de una hora mi paciencia estaba al límite.
—¿En serio crees que 1/5 + 1/5 es 2/10?
—apreté el puño alrededor del marcador—.
Eso es como decir que dos gatos hacen un perro.
Hasta una niña de primaria podría hacer esto.
Hibiki emitió un sonido entre gemido y risa nerviosa.
Sus mejillas brillaban rojas bajo las luces fluorescentes.
—¡U-um…!
Aoi, que había estado observando en silencio sentada desde el mostrador, inclinó la cabeza.
—Hibiki-chan…
—Aoi habló en voz alta—.
¿Te gusta que Hiroto-kun te insulte?
El cuaderno de Hibiki cayó al suelo.
—¡N-no!
—gritó, pero sus piernas se cerraron con fuerza.
—¿En serio…?
—Aoi sonrió, maliciosa—.
Tus orejas están más rojas que la sangre de Hiroto.
¿En serio no quieres que el te llame inútil otra vez?
—¡A-Aoi-san!
—Miyu intentó intervenir, pero Aoi ya tenía a Hibiki acorralada contra la máquina de café.
—¿O prefieres que te llame basura sin sentido?
—susurró Aoi a su oído, mientras Hibiki jadeaba—.
Tonta, fracasada, mierda con patas…
Hibiki gimió, agarrando su randoseru como escudo.
—B-basta…
—No~ —Aoi le sopló en la oreja—.
Eres una inútil…
Entonces ocurrió.
Un charco creció bajo los pies de Hibiki, empapando su uniforme impecable y goteando sobre el piso.
El sonido del líquido golpeando el suelo fue tan fuerte como un disparo.
Todos nos quedamos inmóviles.
—Ah.
—Aoi retrocedió, nariz arrugada—.
Esto no lo esperaba.
Hibiki sollozó, cubriéndose la cara.
Miyu gritó, corriendo hacia los pañuelos.
Y yo, descubrí que incluso un perdedor puede quedarse sin palabras.
A las 4 AM, mientras limpiábamos el desastre con trapos y silencios incómodos, Aoi murmuró: —Creo que me pasa un poco.
—Sí.
—dije, rociando desinfectante sobre la mancha de Hibiki—.
Pero al menos aprendió matemáticas.
Miyu, aún pálida, apretó el randoseru de Hibiki (había huido sin él) contra su pecho.
—Lo siento…
ella no es así, solo…
—No importa.
—Aoi lanzó el trapo al suelo—.
Eso fue más divertido de lo que esperaba.
El Konbini siguió oliendo a limpiador, a vergüenza.
Y yo, por primera vez, agradecí que el turno nocturno no tuviera cámaras.
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