Night Shift at the Konbini - Capítulo 22
- Inicio
- Todas las novelas
- Night Shift at the Konbini
- Capítulo 22 - 22 Noche 22 Hibiki Dog Part6
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
22: Noche 22: Hibiki Dog Part.6 22: Noche 22: Hibiki Dog Part.6 2:18 AM — La Hora en que los Finales Felices se Deshacen como Vendas Podridas El Konbini olía a pudín de vainilla y a normalidad.
Durante cuatro noches seguidas, Hibiki había llegado con Miyu, con su sonrisa de buena estudiante, sentándose correctamente en su silla de plástico y bebiendo chocolate caliente sin derramar ni una gota.
Incluso había aprendido a jugar al UNO sin “equivocarse” a propósito.
Miyu rebosaba de orgullo.
Yo, contaba monedas, y Aoi observaba a Hibiki como un policía vigilando a un criminal en libertad condicional.
Esa noche Aoi se movía por los pasillos, bromeando con Miyu sobre sus fantasmas inexistentes, pero evitando cualquier contacto directo con Hibiki como si fuera un error de inventario.
—¡Y entonces el fantasma del pasillo tres —le dijo Miyu, agitando su taza- solo quería que le compraran un Fanta!
¡No era malo, solo… tenia sed!
—Qué patético —murmuró Aoi, pasando junto a Hibiki para alcanzar un paquete de Pocky.
Entonces ocurrió.
Un movimiento rápido, un giro demasiado brusco.
El cuello del uniforme de Hibiki se desplazó levemente, revelando, justo bajo la línea de su mandíbula, una marca violácea, irregular, como un collar de sombra.
Aoi se detuvo.
Sus pupilas se dilataron.
—¿Qué es eso?
—preguntó, señalando el cuello de Hibiki con un Pocky a modo de bisturí.
Hibiki se encogió, llevándose instintivamente la mano al cuello.
—¡N-nada!
Un rasguño… de mi perro.
—¿El Akita Inu que regalaste?
—Aoi soltó una risa fría, sin emoción—.
Qué talentoso, te busco solo para atacante.
Antes de que Hibiki pudiera reaccionar, Aoi cerró la distancia.
Con un movimiento rápido y nada suave, apartó la mano de Hibiki y tiró del cuello de su blusa.
Marca.
Marca.
Marca.
Tres líneas rojas, profundas, cruzándose como cuerdas fantasmas en la piel pálida de su cuello.
No eran rasguños.
Eran surcos violentos.
Miyu dejó caer su taza.
El chocolate caliente se derramó en el suelo, teñiéndolo de marrón oscuro.
—¡H-HIBIKI!
—gritó Miyu, palideciendo como si hubiera visto al fantasma del pasillo tres en persona.
Hibiki retrocedió contra la pared, tapándose el cuello con ambas manos, su respiración se volvió entrecortada.
—¡N-no es nada!
—balbuceó, forzando una sonrisa temblorosa—.
S-solo estaba… probando algo.
¡Cosas nuevas!
¡Como lo del helado de wasabi!
—¿Probando qué?
¿Cuánto puedes contener la respiración antes de morir?
—Aoi cruzó los brazos, su voz era gélida como el congelador de helados—.
¿Esa es tu nueva forma de divertirte, Ojou-sama?
—¡N-no es lo que creen!
—Hibiki agitó las manos, desesperada—.
¡Solo quería… sentir el aire cortarse!
¡Sentirme viva!
El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.
Miyu miraba a Hibiki con los ojos completamente abiertos, llenos de miedo como si no la reconociera.
Yo apreté los puños hasta que los nudillos crujieron.
—¿En serio…?
—pregunté, y mi voz sonó más ronca de lo habitual.
Hibiki me miró, con sus ojos vidriosos los cuales comenzaron a formar lágrimas, como si buscara algo en mi rostro.
—T-tú no querías seguir… —susurró—.
Y yo… no tenía el valor para buscar a alguien más…
Así que… así que probé sola.
—Hizo una pausa, tragando saliva—.
Al principio probé con pellizcos.
Luego… cinturones.
Pero no era igual.
No sentía nada, así que pensé que necesitaba algo… más fuerte.
—¿Y colgarte te pareció una alternativa segura?
—Aoi estalló, avanzando hacia ella y la agarro del cuello de la camisa—.
¿Acaso te falla el cerebro?
¡Eres una Idiota!
¡Estúpida!
¿¡Crees que intentar suicidarse es un pasatiempo!?
¿¡Qué crees que hubiera pasado si te hubieras muerto!?
—¡Aoi-san!
—Miyu intentó interponerse, pero Aoi la apartó empujándola con un movimiento brusco.
—¡No!
¡Se acabó!
¡No quiero esa basura aquí!
—Aoi, soltó a Miyu y señaló la puerta con un dedo acusador—.
¡Si esa cosa quieres matarse por aburrimiento, que lo haga en su departamento de lujo!
¡Lejos de aquí!
¡No quiero basura pudriéndose en mi Konbini!
Hibiki se derrumbó.
Literalmente.
Cayó de rodillas al charco de chocolate frío, sollozando con sus ojos abiertos, sus lentes empañados completamente.
Susurrando palabras sin sentido.
—L-lo siento… no quise… p-por favor… solo… no p-puedo… en serio lo intente… Miyu se arrodilló a su lado, intentando abrazarla, pero Hibiki temblaba como un cable electrificado, su mirada perdida, desenfocada mirando a todos lados y ninguno a la vez.
Era el retrato de alguien al borde del colapso.
—Aoi —dije, y mi voz cortó el aire como un cuchillo—.
Basta.
Ella giró hacia mí, con sus ojos aun encendidos en ira.
—¿Que?
¿ Vas a volverla a insultar para que se sienta viva?
¿Vas a seguirle el juego?
¡Te dije que esto acabaría mal!
—Lo se.
—Me acerqué a Hibiki, ignorando el chocolate que manchaba mis zapatos-.
Pero no podemos dejarla sola así.
Aoi soltó una risa amarga.
—¿Ah, no?
¿Entonces qué?
¿Vas a convertirla en tu mascota oficial?
¿Cómo vamos a llamarla?
¿Hibiki la perrita con collar de lujo?
Hibiki levantó la cabeza al escuchar el apodo, un destello de esperanza en sus ojos llorosos.
—No vamos a echarte de aquí —dije, mirándola directamente—.
Pero vamos a poner reglas.
—¿R-reglas?
—Hibiki tragó saliva.
—Si, si quieres probar algo… cualquier cosa —enfatice las palabras—.
Lo dices primero.
Aoi abrió la boca para protestar, pero la interrumpí.
—Y cualquier prueba, juego, lo que sea se hará aquí.
Bajo supervisión.
Para que no termines muerta por error en un baño.
—¿O sea que…?
—Hibiki respiró hondo, un brillo familiar regresando a sus ojos—.
¿Vas a…?
—No voy a insultarte.
—Corté en seco su ilusión—.
Solo quiero que dejes de lastimarte.
Y ayudarte a encontrar otras formas de… que te sientas real.
El silencio volvió.
Hibiki miró sus manos, manchadas de chocolate y lágrimas.
Luego, lentamente, Miyu se levantó, secándose los ojos.
—¿Real…?
—Miyu murmuró para sí misma como si se le hubiera ocurrido una idea.
—¡P-podemos ver películas de terror!
—propuso, con una sonrisa temblorosa pero genuina—.
¡Así Hibiki-chan se asusta y siente algo… pero seguro!
Aoi miró al techo, como si pidiera paciencia a un ser que no existía.
—Hagan lo que quieran… —gruñó, recogiendo el paquete de Pocky que había dejado caer—.
pero si se muere, la lanzó en el río Sumida y finjo que nunca estuvo aquí.
Hibiki miró a Miyu, luego a mí, luego a Aoi, que evitaba su mirada.
Y entonces, algo inesperado ocurrió: sonrió.
Una sonrisa pequeña, frágil, pero real.
Y luego, rompió a llorar de nuevo, pero esta vez sin desesperación.
Con alivio.
—G-gracias… —susurró, mientras Miyu la abrazaba con fuerza—.
P-prometo portarme bien… A las 4 AM, mientras limpiábamos el desastre de chocolate y seleccionamos películas para el próximo “maratón de terror seguro” (Aoi eligió The Ring “para empezar suave”), observé a Hibiki.
Estaba sentada en su silla, acariciando inconscientemente las marcas de su cuello.
Sonriendo, una sonrisa sueva, como la sonrisa de “alguien” que estuvo a punto de ahogarse en el mar y despertó en su cuarto con la boca llena de agua salada.
El Konbini seguía oliendo a café y estupidez humana.
Pero esa noche, por primera vez, el aire también olía a posibilidad.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com