Night Shift at the Konbini - Capítulo 29
- Inicio
- Todas las novelas
- Night Shift at the Konbini
- Capítulo 29 - Capítulo 29: Noche 29: Takane Ratel Part.1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 29: Noche 29: Takane Ratel Part.1
3:47 AM — La Hora en que los Ratones Huelen el Café Quemado y Corrupción
El Konbini estaba en su punto más muerto. Esa hora en que incluso los borrachos encuentran un lugar donde caer ebrios y los otakus han agotado su presupuesto mensual en figuras de edición limitada. Las luces fluorescentes zumbaban su canción de cuna industrial, y yo, Hiroto, estaba sumergido en la apasionante tarea de contar el dinero de la caja registradora por cuarta vez, solo para evitar tener que hablar con Aoi.
Aoi, como siempre, estaba haciendo de las suyas. Esta vez había encontrado un rotulador permanente y estaba dibujando bigotes a todos los onigiris en el estante de productos a punto de vencer. Sonreía con esa expresión de satisfacción culpable que solo los gatos y las personas verdaderamente aburridas pueden lograr.
—Nyaaa~ Hiroto-kun, ¿crees que alguien comprará un onigiri con bigote? —preguntó, sosteniendo uno como si fuera una obra de arte contemporáneo.
—La gente que compra onigiris a las 4 AM no se detienen a ver si sus productos tienen bigotes —respondí sin levantar la vista del dinero—. Cuando tienes hambre, un dibujo de bigote sabe mejor que un pedazo de plástico recogido de la basura.
—¡Qué lindo! —Aoi se llevó una mano al pecho en un gesto teatral—. Hiroto-kun, el experto del hambre y la desesperación.
El ding de la puerta sonó.
Ambos miramos hacia la entrada, y lo que vi hizo que mi cerebro diera error por un momento.
Cabello negro largo y liso, ojos azules que parecían láseres diseñados para atravesar mentiras, y una sudadera roja con capucha que llevaba como si acabara de llegar a la Antártida y no a un konbini de mala muerte a las 3 AM. Falda de pliegues negra, medias panties que le llegaban hasta sus muslos, y botas militares que parecían listas para patear algo (probablemente a mí).
Takane.
Mi hermana menor
Estaba en la puerta del Konbini con una expresión que mezclaba irritación y algo que, en su lenguaje corporal, podría llamarse “preocupación”. En su mano derecha, una caja de bento envuelta en un paño azul.
—Nii-san —dijo, sin saludar, su voz tan plana y con agresividad contenida. como una hoja de bisturí manejado por un psicópata en rehabilitación—. Eres un idiota.
—Takane —respondí, con el mismo tono plano—. ¿Qué haces aquí?
Se acercó al mostrador con paso firme, ignorando por completo a Aoi, que la observaba con una mezcla de curiosidad y diversión depredadora. Dejó la lonchera sobre el mostrador con un golpe seco.
—Vine por que a un idiota se le olvido la comida. —Me miró fijamente, sus ojos azules escaneando mi rostro como si buscara signos de desnutrición aguda—. Otra vez. por segunda vez esta semana ¿acaso crees que vas a durar mucho a base de café recalentado y la basura que venden aquí? Porque si es así, tienes un problema. Bueno, tienes muchos problemas, pero este es el único con probabilidad de muerte cercana.
—No hacía falta que vinieras por eso —dije, aunque no pude evitar sentir un pequeño nudo en el estómago. Esa mezcla de molestia y… ¿tranquilidad? que solo una hermana menor puede provocar.
—No es como si quisiera hacerlo. —Takane cruzó los brazos—. Mamá me pidió que te lo trajera. Y antes de que digas algo, sí, sabemos que eres un adulto y deberías cuidarte solo, pero como eres un inútil para estas cosas, aquí estoy. Además —sus ojos se desviaron por un segundo—. Tienes mala cara. pareces un perro atropellado. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste de verdad?
Aoi, que había estado observando todo el intercambio con una sonrisa que crecía por segundos, desde los estantes con productos vencidos,, decidió que era momento de presentarse.
—¡Nyaaa~! —canturreó, deslizándose desde el pasillo hasta el mostrador con la gracia de un depredador—. ¿Y esta lindura quién es, Hiroto-kun? ¿Una versión mini de ti? ¿Tu versión de otro universo? ¿Una asistente con funciones de hermana menor?
Takane la miró. Cuatro segundos exactos. Sus ojos azules recorrieron a Aoi de arriba abajo, las coletas rubias, el uniforme del Konbini hábilmente modificado para que la falda fuera más corta de lo permitido, el collar de perro negro, la sonrisa de tiburón. Luego, sin cambiar su expresión de fastidio perpetuo, volvió a mirarme.
—¿Quién es? —preguntó, como si Aoi fuera un mueble que se había movido de sitio.
Aoi parpadeo.
—Ella es Aoi. —Señalé con el pulgar—. Mi compañera de turno.
—¡Exacto! —Aoi saltó para sentarse en el mostrador, justo al lado de la caja de bento que trajo Takane, balanceando las piernas con un movimiento que hizo que su falda se moviera peligrosamente—. ¡La única e inigualable Aoi-chan! Compañera oficial de Hiroto-kun en esta pocilga existencial, reina del humor negro, princesa de los clientes borrachos y…
—Ya veo. —Takane la interrumpió. Una pequeña curva se formó en sus labios. No era una sonrisa. Al menos no una normal. Era una sonrisa burlona, contenida, como si hubiera escuchado el chiste más patético del mundo en vivo.
Aoi parpadeó de nuevo, su sonrisa vacilando por un milisegundo.
—¿Qué? —preguntó, inclinando la cabeza con falsa inocencia—. ¿Te esperabas algo diferente, mini-Hiroto?
—No —respondió Takane, con la misma naturalidad con la que se pide un café—. Creo que Nii-san ya te había mencionado algunas veces en casa.
El ambiente se volvió más frío y salado.
Aoi, siendo Aoi, escucho mucho más de lo que Takane había dicho.
—¿Ah, sí? —Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el mostrador—. ¿Y qué es lo que tu lindo hermanito dice de mí, mini-Hiroto? ¿Que soy su compañera favorita? ¿Qué le alegró sus noches tristes? ¿Que…
—Que eres molesta. —Takane respondió sin pensarlo—. Ruidosa. Problemática. Falsa. —Hizo una pausa, y sus ojos se clavaron en los de Aoi con una intensidad que heló el aire—. Y que deberías estar tres metros bajo tierra.
Silencio.
El tipo de silencio que ocurre cuando alguien apaga el sonido del mundo con un control remoto invisible. Las luces dejaron de zumbar. Las máquinas dejaron de gemir. Hasta el puto cartel de “Abierto 24 Horas” pareció parpadear intentado apagarse.
Aoi se quedó quieta. Su sonrisa no desapareció, se congeló en su rostro como una máscara de cera. Sus ojos azules, siempre tan vivos, tan juguetones, se vaciaron por un segundo. Solo un segundo. Pero lo suficiente para notarlo.
—Takane yo no…
—Que divertido —Aoi me interrumpió. Su voz era suave, casi alegre, pero había un filo debajo que me helo la sangre—. Muy divertido, Hiroto-kun. No sabía que tenías tantas cosas que decir de mí a tus espaldas.
—No es lo que piensas. —sentía como el konbini se volvía mas pequeño e incomodo cada segundo.
—No importa. —continuó, viendo a Takane con una sonrisa que mostraba todos sus dientecitos de tiburón—. Eres más divertida de lo que esperaba mini-Hiroto, pensé que solo sería la típica hermanita tsundere y siscon, que está obsesionada con su Nii-san… —Aunque sonreía su tono era frío y cortante— y que duerme con su foto bajo la almohada… Pero al parecer, tienes una boca bastante peligrosa.
—Así que siscon. —Takane repitió la palabra como si la estuviera probando—. Qué original. No sabía que los adultos mayores seguían usando insultos de niños de primaria.
—Mocosa, solo digo lo que veo. —Aoi señaló la caja de bento—. ¿En serio? ¿Venir hasta aquí a estas horas solo para traerle de comer a tu hermanito? ¿No tienes vida propia? Las calles son muy peligrosas a estas horas ¿Sabes…?
—Solo estoy haciendo una labor social. —Takane no se inmutó—. Se llama “no quiero que mi hermano muera de inanición en un konbini de mierda porque es demasiado idiota para recordar comer”. —Miró a Aoi de arriba abajo otra vez—. Además yo puedo defenderme sola. ¿Y tú? ¿Tienes vida propia o solo existes para adornar mostradores y hacer ruido molestos?
—Takane cállate. —Dije en un intento rápido para detener el posible suicido involuntario de mi hermana menor.
Takane volteó hacia mí, me vio por unos segundo, volteo los ojos de forma exagerada y luego se dirijo a Aoi.
—Está bien —dijo haciendo una pequeña reverencia exageradamente falsa, hasta para mi—. Solo estaba bromeando un poco.
Aoi parpadeó.
—¿Bromeando?
—Una pequeña bromita —repitió Takane, guiñándole el ojo—. Aunque no me malinterpretes. —Hizo una pausa—. Solo eran broma las dos últimas cosas que dije. —Sonrió aún más—. quería ver tu reacción y vaya que fue mejor de lo que esperaba.
—Así que solo las dos últimas…—repitió Aoi, saboreando las palabras—. Qué alivio. Por un momento pensé que también te molestaba mi voz.
—Tu voz es tolerable. Como el ruido de una moto vieja. Molesto al principio, pero supongo que te acostumbras.
Aoi río, pero era una risa hueca, metálica.
—Realmente eres divertida, Mini-Hiroto. Casi tanto como tu hermano cuando intenta fingir que no le importa nada.
—¿Fingir? —repitió, con un tono que sugería que la palabra le quemaba la lengua—. ¿De quien estas hablando? Porque la persona que parece fingir ser una niña llevando un collar de perro y sentándose en mostradores es otra persona.
—Yo… —Aoi intentó contraatacar.
—Bonito collar, por cierto. —Takane la interrumpió antes de que pudiera decir cualquier cosa, inclinando ligeramente la cabeza—. Se parece mucho al que usa nuestro perro. —Una pausa. Sus ojos se estrecharon—. ¿Te lo regalo tu dueño?
Mierda.
El cambio en Aoi fue instantáneo. Su máscara se resquebrajó por un segundo, dejando ver algo frío, oscuro, peligroso. Algo que había visto antes, la misma noche que me mordió la mano.
—No tengo dueño —dijo. Su voz fue plana. Gélida. Cortante como el filo de un cuchillo congelado.
Takane la miró fijamente. Luego, como si nada, sonrió de nuevo.
—Ah, parece que me pase. —Se giró hacia mí, dándole la espalda a Aoi con una tranquilidad que era casi insultante—. Como sea, oye, Nii-san, ¿Qué quieres de comer mañana? ¿Algo con más nutrientes? Porque parece que solo sobrevives a base de fideos y pareces un enfermo.
—Takane…
—Y hablando de sobrevivir —continuó, ignorando mis palabras—. Si quieres llegar con salud mental a los 30 —señaló con el pulgar hacia Aoi—. Te recomendaría buscar mejores pasatiempos. Al menos uno menos peligroso.
Aoi, recuperándose de su momentáneo de desliz.
—¿Ahora también soy peligrosa? —Se rió, pero su risa sonaba diferente—. Que chistoso, no solo eres la repartidora de la familia si no que la mini-Hiroto también viene a proteger a su Nii-san de la chica mala del konbini. ¿También le planchas la ropa y le preparas el bento todas las mañanas?
—Sí. —respondió Takane sin pestañear—. Y también lavo su ropa, aunque él nunca agradece nada. Pero no es por eso que digo que eres peligrosa.
—¿Ah, no? ¿Entonces por qué?
Takane se giró lentamente para mirarla. Sus ojos azules, tan parecidos a los míos pero con un brillo más afilado, se encontraron con los de Aoi.
—Sonríes demasiado. Hablas demasiado. Te mueves demasiado. Solo basta con verte por más de cuatro segundos para notar que no es normal. —Hizo una pausa—. No se que tienes… y no voy a preguntarlo porque no es mi problema, pero sea lo que sea no es nada bueno —negó con la cabeza— ahhh… de todas maneras Nii-san siempre termina metiéndose con chicas que terminan dándonos problemas a todos y tiene que ser su linda hermanita la que tiene que salvarlo.
Aoi se quedó callada. Por primera vez desde que empezó esta conversación, no tuvo una respuesta rápida. Su máscara se mantuvo, pero sus ojos… sus ojos estaban haciendo algo extraño. Parpadearon rápidamente, como si estuviera procesando algo que no esperaba escuchar.
—Oye —dijo Aoi, dirigiéndose a mí, rompiendo el momento, con un tono más real y suave—. ¿Acaso toda tu familia es así?
Takane se encogió de hombros.
—Depende. —Respondió por mi—. Papá era un policía corrupto que hacía negocios con la Yakuza y terminó casándose con mamá quien lideraba un grupo de extorsionadores que chantajeaba a esposas infieles. —Lo dijo con un tono tan casual que parecía estar hablando del clima—. Así que sí, supongo que es algo de familia. Solo espero no terminar con un idiota que se dedique a vender productos falsos.
Aoi parpadeó.
—Estás bromeando ¿no?
—Claro que es broma —respondió Takane, y por primera vez, su sonrisa pareció genuina—. Papá no es corrupto… creo. Y mamá solo es una ama de casa normal. Pero… —se inclinó ligeramente hacia adelante—. Tú no sabías si era broma o no, ¿verdad?
El golpe fue perfecto.
Takane se giró hacia mí, ignorando la expresión de Aoi.
—Bueno, ya te traje la comida. —Ajustó su sudadera—. No la olvides mañana, idiota. Y duerme. Y come algo que no sea veneno de máquina. Y… —miró a Aoi por encima del hombro—. Ten cuidado con tus elecciones de vida. No todo lo que brilla es oro. A veces es solo plástico barato pintado para parecer oro.
—Takane —dije, y mi voz salió más suave de lo que esperaba—. Vete de una vez.
Ella me miró, y por un segundo, su expresión de perpetuo fastidio se suavizó.
—Idiota —murmuró. Luego, en un movimiento rápido, se acercó y me dio un beso en el cachete—. Solo no te mueras de hambre, ¿vale? Sería muy molesto tener que llorar en tu funeral.
Y sin decir más, se dirigió a la puerta. Pero antes de salir, se detuvo. Sin girarse, habló en voz alta, clara, para que Aoi la escuchara.
—Ah, y Aoi-san. —El nombre sonó extraño en su boca, demasiado formal para todo lo que había dicho—. Mi hermano es un idiota. Pero es mi idiota. Si le haces daño… —Hizo una pausa—. Bueno, mi papá tiene algunos conocidos peligrosos. Solo digo.
El ding de la puerta sonó, y Takane desapareció en la noche, dejando tras de sí un silencio más denso que el humo de unos cigarrillos baratos.
Aoi y yo nos quedamos solos. Ella seguía sentada en el mostrador, sus piernas ya no se balanceaban. Yo miraba la caja de bento que Takane me había dejado, sintiendo un nudo en el estómago que no era debido al hambre.
—Vaya —dijo Aoi al fin. Su voz era ligera, pero había algo debajo. Algo que no lograba identificar—. Tu hermana es… divertida.
—Es molesta. —respondí, sin saber qué más decir.
—Lo de tus padres… es mentira ¿verdad? —preguntó, y por una vez, no había burla en su tono.
—Algo así. —Dije dejando escapar un suspiro—. A ellos no les gusta hablar mucho de sus trabajos o de sus vidas antes de nosotros. Aunque Takane solo dice esas cosas. Para ver cómo reacciona la gente.
—Ah. —Aoi se quedó callada un momento. Luego, inesperadamente, se rió. Una risa pequeña, frágil, que no era ninguna de sus risas habituales—. Me gusta. Tu hermana. Es buena.
—No le des mucha importancia, solo estaba molestándote.
—Sí —aceptó Aoi—. Pero es una molestia que se preocupa por su hermano mayor. —Me miró, y sus ojos estaban más serios de lo que habían estado en toda la noche—. Cuídala.
No supe qué responder. Así que hice lo único que tenía sentido en ese momento: abrí la caja de bento que Takane me había traído.
Dentro, arroz con verduras, pescado a la plancha, y una pequeña nota escrita a mano:
“Idiota, come bien. Te quiero (aunque seas un inútil). T.”
Aoi miró la nota por encima de mi hombro.
—Qué lindo —dijo, pero su voz sonaba extrañamente suave.
—Cállate —respondí, cerrandola.
El Konbini siguió respirando. Las luces zumbando. La noche avanzando.
Como siempre
Aunque ahora, alguien sabía de nuestra existencia en este basurero fluorescente. Alguien que había visto en cuestión de minutos, algo que a mí me había llevado noches enteras entender.
Y eso, de alguna manera, era aterrador.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com