Night Shift at the Konbini - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 Noche 3 El Combo de Despedida
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3: Noche 3: El Combo de Despedida 3: Noche 3: El Combo de Despedida Advertencia de Contenido Este capítulo aborda el tema del suicidio de manera directa.
Si este tipo de contenido puede afectarte, considera evitarlo o leerlo con precaución, este capítulo no busca burlarse ni minimizar este tema, sin embargo, lo toca con humor sarcástico y oscuro algo que podría considerarse insensible para algunas personas.
2:03 AM — La Hora en que los Fantasmas del Futuro Visitan los Pasillos del Konbini El Konbini estaba tan silencioso que podías escuchar el crujido de los compresores de las neveras.
Yo, Hiroto, estaba contando monedas (porque el gerente cree que así “nos mantiene productivos”) cuando la puerta se abrió con un ding que sonó más agudo de lo normal.
Entró una chica.
Un uniforme escolar arrugado, ojos hinchados, y esa postura encorvada que grita “el mundo me ha pateado tanto que ya ni siquiera duele”.
Caminó directo al pasillo de suministros domésticos.
―Uh-oh ―murmuró Aoi a mi lado, masticando su chicle con una sonrisa maliciosa fijando sus ojos en la chica.
Pude notar como su sonrisa se congeló por un segundo―.
Apuesto, combo básico: cuerda, pastillas, whisky barato y en realidad ni siquiera sabe cómo funcionan esas pastillas.
―No es gracioso ―dije, aunque sabía que ella no estaba bromeando.
―Si lo es ―respondió, pero ya no sonreía.
Como si la chica siguiera el guion de Aoi camino hacia el pasillo de farmacia, agarró unas pastillas genéricas para el insomnio y luego hacia el pasillo de bebidas.
Una botella de whisky barato.
―¿Crees que sabe que el whisky con las pastillas sabe horrible?
―Cállate.
La chica llegó al mostrador y dejó los artículos con manos temblorosas.
Como si fuera una compra normal.
Como si no estuviera planeando dejar un cadáver hinchado colgando del techo de su cuarto.
Aoi sonrió.
Pero no era su sonrisa usual.
Era esa sonrisa hueca como si estuviera viendo una mala comedia un sábado por la noche o como si estuviera a punto de ver un asesinato en vivo.
―¡Irrashaimaseeeen~!
―cantó, demasiado alegre para la situación―.
¿No quiere también unos Pocky para acompañar?
La muerte con hambre es incómoda.
La chica parpadeó.
―¿Q-qué?
―Es broma, es broma~ ―Aoi agitó una mano―.
Pero en serio, ¿ya lo planeaste bien?
Porque los nudos son difíciles de hacer.
Y lo peor es que, si falla, terminas con daño cerebral y después apareces en las noticias de la mañana.
―A-Ah…
No es lo que piensan…
Es para una amiga.
―Oye, si va a hacer esto, al menos inventa algo creíble.
―suspire metiendo el Whisky en la bolsa―.
“Es para un proyecto de la escuela”, o “mis padres me pidieron hacer las compras”.
La chica se quedó callada viendo el suelo como si quisiera desaparecer.
―Además ―añadió Aoi, escaneando las pastillas con un beep que sonó irónicamente alegre―.
¿Estás segura de que no quieres añadir unos Pocky o un helado gratis?
Claro, es gratis si mueres antes de que se derrita.
La chica parpadeó de nuevo, confundida.
―¿En serio…?
―Ella quiere decir ―intervine, apoyándome en el mostrador con una sonrisa cansada―.
que, si vas a hacer una estupidez, al menos disfruta de algo dulce primero.
―No se burlen de mí….
―replicó la chica, con voz quebrada―.
¿Qué van a saber ustedes?
Mi vida es una basura…
la escuela, mis padres todos…
todos…
―Ah, ¿no?
―Aoi se recargó en el mostrador, jugueteando con su collar de perro, interrumpiendo a la chica―.
Bueno, yo lo intenté cuatro veces, pastillas, tijeras, usando medias hasta pantimedias bueno, en realidad serían cinco pero el salto del puente solo me dejó con la ropa empapada.
El aire se puso pesado.
Yo no dije nada.
Porque, ¿Qué mierda se supone dices en esa situación?
Ella miró a Aoi, buscando mentiras.
Pero no las había.
―…¿Por qué?
―preguntó, con voz temblorosa.
―Porque unos idiotas en mi escuela decidieron que mi cuerpo era de uso público.
―dijo Aoi, sonriendo como si estuviera contando un chiste―.
Pero mira, aquí estoy.
¿Sabes por qué?
Porque, nadie que se quiera morirse de verdad compra un combo suicida en un Konbini.
Si de verdad quisieras morirte, ya estarías muerta.
…
Sentí un nudo en la garganta al escucharla.
La chica se quedó quieta.
Luego, sus manos empezaron a temblar.
―…Solo quiero que todo esto termine…
―susurró―.
Los exámenes, las discusiones, los problemas….
―Exacto.
―dijo Aoi, estirándose para agarrar un paquete de Pocky―.
Entonces cómprate esto en vez de esas cosas.
El azúcar es mejor para la mente.
Y más barato.
La chica miró los dulces.
Luego las pastillas.
―¿Y si todo sigue igual?
―preguntó la chica, con voz temblorosa.
―Entonces vas a terapia, aunque eso sale más caro que el whisky.
―dije―.
O cambias de escuela.
o te vas de tu casa.
o robas una identidad y te mudas a otro país.
Las opciones son infinitas, mientras aún respires, claro.
―¡O te unes a un grupo idol underground como yo!
―agregó Aoi, sonriendo―.
Aunque eso casi cuenta como otra forma de suicidio.
Ella miró sus manos.
A nosotros, A las cosas que iba a comprar dentro de la bolsa o tal vez no está viendo nada de eso realmente.
Después de unos segundos sonrió como si se hubiera dado cuenta de lo absurdo de todo.
Miró hacia los dulces exhibidos cerca del mostrador.
―…¿Cuál es el más dulce que tienen?
Aoi le pasó una barra de chocolate con forma de gato.
―Este.
Te garantizo que es mejor que el whisky barato, ese solo te deja vomitando en el baño a mitad de la noche.
La chica lo tomó junto a los Pocky.
Pagó.
Y al salir, por un instante, creí ver algo casi parecido a una sonrisa en su rostro…
o tal vez era un efecto del cansancio del turno nocturno.
Finalmente, el Konbini volvió a su silencio habitual.
…
……
4:24 AM ―Lo de los compañeros que te tocaban…
―dije al fin, porque soy un experto iniciando conversaciones y no podía sacarme eso de la cabeza.
―Nyaaa~ ¿Preocupado por mí, Hiroto-kun?
¡Qué tierno!
―respondió, recuperando su tono burlón―.
No importa, esos idiotas ya ni pueden recordar mi nombre.
Además, si me hubiera muerto, no estaría aquí para molestarte.
¿No sería trágico?
―Sí, pero por razones distintas.
―¡Qué malo!
―se rio, saltando para sentarse en el mostrador―.
Pero, ya ves.
Al final, nadie se quiere morir, las personas solo quieren ver morir sus problemas o que alguien les diga que la vida puede ser una mierda, pero al menos hay dulces.
―No estoy bromeando, Aoi.
―mi voz sonó más grave de lo que quería.
Ella se quedó quieta y por primera vez en la noche, su sonrisa se desvaneció.
―…No pasó nada grave.
Solo me tocaron algunas veces.
Pero…
―sus dientecitos de tiburón brillaron bajo la luz fluorescente-.
Cuando uno intentó ir más lejos, le arranqué un dedo de un mordisco.
―hizo un gesto con su boca como si mordiera algo invisible―.
Crunch.
Sangre por todas partes.
Los profesores se dieron cuenta de todo, y a ellos los expulsaron, nunca llegaron a…
ya sabes, hacerme eso.
Fin de la historia.
―…Ah.
―No te preocupes, Hiroto-kun.
―su sonrisa regresó, pero era más suave, casi real―.
Estoy bien.
No supe qué responder.
Así que le pasé un Pocky.
―Toma.
Para que no hagas algo estúpido.
―¡Uy!
¿Esto es un regalo de Hiroto-kun?
¿Debería guardarlo para siempre?
―Cállate y cómelo.
―Nyaaa~ ¡Así me gusta!
Y así, entre bromas estúpidas, la noche siguió.
Porque al final, eso es lo que hacemos: reírnos de las cicatrices para no recordar que alguna vez sangraron.
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