¡Nivelación Interminable Hecho Bien! - Capítulo 374
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Capítulo 374: Algo que guardaba como sagrado en su corazón
—Mi Señora, por favor, reconsidérelo —dijo Eleanora en un tono serio—. No debe acercarse demasiado a Alex Stratos. No solo su estatus es demasiado bajo, sino que la organización también le ha echado el ojo.
—Eleanora, ¿crees que Alex es una persona muy talentosa? —preguntó Evangeline mientras miraba por la ventana de su habitación, que tenía vistas al jardín de la academia.
—Mi Señora, si se refiere a talento para causar problemas, entonces sí, Alex Stratos es muy talentoso, extremadamente —respondió Eleanora—. En otras palabras, es talentoso para lo que no debe. Le aconsejo encarecidamente que desista de cualquier intento por acercarse a él.
—Entonces, ¿crees que es una persona muy capaz? —inquirió Evangeline.
—Creo que ya he respondido a eso en su primera pregunta, Mi Señora —suspiró Eleanora.
Evangeline asintió. —Tienes razón. Lo que me lleva a la conclusión de que es alguien digno de ser reclutado. Es una opción atraerlo bajo nuestro estandarte, ¿no?
—Estoy muy segura de que Mi Señor no opina lo mismo que usted, Mi Señora —declaró Eleanora.
—¿Tú crees? —Evangeline sonrió débilmente—. Como sea, si pensamos diferente, que así sea. Mi padre y yo no nos llevamos muy bien, así que su opinión no importa de todas formas.
Eleanora ardía en deseos de reprenderla y decirle que si alguien más de su organización oyera lo que acababa de decir, sin duda pensaría que se había vuelto loca.
Las palabras de un Ejecutivo eran como la ley dentro de su organización.
Cierto, había cuatro personas así, pero su número no cambiaba el hecho de que eran la fuerza motriz que hizo crecer a los Adoradores de Demonios hasta convertirla en la organización que es hoy.
—Mi Señora… por favor. No haga esto. Solo se buscará problemas.
—Ya puedes irte, Eleanora. Te llamaré cuando necesite de tus servicios.
El tono de Evangeline fue firme, haciendo que Eleanora se estremeciera.
Aunque era un año mayor que su Señora, su antigüedad no significaba nada dado el estatus de Evangeline dentro de la organización.
—Como desee, Mi Señora —respondió Eleanora antes de irse a regañadientes—. Pero si me permite recordárselo, Mi Señora, Alex ya está metido hasta el cuello en problemas con nuestra organización. Incluso si logra ponerlo bajo su ala, usted no tiene el poder para evitar que los otros miembros lo tomen como objetivo.
Después de decir todo lo que tenía que decir, Eleanora finalmente salió de la habitación.
Cuando estuvo segura de que su doncella se había ido de verdad, un suspiro escapó de los labios de Evangeline.
Aún podía recordar aquel fatídico día, ocho años atrás, cuando intentó escapar de su hacienda por primera vez.
El tiempo había empeorado y se encontró frente a una ventisca que reducía la visibilidad a cero.
En busca de un lugar seguro donde refugiarse, continuó caminando.
Después de lo que pareció una eternidad, vio una mansión a lo lejos y se dirigió apresuradamente en esa dirección.
Por desgracia, justo cuando se acercaba a la puerta, sus fuerzas finalmente la abandonaron y se desplomó en el frío suelo.
La nieve se fue acumulando lentamente sobre ella, y lo único que pensó en ese momento fue: «Tengo hambre y frío».
Fue entonces cuando alguien vino a su rescate y la ayudó a levantarse del suelo.
En ese momento, el hambre la había hecho delirar, así que, al oler el intenso aroma a sangre del chico que la ayudó, no dudó en abrazarlo con fuerza antes de clavarle los colmillos en el cuello.
Esa fue la primera sed de sangre de Evangeline, y la sangre del chico fue la primera que probó en su vida.
Sus poderes vampíricos cobraron vida entonces, permitiéndole recuperar sus fuerzas y sus sentidos.
Al darse cuenta de lo que había hecho, se sintió confundida y horrorizada de sí misma.
Justo cuando estaba a punto de entrar en pánico, el chico le dio unas suaves palmaditas en la espalda y la cabeza.
—¿Has terminado de alimentarte? —preguntó el chico—. ¿Ya te has calmado? Si es así, entremos en la casa. Hace frío aquí fuera.
Con una fuerza que sobrepasaba su edad y su cuerpo, el chico llevó en brazos a Evangeline al interior de la mansión.
La dejó con cuidado cerca de la chimenea y luego arrojó unos cuantos leños dentro para caldear aún más la habitación.
Evangeline miró a lo lejos, rememorando aquella escena aún vívida en sus recuerdos.
Un recuerdo que cambió su vida en más de un sentido.
———
—¿Cómo te llamas? —preguntó el chico después de cubrir a la niña con una manta.
—Evangeline —respondió Evangeline—. ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?
—Aetherius Alexian Vademont —respondió Aetherius con orgullo—. ¡Ese es mi nombre! ¡Recuerda el nombre de tu Príncipe!
—¿Mi Príncipe?
—Así es. Soy un Príncipe. Has bebido mi sangre, así que tienes que pagarla. ¿Tienes dinero?
—N-no tengo dinero…
Aetherius se puso las manos en la cintura. —Eso no es bueno. Mi sangre es muy valiosa. Según mi tío, una gota de mi sangre equivale a cien mil monedas de oro.
Una leve sonrisa apareció en los labios de Evangeline al recordar esta parte de su memoria. Había estado tan asustada entonces, sin saber cómo podría pagarle.
—No te preocupes, hay una forma de que me lo pagues —declaró Aetherius—. De ahora en adelante, serás mi sirvienta. Te daré comida y alojamiento gratis. Tu paga se descontará para saldar lo que me debes.
—¿Sirvienta? —frunció el ceño Evangeline—. ¿Me convertiré en tu sirvienta?
—Así es —asintió Aetherius—. Quien no trabaja, no cobra. Me quitaste sangre, así que me debes dinero. Pero como no tienes, debes trabajar para poder pagarme. Es de sentido común, ¿sabes?
—Pero…
—Ni peros ni nada. Ya he decidido que serás mi sirvienta.
Y así, Evangeline comenzó su deber como la sirvienta del Príncipe. Pero el entrenamiento que recibió no fue solo para servir a alguien.
Le enseñaron a leer y a escribir, así como la etiqueta apropiada de la nobleza.
Evangeline también estudiaba codo con codo con Aetherius, bajo la atenta mirada de su tío, a quien Evangeline había aprendido a llamar Tío Luthor.
Por alguna razón, Luthor no le preguntó a Evangeline sobre su origen ni de dónde venía.
Simplemente la aceptó tal como era y la trató como a su propia nieta.
Pasaron dos años, y aquellos años fueron probablemente los más felices de la vida de Evangeline.
Aunque hubo muchos altibajos en el camino, como cuando bebía la sangre del Príncipe cada vez que era incapaz de reprimir su sed de sangre, aun así vivió feliz en aquella mansión situada en una zona remota de la montaña.
Pero todo lo bueno llega a su fin. En su caso, fue el día en que el padre de Evangeline apareció después de no haberla visto durante aquellos dos preciosos años que ella consideraba sagrados en su corazón.
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