¡Nivelación Interminable Hecho Bien! - Capítulo 415
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Capítulo 415: Un contrato con el Diablo
La clase de alquimia de Alex acababa de terminar y, cuando salió, se encontró con una escena peculiar.
Daisy, Dim Dim y Rex, el lobo del bosque, estaban en su patrulla habitual; nada fuera de lo común.
Excepto por la inesperada adición a su alegre grupo.
Con una regadera en la mano, un anciano caminaba junto a ellos. Pero lo divertido era que tanto Dim Dim como Luthor llevaban gafas de sol de gánster.
Como Luthor era ciego, Dim Dim pensó que darle al anciano una de sus gafas de sol le haría parecer genial. Luthor aceptó más que feliz el regalo del pequeño bollito, y se las puso sin pensárselo dos veces a pesar de no saber qué aspecto tenían.
El anciano todavía era nuevo en la academia, así que Dim Dim pensó que sería una buena idea darle un recorrido por la academia. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que seguir sus rutas de patrulla habituales?
Para Dim Dim, ¡esto era como matar dos pájaros de un tiro!
—Buenas tardes, Sir Lex —saludó Alex al anciano—. Buenas tardes, Daisy y Rex.
—¡Muuuuu!
—¡Grrrr!
Dim Dim parpadeó una, y luego dos veces, antes de señalarse a sí mismo. Claramente, también quería que le dieran las «buenas tardes», igual que a sus amigos.
—Buenas tardes, Dim Dim. —Alex no pudo más que sonreír ante las travesuras del pequeño bollito. Pero su saludo hizo que Dim Dim sonriera felizmente, haciendo que su esfuerzo valiera la pena.
—Dim Dim y sus amigos son tan amables de darme un recorrido por la academia —dijo Luthor—. Debo decir que este es un buen lugar.
Aunque el anciano seguía en los huesos, llevar las gafas de sol de gánster le hacía parecer uno de esos tíos entrañables que quieren impresionar a la generación más joven.
—Es un buen lugar, Sir Lex —asintió Alex—. Bueno, entonces. Aún tengo que ir a mi otra clase, así que los veré más tarde.
Alex se apresuró a caminar en dirección a los Campos de Entrenamiento de Caballeros Mágicos, pues no quería llegar tarde.
Luthor no quería dar la impresión de que él y Alex eran extremadamente cercanos, así que le pidió a Dim Dim que continuara con su recorrido por la academia.
Justo cuando estaban a punto de dirigirse a los jardines, el anciano se detuvo y luego miró hacia su derecha.
Evangeline, que se apresuraba a ir al Campo de Entrenamiento de Magos de Combate, saludó a Dim Dim antes de pasar de largo.
El anciano no dijo nada, pero sintió claramente que la joven no era una humana normal.
«Huele como Nero», pensó Luthor. «… ¿Será posible?».
Tras una breve vacilación, Luthor le preguntó a Dim Dim por la joven que lo había saludado.
—¡Dim Dim!
—¿Su nombre es Evangeline?
—¡Dim!
—… Ya veo.
Luthor estuvo medio tentado de correr tras la joven y hacerle algunas preguntas. Sin embargo, decidió que hacerlo sería una mala idea.
Ella todavía tenía clases, y lo último que quería que pasara era que el Profesor Rowan le diera la lata por acosar a una de sus estudiantes.
—¿Puedes contarme más sobre ella, Dim Dim? —inquirió Luthor—. Solo con lo que sepas es suficiente.
Dim Dim se detuvo un momento y le contó al anciano lo que sabía de Evangeline.
El pequeño bollito dijo que la joven era uno de los miembros más nuevos de su club, Horizonte Infinito, y que le gustaba mirar a Alex de forma sutil.
—Interesante. —Luthor se acarició la barba como si esa fuera la única información que necesitaba para confirmar su teoría—. Bien, volvamos a nuestra patrulla, ¿de acuerdo?
—¡Dim Dim!
Y con eso, el grupo de cuatro recorrió una vez más la academia, ayudando a Luthor a familiarizarse con el campus.
Decidió que no había necesidad de apresurarse a confirmar sus sospechas, ya que podría atraer una atención innecesaria sobre él.
El Profesor Rowan le había preguntado antes si Luthor podía sentir el aura interna de una persona, a lo que él admitió que sí.
—Ve y encuentra a algunos espías de los Adoradores de Demonios en la academia —dijo el Profesor Rowan—. No tienes que capturarlos. Solo recuerda su aura y ayúdame a identificarlos cuando vuelvas.
El Director mencionó que había habido una serie de sucesos relacionados con los Adoradores de Demonios, que tenían como objetivo a los estudiantes de la academia.
El Profesor Rowan también mencionó que estos incidentes habían implicado varias veces a los estudiantes que lo habían encontrado en el Paraíso de Slimes, lo que llevó a Luthor a tomarse esta misión en serio.
Lo último que quería era que los Adoradores de Demonios le hicieran la vida miserable a «Su Alteza» en la academia, así que planeaba arrancarlos a todos de raíz.
Aunque Evangeline era técnicamente una de ellos, el anciano tenía otros planes.
No sería exagerado decir que él, el Príncipe Aetherius, Evangeline y Nero compartían una relación complicada.
Luego, le preguntó sutilmente a Dim Dim si Alex y Evangeline eran cercanos.
La respuesta de Dim Dim fue que no eran tan cercanos, pero que parecía que Evangeline quería ser muy amiga de Alex.
«¿Es el Destino obrando? —reflexionó Luthor mientras caminaba junto a sus nuevos colegas—. Aun así, podría ser ventajoso para Alex forjar una buena conexión con Evangeline».
Aún podía recordar a los dos niños jugando juntos en aquella remota villa hacía muchos años.
Los dos habían sido cercanos, extremadamente cercanos, y Luthor incluso consideró la idea de que ambos pudieran convertirse en pareja en el futuro.
Sin embargo, había un problema.
Era Nero.
Aunque no lo demostraba en la superficie, se preocupaba por su hija a su manera.
Solo permitió que Evangeline se quedara con ellos en la villa en aquel entonces porque había estado ocupado recorriendo el continente para ocuparse de varios asuntos de la organización.
Mientras continuaban su recorrido, Luthor notó que varios de los estudiantes, así como un Profesor, tenían una presencia muy oscura e imponente.
Claramente, pertenecían al grupo terrorista que le habían pedido que rastreara.
Cuando terminó su recorrido, Dim Dim escoltó a Luthor de vuelta a la Gran Torre antes de dirigirse a la granja de Fran para comer con sus amigos.
—Bienvenido de vuelta, Sir Lex —saludó Himea al anciano, que acababa de entrar en la torre.
—Hola, Himea —respondió Luthor antes de que un ceño fruncido apareciera en su rostro—. Jovencita, asegúrate de no escuchar a ese pequeño diablo en tu hombro. Es por tu propio bien.
—Gracias por el consejo, Señor —replicó Himea—. ¿Le gustaría tomar café o té?
—Café —respondió Luthor mientras observaba la oscura presencia sentada en el hombro de la joven.
Su «segunda vista», que había perfeccionado durante muchos años de ceguera, le permitía ver las cosas con más claridad que aquellos que aún tenían visión.
No tenía idea de cómo Himea podía actuar con tanta calma frente a él. El diablo que le susurraba al oído había colocado noventa y nueve cadenas alrededor de su alma, la señal del contrato que había formado con él.
—¿Rowan sabe de esto? —inquirió Luthor de pasada mientras seguía a Himea.
—El Director lo sabe —respondió Himea—. Fue lo bastante amable como para permitirme quedarme en la academia a pesar de mis circunstancias.
—Ya veo. —Luthor se acarició la barba—. ¿Es un contrato unilateral?
El diablo que estaba sentado en el hombro de Himea le hizo muecas al ciego, las cuales este ignoró.
—Es unilateral —respondió Himea—. Pero el que sale perdiendo en el trato es El Diablo.
—¿Ah, sí? ¿Conseguiste engañarlo? —Luthor no creyó ni por un minuto las palabras de la joven.
¿Cómo podría, cuando había tantas cadenas firmemente enrolladas alrededor del alma de la joven?
Parecía que El Diablo le tenía mucho aprecio y no estaba dispuesto a dejarla ir.
—Bueno, las condiciones estaban a mi favor —replicó Himea.
La joven también sintió que el anciano no creía sus palabras, pero no le importaba lo suficiente como para explicarle sus circunstancias.
Después de llevar a Luthor de vuelta a su habitación, Himea regresó a la suya.
Esta noche iba a ser una noche de sufrimiento para ella, pero era el precio que pagaba gustosamente para hacer realidad su deseo.
—Ese viejo está lleno de mierda —refunfuñó el Pequeño Diablo en el hombro de Himea.
—Bueno, qué se le va a hacer —respondió Himea—. Es que tienes mala reputación.
—¡Conspiración unilateral! —se burló el Pequeño Diablo.
Himea ya no quiso continuar esta conversación porque el dolor comenzaba a aparecer. Entonces, se tumbó en su cama y se acurrucó en posición fetal, soportando el dolor que se había infligido a sí misma.
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