¡Nivelación Interminable Hecho Bien! - Capítulo 537
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Capítulo 537: El final de un cuento de hadas [Parte 1]
Aún podía recordar la vez que Alex y yo luchamos contra el Señor Demonio, Vanaac, en su Mar de Conciencia.
Habían pasado siglos, pero cada vez que cerraba los ojos, el recuerdo se reproducía en mi mente con gran nitidez.
Habíamos ganado esa batalla, pero el precio que pagamos fue dolorosamente alto.
Cuando la batalla terminó, Alex cayó en coma durante un mes entero. Si no fuera porque seguía respirando, aunque apenas, habría pensado que de verdad había muerto.
El miedo que sentí entonces no podía describirse con palabras. Perderlo no habría sido diferente a perder a mi última familia.
Cuando abrió los ojos un mes después, yo estaba eufórica. Aunque debió de sentirse débil en ese momento, lo primero que hizo fue sonreírme y saludarme con un «Buenos días, Fran».
Solo eso derritió el miedo y la ansiedad de mi corazón, como el hielo en un caluroso día de verano.
Por desgracia, esa felicidad no duró mucho.
El alma de Alex resultó gravemente herida en esa lucha, y eso redujo drásticamente su esperanza de vida.
Diez años.
Solo pudo seguir con vida durante diez años, y en ese tiempo, pasamos juntos cada hora que estuvimos despiertos.
También fue la época más hermosa y dulce de mi vida.
Comparada con su mísera esperanza de vida, la mía era larga… de cientos de años.
Juntos, enterramos los cuerpos de los miembros de nuestro grupo y por fin les dimos descanso.
Entonces comenzaron nuestros diez años de vida en común.
Por alguna razón, tanto Alex como yo sabíamos que solo le quedaban diez años de vida.
Quizás fue gracias al Anillo de Gaia. Después de que Alex y yo nos uniéramos para enfrentarnos a Vanaac, nuestra conexión se hizo tan fuerte que los secretos que habíamos guardado en lo más profundo de nuestros corazones fueron revelados al otro después de luchar juntos dentro del Mar de Conciencia.
¡Ese cabrón baboso se burló de mí repetidamente cuando descubrió que la razón por la que siempre me metía con él era porque estaba colada por él!
Fue el momento más vergonzoso de mi vida, pero él tampoco era quién para hablar. También descubrí que a él, en secreto, también le gustaba que yo me metiera con él.
Bueno, no se podía evitar, ¿verdad?
¡Era un Hada muy linda, y que yo me metiera con él debía considerarse un honor!
Los años de felicidad pasaron muy rápido, y antes de que nos diéramos cuenta, Alex cumplió veintidós años y yo, dieciocho.
Para entonces, solo le quedaban cinco años de vida. Pasamos esos cinco años felizmente juntos, cultivando nuestros sentimientos mutuos.
Por supuesto, las diferencias raciales eran un obstáculo. Simplemente había cosas que no podíamos hacer debido a la diferencia de tamaño.
Aun así, besarnos, acurrucarnos y ver juntos el amanecer, el atardecer y las estrellas fue una experiencia verdaderamente romántica.
Pero todo esto cambió después de que cumplí los dieciocho años.
El Anillo de Gaia había desbloqueado uno de los rasgos extremadamente raros de mi especie, y ese era el de ajustar mi tamaño.
Cuando me enteré de esta habilidad, decidí darle una sorpresa a Alex.
La expresión de su rostro cuando cambié de tamaño para que coincidiera con mi edad como humana no tuvo precio.
Al principio se frotó los ojos varias veces, pensando que estaba alucinando o que yo había lanzado algún tipo de hechizo de ilusión para que me viera así.
Sin embargo, cuando extendió los brazos para atraerme hacia su pecho y me abrazó con fuerza, por fin se dio cuenta de que lo que sostenía era real.
Quizás, esa fue también la primera vez que mi corazón latió tan deprisa. Incluso sentí que estaba a punto de salírseme del pecho.
Entonces compartimos un beso apasionado… el más dulce que compartimos juntos.
Y en la noche de ese cambio milagroso, él y yo finalmente nos convertimos en uno solo.
Nunca en mi vida pensé que llegaría a experimentar algo así.
Las Hadas no nacían como los humanos.
Nosotras simplemente cobrábamos existencia en lugares con un alto poder mágico o en sitios donde el poder de la naturaleza prosperaba con fuerza.
Las Hadas nacían igual que las flores florecen por primera vez en su vida.
Estas flores se nutrían del poder de la naturaleza o de cualquier lugar con altas concentraciones de poder mágico.
Dependiendo del entorno, la naturaleza del Hada también era diferente.
Las Hadas que nacían cerca de los volcanes eran Hadas de Fuego.
Las que nacían bajo el agua eran Hadas de Agua.
Y yo nací de la naturaleza, así que era un Hada del Bosque.
Pero yo no compartía la mentalidad de mis compañeras hadas, que se contentaban con vivir sus vidas en el bosque.
Deseaba ver más del mundo, así que cuando me encontré con Medina, Ron y Carlo en una de sus expediciones en el bosque donde nací, decidí ir con ellos a ver el mundo humano.
Fue entonces cuando conocí a Alex y donde comenzó nuestro viaje como grupo.
Verlo crecer de adolescente a un buen joven me hizo sentir feliz de haber estado con él durante todo el camino.
Y con los sentimientos que nos profesábamos, nuestros días… y nuestras noches se habían vuelto más memorables que nunca.
Mi único arrepentimiento fue no poder darle un hijo.
Pues eso no era algo que se pudiera hacer, ni siquiera con el poder de los Anillos de Gaia.
Aun así, me atesoró hasta su último aliento.
Incluso prometió que haría todo lo posible por nacer como hada y encontrarme lo antes posible.
Después de ese último beso que compartimos, finalmente exhaló su último aliento, muriendo con una sonrisa en el rostro.
Medina me dijo una vez que despedirse de un ser querido era difícil.
Sin embargo, también añadió que era igual de difícil para los que se quedaban atrás.
Aferrándome a la promesa de Alex, soporté la soledad de los años que pasaban.
Siempre miraba el epitafio que me había pedido que escribiera en su lápida. Esperaba desesperadamente que uno de estos días apareciera como lo prometió, para que pudiéramos vivir una vida llena de felicidad por segunda vez.
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