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No era amor - Capítulo 1

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1: CAPÍTULO 1 1: CAPÍTULO 1 La pesadilla nunca cambiaba; era una marea negra que solo se desvanecía cuando el mundo real, con su luz blanca y aséptica, golpeaba sus párpados.

Livie apoyó la frente contra el cristal frío del coche.

Afuera, las luces de la autopista se estiraban como hilos de oro líquido sobre un fondo de asfalto oscuro.

En su mente, la imagen de siempre: el polvo suspendido en el aire, un vestido de flores sucio de tierra y el llanto silencioso de una niña de cinco años.

Se veía a sí misma aferrada a un niño en un porche cuya madera crujía bajo sus pies.

—No me olvides, Livie —susurró la voz en su memoria, una voz que sonaba a despedida y a promesa rota.

—No sé cómo llamarte…

—respondió ella en su recuerdo, con la garganta apretada.

—Llámame tu amigo para siempre.

Era el único fragmento que su mente había decidido conservar de su pasado.

Un niño sin rostro, un nombre que se perdió en la amnesia infantil y en la urgencia de una mudanza que se sintió como una huida.

Livie no lo sabía entonces, pero aquella tarde en el porche fue la primera vez que aprendió a reconocer el sabor amargo de la pérdida.

—¿Estás escuchando, Olivia?

—La voz de su padre, cargada de una autoridad ensayada, la trajo de vuelta al presente.

Livie parpadeó, enfocando sus ojos verdes en el espejo retrovisor.

El internado Stirling Academy apareció entre la bruma como un castillo de piedra gris y disciplina férrea.

Era un sistema de élite que prometía moldear líderes, pero Livie sabía la verdad: era una fábrica de moldes donde la personalidad era el primer sacrificio.

—He dicho que tu madre y yo esperamos que este semestre sea diferente —continuó su padre, deteniendo el coche frente a la imponente puerta principal—.

No más salidas nocturnas, no más…

“expresiones artísticas” en las paredes de la escuela.

—Eran murales, papá.

Tenían un mensaje —murmuró ella, ajustándose la cazadora de cuero.

—Aquí el único mensaje es el éxito —intervino su madre, acomodándole un mechón de su pelo negro azabache con un gesto mecánico—.

Recuerda, esta es tu oportunidad.

No más incidentes.

Livie suspiró, sintiendo el peso de las expectativas sobre sus hombros.

—Entendido.

No más ser yo misma.

Got it.

Al bajar del auto, el aire olía a pino y a dinero viejo.

Mientras sus padres se perdían entre el papeleo y el ajetreo de las maletas, ella se quedó atrás, tratando de memorizar la arquitectura impersonal de su nueva prisión.

Estaba absorta en la altura de los techos cuando, de repente, chocó contra algo sólido.

Un muro de tela impecable.

—¡Oh!

Lo siento mucho —exclamó Livie, agachándose instintivamente para recoger sus llaves.

Al levantarse, se topó con un par de ojos color miel que la observaban con una mezcla de sorpresa y deleite.

El chico era notablemente más alto que ella, de una pulcritud casi insultante, con el cabello castaño perfectamente peinado y unas pecas sutiles que suavizaban su mandíbula marcada.

—No te preocupes —dijo él.

Su voz era profunda y cálida—.

Es mi culpa por estar parado donde hay belleza.

Livie no se sonrojó; en su lugar, entornó los ojos.

—Vaya, qué ingenioso.

Deberías usar esa línea para tu ensayo de admisión —replicó ella—.

Estoy segura de que aquí aprecian mucho los clichés de manual.

¿O te dan créditos extra por cada frase de película romántica que logras encajar en una conversación?

El chico soltó una risa suave, genuina.

—Ángel.

Mi nombre es Ángel —dijo él, extendiendo una mano—.

Y el tuyo debe ser Prohibida, porque mis padres me advirtieron que no hablara con extraños tan interesantes.

Eres nueva, ¿verdad?

Ese cuero grita “no pertenezco aquí”.

—Livie.

Y si me disculpas, Ángel, tengo que ir a entregar el poco alma que me queda en el dormitorio antes de que el comité de bienvenida me confisque la chaqueta —respondió ella, ignorando su mano con una sonrisa ladeada.

—Nos volveremos a ver, Livie —afirmó él con una seguridad que la irritó—.

Stirling es pequeño para alguien con esos ojos.

El ala de los dormitorios olía a cera para muebles.

Al entrar a la habitación 302, el silencio fue roto por un grito de emoción.

—¡Habemus compañera!

—Una chica de cabello rosa fucsia saltó de una cama llena de cojines—.

¡Dime que no eres una de esas chicas que se levantan a las cinco de la mañana a hacer yoga!

Soy Maya.

—Soy Livie.

Y lo único que hago a las cinco de la mañana es dormir o cuestionar mi existencia —respondió, dejando su maleta en la única cama vacía.

Desde la otra esquina, una chica con gafas de montura gruesa y un libro titulado Teoría del Caos levantó una mano lánguidamente.

—Soy Chloe.

Ignora a Maya, es como un Golden Retriever con exceso de cafeína.

Yo soy la que se encarga de que no nos expulsen la primera semana…

o de que, si lo hacen, sea por algo legendario.

Maya se acercó a Livie, examinando su cazadora de cuero con admiración.

—Me gusta tu estilo.

Muy “voy a quemar este lugar si me obligan a usar el uniforme”.

Escucha, aquí las reglas son asfixiantes.

Toque de queda a las diez, nada de comida externa, nada de chicos en las habitaciones…

—Básicamente un convento con Wi-Fi caro —interrumpió Chloe, cerrando su libro con un golpe seco—.

Por eso tenemos un sistema.

Si vas a sobrevivir aquí, Livie, necesitas aliadas.

Nosotras ya hemos hackeado el sistema de entrega de la pizzería local para que nos dejen los pedidos en la ventana trasera de la biblioteca.

¿Aceptas el pacto de sangre?

Livie soltó una carcajada de verdad por primera vez en todo el día.

—Acepto el pacto.

Si hay pizza de por medio, puedo fingir que soy una estudiante modelo.

—¡Esa es la actitud!

—Maya la abrazó con fuerza—.

Bienvenida al club de las desterradas, Livie.

Mientras las tres empezaban a desempacar y a planear cómo decorar las aburridas paredes grises, Livie sintió que el nudo en su pecho se aflojaba.

Por un momento, el recuerdo del niño del porche y su mirada triste se sintió extrañamente lejano.

Sin embargo, al mirar por la ventana hacia el patio central, alcanzó a ver una silueta alta de cabello castaño caminando bajo los faroles.

Aquel olvido, aquella pieza faltante en su rompecabezas…

¿por qué sentía que este lugar, a pesar de ser nuevo, tenía todas las respuestas que no quería encontrar?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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