Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

No era amor - Capítulo 28

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. No era amor
  4. Capítulo 28 - 28 CAPÍTULO 28
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

28: CAPÍTULO 28 28: CAPÍTULO 28 Isabella El despertador sonó y lo primero que hice fue revisar mi reflejo.

Impecable.

Stirling es un campo de batalla y mi armadura es un maquillaje perfecto y el uniforme sin una sola arruga.

A mi lado, Ethan seguía sumergido en ese sueño pesado y oscuro que siempre parece arrastrarlo.

Le acaricié el hombro por compromiso, pero mi mente ya estaba en el edificio principal.

Tenía que ver a Ángel.

—Levántate, Ethan.

No quiero llegar tarde y que Ángel piense que no me importa el proyecto de economía —le dije, aunque el proyecto era lo de menos.

Una hora después, lo vi en el vestíbulo.

Ángel estaba apoyado contra una columna, mirando su teléfono con una sonrisa estúpida que solo podía significar una cosa: estaba hablando con ella.

Sentí una punzada de irritación, pero la oculté bajo mi mejor sonrisa.

Corrí hacia él y, antes de que pudiera reaccionar, me colgué de su brazo, pegando mi cuerpo al suyo como lo he hecho desde que teníamos seis años.

—¡Ángel!

Dime que ya tienes los apuntes de la clase de ayer, porque me vas a salvar la vida —exclamé, apoyando mi barbilla en su hombro.

Él se rió, ese sonido profundo que siempre me hacía sentir que yo era la única que podía relajarlo.

No se apartó.

Nunca lo hace.

—Tranquila, Bella.

Sabes que siempre te cubro las espaldas —respondió, pasando un brazo por mis hombros de forma casual mientras seguíamos caminando.

Me acerqué en silencio y, sin pedir permiso, deslicé mis manos por su cintura para rodearlo en un abrazo por la espalda, apoyando mi mejilla en su omóplato.

—Dime que esos documentos no son más importantes que yo, Ángel —ronroneé, sintiendo cómo se tensaba un segundo antes de relajarse.

—Bella, me vas a tirar el café —se rió él, pero no se soltó.

Se giró dentro de mi abrazo y me despeinó el flequillo con esa familiaridad que me pertenece—.

¿Dormiste bien?

Ethan se veía…

intenso anoche.

—Ethan es Ethan —le resté importancia, colgándome de su cuello mientras caminábamos hacia el aula—.

Pero tú estás radiante.

¿Es por la famosa carta?

No sabía que te gustaba la literatura de bajo presupuesto.

Ángel soltó una carcajada, pero antes de que pudiera responder Olivia apareció al final del pasillo.

Se detuvo un segundo al vernos.

Su rostro era esa máscara de frialdad habitual, pero noté cómo sus ojos verdes bajaron a donde mi mano apretaba el bíceps de Ángel.

Me pegué un poco más a él.

—Buenos días —dijo Olivia.

Su voz era un témpano, pero vi el ligero temblor en su labio inferior.

—¡Livie!

—Ángel se iluminó, pero no se apartó de mí.

Me mantuvo ahí, bajo su brazo, mientras se inclinaba para darle un beso en la mejilla a ella—.

Estábamos hablando de la clase de ayer.

Bella se perdió la mitad por estar mirando zapatos en línea.

—Qué raro —soltó Olivia, clavando su mirada en la mía.

—Ay, Olivia, no seas tan seria —dije, soltando una risita y dándole un golpecito juguetón en el pecho a Ángel—.

Él sabe que yo soy un desastre, por eso me cuida tanto.

¿Verdad, Ángel?

¿Te acuerdas de cuando me cargaste tres kilómetros en Aspen porque se me rompió la bota?

Ángel sonrió, perdido en el recuerdo.

—Cómo olvidarlo.

Casi me rompo la espalda, Bella.

—¡Olivia!

Espero que no te importe que te robe a tu novio un segundo, es que tenemos tanto que planear para el grupo que a veces olvido que ahora tiene dueña.

Ángel me soltó para darle un beso rápido en la frente a ella, pero no se alejó de mi lado.

Se quedó justo en medio de las dos.

—No seas exagerada, Bella.

Livie sabe que eres como mi hermana —dijo Ángel, restándole importancia con un gesto.

—Claro, su “hermana” —repitió Olivia.

Su voz era plana, pero vi cómo apretaba los libros contra su pecho.

Caminamos hacia nuestro edificio mientras yo hablaba del proyecto, sintiendo las miradas que dejé atrás a nuestras espaldas.

Chloe, que iba caminando cerca con su grupo, nos siguió al mismo salón.

Ella sabe cómo son las cosas; no dijo nada, solo observó cómo yo guiaba a Ángel como si fuera su sombra.

Ya en clase, la dinámica fue…

perfecta.

Nos sentamos en el rincón de siempre.

Ángel estaba agotado, se notaba que no había dormido bien, pero eso solo lo hacía más manejable.

—Me prestas tus apuntes de la semana pasada, ¿sí?

—le pedí, estirando el cuerpo hacia él.

—Están en mi mochila, búscalos tú —respondió, cerrando los ojos un segundo.

Metí la mano en su mochila, rozando su pierna “accidentalmente”, y saqué su cuaderno.

El salón de “Estrategia Global” estaba en silencio, solo se escuchaba el tecleo de las laptops.

Ángel estaba sentado a mi derecha, como siempre desde que entramos a Stirling.

Me encanta observar cómo se comporta en clase; no es el chico dulce que Livie cree conocer.

Aquí, Ángel es una fiera.

Analiza los casos con una frialdad que me recuerda por qué nuestras familias han sido aliadas por décadas.

—¿Viste el margen de error del tercer trimestre?

—me susurró, inclinándose tanto hacia mí que su brazo rozó el mío.

No se alejó—.

Es ridículo.

Mi padre nunca aceptaría un reporte así.

—Porque tu padre sabe lo que vale su tiempo, igual que nosotros —le respondí, acercándome aún más para mirar su pantalla—.

Pásame el archivo por AirDrop, quiero ver tus notas.

Él lo hizo sin dudar.

En este salón, somos un equipo.

Olivia no existe aquí.

Ella está probablemente en el ala sur del edificio, pintando algo o leyendo poesía, en un mundo donde no hay presupuestos ni responsabilidades reales.

A mitad de la clase, el teléfono de Ángel vibró sobre la mesa.

Vi de reojo la notificación: Livie ❤️.

Él ni siquiera lo desbloqueó.

Estaba demasiado concentrado discutiendo conmigo un punto sobre inversiones.

Me dio una satisfacción casi física ver cómo su mundo real —el que comparte conmigo— se tragaba su mundo romántico.

—¿No vas a contestar?

—le pregunté con un tono de falsa inocencia.

—Después.

Ahora estoy en esto, Bella —dijo con un gesto de impaciencia, guardando el teléfono en su mochila—.

Centrémonos.

Si no terminamos este análisis hoy, no podremos ir al club el fin de semana.

Sonreí.

Me encanta cuando dice “nosotros”.

Cuando la clase terminó, el cansancio de Ángel era evidente.

Caminamos hacia la cafetería común, donde el grupo de Artes —Olivia y Maya— ya estaba instalado.

En cuanto Ángel vio a Olivia, sus ojos brillaron.

Caminó hacia ella y, sin importarle quién miraba, hundió la cabeza en su hombro.

—Te extrañé…

estoy muerto —le susurró Ángel a Olivia, dándole un beso largo y rodeándola por la cintura.

Yo me quedé de pie, justo al lado, cruzada de brazos.

Esperé el conteo: uno, dos, tres…

—Ángel —interrumpí con voz firme—, ya nos tenemos que ir.

La biblioteca nos espera.

Ángel alzó la cabeza, mirando a Olivia con una disculpa grabada en el rostro.

—Es cierto…

Liv, se me olvidó decirte.

No voy a poder pasar la tarde contigo.

Tengo que ir con Isabella a terminar el proyecto.

No tenemos absolutamente nada hecho y nos pidieron un adelanto para pasado mañana.

Estamos en blanco, ni siquiera tenemos la idea base.

Lo siento mucho, de verdad.

—Es un proyecto pesado.

Lo siento, Liv, creo que mañana tampoco podré cenar contigo.

Olivia parpadeó, procesando la información.

Vi cómo su mano, que acariciaba el brazo de Ángel, se aflojaba.

—Oh…

no pasa nada —dijo ella, aunque su voz sonaba pequeña.

Ángel me miró, volvió a besar a Olivia y se separó de ella con un suspiro de agotamiento, regresando a mi lado.

—Vamos, Bella.

Terminemos con esto —masculló.

Caminamos hacia la salida.

Antes de cruzar la puerta, miré a Olivia por encima del hombro.

Ella seguía allí, de pie, viendo cómo me llevaba a su novio.

Una sonrisa triunfante se dibujó en mis labios.Me despedí con la mano, sintiéndome la dueña del juego.

Ángel puede dormir pensando en ella, pero pasa sus horas de mayor brillo conmigo.

Y en Stirling, el brillo es lo único que importa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo