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No era amor - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 CAPÍTULO 30
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30: CAPÍTULO 30 30: CAPÍTULO 30 Ángel La noche en la biblioteca con Isabella había sido agotadora.

Regresé a mi dormitorio con el cerebro frito por las gráficas y el olor del perfume de Isabella impregnado en mi suéter, lo cual me resultaba extrañamente agobiante.

Le envié un mensaje rápido a Olivia: “¿Cómo estuvo tu día?

Ya estoy en mi habitación, estoy agotadísimo.

Te extraño”.

Ella respondió casi de inmediato, dulce pero breve, diciéndome que su día había estado muy bien.

Me dormí con esa tranquilidad falsa, la de quien cree que tiene todo bajo control.

A la mañana siguiente, me preparé mecánicamente.

Uniforme impecable, laptop en el maletín.

Salí directo a la cafetería, con la intención de comprarle su café favorito a Olivia para compensar mi ausencia de ayer.

Mientras esperaba en la fila, mi teléfono vibró.

Era un mensaje de Isabella.

Un link de Stirling Secrets con un texto corto: “Deberías cuidar mejor lo que es tuyo, socio”.

Abrí el enlace.

Era una foto de Olivia y Julián.

Estaban sentados en una banca del área de artes; él estaba inclinado hacia ella, dibujando, y ella le sonreía con una paz que yo no le había visto en semanas.

La furia me subió por la garganta como ácido.

Justo en ese momento, el barista me entregó el vaso de cartón hirviendo.

Ni siquiera me di cuenta de la fuerza que apliqué.

Mis dedos se hundieron en el cartón, la tapa saltó y el café hirviendo se desparramó por mi mano derecha.

Sentí el dolor, pero el fuego que tenía por dentro era mayor.

En ese momento, vi a Olivia entrar con Maya y Chloe.

Perdí los estribos.

Caminé hacia ella a zancadas, ignorando el goteo de café de mi mano.

—¿Dónde estabas ayer?

—solté sin preámbulos, interceptándola frente a todos.

Olivia se detuvo, sorprendida.

—Hola…

sí, buenos días, Ángel.

Yo amanecí muy bien, ¿y tú?

—dijo con un rastro de ironía, pero su expresión cambió al ver mi mano roja y ampollada—.

Dios, Ángel, ¿qué te pasó?

Estás herido.

Me tomó de la mano, pero yo la aparté bruscamente.

—Eso es lo de menos.

Vamos a otro lado.

Ahora.

La tomé del brazo —con más fuerza de la que pretendía— y la guié hacia un rincón apartado del pasillo privado.

Las chicas se quedaron atrás murmurando.

—¿Qué te pasa?

Me estás asustando —me dijo ella una vez que estuvimos solos.

—Quiero saber dónde estabas ayer y qué hacías con él —le espeté, mostrándole la pantalla de mi teléfono.

Olivia suspiró, cruzándose de brazos.

—No estaba haciendo nada malo.

Pasé casi todo el día con Maya y Chloe.

—¿Casi?

¿Y la otra mitad con quién estuviste?

—Me encontré un rato con Julián y platicamos.

¿Esto es un interrogatorio?

—¡Estabas afuera del campus de artes, sentada en una banca con él!

¿Cómo crees que se ve eso?

—mi voz subió de tono—.

No quiero que te vuelvas a acercar a ese tipo.

Olivia dio un paso atrás, pero no por miedo, sino por indignación.

—¿Estás loco?

Yo no voy a hacer eso.

Voy a hablarle a quien yo quiera.

—¡No quiero que te acerques a él!

Sé que tiene otras intenciones contigo —le grité.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—¡Porque soy hombre, Olivia!

Sé cómo te mira, tú no lo has notado porque eres demasiado ingenua, pero él quiere algo más.

— Creo que un día encerrado con Isabella te hizo salirte de tus casillas.

—¡No metas a bella en esto!

—rugí—.

Ella no tiene nada que ver.

—¿Ah, no?

—Olivia sacó su propio teléfono con una rapidez que me dejó mudo—.

Tú estuviste toda la tarde con ella, me cancelaste la cena, y vienes a reclamarme por dos horas que estuve con Julián.

— Sabes que con Isabella estuve por “trabajo”, no?.

— Bueno, yo también Ángel.

Pero yo no te armé un papelón por esto.

Me enseñó la foto de ella e Isabella en la biblioteca, el post donde decían que “regresábamos a nuestras raíces”.

Me quedé helado.

No lo había visto.

—Sabes que eso no es cierto, Olivia.

Ella es mi amiga.

—Entonces ahora tú también sabes que lo mío con Julián no es cierto.

Yo te quiero, Ángel, pero si vamos a estar con estos celos absurdos y no confiando el uno en el otro, mejor hay que terminar.

No quiero una relación insegura, no quiero que esto se parezca al matrimonio de mis padres.

Quiero estabilidad.

Yo confío en ti, por eso no te hice una escena.

Sentí como si me hubieran arrojado un balde de agua fría.

La mención de sus padres y la palabra “terminar” me golpearon más fuerte que el café hirviendo.

Bajé la mirada a mi mano roja, que empezaba a pulsar de dolor.

—Yo también confío en ti, Olivia…

—susurré, calmándome a la fuerza—.

Pero no confío en él.

—Pues confía en que yo no te voy a fallar.

No lo voy a hacer.

Me acerqué a ella, derrotado por su lógica y por el miedo de perderla.

Agaché la cabeza y pegué mi frente contra la suya, cerrando los ojos.

El olor de su perfume me ayudó a anclarme.

—Está bien…

lo siento —dije en un suspiro—.

No voy a hablar con Julián.

Voy a confiar en ti.

Sé que no harás nada.

—Gracias —respondió ella, aunque su tono seguía siendo distante.

—Te amo, Olivia.

Ella no respondió de inmediato.

Hubo un silencio espeso que me apretó el pecho.

—Ya vamos a clase —dijo finalmente—.

Se va a hacer tarde.

Me tomó de la mano —la mano sana— y empezamos a caminar hacia los salones.

Por fuera, parecíamos la pareja perfecta de nuevo, pero por dentro, yo sabía que la semilla de la duda que Isabella había plantado estaba empezando a crecer, y que Julián ahora era un nombre que no iba a poder sacar de mi cabeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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