No era amor - Capítulo 33
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33: CAPÍTULO 33 33: CAPÍTULO 33 Olivia El viernes por la mañana entré al taller de artes con el corazón en la garganta.
No había podido dormir pensando en Julián.
Tenía miedo de encontrarme con un muro de hielo o, peor aún, con un chico que ya no pudiera mirarme a los ojos sin dolor.
Para mi sorpresa, Julián estaba allí, retocando el marco de nuestra lámina principal con la misma tranquilidad de siempre.
—Llegas dos minutos tarde, Sterling —dijo sin girarse, pero con un tono juguetón que me devolvió el alma al cuerpo—.
Si seguimos así, la profesora Miller nos va a presentar a nosotros ante el comité de disciplina.
—Julián…
—me acerqué despacio—.
¿Estás bien?
Él dejó el pincel y me dedicó una sonrisa suave, una que ocultaba perfectamente cualquier rastro de la confesión del día anterior.
—Estoy bien, Liv.
Lo que dije…
es lo que siento, no lo voy a negar.
Pero valoro demasiado lo que tenemos como para dejar que un “no” lo destruya.
Vamos a actuar como si no hubiera pasado, ¿te parece?
Mejores amigos, como siempre.
Solté un suspiro de alivio tan grande que mis hombros cayeron.
Le agradecí con la mirada y nos pusimos a trabajar.
Por fuera, todo era normal, pero yo sentía una presión constante en el pecho.
Sabía que Ángel nos estaba vigilando, que el “permiso” que me había dado para seguir siendo su amiga era una cuerda muy tensa que podía romperse en cualquier momento.
Ángel No podía concentrarme.
Isabella estaba a mi lado en la biblioteca, repasando los últimos detalles de nuestra presentación, pero mis ojos no dejaban de desviarse hacia la puerta cada vez que alguien entraba.
—Ángel, el gráfico de flujo está mal —dijo Isabella, cerrando mi laptop con un golpe seco—.
Tienes la cabeza en otra parte.
—Estoy bien, Bella.
Solo…
cansado.
—Estás pensando en ellos —sentenció ella, clavando sus ojos en los míos—.
Estás pensando en que ahora mismo, en el edificio de artes, ese chico le está diciendo cosas que tú no puedes decirle porque estás aquí, trabajando por tu futuro.
—Ella me lo contó, Isabella.
Confió en mí.
Le dijo que no —respondí, tratando de convencerme a mí mismo.
—Le dijo que no, pero no lo alejó.
Lo mantiene cerca —Isabella se encogió de hombros con una frialdad que me irritó—.
En mi mundo, Ángel, si alguien amenaza lo que es mío, lo elimino.
No lo invito a seguir siendo “el mejor amigo”.
Pero supongo que Olivia ve las cosas de otra manera.
Me levanté de la mesa, incapaz de seguir escuchándola.
Fui al baño y me eché agua fría en la cara.
Me miré al espejo y vi a un extraño.
Odiaba en lo que me estaba convirtiendo: un espía, un celoso, alguien que dudaba de la única persona que amaba.
Mi teléfono vibró.
Una notificación de la red social de la escuela.
“¿Vieron quiénes volvieron a reír en el taller de artes?
Parece que el ‘no’ fue solo para calmar las aguas…
El 14 de febrero promete ser el final de un imperio y el inicio de una galería.
#StirlingLoveDrama” Apreté el teléfono hasta que mis nudillos se pusieron blancos.
El 14 de febrero era el lunes.
Un concierto masivo en el campus donde todos estaríamos presentes.
Estaba decidido a que ese día todo quedara claro, pero el ambiente en el instituto se sentía como pólvora seca esperando una chispa.
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