Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

No era amor - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. No era amor
  4. Capítulo 5 - 5 CAPÍTULO 5
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: CAPÍTULO 5 5: CAPÍTULO 5 La táctica de Ángel cambió radicalmente después de nuestra pelea en el bar.

Ya no era el chico que me esperaba bajo la lluvia con un café; ahora era el chico que siempre tenía la solución antes de que yo supiera que tenía un problema.

Pero lo más brillante —y lo que más empezaba a desesperarme— es que dejó de centrarse exclusivamente en mí.

Ángel había entendido que para llegar a mí, primero tenía que conquistar mi mundo.

Chloe era mi muro más alto.

Cínica, intelectual y protectora hasta la médula, ella siempre había sido la primera en ver las grietas en los demás.

Ángel lo sabía, y por eso no intentó caerle bien; intentó serle necesario.

Una tarde, entré en la biblioteca buscando un poco de silencio y me detuve en seco al ver la mesa del fondo.

Chloe estaba allí, pero no estaba sola.

Ángel estaba sentado frente a ella, rodeado de mapas antiguos y textos en latín que harían llorar a cualquiera.

—No, Chloe, el error de la interpretación en la página 42 es que asumes que el autor es neutral —decía Ángel con esa voz baja y calmada que tanto me irritaba.

Chloe, que normalmente no dejaba que nadie tocara sus libros y mucho menos que corrigiera sus apuntes, estaba subrayando algo que él le señalaba con el dedo.

—Tienes razón —admitió Chloe, y casi me caigo de espaldas al oírla—.

Nadie en este campus se había tomado la molestia de leer la edición original.

Gracias, Ángel.

—Para eso estamos, ¿no?

—Él sonrió de esa forma tan suya.

Al notar mi presencia, solo me hizo un pequeño gesto con la mano, una señal de reconocimiento casual, y volvió a sumergirse en los mapas sin interrumpir la sesión de estudio.

Me quedé allí plantada, sintiéndome como una extraña en mi propio refugio.

Ángel no me había buscado, no me había asfixiado.

Simplemente se había vuelto el aliado de mi mejor amiga, borrando mi derecho a quejarme de él frente a ella.

Con Maya, la conquista fue todavía más sencilla.

Ella era energía pura y distracción constante, y Ángel se convirtió en su facilitador personal.

—¡Livie, no sabes!

—Maya entró al dormitorio saltando dos días después—.

Ángel consiguió pases VIP para la galería de arte que abre el viernes.

¡Dijo que podíamos ir las tres!

Dice que sabe que te gusta el estilo abstracto y que sería una buena forma de que te relajes después de los exámenes.

—No puedo el viernes —mentí de inmediato, sintiendo cómo las paredes de la habitación se cerraban sobre mí.

—Oh, vamos, Livie —suspiró Maya, guardando sus pinceles con un gesto de decepción—.

No seas así.

Ángel es genial.

Ayer incluso me ayudó a cargar todas las cajas de materiales hasta el taller porque me vio sufriendo en las escaleras.

No nos está pidiendo nada a cambio, solo es…

bueno.

¿Por qué te molesta tanto que la gente sea buena?

No supe qué responder.

¿Cómo explicar que esa bondad se sentía como una red de seda?

Cada vez que Ángel hacía algo por mis amigas, me arrebataba un motivo para decirle: “Aléjate”.

Se estaba volviendo parte del mobiliario de mi vida, una pieza que todos amaban y que yo no podía tirar a la basura sin parecer una loca desagradecida.

Esa noche, me quedé mirando las sombras que el árbol de afuera proyectaba en el techo del dormitorio.

El silencio era pesado, cargado de una extraña derrota.

Cerré los ojos e intenté, con todas mis fuerzas, evocar la imagen del niño de los cinco años.

Intenté buscar el rostro de Ethan en la oscuridad de mi mente.

Pero el recuerdo se sentía como una fotografía vieja expuesta demasiado tiempo al sol.

Estaba perdiendo los bordes, volviéndose borrosa, blanca.

Intenté recordar la sensación de mi mano pequeña apretando la suya, la promesa de “no olvidarse”.

Pero la voz de Ángel, recomendándome un libro o preguntándome si había dormido bien, se interponía como ruido blanco, tapando la voz del pasado.

«Tal vez mis padres tienen razón», pensé con una punzada de amargura en el pecho.

«Tal vez aferrarse a un fantasma de la infancia es solo una excusa para no madurar.

El es una sombra que ni siquiera tiene cara.

Ángel es real.

Ángel está aquí.» Me di la vuelta en la cama, ignorando la opresión que no me dejaba respirar bien.

Mi mundo ya no era solo mío; ahora tenía un arquitecto llamado Ángel que estaba rediseñando cada rincón para que yo nunca tuviera que caminar sola.

Y eso, aunque debería haberme reconfortado, me dolía de una forma que todavía no podía nombrar.

Estaba siendo salvada de una soledad que yo prefería, y lo peor de todo era que empezaba a cansarme de luchar contra alguien que solo me ofrecía flores y comprensión.

El viernes llegó con una puntualidad inevitable.

Maya y Chloe estaban listas desde temprano, y yo me sentía como si estuviera caminando hacia mi propia ejecución, solo que vestida para una gala.

Ángel nos esperaba en la entrada principal.

No llevaba el uniforme de la academia, sino un abrigo largo de color marengo sobre una camisa oscura.

Se veía sofisticado, integrado perfectamente en el paisaje de Stirling, como si él mismo fuera una de las estatuas del campus.

—Puntuales.

Me gusta —dijo con esa sonrisa que ahora Chloe también le devolvía.

El trayecto en su coche fue extrañamente cómodo.

Maya hablaba por los codos sobre las técnicas de pintura abstracta y Ángel le respondía con un conocimiento que me hacía sospechar que había estudiado el tema solo para esta conversación.

Chloe, en el asiento del copiloto, iba revisando unos documentos que él le había prestado.

Yo, en el asiento de atrás, miraba por la ventana, sintiéndome como un fantasma en mi propia vida.

La galería era un espacio industrial reformado, todo paredes blancas, techos altísimos y cuadros que parecían explosiones de color y angustia.

Era el tipo de lugar que normalmente me encantaría, pero con Ángel caminando a mi lado, cada obra de arte se sentía como una distracción planeada.

—Mira este, Livie —dijo Ángel, deteniéndose frente a un lienzo enorme con trazos negros y grises—.

Me recordó a lo que dijiste sobre el sistema feudal en clase.

Estructuras que parecen sólidas pero que se están desmoronando por dentro.

Lo miré.

No al cuadro, sino a él.

—¿Siempre tienes que tener una referencia para todo, Ángel?

¿No puedes simplemente mirar algo y dejar que sea lo que es?

—Lo intento —respondió, girándose hacia mí.

Maya y Chloe se habían adelantado a otra sala, dejándonos en un oasis de silencio—.

Pero contigo es difícil.

Siento que cada cosa que veo tiene un pedazo de tu personalidad.

Era una frase de manual, pero la dijo con una seriedad que me desarmó.

No había rastro de burla en sus ojos miel.

Mientras caminábamos, me di cuenta de lo que realmente estaba pasando.

Ángel no intentaba monopolizar mi tiempo.

De hecho, animaba a Maya a que me explicara los cuadros y bromeaba con Chloe sobre teorías estéticas.

Estaba siendo el facilitador de mi felicidad.

Se había convertido en el pegamento que mantenía unido a nuestro grupo esa noche.

Si yo intentaba ser cortante, Maya me miraba con reproche.

Si intentaba alejarme, Chloe me lanzaba una mirada de “estás siendo injusta”.

Ángel me había rodeado de mis propios afectos para que yo no tuviera espacio para huir.

—¿Estás bien?

—me susurró, aprovechando que las chicas estaban distraídas con una escultura de metal—.

Estás muy callada.

Incluso para ser tú.

—Solo estoy cansada, Ángel.

Demasiada perfección por una noche —respondí, apretando el collar de plata en mi cuello.

—No busco ser perfecto, Livie.

Solo busco que no te sientas tan sola como cuando llegaste aquí —dijo él, y por un segundo, su mano rozó la mía.

No me aparté.

Y ese fue mi mayor error.

No me aparté porque, por un instante, su calor fue más real que el frío de mi recuerdo.

Al volver a la habitación esa noche, intenté hacer el ejercicio de siempre.

Me senté en el borde de la cama, cerré los ojos y busqué el porche viejo.

Busqué el olor a lluvia y tabaco.

Busqué las manos sucias del niño que me prometió no olvidarme.

Pero la imagen estaba borrosa.

Era como intentar mirar a través de un cristal empañado.

Cada vez que intentaba visualizar su rostro, la cara de Ángel se superponía.

Sus ojos miel reemplazaban la oscuridad del recuerdo.

Su voz, amable y constante, borraba el susurro del niño.

«No me olvides, Livie», decía la voz en mi memoria, cada vez más débil.

Me dejé caer en la almohada con una sensación de náuseas.

Estaba perdiendo la única cosa que me hacía ser yo misma.

Mi “amigo querido” se estaba convirtiendo en una mancha blanca, un error en el sistema de mi mente que Ángel estaba formateando con paciencia.

—Ha sido una noche genial, ¿verdad?

—susurró Maya desde su cama, ya a oscuras.

—Sí —respondí en un susurro, aunque sentía que me estaba ahogando—.

Genial.

Me quedé mirando el techo, dándome cuenta de que la “semana de paz” no había sido una tregua.

Había sido el tiempo que Ángel necesitó para cavar los cimientos de su nueva construcción.

Él no quería salvarme de mis problemas; quería reemplazarlos por él mismo hasta que no quedara nada de la Livie que recordaba el pasado.

Y lo más aterrador de todo era que, por primera vez, no estaba segura de querer seguir luchando por un fantasma que ya no tenía voz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo