Nos Encontramos en el Momento Equivocado - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Cuando empiezas a perderme
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19: Cuando empiezas a perderme 19: Cuando empiezas a perderme Alya dejó de ir a la cafetería.
No de golpe.
No completamente.
Pero poco a poco.
Un día no fue.
Al siguiente, llegó más tarde.
Después… simplemente dejó de aparecer.
Como si intentara desaparecer sin hacer ruido.
Sin llamar la atención.
Pero para Raka… fue imposible no notarlo.
— El asiento frente a él estaba vacío.
Otra vez.
Y esta vez… no era coincidencia.
Raka miró la taza frente a él.
Intacta.
Fría.
Como todo lo demás.
—Está evitando venir… Murmuró.
Y no le gustaba cómo sonaba eso.
— Los días pasaron.
Y Alya no apareció.
Ni una vez.
Raka intentó ignorarlo.
Convencerse de que no importaba.
De que era lo mejor.
Pero no funcionó.
Porque cada vez que entraba a la cafetería… la buscaba.
Sin darse cuenta.
Y cada vez… se iba con ese mismo vacío.
— Mientras tanto… Alya caminaba por otra calle.
Otra ruta.
Otro horario.
Todo diferente.
Todo… lejos de él.
—Es mejor así… Se repetía.
Una y otra vez.
Pero su voz no sonaba segura.
Porque no lo era.
Nada de esto lo era.
Se detuvo frente a una tienda.
Miró su reflejo en el vidrio.
—¿Qué estás haciendo…?
Sus ojos se veían cansados.
Distantes.
No era la misma.
Y lo sabía.
—Esto es lo correcto… Pero dolía.
Demasiado.
— Esa noche… Raka no pudo más.
—No voy a seguir así… Se levantó de la cama.
Tomó su chaqueta.
Y salió.
— Al día siguiente… Alya salía de su trabajo.
Más tarde de lo habitual.
El cielo estaba oscuro.
Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.
Caminaba rápido.
Como siempre.
Hasta que— —Alya.
Su nombre.
Otra vez.
Pero esta vez… no sonó como antes.
Sonó… urgente.
Alya se detuvo.
Cerró los ojos un segundo.
—No… Susurró.
Pero ya era tarde.
Se giró lentamente.
Y ahí estaba.
Raka.
De pie frente a ella.
Con la respiración agitada.
Como si hubiera estado buscándola.
—¿Qué haces aquí?
—preguntó ella, intentando mantenerse firme.
—Buscándote.
Directo.
Sin rodeos.
Alya frunció el ceño.
—No deberías.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué lo haces?
Raka dio un paso hacia ella.
—Porque desapareciste.
El corazón de Alya se tensó.
—No desaparecí.
—Sí lo hiciste.
—Solo… dejé de ir.
—Es lo mismo.
Silencio.
—¿Por qué?
—preguntó él.
Alya desvió la mirada.
—No importa.
—Para mí sí.
—No debería.
—Pero lo hace.
Otra vez.
Siempre encontraba la forma de decir lo que ella evitaba.
—Alya… —su voz bajó— ¿estás alejándote de mí?
Silencio.
Largo.
Pesado.
Alya no respondió.
Y esa… fue la respuesta.
Raka apretó ligeramente la mandíbula.
—¿Es por ella?
Alya levantó la mirada.
—No.
—Entonces, ¿por qué?
—Porque sí.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que tengo.
Raka dio un paso más cerca.
—No te creo.
—No tienes que hacerlo.
—Quiero hacerlo.
Silencio.
—Pero no me dejas —añadió él.
Esa frase… le dolió.
Alya bajó la mirada.
—No quiero complicarte.
—Ya lo hiciste.
—Entonces déjame arreglarlo.
—¿Alejándote?
—Sí.
Raka soltó una pequeña risa.
Pero no era graciosa.
—Eso no arregla nada.
—Para mí sí.
—Para mí no.
El silencio volvió.
Más fuerte.
—No puedo competir con alguien de tu pasado —dijo Alya en voz baja.
Raka se quedó quieto.
—No tienes que hacerlo.
—Sí tengo.
—No.
—Sí.
Alya levantó la mirada.
—Porque ella no se ha ido.
Esa verdad… quedó en el aire.
Raka no respondió.
Porque no podía negarlo.
—Y yo… —continuó Alya— no quiero ser la segunda opción.
Esa frase… lo golpeó más fuerte que cualquier otra cosa.
—No lo eres.
—Entonces demuéstralo.
Silencio.
Pesado.
Largo.
Pero Raka… no respondió.
Otra vez.
Alya asintió lentamente.
—Eso pensé.
Se dio la vuelta.
—Alya— —No.
Su voz fue firme.
Por primera vez.
—No me sigas.
Y esta vez… no miró atrás.
— Raka se quedó ahí.
Inmóvil.
Sus palabras atrapadas en la garganta.
—No eres la segunda opción… Murmuró.
Pero ya era tarde.
Porque esta vez… ella fue la que decidió irse.
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