Nos Encontramos en el Momento Equivocado - Capítulo 23
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Capítulo 23: No es tan fácil como parece
Los días después de esa noche…
se sintieron diferentes.
Más ligeros.
Más cálidos.
Pero no completamente tranquilos.
—
Alya volvió a sonreír.
No siempre.
No completamente.
Pero lo suficiente.
Y eso… ya era mucho.
—
Raka no se alejaba.
No desaparecía.
No dudaba.
Se quedaba.
Incluso en los momentos incómodos.
Incluso cuando el silencio volvía.
—
Pero aun así…
había algo.
Algo que no encajaba del todo.
—
—Llegaste temprano —dijo Alya mientras se sentaba frente a él en la cafetería.
Raka asintió.
—Quería verte.
Alya bajó la mirada.
—Ya me viste anoche.
—No fue suficiente.
Esa respuesta la hizo sonreír.
Pequeño.
Pero real.
—
El café llegó.
El silencio también.
Pero no era incómodo.
Hasta que—
—¿Hablaste con ella? —preguntó Alya.
Directo.
Sin rodeos.
Raka se quedó quieto.
—Sí.
—¿Y?
Silencio.
—Se terminó.
Alya lo miró.
—¿De verdad?
Raka asintió.
—De verdad.
—
Pero algo en su voz…
no estaba completamente en calma.
Y Alya lo notó.
—
—No suenas seguro.
Raka frunció ligeramente el ceño.
—Lo estoy.
—No parece.
Silencio.
—Alya…
—No estoy peleando contigo.
—Lo sé.
—Solo… quiero saber dónde estoy parada.
Esa frase…
fue honesta.
Y dolió.
—
Raka apoyó las manos sobre la mesa.
—Estás aquí.
—¿Dónde es “aquí”?
Silencio.
—Conmigo.
—¿Y ella?
Otra vez.
Esa pregunta.
Siempre volvía.
—
Raka respiró hondo.
—Ya no está.
—Pero estuvo.
—Sí.
—Y eso no desaparece.
Silencio.
Pesado.
Real.
—
—No puedo competir con recuerdos —dijo Alya en voz baja.
Raka la miró.
—No tienes que hacerlo.
—Pero lo siento así.
—No debería.
—Pero lo hago.
Silencio.
—
Raka se inclinó ligeramente.
—Alya… lo que siento por ti no tiene nada que ver con ella.
—Pero tu pasado sí.
Esa frase lo dejó sin respuesta.
Por un momento.
—
—No quiero ser alguien que llega cuando todo ya está roto —continuó Alya.
—No es así.
—Entonces, ¿qué soy?
Silencio.
Otra vez.
Y esta vez…
más difícil.
—
Raka abrió la boca.
Pero no salió nada.
Porque no era una pregunta simple.
Y no tenía una respuesta perfecta.
—
Alya asintió lentamente.
—Eso pensé.
Se levantó.
—Alya—
—No me voy.
Su voz fue suave.
Pero firme.
—Solo necesito respirar.
Raka se quedó quieto.
—No te estoy dejando.
—Pero tampoco te estás quedando.
Esa frase…
lo golpeó.
—
Alya tomó su bolso.
—Esto… —miró alrededor— no es tan fácil como parece.
Raka no respondió.
Porque sabía…
que tenía razón.
—
Alya se fue.
Pero no como antes.
No huyendo.
No rompiendo todo.
Solo… tomando distancia.
—
Y Raka se quedó ahí.
Otra vez.
Pero esta vez…
no se sentía solo.
Se sentía…
inseguro.
El silencio volvió.
Pero no como antes.
No era incómodo.
No era frío.
Era… incierto.
—
Alya no desapareció.
Pero tampoco se quedó.
Respondía mensajes.
Pero no rápido.
No como antes.
A veces venía.
A veces no.
Y cuando estaba…
no era completamente.
—
Raka lo notó.
Desde el primer momento.
—Está tomando distancia…
Murmuró.
Y no sabía si eso era algo bueno…
o el inicio de otra despedida.
—
Esa tarde…
Raka estaba en la cafetería.
Solo.
Otra vez.
Pero no como antes.
Esta vez…
sabía por qué.
—
Miró su teléfono.
Un mensaje de Alya.
“Hoy no puedo ir.”
Corto.
Simple.
Pero suficiente.
—
Raka suspiró.
—Está bien…
Escribió.
Pero no lo sentía así.
—
Mientras tanto…
Alya estaba en su habitación.
Sentada en el suelo.
Apoyada contra la cama.
Mirando su teléfono.
—Lo siento…
Susurró.
Pero no envió ese mensaje.
—
No porque no quisiera.
Sino porque no sabía cómo explicarlo.
—
—No es él…
Se dijo.
—Soy yo.
Pero esa respuesta…
no la tranquilizaba.
—
Cerró los ojos.
—Solo necesito tiempo…
Tiempo para pensar.
Tiempo para entender.
Tiempo para no arruinarlo.
—
Pero había algo que no podía ignorar—
Cada vez que se alejaba…
lo extrañaba más.
—
Esa noche…
Raka no pudo quedarse quieto.
Otra vez.
Caminaba de un lado a otro.
Sin rumbo.
Sin saber qué hacer.
—¿Le doy espacio…?
Se detuvo.
—¿O la pierdo?
Esa pregunta…
no tenía respuesta fácil.
—
Tomó su teléfono.
Lo desbloqueó.
Lo volvió a bloquear.
—No quiero presionarla…
Pero tampoco quería quedarse esperando.
—
—Alya…
Murmuró.
Y en ese momento…
tomó una decisión.
—
Al día siguiente…
Alya salió de casa temprano.
Quería despejar su mente.
Caminar.
Pensar.
Respirar.
—
Pero no esperaba verlo.
—
Raka estaba ahí.
Frente a ella.
Como si supiera que iba a salir.
Como si no pudiera esperar más.
—
Alya se detuvo.
—Raka…
Su voz fue suave.
Sorprendida.
—
Raka dio un paso hacia ella.
Pero no demasiado.
—No vine a presionarte.
Alya lo miró.
—Entonces, ¿por qué viniste?
Silencio.
—Porque no sé cómo quedarme quieto mientras te alejas.
Esa frase…
fue honesta.
Demasiado.
—
Alya bajó la mirada.
—No me estoy alejando…
—Lo estás.
—Solo necesito tiempo.
—¿Para qué?
Silencio.
—Para no arruinar esto.
Raka la miró.
—Ya lo estamos arruinando así.
Esa verdad…
dolió.
—
—No quiero perderte —dijo él.
Directo.
Sin esconderlo.
—
Alya levantó la mirada.
Sus ojos… estaban diferentes.
Más suaves.
Más cansados.
—No me estás perdiendo.
—Entonces, ¿qué está pasando?
Silencio.
Largo.
Pesado.
—
—Estoy tratando de no tener miedo —susurró Alya.
Esa respuesta…
lo cambió todo.
—
Raka no habló de inmediato.
Solo la miró.
Como si por fin entendiera.
—
—Entonces no lo hagas sola —dijo finalmente.
Alya parpadeó.
—¿Qué?
—No tienes que alejarte para pensar.
Dio un paso más cerca.
—Puedes quedarte… y aun así tomarte tu tiempo.
Silencio.
—
Esa idea…
no la había considerado.
—
—No voy a apresurarte —continuó él—
pero tampoco quiero perderte mientras lo intentas.
—
Alya sintió su pecho apretarse.
—¿Y si fallo?
Raka negó suavemente.
—Entonces fallamos juntos.
—
Esa frase…
la hizo respirar diferente.
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